Apple (05/07/2018) - Google Finance José Luis G. Ochoa, de El Español, me llamó anteayer para hablar sobre Apple y las expectativas generadas por la ruptura del histórico techo de un millón de millones en su valoración, y ayer publicó un reportaje titulado “Apple, los riesgos (y desafíos) que enfrenta la empresa del billón de dólares” (pdf) en el que me cita. 

En mi conversación con José Luis intenté dejar claros cuáles son mis argumentos para defender que la compañía tiene recorrido para seguir avanzando en su valoración: una estrategia coherente basada en brillantes procesos de innovación que suponen auténticas reinvenciones de lo que una categoría debería ser y se convierten en hitos a imitar por todos los demás,  productos que “no son para todo el mundo” pero que posibilitan, precisamente por ese enfoque, que la compañía no se centre en el volumen, sino que viva cómodamente instalada en la capitalización del importante margen que le proporcionan, muy superior al que obtiene cualquier otro de sus competidores.

El hito del billón de dólares – o trillón, como dicen los anglosajones – no es, en realidad, tan importante. Un millón de millones es un número indudablemente muy grande, enorme… pero es tan solo eso, un número. Según como definamos la valoración de una compañía, podríamos incluso considerar que Amazon vale más que Apple, aunque eso no cambia la premisa de la ecuación principal: si pensamos que las candidatas a llegar a ese hito simbólico son empresas como la ya citada Amazon, Alphabet o Microsoft, el mundo es, sin ningún lugar a dudas, de las llamadas “compañías tecnológicas”.

Ahora, además, Apple cuenta con otra importante ventaja: una generación de cash prácticamente ilimitada basada en su estatus de competidor en el mercado de la electrónica de consumo, que le permite sentarse sobre una enorme pila de dinero que puede escoger en qué momentos devolver a sus accionistas. Tras muchos años de ver cómo todas las compañías tecnológicas despreciaban el reparto de dividendos y lo consideraban típico de empresas anticuadas, ahora resulta que Apple no solo los reparte, sino que lleva a cabo agresivas recompras de acciones que le permiten no solo mantener a sus accionistas enormemente contentos, sino además, prácticamente manipular el valor del precio de su acción ante cualquier posible eventualidad, como la que podrían representar los posibles efectos del recrudecimiento de la guerra comercial con China. Tan solo en el segundo trimestre del 2018, la compañía invirtió 20,000 millones en recompra de acciones. Inversores fieles, y por supuesto, usuarios fieles: cada nuevo producto de Apple tiene el efecto multiplicador que supone que todos sus usuarios altamente satisfechos encuentren un nuevo motivo para pasarse por la Apple Store

También llama la atención la magnitud de los mitos y las percepciones absurdas con las que se critica a la compañía: ¿que la Apple de después de Jobs no es innovadora o no va tan bien? Cuando Steve Jobs murió, hace ahora siete años, la compañía seguía una marcha indudablemente exitosa… pero su valoración era de “únicamente” 350,000 millones de dólares. Los 650,000 restantes se han conseguido en la era post-Jobs, con Tim Cook al frente de la compañía. En ese período, Apple ha hecho mucho, muchísimo más que simplemente “vender más de lo mismo en distintos formatos y tamaños”: se ha convertido en un gigante de los servicios, que ahora contribuyen de manera muy significativa a su facturación y la convierten, por ejemplo, en una impresionante compañía de fintech; en una alternativa a Spotify, o en la que ha reinventado exitosamente categorías como la cartera o el reloj de pulsera, en ese último caso con un enfoque hacia el mundo de la salud preventiva que podría terminar teniendo mucha más proyección de la que parece.

Precisamente de esto es de lo que depende el punto en el que situemos el posible techo de valoración de la compañía: de su capacidad para reinventar nuevas categorías de producto. El automóvil es una de esas posibilidades, un mercado al que Apple no sería, sin duda, la primera en llegar, en el que potencialmente podría proponer alternativas interesantes, pero también lo es el home entertainment, en el que actualmente tiene productos necesitados de un replanteamiento como Apple TV o HomePod, dependientes tanto de mejoras en Siri – hoy sin duda la más patéticamente tonta de todos los asistentes de voz – como de algún tipo de combinación con sus productos de servicios.

