Ya lo he dicho en otras ocasiones y te lo repito por si todavía no lo has leído. Wallapop es uno de los canales de venta online más subestimados para muchos tipos de productos ahora mismo en España.

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Captando compradores offline con Wallapop

Tiene muchas cosas buenas pero la app sigue yendo como el culo. Los mensajes en ocasiones tardan demasiado en cargar (a veces ni lo hacen) y muchas veces llegan con horas de retraso. Vendedores como yo intentan cuando antes sacar la conversación de ahí para comunicar a través de Whatsapp.

En vez de impedir que el usuario salga debería motivar a quedarse

Y lo de no permitir ya enlaces externos me parece una gran tontería. Eso no hará que la gente no busque vías de salir de la app ahí donde está fallando. Lo que haría es arreglar los fallos y mejorar la usabilidad en vez de impedir ciertas cosas. Una página web no comete fraudes, son las personas que hay detrás.

En el momento que llegue un competidor potente como Ebay, Amazon, Google o Facebook con una app similar estable puede que tenga los días contados. Sí, ya lo sé. Facebook ha implementado el marketplace pero para mi gusto es un rollo diferente. No es lo que hace Wallapop.

Igual de alguna forma esto le llega al CTO de Wallapop. Dejémoslo ahí.

El perfil comprador “híbrido” de Wallapop

Wallapop es un caso curioso desde el punto de vista marketing. Permite llegar a un perfil que tiene acceso y hace uso de medios online sin haber realizado una sola compra por internet en toda su vida. Lo noto continuamente cuando menciono que el pedido se tiene que realizar a través de la tienda online que además está en inglés (¡!). La gente es muy reacia a hacerlo.

Prefiere invertir media hora que se pueden distribuir en días chateando por Whatsapp para pasar un pedido, dirección y pedir datos de transferencia bancaria en vez de hacerlo todo de golpe en 5 minutos en la tienda online.

“La gente es idiota” es un dicho que tenemos en la oficina para recordarnos que el ser humano no es racional. No existe el sentido común y lo que para nosotros es obvio para el resto del mundo no lo tiene que ser.

La barrera existe en “la primera vez”. Estoy convencido de que el 80% de esos compradores “híbridos” se convertirían en compradores online tras haber vivido su primera experiencia de compra online. Mi misión en este canal de venta está siendo llevarles al lado de la luz. Existe un mundo más allá de chats infinitos por Whatsapp que nos hace ganar a todos mucho tiempo.

Cómo voy a hacerlo

Lo escucho a diario. “¿Pero realmente merece la pena una venta de 10 euros?” “¿Tu tiempo no vale más que eso?” Créeme, si hay una cosa que valoro es mi tiempo. Pero también hay otra cosa de la que estoy convencido.

Si no estás dispuesto a meterte en el barro para lograr una venta de 10 euros no te mereces tener una de 100. Cualquier negocio empieza con el primer cliente. Es una semilla que siembras. Se puede convertir en un motor de marketing que trabaja para ti a partir del momento que le das un buen trato y servicio. Una venta de 10 euros se puede convertir en una de 1.000 o 10.000 euros a lo largo de un año por el boca a boca y recurrencia o fidelización obtenida.

Videos formativos que explican paso a paso cómo comprar online

Una cosa que me sorprende es está. Bueno, en realidad son dos.

No he visto todavía ninguna página web donde haya vídeos explicativos paso a paso para realizar una compra online. Muchas personas no compran por miedo de cometer un error. Si les ofreces contenidos que les quitan inseguridad cogiéndoles de la mano puedes quitar parte de la barrera que les tira atrás a la hora de convertirse en compradores online.

La segunda cosa que me sorprende es que no se me haya ocurrido antes.

Ahora hay que ponerlo en práctica. Hablar sobre ello es fácil.

Realizar el pedido de forma manual con los datos del cliente

¿Cómo era el dicho? Si Mohammed no va a la montaña, la montaña tiene que ir a Mohammed. O algo así. Un primer paso intermedio que ahora mismo estoy testeando es dar de alta el pedido de forma manual con los datos del pedido. De esa forma sus datos quedan registrados en la web. Se crea un usuario que ya quita parte del trabajo a la hora de realizar el próximo pedido. Para incentivar luego el uso de esta cuenta ofreceré descuentos que se pueden lograr únicamente a través de una compra online en la tienda.

