IMAGE: Kenueone - Pixabay (CC0)Por 43 votos frente a 32, la Asamblea del estado de California ha aprobado una medida que obligará a que la totalidad de la energía consumida en su territorio provenga del viento, el sol, el agua y otras fuentes renovables antes del año 2045. En la actualidad, el 44% de la energía proviene de esas fuentes, a las que se unen un 9% de energía nuclear, un 34% de gas natural y un 13% de carbón y otros hidrocarburos.

Lo interesante del análisis llevado a cabo por California es que tiene claramente en cuenta el hecho que escapa al intelecto de la gran mayoría desinformada que considera este tipo de metas imposibles: que las energías renovables son tecnologías, no combustibles, y están sujetas, por tanto, la evolución de su precio está sujeta a la curva de la experiencia. Como ocurre con la ley de Swanson, que lleva a que cada vez que se duplica el número de paneles solares producidos, su precio descienda un 28% y su eficiencia se incremente hasta el punto de haber convertido ya a la energía solar en la forma de generación de energía más barata disponible, y con recorrido todavía disponible para hacer bajar su precio aún más.

Sin embargo, por baratas que lleguen a ser las energías renovables, su precio no evita un inconveniente claro: la disponibilidad. El hecho evidente de que las energías renovables son discrecionales, es decir, que el sol no brilla por la noche o que hay momentos en los que el viento no sopla. La única manera de evitar este problema es expandiendo la capacidad de almacenaje mediante baterías. Esas baterías, hoy, se utilizan en una cantidad minúscula de instalaciones en el mundo, debido fundamentalmente a su precio. Con los precios actuales de las baterías, las previsiones dicen que en el año 2040, únicamente el 3% de la energía producida en el mundo se almacenaría regularmente en ellas.

Lo importante, sin embargo, es que las baterías, de nuevo, son como tal una tecnología, y por tanto, su fabricación está sometida al mismo tipo de economías que las placas solares, lo que permite anticipar una revolución de las baterías que algunos están capitalizando ya. Las sucesivas megafactorías ya construidas por Tesla o por compañías chinas tienen en cuenta precisamente estas economías de aprendizaje derivadas de la curva de la experiencia, y prevén caídas en el precio de las baterías, a medida que se multiplica el número de baterías producidas gracias a usos como el almacenamiento doméstico o los vehículos eléctricos, superiores al 50% del precio actual – todo ello teniendo en cuenta que ese coste ya ha caído un 80% a lo largo de la última década. Con esos precios, la sustitución de las plantas que queman hidrocarburos por plantas de energías renovables más baterías no sería simplemente una cuestión de ecología y de voluntad de lucha contra el cambio climático, sino que se convertiría en la mejor opción desde un punto de vista puramente económico.

Para planificar el futuro, tenemos que ver la totalidad de la ecuación, una aproximación holística, teniendo en cuenta todos sus componentes y todas las piezas implicadas. La fabricación de baterías depende de su demanda, y la demanda depende, lógicamente, de los usos. Anticipar el fin del motor de explosión no es una frivolidad, sino que implica que se vendan muchos más vehículos eléctricos, lo que supone mucha más fabricación de baterías, que consecuentemente, serán capaces de alcanzar antes sus economías de escala y aprendizaje, y de reducir consecuentemente sus precios. Son los mismos efectos que California persigue convirtiendo en obligatoria la instalación de placas solares en todas vivienda nueva construida a partir del año 2020: no solo abaratar el precio de esas placas solares, sino además, promover la instalación de baterías domésticas en esos hogares, lo que permite utilizarlos, como se está haciendo ya actualmente, como sistemas de baterías distribuidas cuando las condiciones lo demandan. Australia ha puesto en marcha también un plan semejante de cara a su parque de vivienda pública, con la instalación de placas solares y baterías en cincuenta mil viviendas en el plazo de cuatro años.

Con la aprobación de una iniciativa así, California está teniendo en cuenta que alcanzar esa meta mítica de la generación del 100% de su energía a partir de fuentes renovables podría, si se apunta a 2045, obtenerse algunos años antes gracias a factores como el incremento de la demanda de vehículos eléctricos o de placas y baterías para nuevas viviendas. Eso permitiría al estado, el tercero más grande, el más poblado de los Estados Unidos, y con un PIB superior al de dos veces España, convertirse en el segundo territorio norteamericano en conseguir algo así tras la muchísimo más pequeña y no comparable Hawai. Una auténtica referencia para el país y para el mundo en la lucha contra el cambio climático, a niveles similares al de las metas de países como Noruega.