A corto plazo, veremos más de lo mismo: nuevos modelos de iPhone volverán a generar importantes picos en ventas que elevarán la valoración de la compañía de manera consistente, asegurando el suelo del billón de dólares de manera sólida. Pero a largo, la gran pregunta: ¿cuáles son esas categorías en las que la compañía está preparando reinvenciones y que podrían redefinir su techo de valoración?

 

IMAGE: Pixabay - CC0Tras la presentación de los resultados del segundo trimestre de 2018, con una facturación un 17% superior a la de hace un año, Apple consigue, como se esperaba, convertirse en la primera y única compañía norteamericana cotizada de la historia en superar el millón de millones de dólares de valoración, un billón según la escala numérica larga habitual en la Europa continental y la América hispanohablante, o un trillón según la escala numérica corta anglosajona. Un uno, seguido de doce ceros, tal que así: 1,000,000,000,000. Las acciones de la compañía subieron un 2.9% para terminar el día en los 207,39 dólares, lo que resulta en una capitalización bursátil de 1,002 miles de millones de dólares. A lo largo de la sesión, la valoración bursátil de Apple llegó a superar los 1,006 miles de millones.

Más allá de lo que sus críticos puedan decir, la estratosférica valoración revela el importante papel que la compañía ha tenido en la transformación del mundo que conocemos, desde sus orígenes como creación de Steve Jobs y Steve Wozniak en un garaje californiano, pasando por su casi bancarrota hace ahora 21 años, hasta conseguir convertirse en la empresa que ha revolucionado el mundo de la tecnología y la electrónica de consumo a través de una impresionantemente exitosa serie de productos. Intentar entender la relación entre las personas y la tecnología resultaría hoy imposible sin analizar, entre otros, productos como el Macintosh o el iPhone, que dieron origen a enormes revoluciones como la del ordenador personal, la del smartphone o la de las apps.

¿Qué elementos posibilitan el meteórico crecimiento de Apple? Sin duda, a pesar del indudablemente creciente papel del negocio de servicios, el protagonista principal sigue siendo el iPhone, que aportó 5,060 millones al total de 7,860 millones reportados por la compañía en el segundo trimestre de 2018. También juegan un papel fundamental los resultados del mercado chino, una quinta parte de sus ventas y un elemento fundamental en su estructura de costes, hasta el punto de que está forzando a otro gigante, Google, a replantearse su enfoque y a preparar un nuevo desembarco en ese mercado con un buscador que se pliegue a las condiciones de restricciones y censura impuestas por el gobierno del país.

Pero a estas alturas, es importante entender que Apple, en muchos sentidos, ha roto la baraja del mercado: la compañía tiene unos beneficios y genera una liquidez tan importante, que puede plantearse devolver directamente y de manera periódica una buena parte a sus inversores. El pasado abril, anunció planes para la recompra de cien mil millones en acciones, y en su última presentación de resultados demostró que esos planes no eran ninguna ficción: tan solo en ese segundo trimestre del año, devolvió 25,000 millones de dólares a sus accionistas, incluyendo 20,000 millones en recompra de acciones.

