IMAGE: Public DomainFacebook anuncia la desactivación de un entramado de páginas, grupos y cuentas implicadas en eso que se ha dado en llamar coordinated unauthentic behavior, esquemas de manipulación colectiva destinados a cambiar la actitud de determinados grupos de personas en procesos electorales, esta vez originadas fundamentalmente en Irán y Rusia, al hilo de una investigación desarrollada en una empresa de seguridad, FireEye. Inmediatamente, y utilizando las conclusiones de la misma investigación, tanto Twitter como YouTube anuncian acciones sobre un número de cuentas y canales implicados en el mismo esquema dirigidos a varios cientos de miles de personas, y evidencian una escalada en los procesos de manipulación electoral, en este caso dirigidos a las elecciones al Parlamento norteamericano, impulsados desde gobiernos extranjeros. 

Europa mira este tipo de procesos y la supuesta credulidad norteamericana con una mezcla de escepticismo y de preocupación: en realidad, tanto Irán como Rusia llevan tiempo practicando este tipo de tácticas en procesos de todo tipo, desde elecciones generales hasta referendums como el del Brexit, y previamente, en varios procesos electorales en ex-repúblicas soviéticas. Las técnicas son ya conocidas: polarizar la opinión pública utilizando todo tipo de temas, sean las vacunas o la inmigración: todo vale con tal de dinamizar bolsas de votantes previamente inactivas que, por la razón que sea, son estimuladas para participar y manipuladas para que crean que esa participación es fundamental para evitar algún tipo de terrible amenaza.

Las compañías tecnológicas, convertidas de facto en supuestos guardianes de la democracia, se reúnen para evaluar estrategias conjuntas y compartir experiencias. Lo que comenzamos a comentar en las elecciones presidenciales norteamericanas tras la inesperada victoria de un Donald Trump que probablemente termine entre rejas, se ha convertido ya en una evidencia a voces: gobiernos de países con nula tradición democrática, que se dedican a organizar auténticos ejércitos en la red que generan miles de cuentas, grupos y páginas que simulan movimientos organizados en los países cuyos procesos electorales pretenden desestabilizar o manipular. Sea elegir a un presidente poco presidenciable que ridiculice la democracia del país, simular un enorme soporte al lado más desestabilizador de un referendum o provocar una decisión inesperada: todo vale con tal de cuestionar la democracia no desde el punto de vista de “un hombre, un voto”, sino desde el de convertir en representativas opciones que no lo eran, que no contaban con una legitimidad más allá de lo que la hipérbole y la manipulación consigan darle.

Cuando empezamos a hablar de este tema, muchos decían que no podía ser y que además era imposible. Que no se era posible influir hasta tal punto ni de manera tan decisiva en procesos electorales, y que, en realidad, se estaba tratando de buscar explicaciones para resultados que podían ser, de alguna manera, naturales. No era cierto: esos procesos no solo están manipulados, sino que lo están desde unos principios de psicología y de entendimiento de las redes sociales completamente nuevos, sin precedentes, en función del micro-targeting que las redes sociales permiten. Un auténtico ataque a las bases de la democracia, orquestado precisamente desde países no democráticos. De cara a las elecciones al Parlamento norteamericano del próximo noviembre, hay quien dice que el daño ya está hecho y que ya es demasiado tarde, pero es posible que no sea así. Y en cualquier caso, hablamos de procesos que vamos a ver en cada una de las elecciones o referendos que los países democráticos vayan a mantener en los próximos meses, hasta que las redes y herramientas sociales hayan sido capaces de desarrollar procedimientos para identificar, neutralizar o hacer más difíciles esos movimientos organizados de manipulación. La democracia no es perfecta, pero sin duda, no es tan mala como algunos quieren que parezca.

Ellos contra nosotros. Autócratas y teócratas, contra demócratas. Tiempos complicados.