Nos estamos jugando mucho, muchísimo. ¿Podemos, por favor, actualizar lo que creíamos saber sobre generación de energía y asumir que el futuro podría ser diferente si hacemos lo que tenemos que hacer y abandonamos los argumentos fáciles y el negacionismo?

 

Tesla logo over Saudi Arabia mapEl tweet que Elon Musk publicó el pasado 7 de agosto, que pilló por sorpresa incluso a su mismísimo consejo de administración, y el posterior artículo en el blog corporativo sobre la posibilidad de excluir a Tesla del mercado bursátil pagando a los accionistas unos 420 dólares por acción ha dado lugar ya a infinitos golpes de tecla en medios de todo el mundo.

La SEC, que admite el uso de cuentas oficiales en redes sociales como herramientas de comunicación corporativa, está investigando hasta qué punto el texto “funding secured”, “financiación asegurada”, podría constituir una posible violación de las normas destinada a elevar la cotización de las acciones. Varios accionistas han denunciado a la compañía por manipular el precio de sus acciones asegurando tener esa financiación asegurada cuando en realidad no era estrictamente así, aunque la aclaración del tema publicada por Musk afirma que el accionista comprometido con esa inversión, que no es otro que el fondo soberano de Arabia Saudi, ha confirmado su interés en la operación, y que además, la operación se llevaría a cabo no con deuda, sino con capital.

La noticia, desde mi punto de vista, tiene dos derivadas interesantes: la primera proviene de las razones del interés por sacar a la compañía del mercado, que podrían convertirse en un movimiento pionero que llevase a otras compañías de Silicon Valley a plantear lo mismo. El mercado bursátil, que tradicionalmente ha significado un paso fundamental a la hora de capitalizar las compañías y obtener fondos para su expansión, se ha convertido en un lugar incómodo, en el que analistas ignorantes con criterios profundamente simplistas someten a las compañías a constantes vaivenes en su cotización por razones que tienen mucho más que ver con intereses cortoplacistas que con la estrategia y la visión a largo plazo, vaivenes que distraen a los gestores, crean incentivos perversos y no alineados con el interés corporativo, y generan discusiones en muchos casos completamente estériles. La bolsa, vista así, podría seguir siendo ese momento mágico en el que se da entrada a cualquier inversor dispuesto a comprar acciones y permite la salida de los inversores anteriores que solo podían adquirirlas mediante un acuerdo con los propietarios de la compañía, pero pasaría, tras obtener esos fondos, a convertirse en un socio incómodo, ruidoso y molesto, con muchas más exigencias que beneficios reales. Si los mercados financieros, base de la economía capitalista, están pasando a tener esa consideración, podríamos estar ante el presagio de un importante problema futuro.

La segunda derivada es igualmente de mucho calado: ¿qué significa que el fondo soberano de Arabia Saudí, constituido fundamentalmente gracias a la riqueza acumulada mediante la explotación del petróleo, esté dispuesto a financiar la salida de Tesla del mercado bursátil? Sencillamente, una muestra de que la Vision 2030, un ambicioso plan para reducir la dependencia del país del petróleo, diversificar su economía y desarrollar sectores de servicios públicos como la salud, la educación, las infraestructuras, el ocio y el turismo, se ha convertido, bajo el liderazgo de Mohammad bin Salman, en una realidad tangible. Las más de doscientas inversiones del fondo soberano tienen como objetivos fundamentales campos como las telecomunicaciones, la industria aeroespacial, las tecnologías sostenibles, la seguridad, las energías renovables y las tecnologías de la información, y en ese sentido, es indudable que una compañía como Tesla encaja como un guante. Otra cuestión sería valorar los posibles intereses que un inversor así, si fuese mayoritario, podría tener en el control de los ritmos: una cosa es definir que se entiende que la única manera sostenible de crecer es plantearlo en torno a la generación de energía sostenible, el aprovechamiento del sol y los vehículos eléctricos, y otra cosa es querer que eso ocurra de un día para otro, algo que podría llegar a amenazar lo que es aún la clave de la economía del país. En ese sentido, los planes de Elon Musk para conseguir una base de accionistas suficientemente amplia que pudiese evitar un control excesivo por parte de los saudíes podrían convertirse en clave para la viabilidad futura y los planes de la compañía. 