Ahora dirás. “¿Esto es tu plan? Esperaba algo más maravilloso.”

Bueno, qué te voy a decir. En ocasiones también espero más de mí pero hay cosas que no tienen magia. Aquí no la veo. Lo que si veo es mucho trabajo “sucio”. Bajar del caballo y coger a un cliente de la mano e incluso meter sus datos tú mismo en la web. No es lo que escala pero esto no es un juego que hay que ganar mañana. Yo juego a 5 y 10 años vista.

¿Te imaginas a una persona que ha aprendido a comprar online en tu web? Que tiene todavía poca experiencia y seguridad para moverse en otros ámbitos pero en tu tienda ya se sabe de memoria donde está cada botón para realizar su pedido.

Y ahora te pregunto. ¿Existe algo más poderoso para evitar que este cliente se vaya a la competencia? Todo es posible, pero la barrera creada es importante. Piénsalo. Ya te iré contando si mi hipótesis es correcta o no.

Stay tuned.

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Una interesante noticia en TechCrunch, African experiments with drone technologies could leapfrog decades of infrastructure neglect, pone de manifiesto cómo, en muchas ocasiones, lo importante en innovación no es contar con todos los recursos adecuados para poner una idea en marcha, sino más bien el tener una necesidad importante que satisfacer. En el caso del África subsahariana, la necesidad proviene de muchas décadas de falta de atención al desarrollo y mantenimiento de infraestructuras de transporte, lo que da origen a que, en una amplia variedad de casos, la mejor manera de llevar algo a algún sitio de manera mínimamente eficiente sea por aire.

El ejemplo de Zipline, una compañía fundada originalmente en California, resulta particularmente interesante: hace algunos años, vio la oportunidad de establecerse en Ruanda con el fin de desarrollar sus productos y servicios en un entorno en el que pudiesen cumplir funciones percibidas como verdaderamente críticas o importantes, no simplemente enviar una pizza o un paquete cualquiera, y ser capaces de obtener así una regulación más adecuada que tuviese en cuenta el interés en su desarrollo. Así, en octubre de 2016 llegó a un acuerdo con el gobierno del país africano para desarrollar un “Uber para la sangre“, un servicio capaz de poner una bolsa de sangre en prácticamente cualquier lugar en un tiempo récord, lo que le ha servido, entre otras cosas, para obtener financiación de varias compañías interesadas, y para desarrollar y poner a punto el dron comercial considerado más rápido del mundo, con mucho más aspecto de avión que de cuadricóptero capaz de volar a 128 kmh, que podría pasar a ser utilizado en muchos otros países del mundo para servicios de todo tipo. Hasta el momento, Zipline ha efectuado más de seis mil envíos con un total de medio millón de kilómetros de vuelo, una experiencia que habría resultado mucho más difícil de obtener en otros entornos. Asimismo, el gobierno de Ruanda participa en una iniciativa con el World Economic Forum destinada a derivar mejores prácticas para el uso de drones, que podría llegar a servir de ejemplo para gobiernos de otros países del mundo en este mismo tema.

Un ejemplo de libro del llamado leapfrogging, innovaciones radicales que aprovechan un contexto determinado y que pueden dar lugar a incrementos de eficiencia muy superiores a las innovaciones pequeñas e incrementales. La búsqueda de los contextos que permitan el desarrollo y aplicación de estas innovaciones radicales es especialmente interesante: el éxito obtenido por Zipline en Ruanda ha llevado a que muchas otras compañías consideren el África subsahariana como un área de interés para este tipo de temas, lo que ha permitido el desarrollo de un entorno legislativo mucho más proactivo que el de otros países, a la apertura de pasillos pan-africanos humanitarios en Malawi que pueden ser ofrecidos a compañías para que hagan pruebas en un entorno controlado, y también a la aparición de compañías locales. Siguiendo el ejemplo de Ruanda y de Malawi, otros gobiernos como Sudáfrica, Kenya, Ghana y Tanzania han actualizado su legislación referente a drones, y han lanzado también diversas iniciativas destinadas a su explotación.

