Durante años he estado buscando la fórmula. Pensaba durante mucho tiempo que la clave para para robarle tiempo al tiempo era ser más productivo. A pesar de seguramente no estar en niveles máximos (aunque tampoco bajos) he visto el techo que tiene el concepto.

early birdDerechos de foto de Adobe Stock

La productividad no te ayuda a trabajar más horas.

10 horas se pueden convertir en 9 horas productivas si tienes la capacidad de foco y concentración de un monje tibetano. Pero nunca serán 12 o 13 horas. ¿Bastante obvio, no? Pues yo he estado buscando el camino imposible de hacerlo todo en un número de horas cerrado.

No de forma pública pero para mí mismo me he escondido detrás de la excusa que tengo que estar más tiempo con mi familia. Había una solución obvia a este dilema. Dormir menos. Era hora de pasar a la acción y dejarse de excusas. Agosto iba a ser el mes del cambio. Más es más y mejor. Eso es la verdad. Únicamente los perdedores siguen pensando que el “menos es más” te permite llegar a alguna parte. ¡Basta ya de tonterías!

Trabajando 3 horas más al día en agosto

A pesar de tener jornadas de 13 horas “únicamente” trabajaba 11,5-12. Seguía mi ritmo de mediodía de volver a casa para hacer deporte y comer. No era cuestión de cambiarlo todo sino de sacar más horas de trabajo para lograr más resultados en menos tiempo.

Los primeros días fueron duros. Lo sigue siendo pero la verdad es que el cuerpo se va acostumbrando cada vez mejor al nuevo ritmo. También me he quitado la costumbre de dormir 10 minutos más después de sonar el despertador por primera vez. Es más fácil en realidad. Me levanto a las 6 y a las 7 estaba en la oficina.

De 7 a 9 estaba solo. No había nadie. Era un tiempo increíblemente productivo. Sacaba trabajo que entrando a las 9 a veces acababa a las 12. Además de sumar 2 horas ganaba una hora en productividad porque no había nadie que me interrumpía.

Nada más llegar el equipo hacíamos una breve reunión para empezar el día con fuerza. De media estaba mejor preparado por lo que ellos también lo estaban para sacar más trabajo en menos tiempo. Ellos se iban a las 17 horas yo seguía todavía hasta las 20 horas.

Convertir un experimento en un hábito en el día a día

Está claro que trabajar más me ha aportado sacar en agosto el trabajo de 8 semanas. No estoy exagerando, es la pura realidad. Ahora el cole a ha vuelto a empezar por lo que dejo a la grande todos los días ahí antes de ir a la oficina.

Sigo levantándome a las 6. Hasta las 8 he sacado ya algunas tareas importantes cómo p.ej. la organización de mi día y la del equipo. Estoy menos agobiado porque “empiezo” ya el día con ventaja. Salgo una hora antes (a las 19 horas) del trabajo porque priorizo estar con la familia.

Lo que ha empezado como un experimento está pasando a formar parte de mi rutina diaria. Es verdad que muchos días me siento más cansado pero lo percibido como un cansancio de victoria. He superado la pereza de quedarme una hora más en la cama porque los beneficios son relevantes. Ya no hay marcha atrás.

Trabajar más no hace milagros. Acelera la velocidad de crucero. Tengo claro lo que tengo que hacer. Ahora simplemente tardaré menos. Puede que 1 año o simplemente meses. ¡A mí me ha merecido mucho la pena! Te seguiré contando.

Stay tuned.

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