Por otro lado, el movimiento del fondo soberano de Arabia Saudí sería la confirmación de que Silicon Valley, en la práctica, tiene más bien pocos reparos en la procedencia del dinero de sus inversores, la calidad de su democracia o sus tendencias al absolutismo, algo que, de hecho, ya había sido confirmado por la abundante presencia de inversores procedentes de un país como China. En la práctica, en Silicon Valley, los componentes ideológicos pasan a un claro segundo plano cuando hablamos de inversiones que pueden ayudar a las compañías a alcanzar sus objetivos a largo plazo: indudablemente, la misión de Tesla, establecida como “acelerar la transición del mundo hacia las energías renovables”, podría verse reforzada gracias al hecho de contar con una base de financiación más estable que los mercados financieros, y el hecho de que ese dinero pudiese provenir en una parte muy significativa del fondo soberano de Arabia Saudi, el país que supone la fuente más importante de petróleo del mundo, podría llegar a convertirse en un auténtico símbolo de ese cambio de época que la compañía pretende provocar, y para el que Arabia Saudi, un país con abundantísima insolación y con buenas bases para adaptarse a un nuevo modelo económico, afirma estar preparándose.

¿Llegaremos a ver una Tesla convertida en compañía privada y con Arabia Saudi como uno de sus inversores de referencia? (en realidad, el fondo posee ya casi un 5% de la compañía, mediante compras llevadas a cabo en el mercado). La idea no parece ya tan alocada cuando Elon Musk ya ha anunciado el nombramiento de asesores para llevar a cabo sus planes, y cuando el voto de los accionistas de la compañía, fundamental para la operación, podría inclinarse masivamente por dar su apoyo al plan. Que eso llegue a suponer, como Elon Musk parece pretender, una aceleración en los planes de la compañía, o pueda llegar a generar dudas en ese sentido, es ya es otra cuestión.

 

IMAGE: Oleksandr Marynchenko - 123RFNational Grid, la compañía pública que gestiona el suministro eléctrico en el Reino Unido, contesta al gobierno británico acerca de la prohibición de la venta de todo tipo de vehículos de gasolina o diesel a partir del año 2040, y afirma que, en realidad, sus infraestructuras están perfectamente preparadas para llevarla a cabo incluso diez años antes, en 2030, el mismo año en el que se plantea en India. Noruega afirma que llevará a cabo esa prohibición en 2025, y otros países afirman tener planes similares con distintos plazos, en lo que cada vez se prueba más como una medida razonable, perfectamente viable y de auténtico sentido común.

La afirmación de la eléctrica británica coincide con las de las eléctricas norteamericanas, que ven los vehículos eléctricos no solo como el elemento capaz de salvarlas, sino incluso como la auténtica salvación del planeta en su conjunto. Los estudios más recientes, de hecho, muestran que los Estados Unidos podrían perfectamente obtener la práctica totalidad de su energía a partir del viento y el sol: en un sistema diseñado para una sobrecapacidad del 150% y con los adecuados sistemas de baterías – del tipo de las instaladas por Tesla en la región sur de Australia – una combinación de 70% solar y 30% eólica podría abastecer el 100% de las necesidades del país.

En muchos sentidos, es posible que el conocido “objetivo de los tres tercios” definido por el consejero delegado de Bloomberg New Energy Finance Michael Liebreich (un tercio de la electricidad global procedente de eólica y solar, un tercio de vehículos eléctricos en las carreteras y un tercio más de PIB producido por unidad de energía en 2040) pueda plantearse ya como una meta a superar.

Mientras, las compañías se muestran divididas: mientras Tesla acelera la fabricación y distribución de sus paneles y tejas solares mediante acuerdos con grandes cadenas y el coste de generación de energía en instalaciones residenciales sigue disminuyendo, compañías como BMW todavía afirman que no ven viable la producción masiva de vehículos eléctricos hasta el año 2020, a pesar de tener en el mercado ya algunos modelos muy competitivos. Marcas norteamericanas como GM, por su parte, dedican inversiones de cien millones de dólares a poner a punto esa capacidad de fabricación masiva, mientras una de las grandes rezagadas, Ford, anuncia que dedicará nada menos que once mil millones a electrificar sus vehículos y a llevarlos al mercado masivo. Hasta la icónica Harley Davidson anuncia que pondrá en el mercado el primer modelo eléctrico en producción masiva el próximo año 2019.