Recomprar tantas acciones permite mantener elevado el precio de la acción, lo que mantiene obviamente contentos a los accionistas y posibilita que la compañía pueda, además, manejar su cotización de manera prácticamente sintética. Obviamente, no es una fórmula infalible ni sin límites: la compañía podría ahora ser vulnerable a la guerra comercial con China planteada por Donald Trump, y sufrir un encarecimiento de sus productos que podría llevar a un recorte de sus márgenes. Pero por otro lado, juega a un juego diferente: perder el segundo puesto del mundo en número de terminales vendidos frente a Huawei, por ejemplo, no le resulta especialmente problemático, porque su batalla, de nuevo dentro de unos límites, no son las unidades vendidas, sino el margen que obtiene de ellas. Lo importante de llegar a tener una compañía con un millón de millones de dólares de capitalización es demostrar que eso no es lo importante, y que, como deja claro Tim Cook en su memorandum a los empleados de hoy, entiendes lo que es realmente importante. Además, el próximo mes de septiembre la compañía presentará seguramente nuevos modelos de iPhone y renovará otras líneas de producto, lo que se traducirá inmediatamente en un repunte de sus cifras de ventas como ha ocurrido de forma prácticamente matemática en todas las ocasiones anteriores.

Apple no es la única compañía tecnológica que se acerca a este escalón mítico del millón de millones de dólares: Amazon, Alphabet y Microsoft podrían alcanzarlo también pronto, revelando de nuevo el importantísimo papel que la tecnología juega en el mundo en que vivimos. Pero ha logrado ser la primera en llegar a esa mítica cifra y, con ello, reivindicarse como una de las compañías tecnológicas más importantes de la historia, la que de una manera más clara redefine el panorama gracias a una potente combinación de innovación y estrategia. Haters gonna hate, pero esto es lo que hay… repetido un millón de millones de veces!

 

IMAGE: George Hodan (CC0 - Public Domain)Amazon anunció ayer la adquisición de PillPack, una pequeña compañía de Somerville (Boston) con una app para la venta de medicamentos en paquetes personalizados cuya última valoración en una ronda de financiación en 2016 fue de $361 millones. Amazon la ha adquirido por algo menos de mil millones, arrebatándosela al otro gigante que pretendía adquirirla: Walmart. Al hacerse con ella, Amazon consigue evitarse toda la enorme complejidad legislativa implicada en la venta de medicamentos bajo receta, dado que PillPack ya había obtenido esa licencia para los cincuenta estados del país.

Para Amazon, es básicamente un día más en la oficina en su carrera por la dominación mundial: en esta misma semana, la compañía lanzó un nuevo y agresivo esquema de descuentos y promociones para estimular a los clientes de sus tiendas Whole Foods para que se conviertan en socios de Amazon Prime, y un plan para construir un ejército de pequeñas empresas encargadas de la logística de última milla de sus productos.

Sin embargo, lo que para Amazon ya forma parte de la normalidad son eventos que, en realidad, son susceptibles de generar auténticas olas de preocupación en industrias enteras: ¿qué ha pasado al anunciarse la adquisición de PillPack? Pues ni más ni menos que los accionistas de las compañías con cadenas de farmacias en los Estados Unidos han entrado en modo pánico, y eso ha dado lugar a fuertes descensos de la cotización de CVS (-8.1%), Rite Aid (-3.1%) y Walgreens Boots (-9.2%), empresas grandes y perfectamente reconocibles por cualquiera que se haya dado alguna vez un paseo por una ciudad norteamericana.

En una sola semana, Amazon ha dado lugar a importantes sacudidas en tres industrias: la gran distribución, la logística y paquetería, y la distribución farmacéutica. Unos cuantos miles de millones desaparecidos de las valoraciones de compañías grandes y conocidas cuyo pecado no es haber cometido algún error de gestión, sino sencillamente no haber hecho nada y no haberse anticipado de alguna manera a Amazon, o haber señalizado que podían estar en buena posición para resistir su empuje – suponiendo que esto sea posible. Por el momento, hablamos de sacudidas restringidas a los Estados Unidos, pero que, dada la agresiva estrategia de expansión internacional de la compañía, veremos en otros mercados más pronto que tarde. En un año, ¿alguien se atreve a aventurar cuántos norteamericanos habrán dejado de hacer la compra en sus supermercados de toda la vida y se habrán pasado a Whole Foods, además de probablemente pagar la cuota de Amazon Prime? ¿Cuántos recibirán sus paquetes mediante alguna de las nuevas compañías de creación incentivada por Amazon para su logística? ¿Cuántos no acudirán ya a rellenar sus medicinas en el CVS, en el Rite Aid o en el Walgreens Boots, y en su lugar las recibirán cómodamente en sus casas a través de Amazon PillPack?