En el caso de los drones, África ha mostrado estar dispuesta a dar pasos más audaces y más rápidos que el resto del mundo, debidos a la promesa de unos beneficios tangibles que habría resultado mucho más complicado, si no imposible, obtener de otra manera, lo que ha llevado a que los distintos países hayan estado dispuestos a moverse más ágilmente en el desarrollo de sus entornos de regulación. Un hecho que podría situar a esos países en una posición susceptible de atraer a compañías interesadas en ese ámbito, de situarse en el frente de la innovación, y de capitalizar las ventajas y la inversión requeridas para ello, así como la generación de riqueza resultante. Muy posiblemente no mantengan esa posición en solitario, otros países que han visto ya el potencial de los drones están avanzando también muy rápidamente en ese sentido, pero sin duda, es una posición, la de meca tecnológica, no especialmente habitual en la zona, aunque haya habido otros casos de éxito anteriores que también dejaron importantes lecciones de innovación. Si estás interesado en los drones y en sus posibilidades, la meca de su desarrollo podría no estar en Silicon Valley ni en otros sospechosos habituales, sino en el África subsahariana.

 

Heart rate in Apple WatchComo profesor de innovación, las reacciones a la presentación de nuevos productos me han fascinado desde hace muchísimo tiempo. En esta ocasión, la presentación del Apple Watch 4 y sus funciones de monitorización cardíaca y las reacciones que están generando entre la comunidad de especialistas sirven como un ejemplo interesantísimo sobre cómo esas reacciones pueden no solo predecirse y modelizarse, sino también sobre su valor a medio y largo plazo. Una prueba de cómo trabajar intensamente en un tema durante mucho tiempo puede llegar a distorsionar la  perspectiva de lo que es positivo o negativo, o de lo que puede suponer una innovación puesta en contexto y sometida a procesos de adopción social.

¿Cómo podríamos llegar a una clasificación o tipología de este tipo de reacciones? En primer lugar, está el planteamiento de dudas en un formato abierto. Es el caso de Ethan Weiss que comenté en mi entrada anterior sobre el tema, que durante la misma presentación del producto y de sus funciones se plantea en su Twitter que “no es capaz de discernir si estamos ante el mejor o el peor día de la historia de la cardiología”. La duda está perfectamente bien expresada y plantea en términos neutros un escepticismo razonable que responde a posibles escenarios perfectamente imaginables por un cardiólogo con experiencia: por un lado, lo positivo de una monitorización no intrusiva capaz de identificar problemas antes de que se conviertan en críticos y su potencial para, en último término, salvar vidas y, por otro, el escenario de salas de espera en las consultas de los cardiólogos completamente llenas de personas atacadas de los nervios debido a un incremento sustantivo en el número de falsas alarmas.

Esa misma incertidumbre se plantea en un artículo de The Washington Post publicado al día siguiente de la presentación, tras contrastar opiniones con varios cardiólogos, titulado What cardiologists think about the Apple Watch’s heart-tracking feature: incluir este tipo de mediciones en un producto de consumo de tan elevada popularidad podría generar en muchos usuarios ansiedad injustificada y visitas al médico innecesarias. La interpretación de un electrocardiograma requiere un cierto grado de familiaridad con la técnica y con las métricas empleadas, lo que podría llevar a que una persona no entrenada, ante las variaciones naturales de su ritmo cardíaco, se alarmase o llegase a manifestar síntomas de hipocondría. E indudablemente, un problema menor si lo comparamos con los potenciales beneficios de una tecnología que podría llegar a alertar a muchas personas sobre posibles problemas cardíacos en fases que aún pueden posibilitar su tratamiento o la adopción de medidas de precaución. Es posible que la perspectiva de que personas sin el nivel de preparación adecuada accedan rutinariamente a una herramienta diagnóstica como el electrocardiograma de manera rutinaria pueda suponer un motivo de cierta alarma para los profesionales encargados de tomar decisiones con esas mismas herramientas, pero de nuevo, también parece más que razonable considerar el problema – relativo – de un número mayor de consultas o de visitas al cardiólogo como un problema menor en comparación con su contrapartida en términos de posibles complicaciones de salud potencialmente evitadas.