Es, sin duda, un momento interesante: las progresivas ganancias en eficiencia y rebajas en coste de la generación eléctrica y de sus tecnologías asociadas demuestran que los objetivos inicialmente fijados por algunos países no solo son posibles, sino que incluso pueden ser superados. Por mucho que algunos idiotas se empeñen en dispararse en el pie, la idea de volver al carbón es cada día un sinsentido más absurdo. Prohibir la venta de vehículos de combustión interna a partir del año 2030 es un objetivo perfectamente realista, y que cada día, además, se prueba más necesario: no, no va a ser el apocalipsis, no va a ser en modo alguno implanteable desde el punto de vista de generación, y por supuesto, no contaminan más, como algunos pretenden, salvo en el caso de esos híbridos convertidos en excusa banal de las compañías automovilísticas para intentar engañar al mercado y seguir protegiendo sus inversiones y sus cadenas de fabricación. ¿Podemos empezar a revisar esos planes, independizarlos de los problemas y de la viabilidad económica de fabricantes incapaces de prepararse a tiempo, y trabajar de manera realista y con los datos en la mano, en vez de con clichés y suposiciones, para mejorar el mundo en que vivimos? No, no se puede ser tecnológicamente neutral ni tecnológicamente agnóstico: hablamos de una tecnología superior a otra en todos los sentidos, mucho más eficiente, y que además, no nos envenena a todos. ¿Para cuando esa transición?

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Why wait until 2050 to ban gasoline and diesel: why not start in 2030? Why not even before?” 

 

IMAGE: Stanisław Tokarski - 123RFUn proyecto anunciado por el primer ministro del gobierno del sur de Australia, Jay Weatherill, nos sitúa de golpe en el futuro de la generación eléctrica, en el concepto de Enernet: un acuerdo con Tesla para dotar de techos solares y baterías acumuladoras a nada menos que cincuenta mil hogares, con el fin de crear la mayor central eléctrica virtual del mundo.

La idea es instalar de manera gratuita las tejas o paneles solares y las baterías Powerwall de la compañía en los hogares, a cambio de la cesión de la energía generada y su venta a los usuarios a precios ventajosos que supondrían un importante ahorro en su factura energética. El resultado, en un territorio caracterizado por la gran abundancia de residencias unifamiliares con una cubierta disponible para la instalación de infraestructuras de generación, sería el equivalente de construir una central eléctrica de 250 megavatios con una capacidad de almacenamiento de 650, y supondría un ahorro de en torno a un 30% en el coste de la energía para los usuarios. El plan comenzaría con una prueba en 1,100 viviendas de titularidad pública para familias de bajos ingresos, que pasaría posteriormente a la totalidad de 24,000 viviendas públicas existentes (la región tiene una importante oferta de viviendas de titularidad pública, lo que en este caso facilita el proceso de toma de decisiones) para, finalmente, ofrecerse a todos los residentes de la región, con planes para alcanzar las 50,000 viviendas en un plazo de cuatro años. Con este número de baterías comprometidas para los próximos años en el proyecto australiano, todo indica que no solo los planes de Tesla para sus gigafactorías tendrán que funcionar y escalar perfectamente su capacidad de producción, sino que, además, es posible que sea temporalmente complicado acceder a esas baterías en otros países del mundo.

La experiencia de Solar City en los Estados Unidos, incorporada a Tesla como adquisición en 2016, supone una experiencia muy valiosa de cara a un proyecto de esta magnitud: la compañía ofrece la financiación de este tipo de equipamientos como inversión que se amortiza en función de los ahorros obtenidos, y permite dimensionar el equipamiento necesario simplemente a partir de la superficie construida y el equipamiento de la casa. Por otro lado, Tesla cuenta con un importante prestigio en Australia tras la conexión dentro del plazo señalado del mayor sistema de almacenamiento eléctrico del mundo, cien megavatios, encargado de evitar los frecuentes cortes de suministro que tenían lugar en el sur de Australia durante el verano. Además, Tesla ha llevado a cabo ya proyectos en otras regiones, como la sustitución de los generadores diesel de la Samoa Americana por energía solar.

La generación distribuida es, sin ningún tipo de duda, el futuro de la energía, y el proyecto australiano, incluso teniendo en cuenta su uso como herramienta de política electoral, es una buena prueba de ello. Cuantos más hogares se conectan a un sistema de generación distribuido, más fácilmente pueden balancearse los problemas puntuales en función del desfase entre generación y consumo que suelen afectar a las energías renovables, desfase que también contribuye a equilibrar la instalación de baterías. En un país como España, con abundante insolación y con una importante factura energética en su balance de pagos derivada de la importación de combustibles fósiles, es completamente absurdo e insostenible que este tipo de desarrollos no estén teniendo lugar aún, y que se recurra a absurdos “impuestos al sol” y tácticas similares para tratar de disuadir la generación doméstica: la dialéctica de la energía subvencionada es cada día más falsa. En el futuro, este tipo de proyectos van a tener muchísimo que decir.

