IMAGE: Emir Dalgıç - CC BYA lo largo de este año, Spotify ha comenzado de forma discreta un interesantísimo experimento: llegar a acuerdos de licencia directos con un cierto número de artistas independientes, al margen de las compañías discográficas. Estos acuerdos de licencia con Spotify ofrecidos a artistas que no operen a través de una discográfica no son exclusivos, permiten a esos artistas distribuir su música también a través de otras plataformas como Amazon o Apple Music, les ofrece recibir una cantidad muy superior de los derechos generados por las reproducciones, y además, les permite mantener todos los derechos de propiedad sobre su música.

Estos acuerdos con músicos se concretan como anticipos sobre los derechos de reproducción que estarían entre las decenas y los cientos de miles de dólares en función de la previsión de reproducciones calculada para ellos, y todo indica que están comenzando a hacer que las discográficas se pongan nerviosas. Spotify no pretendería, en ese sentido, actuar como una discográfica, dado que no poseería derechos sobre la música, pero estaría convirtiéndose en una pieza clave a la hora de conseguir que un cierto número de artistas pudiesen llegar a tener éxito llegando directamente a su público a través de Spotify. Actualmente, se calcula que los tres grandes conglomerados discográficos, Sony, Universal y Warner, controlan en torno al 80% del negocio.

En un acuerdo estándar, Spotify paga a las discográficas el 52% de la facturación generada por cada canción, y la discográfica abona al artista un porcentaje que suele oscilar entre el 15% y, en algunos casos excepcionales, hasta el 50% de esa cantidad. Según un informe reciente y exhaustivo elaborado por Citibank, el resultado medio es que únicamente un 12% de los ingresos generados por la música en streaming van a parar a los músicos. La situación, además, ha ido haciéndose cada vez más desigual a lo largo del tiempo, y siempre en el mismo sentido: mejorar las condiciones de las discográficas.

Los artistas que firmen directamente con Spotify en lugar de hacerlo a través de una discográfica pasarían a recibir la totalidad de los ingresos que la compañía actualmente paga a esas discográficas. Por el momento, esto está llamando la atención de artistas relativamente poco conocidos y en fase de construir su imagen, pero la idea de mantener la propiedad de su música podría eventualmente resultar atractiva para otros intérpretes más consolidados: Taylor Swift, tras años de éxitos con su discográfica, está dispuesta a constituirse como agente libre en cuanto su contrato actual expire, y podría pasar a ver con buenos ojos acuerdos de distribución de este tipo que le permitiesen explotar ella misma los derechos de su música a través de los canales de streaming.

Es difícil saber qué reacción podrían tener las discográficas, que forman una pequeña parte del accionariado de Spotify, si empezasen a sentir la presión de una fuga de talento tanto por el lado bajo, el de la captación de talento como posibles promesas, como por el extremo superior, el de los artistas más consolidados que reclaman la negociación de condiciones más ventajosas. Unas perspectivas de desintermediación que, por otro lado, tendrían todo el sentido: el valor añadido que actualmente genera una empresa discográfica tiene fundamentalmente que ver con la llegada a canales de distribución, y en esos canales de distribución, es indudable que las plataformas de streaming se están convirtiendo de forma progresiva en los actores más importantes. Spotify llega actualmente a 183 millones de personas en todo el mundo de las cuales unos cien millones la escuchan gratuitamente con publicidad, espera llegar a finales de este año con 96 millones de suscriptores de pago, y lidera un mercado en el que operan también compañías como Pandora, con unos 75 millones de usuarios activos a finales de 2017 de los cuales 5.48 serían de pago; Apple Music, que alcanza los 49.5 millones de usuarios activos con unos 38 millones de pago; o Amazon Music, que no proporciona datos oficiales, pero parece estar experimentando un fortísimo crecimiento. Estas compañías, además, poseen un cierto poder de prescripción a través de los algoritmos de personalización y recomendación que poseen, lo que genera una

En un mercado definido de esta manera, todo indica a que la relevancia de la función de las discográficas podría llegar a diluirse, y dar lugar a una desintermediación que, por otro lado chocaría con el enorme apalancamiento que esas compañías poseen sobre la inmensa mayoría de la música actual. Actualmente, ninguna plataforma de streaming podría sobrevivir sin acceso al catálogo de las discográficas, lo que hace que la situación, para muchos artistas que en su momento negociaron con ellas, sea difícil de cambiar. Pero el experimento de Spotify ofreciendo a algunos artistas una vía alternativa que les permite no perder el control ni la propiedad de sus creaciones, podría hacer que la tecnología se convirtiese en la mejor amiga de los artistas, y nos acerca más a lo que el mundo de la música posiblemente debería ser.

 

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