 

No tengo claro si “expuesto” realmente es la traducción correcta de “exposed” pero vamos a dejarlo así de momento. Si te gusta ver videos en Youtube como a mí probablemente has visto más de un título incluyendo algún famoso Youtuber donde te hablan de algún tipo de secreto oscuro sobre el mismo.

expuestoDerechos de foto de Adobe Stock

Ventajas de hacer vídeos sobre personajes conocidos en Youtube

Llama la atención sin duda porque los seres humanos por naturaleza somos cotillas. Nos interesa conocer todos los trapos sucios sobre los “famosos”. Hoy en día basta con grabarse con un smartphone para tener más visualizaciones que el Papa.

Posicionar con palabras clave en Youtube

Si eres seguidor de algún Youtuber o acabas de conocer a alguien seguramente te interesará ver más contenidos de él o que tratan sobre él. Los vídeos que incluyen palabras clave con el nombre de personas que además tengan un buen CTR por la palabra mágica “expuesto” (exposed) consiguen con el tiempo aparecer en cada vez más búsquedas. Es una forma de lograr visualizaciones gracias a una demanda por el tipo de contenido que ofreces.

Aparición en vídeos relacionados

Yo suelo caer muchas veces en este tipo de vídeos en las sugerencias de Youtube de vídeos relacionados. En ocasiones no te das cuenta y vas saltando de un vídeo a otro de esta forma. El simple hecho de incluir el nombre en el título y probablemente en la descripción da a entender a Youtube que este contenido podría ser relevante para personas interesadas en esa temática. Y por experiencia lo es.

Desventajas de sacar provecho de la fama de terceros

Debo decir que acabo de descubrir una persona en Youtube gracia a esta técnica. Y lo mejor de todo, me gustan sus contenidos. Aun así no haría lo mismo.

Vas a cabrear a mucha gente

Cuando más conocido el Youtuber que expones, más visualizaciones potencialmente va a poder lograr. Y con esto llegan los problemas. Detrás muchas veces hay comunidades de fans que da igual lo digas y/o bien que expongas tus argumentos siempre van a defender a muerte a su ídolo. Si no eres capaz de aguantar esa presión mejor que no hagas uso de esta técnica.

Posiblemente estás dando una mala imagen

A nadie le gustan los chivatos. Corres un gran riesgo que el apuntar con tu dedo hacia otra gente te deja aparentar como mala persona. Al final los que vean tus contenidos siempre pensarán. ¿Estará celoso? ¿Miente? ¿Se aprovecha de la fama de [YOUTUBER]? Sin duda este último punto es cierto. No me lo vas a negar… ;)

Y aquí va mi resumen. Si quieres ir rápido y no te importa que te pongan a parir puedes utilizar esta técnica siempre que lo que digas sea demostrable. Personalmente prefiero ir más despacio pero ganarme la audiencia a pulso. Si eres bueno en lo que haces no tienes que sacarle provecho a la fama de nadie.

Live and let die como bien dice la canción de Guns’n Roses. ;)

Pero claro, esto es mi opinión así que tú haz lo que más te convenga. Yo para empezar no me voy a convertir en Youtuber. Lo que me faltaba…jajaja

IMAGE: Joshjdss (CC BY)

Amazon adquiere en exclusiva un paquete de derechos de retransmisión exclusiva de partidos de la Premier League británica, arrebatándoselos a compañías tradicionales de televisión como Sky o empresas de telecomunicaciones con oferta audiovisual como BT, que llevaban varios años reteniéndolos. El paquete incluye veinte partidos durante tres años, será emitido para los suscriptores de Amazon Prime en el Reino Unido, y es fruto de una estrategia diseñada por el CEO de la Premier League, Richard Scudamore, para atraer a nuevos competidores a la subasta de sus contenidos, enfocándose particularmente en compañías tecnológicas.

La subasta confirma mis predicciones de que, en muy poco tiempo, los derechos de las grandes competiciones deportivas y los eventos en directo ya no estarían en manos de cadenas de televisión tradicionales, sino de lo que hoy conocemos como compañías tecnológicas, dispuestas a pagar más en función de expectativas de monetización superiores. Las inversiones de compañías como Google, Netflix y otras compañías tecnológicas para impulsar el vídeo en 8K no reflejaban otra cosa más que el interés por competir en la oferta audiovisual con las compañías tradicionales, una batalla que en muchos sentidos están ganando ya a la luz de la evolución de la competencia entre la televisión tradicional, pautada y con pausas publicitarias, y las ofertas procedentes de Netflix, YouTube, Amazon y compañía con servicios de suscripción, con calidad elevada y adaptativa a las condiciones de ancho de banda, sin interrupciones, y sin una programación marcada. 