Otra objeción diferente proviene de la fiabilidad del mecanismo utilizado para la toma y procesamiento de los datos. En ese sentido se pronuncia un artículo en Quartz, The new heart-monitoring capabilities on the Apple Watch aren’t all that impressive, que apunta a que el electrocardiograma obtenido por el Apple Watch proporciona necesariamente un resultado mucho más imperfecto y rudimentario que los que puede proporcionar cualquier aparato de nivel clínico, en el que se utilizan rutinariamente doce electrodos adheridos a la piel en diferentes zonas del tórax y ciertos puntos en brazos y piernas. Indudablemente, hablamos de una comparación completamente absurda entre un dispositivo de consumo y uno clínico: por supuesto que el dispositivo clínico ofrece una precisión muy superior, pero a cambio de un nivel de conveniencia mucho menor. Incluso ante la posibilidad de que un producto de nivel clínico llegase a convertirse en un producto de consumo, la idea de que un número elevado de personas lo utilizase de manera rutinaria o diaria resulta prácticamente ridícula, y mucho más si pensamos en la práctica imposibilidad que alguien lo llevase puesto durante su vida cotidiana. En este caso, el dispositivo clínico tiene un propósito diferente al de consumo: mientras el primero proporciona medidas muy fiables y rigurosas en unas condiciones determinadas, el segundo busca el compromiso de proporcionar únicamente algunas medidas y con un nivel de precisión muy inferior, pero ser capaz de obtenerlas en todo momento y en cualquier circunstancia. ¿Pueden aportar ese tipo de medidas algo a la salud de unos pacientes con, por ejemplo, condiciones que no manifiestan cuando están en unas condiciones determinadas en la consulta de su médico? Indudablemente, y en el futuro estoy seguro de que veremos cardiólogos explorando, en determinados casos, los registros obtenidos por los Apple Watch de algunos de sus pacientes. Lo que no quiere decir, por supuesto, ni que esto sea necesario o esté justificado en todos los casos, ni que debamos intentar presionar a ningún médico para que lo haga.

En el mismo sentido se manifiestan los fabricantes de otros dispositivos de consumo, como WIWE, que también mencioné en mi anterior artículo al respecto: si trabajas durante años para producir un dispositivo del tamaño de una tarjeta de crédito en el que apoyas los dos pulgares, y con la simple precaución de que tus manos no se toquen, te proporciona un electrocardiograma con datos completos y gráficas de arritmia, fibrilación auricular, heterogeneidad ventricular y saturación de oxígeno en sangre, el que Apple llegue y pretenda proporcionar datos parecidos mediante un dispositivo tan generalista como un reloj es algo que, indudablemente, genera inquietud. Así, la reacción del equipo de desarrolladores de la compañía es, dentro de unos adecuados parámetros de respeto, de un relativo escepticismo:

“Aunque no lo hemos probado a fondo todavía, surgen algunas dudas al observar la configuración de hardware del reloj, que puede afectar significativamente la calidad de la señal cuando se graba el ECG. El diseño común en dispositivos de este tipo es permitir que los usuarios coloquen sus dedos sobre los sensores para lograr un contacto completo y una señal fuerte, y obviamente el reloj no proporciona dicha configuración. 

Un problema común podría surgir de algo tan simple como la pilosidad en la muñeca del usuario, que puede ser un obstáculo para el sensor que se supone que capta las señales de ese canal, por lo que se vuelve limitado en su capacidad para reunir información confiable para su evaluación. El otro canal, el dedo índice derecho del usuario, debe mantenerse en su posición el tiempo suficiente, con riesgo de temblores, sentir tensión, etc. Si se mueve, es difícil lograr un contacto estable y sostenido. WIWE, en cambio, puede ser colocado sobre una superficie plana y apoyar los dedos constantemente en los sensores durante la medición.

Con respecto a la detección de fibrilación auricular, no hemos visto información sobre su precisión (WIWE logró 98.7% de precisión cuando se probó con 10000 muestras clínicas, nuestro certificado está disponible bajo pedido) y desconocemos si examinan la activación auricular examinando la onda P como hace WIWE, o hacen la evaluación basada únicamente en la frecuencia cardíaca (distancia RR). Por lo que sabemos a partir de la información publicada, no realizan análisis de onda, por lo que no pueden proporcionar información específica del electrocardiograma como QRS, QTc o PQ, mientras que WIWE sí ofrece todo esto a los médicos. Si solo dependen de la frecuencia cardíaca, el resultado de la evaluación puede ser confuso al detectar la fibrilación auricular, algo confirmado por lo que la FDA señala en su documento de resumen: “la aplicación ECG no está destinada a ser utilizada en personas menores de 22 años, ni se recomienda para personas con otras afecciones cardíacas conocidas que puedan alterar el ritmo cardíaco “.