El movimiento de Amazon con la adquisición de PillPack incide también en algo muy importante: la atracción del segmento de público mayor, habitualmente con una gran estabilidad en su poder adquisitivo y generalmente interpretados como poco afines a la compra online, pero sin duda, los mayores usuarios de productos de farmacia y los que más pueden beneficiarse de la conveniencia de no tener que bajar a la calle. Una estrategia cuidada, que trata de rellenar los huecos en el mercado con precisión quirúrgica, y que invade segmentos económicos sin ningún tipo de reparo. Vete pensando en lo que hace tu compañía, y plantéate qué va a ocurrir si, o cuándo, Amazon anuncie su llegada a esa industria en tu país mediante un despliegue o una adquisición. Intenta calcular cuántos de tus usuarios encontrarán interesante su propuesta, la probarán por novedad, o se quedarán con ella por alguna razón, sea precio, conveniencia, buen servicio… si eso hace que te pongas aunque sea mínimamente nervioso, plantéate que seguir pensando que tu negocio es el que es y no va a cambiar es, a estas alturas, un error que en muy poco tiempo, te convertirá en obsoleto, en historia, en un breve recuerdo de lo que eran los hábitos de los clientes hace algún tiempo.

 

 

 

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IMAGE: OpenClipart - CC0 Creative Commons El cierre del mercado bursátil el pasado viernes nos dejó una sorpresa muy interesante: Twitter. Las acciones de la compañía cerraron, por primera vez en mucho tiempo, por encima de los $41, su precio de salida el 8 de noviembre de 2012. .

En un sorprendente 2018, las acciones de la compañía han subido más de un 60%, y algunos analistas la ven bien posicionada para seguir subiendo gracias a unas métricas de usuarios en lento pero consistente ascenso, y un portfolio de productos publicitarios y ejecución de ventas sensiblemente mejoradas.

En lo que parece un triunfo de la gestión de un Jack Dorsey que comparte su cargo de CEO con el de la también exitosa Square, la compañía ha conseguido revertir las tendencias bajistas, está ganando dinero y añadiendo usuarios: $91 millones en el último trimestre de 2017, y $61 millones en el primero de 2018. Un gran crecimiento aparentemente asociado con cuestiones como el éxito de la incorporación del vídeo en directo, cuyo uso parece estar convenciendo tanto a usuarios como a anunciantes, o las medidas para evitar la proliferación de basura en su red: durante el primer trimestre de este 2018, la compañía afirma haber eliminado nada menos que 142,000 aplicaciones que utilizaban su API, violaban sus reglas, y que fueron responsables de unos 130 millones de tweets de baja calidad tan solo en ese período de tres meses. En algunos casos, esas redadas han provocado dificultades e interrupciones a cuentas que utilizan bots para añadir valor y proporcionar servicios valorados por su comunidad, pero que habitualmente terminan con la restauración del servicio a las cuentas afectadas.