 

IMAGE: Alexlmx - 123RFEl precio de la electricidad en Alemania durante el fin de semana de las navidades se mantuvo en negativo, lo que supuso un ahorro a los consumidores en su factura. La situación es ya relativamente habitual: solo a lo largo de 2017, los precios han caído por debajo de cero en más de cien ocasiones, como resultado de una inversión de más de doscientos mil millones de dólares realizada a lo largo de las últimas dos décadas con el fin de promover fuentes de energía renovables. Otros países, como Bélgica, Francia, Holanda, Suiza y el Reino Unido han experimentado en otras ocasiones precios de la electricidad negativos, pero en el caso de Alemania es donde ese tipo de situaciones están convirtiéndose en más habituales, una circunstancia que en ocasiones incluso permite que el país exporte energía a sus vecinos para equilibrar el mercado.

Que la electricidad en el mercado mayorista alcance un precio negativo no quiere decir que los usuarios perciban dinero por consumir electricidad: el precio de la energía en el mercado mayorista supone únicamente en torno a una quinta parte de la factura pagada por los hogares en Alemania. El resto son impuestos y compensaciones de diversos tipos, entre los que, lógicamente, se encuentran los cargos destinados a financiar la importante inversión en energías renovables. Cuando el precio de la energía en el mercado mayorista cae por debajo de cero, el impacto en los hogares es un ahorro en el importe total de la factura, pero no supone que las compañías ingresen dinero en las cuentas de los usuarios, sino que estos reduzcan el importe pagado. El precio que los hogares alemanes pagan por la electricidad está, junto con los daneses, entre los más altos de Europa, pero esa situación es mayoritariamente bien aceptada por los consumidores, sobre todo debido a la fuerte concienciación y al apoyo a la política destinada a reducir la huella de carbono, y también a que el gasto de electricidad como parte del ingreso disponible de las familias se ha mantenido estable durante los últimos años.

La idea de financiar las infraestructuras destinadas a la generación de energías renovables mediante cánones impuestos a los consumidores en la factura que pagan todos los meses es posible gracias al amplio apoyo a partidos ecologistas y por la fuerte concienciación de los ciudadanos, dispuestos a poner su dinero donde están sus creencias, y debe entenderse fundamentalmente como una apuesta a largo plazo: en la situación actual, en efecto, las situaciones en las que el precio mayorista de la electricidad cae por debajo de cero empiezan a resultar ya relativamente habituales: en cuanto la temperie se mantiene razonablemente ventosa, el sol brilla o existen circunstancias que determinen un menor gasto – como la concentración de personas en menos hogares derivada del componente familiar de las fiestas navideñas – la mayor generación de energías renovables, unida a la dificultad de reducir a corto plazo la generación procedente de centrales nucleares o térmicas convencionales, da lugar a situaciones de superávit.

El problema de las energías renovables es que su producción depende de las circunstancias del clima, no de las características de la demanda. Para equilibrar esos desfases pueden utilizarse baterías, pero su coste es aún elevado para instalaciones masivas, o bien centrales hidroeléctricas reversibles, que bombean agua a una zona elevada utilizando la energía sobrante en momentos de exceso de generación, y la hacen bajar a través de turbinas que generan electricidad cuando esa energía es demandada. A medida que la eficiencia de la generación de energías renovables se incrementa gracias a ganancias en el proceso y al menor precio de sus instalaciones, lo previsible es que Alemania se mantenga en línea de cara a su compromiso de generar el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables en el año 2050. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se generan ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son unos cuantos los países o regiones (Alemania, sur de Austria, Costa Rica, Dinamarca, Noruega, Islandia y algunas islas) que de forma ocasional o sistemática han conseguido generar el 100% de su energía eléctrica sin necesidad de quemar combustibles fósiles, convirtiendo seguramente esta circunstancia en una de las variables que en el futuro separarán a los países avanzados de los que no lo son. Si todavía crees que las energías renovables son poco importantes, dependientes exclusivamente de subsidios o excesivamente caras, infórmate mejor leyendo más sobre el tema.

La energía solar es, gracias al avance de la ley de Swanson, ya más barata que quemar carbón. En un año, el coste de explotación de la energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe, y se preven nuevos descensos. La generación de energía solar vive una una revolución que comienza con aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Si la unimos a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

En el caso de Alemania, concienciar a la población de que pagar de su propio bolsillo las infraestructuras de generación de energías renovables ha posibilitado un futuro interesantísimo, limpio y sostenible. Un plan bien estructurado, con ventajas evidentes a largo plazo. ¿Alguien en España, un país privilegiado en términos de insolación, está pensando en esos temas… o nuestros políticos se dedican a otras cosas?