Habiendo dicho todo eso, obtener el apoyo de la AHA y la aprobación de la FDA supone un gran logro y no podemos afirmar que el reloj no sea capaz de detectar la fibrilación auricular, pero hay preocupación en ese sentido.”

De nuevo: parece evidente que, dentro de la categoría de productos de consumo, la precisión de un dispositivo diseñado específicamente para la obtención de un electrocardiograma, con dos sensores y una configuración razonablemente ergonómica que permite mantener los pulgares en ellos durante un minuto sin problemas obtendrá resultados más fiables que un dispositivo generalista como un reloj diseñado para una amplia variedad de funciones  – y fundamentalmente, ver la hora. Pero la contrapartida, de nuevo, es evidente: con ese dispositivo me monitorizo cuando me acuerdo y, por lo general, menos de una vez al día. Con el reloj, me monitorizo en todo momento y en circunstancias de todo tipo.

¿Están justificadas las reacciones a la innovación planteadas por facultativos y diseñadores de productos competidores? Sin duda, tienen una base razonable. Sin embargo, obvian en su análisis otra cuestión: lo que puede aportar el hecho de que las mediciones, aunque menos rigurosas, se produzcan en cualquier momento del día. Asimismo, debemos esperar a conocer lo que Apple u otros desarrolladores puede llegar a hacer con los algoritmos adecuados cuando dispongan de medidas obtenidas de manera regular o en contextos variados – no olvidemos que el Apple Watch también es utilizado, por ejemplo, para la monitorización regular del ejercicio físico. ¿Pueden este tipo de cuestiones llegar a suponer una mejora tangible a medio plazo para la investigación o para la práctica de la cardiología? Sinceramente, estoy convencido de que así será.

 

IMAGE: Triplebotline (CC BY SA)Desde la definición de las actividades englobadas dentro de la llamada Responsabilidad Social Corporativa (RSC), se ha hablado siempre de las tres líneas principales de actuación que la gobiernan, conocidas por el término acuñado por John Elkington en 1994 de triple bottom line o “triple cuenta de resultados”: las tres “P” de “People, Planet and Profit“, traducido habitualmente como “Social, Económico y Ambiental”. 

Ahora, a medida que va quedando cada vez más claro el impacto del cambio climático, la parte medioambiental de la RSC está tomando, como debe ser, una importancia cada vez más radical. Cada día que pasa está más claro que simplemente reducir las emisiones ya no es suficiente: necesitamos medidas de emergencia que vayan mucho más allá. El gobernador de California, Jerry Brown, de quien hablábamos hace algunos días al hilo de la decisión de obligar a que el 100% de la energía generada y consumida en su estado sea limpia en el año 2045, ha añadido a esa medida una orden ejecutiva que, además, aspirará en el mismo plazo a convertir la totalidad de la economía del estado en carbono-neutral, es decir, capaz de reducir el dióxido de carbono al menos en la misma medida en la que lo emite mediante mecanismos que eliminan dióxido de carbono de la atmósfera.

La idea, cada vez más, es contribuir a la construcción de una nueva economía del carbono, que sea capaz de eliminar más dióxido de carbono del que es emitido. Una economía que, según algunos cálculos y teniendo en cuenta todos los elementos implicados, podría llegar a tener una contribución positiva a la economía global calculada en 26 billones de dólares.

Siguiendo este principio, algunas compañías han comenzado a redefinir sus políticas de RSC potenciando de manera muy marcada el elemento verde, que hasta hace algunos años era considerado simplemente por muchos como un “nice to have”, casi un maquillaje de la memoria corporativa anual. Así, Lyft ha anunciado inversiones de millones de dólares para conseguir la meta de la neutralidad, que dada su actividad, significa compensar en torno a un millón de toneladas métricas de dióxido de carbono. Medidas que van desde la adquisición de créditos compensatorios supervisados (inversiones en actividades que compensen las emisiones de la compañía), hasta inversiones en la electrificación de la flota, en la incorporación a su flota de vehículos sin emisiones como bicicletas o patinetes eléctricos, o en la promoción del uso del transporte público.