El pasado 4 de junio, las acciones de Twitter entraron en el prestigioso índice S&P500 el mismo día que Netflix se incorporó al S&P100, ambas en sustitución de Monsanto y en lo que refleja un interés cada vez mayor de los mercados por el papel de las llamadas empresas tecnológicas. Como sucede habitualmente, la entrada en el índice ha supuesto un beneficio colateral: un crecimiento del volumen de operaciones, al incorporarse a la base de accionistas toda la serie de fondos e inversores que invierten al índice, es decir, que lo utilizan como referencia e invierten en todos sus integrantes. En su momento, cuando la compañía salió a bolsa en 2013, lo comenté en un vídeo en inglés publicado en El País: dado el precio de salida, no hablábamos de una inversión especulativa, sino de algo atractivo únicamente para inversores dispuestos a plantearse el largo plazo, el tiempo necesario para que el mercado aprenda a reconocer el valor que aporta una compañía independientemente de su crecimiento. Si observamos el crecimiento de Twitter, podría deberse más al crecimiento vegetativo del social media que al desarrollo de un producto más atractivo. Sin embargo, Twitter es indudablemente el sistema nervioso central del planeta, el lugar en el que se reflejan las noticias en tiempo real, y en canal cada vez más utilizado para cuestiones relacionadas con la comunicación que van desde las notas de prensa o la publicidad, hasta la mismísima diplomacia y las relaciones internacionales. Para muchos entre los que me incluyo, Twitter representa la mejor forma de mantenerse informado, con una ratio señal/ruido mucho mejor que la de cualquiera de sus competidores. Como muchos han afirmado incluso durante las peores épocas de la compañía, si en algún momento Twitter llegase a desaparecer, habría que volver a inventarla.

El crecimiento de Twitter durante este año 2018 supera por mucho al de compañías como Facebook, obviamente en otra fase de madurez, o al de Snapchat, que a pesar de una subida del 10% la  pasada semana, aún no ha conseguido revertir la evolución bajista que la acompaña desde su salida a bolsa en marzo de 2017. Si además la compañía consigue generar unas dinámicas de uso más saludables gracias a un control más exhaustivo del cumplimiento de sus términos de servicio, y evita los problemas de toxicidad que llevan a muchos usuarios a abandonarla o a interrumpir su participación activa, podríamos estar finalmente hablando de un mercado que pone las cosas en su sitio, de un fenómeno destinado a durar.

 

IMAGE: BagoGames, CC BYLo comentamos hace tiempo: Microsoft volvía a ser una empresa interesante, y comenzaba a recuperar una buena parte del valor destruido a lo largo del tiempo por ese hooligan incompetente llamado Steve Ballmer. Ahora, tras la impresionante transformación llevada a cabo por Satya Nadella, Microsoft se ha convertido en la tercera compañía más valiosa del mundo tras Apple y Amazon, superando a Google. En el momento de escribir estas líneas, Microsoft está valorada en 760,250 millones de dólares, frente a los 745,630 millones de la compañía de Mountain View.

En los algo más de cuatro años que Nadella ha estado al frente de la compañía, la valoración se ha más que duplicado, tras una serie de reposicionamientos que han conseguido convertirla en un competidor relevante en áreas tan importantes como el cloud computing (tanto construyendo una oferta fuerte en ese ámbito para terceros, como llevando a cabo una transición a la nube de sus propios productos), las tecnologías multiplataforma, la realidad aumentada, el machine learning o la computación cuántica. Tan solo a lo largo del último año, la cotización ha crecido más de un 40%, eclipsando las también importantes ganancias obtenidas por Google: claramente, no es que Google lo haya hecho mal, sino que Microsoft lo ha hecho increíblemente bien. De hecho, los ingresos de Microsoft provienen de fuentes mucho más diversificadas que las de compañías como Apple, que depende en un 60% de las ventas del iPhone, o como Google, que obtiene cerca del 90% de la publicidad.

La valoración específica podría alterarse con los vaivenes del mercado en cualquier momento, pero la situación es la que es: Microsoft vuelve a ocupar un lugar muy relevante en el escenario de la tecnología, y algunos analistas como Morgan Stanley creen que su valor podría llegar a duplicarse en un año y a superar la barrera del billón de dólares.

Estamos muy acostumbrados a que el mapa de la industria tecnológica sea enormemente dinámico y se redibuje cada poco tiempo: las empresas relevantes en este escenario no son las mismas que lo eran hace dos o tres décadas. Pero la vuelta a la relevancia de Microsoft es fruto de una transformación brutal que sitúa a Nadella en el elenco de directivo míticos – una transformación muy bien narrada en su libro Hit refresh, convertido ya en un clásico del management – y es, sin duda, una buena noticia para todos.