La televisión tradicional únicamente mantiene su atractivo entre los mayores de 65 años. El resto del abanico sociodemográfico se caracteriza ya por consumir sus contenidos de otra manera, con otras mecánicas y otras pautas alejadas del tradicional modelo de interrupción. La idea de ver la televisión cuando un ejecutivo de programación decide emitir el contenido que queremos ver y con cortes publicitarios que no queremos ver resulta cada día menos atractiva. En esta evolución, únicamente parecían estar quedándose relativamente al margen contenidos como los boletines de noticias y los eventos en directo, como las competiciones deportivas. Amazon, embarcado en una fortísima estrategia de crecimiento para posicionar su oferta de contenidos audiovisuales, ha retransmitido ya competiciones como el US Open y varios eventos del ATP World Tour de tenis, así como varios partidos de la NFL. Por lo general, la estrategia de la compañía es hacerse con los derechos a nivel mundial, algo que no ha sido posible en el caso de una Premier League que cuenta con muy lucrativos acuerdos por país, pero que muy posiblemente cambiará en el futuro. 

Esto solo es el principio, una cuestión de tiempo y de lógica. Pronto, veremos acuerdos similares en la mayoría de los contenidos capaces de garantizar un nivel de interés razonable entre la base de suscriptores de estas compañías, acuerdos para territorios en los que los propietarios de los derechos no conseguían un contrato que considerasen interesante, o macrosubastas a precios previsiblemente mareantes, inaccesibles para competidores locales, para hacerse con contenidos ya probados o susceptibles de generar interés a nivel mundial. Para los canales tradicionales, la rentabilidad de este tipo de contratos está cada vez más en entredicho, y la caída progresiva de sus audiencias, hartas de su fórmula de financiación a base de publicidad de interrupción, no hace más que acentuar ese problema. Frente a eso, una Amazon que busca incrementar la propuesta de valor de su Amazon Prime, pero que en realidad, se financia solo: no solo muestra un fuerte crecimiento, sino que lo hace en hogares de ingresos elevados y menos sensibles al precio, y además, se acompaña con un incremento muy fuerte (casi el doble) del consumo medio por hogar. Con usuarios así, lo menos que puedes intentar darles es acceso a una buena oferta de contenidos. 

¿Imaginamos una Champions League, un Torneo de las Seis Naciones o una Final Four de la EuroLeague, por poner algún ejemplo, siendo emitidos no por un canal tradicional o de pago, sino por una compañía tecnológica, como un Amazon, un Netflix o un YouTube? Pues vayamos empezando a imaginarlo…

 

IMAGE: Maxim Kazmin - 123RFLectura obligada de hoy es la carta que el creador de la web, Tim Berners-Lee, escribe con motivo del vigésimo noveno aniversario de su creación, titulada The web is under threat. Join us and fight for it, publicada simultáneamente en inglés, español, francés y portugués: un alegato que denuncia el asfixiante control de la web por parte de unas pocas compañías y que condiciona, tristemente, el que los próximos veinte años vayan a ser mucho menos innovadores que los veinte anteriores.

En este momento, innovar en la web se ha vuelto enormemente difícil: si no tienes sobre ti el paraguas de unas pocas compañías, tus posibilidades se limitan prácticamente a que te compre alguna de ellas: esas compañías controlan no solo los recursos disponibles y adquieren cualquier proyecto mínimamente innovador que consideren que pueden aprovechar, sino que, además, controlan la difusión de las ideas en la web, con consecuencias por todos conocidas.

Los problemas actuales de la web, el haber contribuido a la expansión de ideas radicales o haber manipulado la democracia condicionando el voto de muchas personas en función de falsos escenarios de confrontación, tienen que ver, además de con una ausencia de educación y de preparación para este tipo de situaciones en los usuarios, con los intereses económicos de estas compañías.

