US midterm elections 2018El próximo día 6 de noviembre de 2018 tendrán lugar la mayoría de las elecciones al Parlamento de los Estados Unidos 2018, de cuyo resultado dependerán los 435 escaños de la Cámara de Representantes o Congreso, 35 de los 100 escaños del Senado, 39 gobiernos estatales y territoriales y numerosas elecciones estatales y locales más. Generalmente, la trascendencia de las elecciones parlamentarias norteamericanas es bastante relativa a nivel internacional, contrariamente a lo que ocurre con sus presidenciales. Sin embargo, en esta ocasión confluyen una serie de circunstancias que las convierten en enormemente importantes a todos los niveles, en un evento muy digno de ser seguido con gran interés.

Resulta evidente que el título de esta entrada es una obviedad: prácticamente cualquier proceso electoral en los Estados Unidos tiene un nivel de influencia que es susceptible de afectar a todo el mundo, pero en este caso, la cuestión va bastante más allá. El refuerzo del sistema de contrapoderes es necesario más que nunca para poder frenar las iniciativas del presidente más peligroso, más dañino y más mentiroso de la historia, del que hasta el momento representa seguramente el ejemplo más elevado de manipulación colectiva de un resultado electoral. Decisiones como la política medioambiental o la guerra comercial, que afectan a todo el mundo, podrían tener que replantearse o ver disminuida su virulencia si Donald Trump pasase, como resultado de estas elecciones, a estar en una situación de minoría parlamentaria.

El proceso por el cual aquellas mismas redes sociales que posibilitaron revoluciones como la primavera árabe se convirtieron en algo capaz de hacer posible el triunfo de Donald Trump en 2016 está cada vez más siendo objeto de un estudio pormenorizado y exhaustivo, al tiempo que esas mismas redes sociales que fueron tan fuertemente instrumentalizadas tratan de evitar que procesos de ese tipo puedan llegar a repetirse. La interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 llegó hasta el punto de analizar quiénes podían ser los cinco tipos de votantes de Trump, y a diseñar cuidadosamente estrategias para llegar a ellos con la colaboración de un equipo de la propia Facebook que, en estas próximas elecciones pretende ofrecer un nivel de soporte directo muy inferior.

La campaña electoral y la llegada de Donald Trump a la presidencia ha tenido un efecto en cómo los jóvenes ven las noticias, y ha dado lugar a una crisis de confianza que, sin duda, afectará a una generación que parece rechazar cada vez más las redes sociales y los efectos derivados de haber aprendido a utilizarlas sin ningún tipo de educación al respecto. Es muy posible que muchos votantes de Trump hayan, en un clima de crítica constante a su presidente, radicalizado más aún si cabe sus posiciones, pero también lo es que muchos se hayan dado cuenta, a pesar de la bonanza económica por la que pasa actualmente el país, de los posibles efectos de tener a un sujeto así en la Casa Blanca.

Unas elecciones que pueden marcar un hito en lo político – ver a Donald Trump tratar de gobernar con un Parlamento mayoritariamente en contra puede ser digno de una serie de televisión – pero, sin duda, lo van a marcar de de cara a la ciencia del marketing electoral. Los resultados de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, la profusión de análisis periodísticos al respecto, la detención de cada vez más colaboradores cercanos del presidente y de todo tipo de implicados en el asunto y la divulgación pública de muchos de los anuncios que la inteligencia rusa utilizó para influenciar a los votantes norteamericanos han dado lugar a un clima electoral enrarecido, en el que muchos votantes empiezan a plantearse cada cosa que leen, cada mensaje que reciben, en busca de posibles estrategias de segmentación. Lo que antes eran anuncios simplemente incómodos o machacones en período electoral, ahora son vistos por muchos como parte de posibles conspiraciones destinadas a radicalizar sus ideas o influenciar sus votos.

El análisis del resultado de estas elecciones, que se juegan con campañas a nivel estatal o local, puede llegar a dejar muchas claves de cómo va a evolucionar la comunicación política en el futuro, no ya en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Habrá que estar atentos.

 

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