Ikea anuncia que llevará a cabo una transición progresiva de su flota de vehículos de reparto para convertirlos en eléctricos, transición que establecen en el año 2020 para ciudades como Amsterdam, Los Angeles, Nueva York, Paris y Shanghai, y en 2025 para el resto de las ciudades del mundo. La compañía sueca sigue el precedente marcado por empresas de mensajería como DHL, que lleva desde 2016 incorporando un vehículo eléctrico de desarrollo propio a sus flotas de reparto en Alemania con el objetivo de alcanzar el 70% de la logística de última milla con vehículos libres de emisiones en 2025, o a UPS, que anunció el pasado marzo el comienzo de la transición a una flota eléctrica en Londres (la ciudad ya exige desde el pasado enero a todos los taxis nuevos que sean de cero emisiones) con un vehículo cuyo diseño, según algunos, parece tomado de una película de Pixar

Las medidas de este tipo no se quedan simplemente en la economía, sino que alcanzan también a la política: C40 es una red de ciudades que colabora compartiendo experiencias destinadas a la reducción de las emisiones, que mide elementos como el nivel de competencias de cada ayuntamiento y su progreso de cara a la reducción de las emisiones. Lógicamente, como en el caso de la RSC, a la preocupación más o menos genuina por la salud del planeta se une la posibilidad de construir una dialéctica atractiva para el ciudadano o el cliente, que podría llegar a redundar en una toma de conciencia colectiva que sesgase el voto o el consumo hacia aquellas opciones que demostrasen tomarse más en serio este tipo de iniciativas.

La RSC, cada día más, se está pintando de verde, y eso es algo muy bueno. Ahora solo falta seguir hablando del tema para que esa toma de conciencia no se quede en las compañías o en los políticos, sino que alcance a cada ciudadano, a cada consumidor, a cada habitante del planeta. Pasar de una mentalidad de mirar el cambio climático irresponsablemente como algo que “no me tocará a mí, ni a mis hijos, ni a mis nietos”, y pasar a estimar la verdadera importancia de la situación, que se ha convertido en el problema más importante que tenemos y que requiere cada vez más medidas de emergencia. Medidas de emergencia que empiezan por todos y dependen, cada día más, de todos.

 

Si me has puesto a parir recientemente y piensas que he borrado tu comentario no es por eso. Es que simplemente no he llegado a el. No te preocupes, un “puesto a parir en condiciones” se aprueba sin más. Una bofetada en la cara (con estilo y sin insultos) le viene bien a cualquiera.

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Una de las preguntas recurrentes que me llega es el por qué no ponga anuncios de Adsense en este blog. Para no tener que responder uno a uno aprovecho para explicarlo de forma detallada en un formato de post.

Por qué no me da la gana

Te seré sincero. No sé si es la de mayor peso pero sin duda debo admitir que me da mucha pereza. Ganar dinero con Adsense es mucho más activo de lo que muchos se imaginan. Me da mucha pereza porque no es algo que me motiva. No tengo previsto vivir de ingresos pasivos porque para empezar no existen. Por mucho que me quieras convencer de lo contrario lo de generar a largo plazo algo sin hacer nada va en contra de todo lo que visto, vivido y en lo que creo.

También percibo que los anuncios son algo molesto. La experiencia del lector sería algo peor. Aunque este punto posiblemente lo pongo aquí como mala excusa para contrarrestar lo de la pereza. En resumen, prefiero hacer otras cosas.

Por qué ganas una miseria

Ahora mismo no sé cuánto tráfico tengo. Posiblemente algo de 2.000-5.000 visitas al día. Incluso con estas cifras que para un blog empiezan a ser algo relevantes ganas una miseria. En este post hago los cálculos. Ya va por los 260 comentarios. Repásalos también porque son interesantes las aportaciones de los lectores que son incluso mejor que la propia entrada. Por 150-200 euros al mes no sacrifico mi tiempo. Tengo este lujo.

Por qué me gano la vida con otras cosas

Tengo el lujo de ganarme la vida con otras cosas. ¿Y sabes qué? Ahora mismo el 95% de mis ingresos no tienen nada que ver con formar o dar servicios de marketing online. Lo sigo haciendo de forma puntual pero tal como te comenté ayer tiene que merecer la pena.

No tengo que trabajar para Google. Ya suficiente tengo ahora mismo que Amazon todavía me tiene cogido por los… Bueno, ya sabes, no hace falta ser vulgar… ;)

Estoy en proceso de independizarme de Amazon. Está siendo lento, pero lo conseguiré. Como siempre serás el primero en saberlo.

Stay tuned.