En este sentido, resulta interesantísimo leer, también hoy, a Zeynep Tufekci, profesora en la University of North Carolina y en Harvard, en su artículo en The New York Times titulado YouTube, the great radicalizer, en el que detalla un fenómeno que seguramente muchos hemos podido comprobar cuando entramos en el gran repositorio de vídeos y, tras terminar de ver aquello que acudimos a ver, nos encontramos con esas recomendaciones algorítmicas que pretenden que nos pasemos el resto del día en la plataforma, con recomendaciones que, aparentemente, no podemos dejar de ver. Según experimentos de la autora, esas recomendaciones, destinadas por supuesto a incrementar nuestro tiempo de consumo, tienden a ofrecernos contenido cada vez más radicalizado con respecto al que vimos anteriormente, lo que puede hacer que, durante las pasadas elecciones, si comenzabas viendo un vídeo de un discurso de Trump, terminases recibiendo recomendaciones de supremacistas blancos, de negacionistas del holocausto o de racismo exacerbado. Si por el contrario, comenzando desde una cuenta recién creada, entrabas para ver vídeos de Hillary Clinton o de Bernie Sanders, las recomendaciones de la plataforma te llevaban a ver vídeos conspiranoicos de agencias secretas del gobierno o de supuestas tramas gubernamentales tras el 11S. El fenómeno no se limitaba a la política: si entrabas a ver un vídeo sobre fitness, terminabas viendo contenido sobre ultramaratones. Si consumías vídeos sobre vegetarianismo, rápidamente pasabas al veganismo.

Presumiblemente, no se trata de intereses de Google o de YouTube, más allá del propio interés por que pases más tiempo con los ojos pegados a su plataforma. Si diseñas un algoritmo para incrementar a toda costa el tiempo que una persona pasa en YouTube, ¿cuál es el camino fácil para ese algoritmo? Escoger, de entre todo el contenido disponible, aquel que le ofrece contenidos similares a aquellos por los que demostró interés, pero cada vez más radicales, más exagerados, más extremos. El caso ilustra perfectamente el tema sobre el que Berners-Lee alerta en su carta: los intereses comerciales de unas pocas compañías están jugando un papel tan importante en la evolución y destino de la web, que se han convertido en un serio problema, dado que en muchas ocasiones, esas mismas compañías no entienden lo que tienen entre manos y sus posibles efectos secundarios. Con la excusa de hacer crecer los beneficios de unas pocas compañías, estamos llevando a cabo la radicalización de toda la sociedad, y generando problemas que la propia sociedad va a tener que solucionar.

Según Berners-Lee, la solución está en la regulación. Sinceramente, no lo tengo claro. La regulación, en este mundo compartimentado en el que cada país defiende sus propios intereses, se somete a la soberanía de cada territorio, y resulta completamente inútil en la mayoría de los casos, cuando no abiertamente perversa. La regulación de internet en determinados países persigue criterios abiertamente políticos como privar a sus ciudadanos de determinados contenidos o de la exposición a ciertas fuentes y perspectivas. Buena suerte intentando influir en la regulación de países como Irán, Turquía… o por supuesto China: que el papel de las Google, Apple, Facebook y Amazon en China lo jueguen Baidu, Alibaba y Tencent no es fruto de la mayor brillantez de estas compañías ni de su mejor conocimiento del entorno, sino de una regulación que sistemáticamente ha excluido a otras compañías extranjeras, del mismo modo que los Estados Unidos pretenden ahora hacer con compañías chinas como Huawei o con ZTE. La regulación, en un mundo en el que hemos superpuesto una red global a una regulación parcelada, tiene ahora pocas posibilidades de enderezar las cosas, me temo.

La web es un proyecto en construcción, y nadie dijo que fuese a ser sencillo. Es, seguramente, uno de los proyectos más ambiciosos que hemos visto en la historia, y como tal, está sometido a enormes intereses de cara a su control. En cualquier caso, lecturas muy interesantes, fundamentales, y de fuentes más que autorizadas para decir las cosas que dicen. Si nos lleva a pensar un poco sobre estos temas y a ser un poco más conscientes de determinados fenómenos, ya habremos conseguido un buen objetivo.

 

Canal 24h OT - YouTubeDesde La Razón me llamaron para hablar sobre el papel de las redes sociales en el contexto de la popularidad de Operación Triunfo, un talent show que, en su novena edición que marcaba su vuelta a la primera cadena de TVE tras su paso por Telecinco, ha sido líder de audiencia en muchas de las semanas en las que se ha emitido, y ha supuesto niveles de popularidad nunca vistos desde su primera edición en el año 2001. Hoy, incluyen algunos de mis comentarios en la noticia titulada “Operación Triunfo: La nueva carta de ajuste” (pdf).

¿Qué lleva a que una fórmula aparentemente agotada, tras siete ediciones decreciendo en aceptación en Telecinco, y con un último intento de emisión en 2011 cancelado antes de tiempo por su escasa audiencia, vuelva a alcanzar niveles de popularidad comparables a los de aquella primera temporada en 2001? La respuesta, en gran medida, hay que buscarla en la gestión de las redes sociales, que dentro de un contexto “irregular” de concursantes a los que se priva, durante buena parte de los tres meses que dura el concurso, de la exposición a las noticias del exterior, ha sido capaz de generar un canal de YouTube que ofrecía una amplísima panorámica de lo que sucedía dentro de la Academia, pero sin buscar el detalle morboso o poco elegante que habría sido más característico de un programa tipo Gran Hermano. El canal ha llegado a tener más de 380,000 seguidores, y ha conseguido prolongar el contenido televisivo mucho más allá de lo que es el propio programa, que se emitía en la franja nocturna de los lunes.

Un gran número de personas se han “enganchado” literalmente al canal de YouTube, y permanecían atentos a los momentos clave de la vida en la Academia: los pases de micros, los ensayos, o simplemente, momentos divertidos o curiosos de la convivencia, que eran capturados y compartidos sin cesar a través de las redes sociales. Multitud de hashtags, de hecho, se convirtieron en trending topics en momentos en los que el programa no se estaba emitiendo, construyendo una comunidad en torno a esos contenidos que trascendía lo que es un simple programa de televisión. La ventana de chat en el canal de YouTube tenía momentos en los que se movía a tal velocidad, que reflejaba una actividad brutal, imposible de seguir, de fans queriendo crear y compartir contenido sobre los protagonistas. Muchos usuarios, de hecho, mantenían el canal de YouTube abierto a todas horas, bien en un ordenador, bien en una smart TV o en un Chromecast, hasta el punto de que varios días después de terminadas las emisiones, aún contaba con varios centenares de usuarios activos supuestamente viendo una imagen estática.

Terminado el paso por la Academia, los participantes, conscientes de la importancia de las redes sociales, han trasladado una buena parte de su actividad a cuentas de Twitter, Instagram o Facebook, en las que mantienen un diálogo razonablemente activo con sus fans y seguidores. Lo importante del programa, después de todo, es que ha sido capaz de atraer a Televisión Española y a la televisión lineal en general a un colectivo que hacia mucho tiempo que ya no estaba ahí, y que ha vuelto a engancharse, a crear contenido y a compartirlo en torno a algo calificable ya como de fenómeno de popularidad. En un momento dado, lo que generaba interés real era la emisión 24 horas de YouTube, mientras que la gala de los lunes, aunque era supuestamente el momento culminante, jugaba casi un papel secundario. En muchos momentos, de hecho, vimos estrategias publicitarias de marcas dirigidas concretamente a la explotación de las audiencias del canal de YouTube, dada la dificultad para explotar esa publicidad en una cadena pública en la que, salvo la ya explotada y a veces retorcida fórmula del patrocinio, existe una limitación legal para hacerlo.

Muy posiblemente, esas audiencias desaparezcan ahora, puesto que nada parece indicar que la cadena pública vaya a tener la sensibilidad de buscar vehículos para dinamizarlas, pero han demostrado que otra televisión es posible, que se puede construir en la pantalla teniendo en cuenta lo que ocurre alrededor de ella, y que se puede implicar al espectador de una manera sostenible y atractiva para que haga algo más que simplemente permanecer atento a la pantalla. Como experimento, independientemente de la calidad o el atractivo del contenido como tal, me ha parecido muy interesante.