IMAGE: Pixabay (CC0)Donald Trump anuncia su intención de sacar a los Estados Unidos de la Unión Postal Universal, un acuerdo establecido en el Tratado de Berna hace 144 años y supervisado por Naciones Unidas, que fija las tarifas que cobran los servicios postales de cada país por la entrega de correo y paquetes de operadores extranjeros. Durante décadas, las naciones consideradas en desarrollo han podido acogerse a este tratado para pagar tarifas más bajas que las naciones más ricas.

La intención de los Estados Unidos de abandonar el acuerdo se debe a que Naciones Unidas califica aún a China como país en desarrollo a pesar de la enorme pujanza de su economía, lo que permite a las compañías chinas inundar el mercado norteamericano con productos a precios muy competitivos, a menudo más baratos que los producidos y distribuidos por compañías norteamericanas. La administración Trump calcula que esas tarifas subsidiadas suponen un coste para los Estados Unidos de unos $300 millones anuales.

La administración Trump, dentro de su ofensiva comercial contra China, pretende ahora pasar a un sistema de tasas autodeclaradas, que permitiría al servicio postal de los Estados Unidos establecer sus propios precios para el envío de paquetes internacionales de cualquier tamaño, lo que permitiría terminar con esos precios considerados artificialmente bajos. En su estado actual, el tratado solo permite utilizar tarifas autodeclaradas en paquetes de más de dos kilos.

Si alguna vez te has preguntado cómo era posible que algunas compañías chinas pudiesen, a pesar de sus precios ya de por sí muy baratos, enviar gratis sus productos, la respuesta es muy sencilla: sistemas de producción muy competitivos posibilitados por costes laborales unitarios muy bajos y, cada vez más, por un elevado nivel de automatización, unidos a esas tarifas postales reducidas que, en muchos casos, las compañías deciden absorber y para presentar al potencial cliente una oferta aún más atractiva. La salida de los Estados Unidos del tratado obligaría a los fabricantes chinos a utilizar tarifas más elevadas, o a dar el paso de construir almacenes logísticos en el país para poder abastecerlos con tarifas para envíos masivos, y distribuir sus productos desde ellos con las mismas tarifas que los competidores norteamericanos. Curiosamente, la decisión de Trump supondría una victoria para una Amazon a la que ha declarado en numerosas ocasiones su odio, y a la que ha tratado injustamente de acusar de provocar pérdidas al servicio postal norteamericano.

Además, el memorandum redactado por los Estados Unidos afirma que el enorme volumen de paquetes enviados desde China convierte en prácticamente imposible la tarea de supervisar su contenido, una circunstancia que podría estar siendo aprovechada por compañías chinas para enviar a los Estados Unidos derivados opiáceos como el Fentanyl y otras drogas similares, acusadas de ser los principales protagonistas en la escalada en el número de muertes por sobredosis de la llamada crisis de los opiáceos. Recurriendo a la historia, la decisión de Trump podría posiblemente interpretarse como el tercer episodio dentro de las llamadas Guerras del Opio de mediados del siglo XIX.

Con todo lo impopulares que puedan resultar las políticas de Donald Trump, lo perjudiciales que se puedan considerar las batallas comerciales, y lo simbólico que pueda considerarse la ruptura unilateral de un tratado que lleva en vigor 144 años, la realidad es que China lleva años obteniendo un sustancioso beneficio comercial debido a una consideración de país en desarrollo por parte de Naciones Unidas que, a estas alturas, podría considerarse poco menos que risible para el país que, muy posiblemente, esté llamado a convertirse en el próximo líder mundial. Desde el anuncio del abandono de la Unión Postal Universal hasta la consumación de la salida de un país del tratado hay un proceso que dura en torno a un año, lo que lleva a muchos a afirmar que se trata simplemente de un intento de poner presión para la modificación de esas tarifas para un país que se ha convertido en una auténtica potencia productiva, en la fábrica de todo el mundo, y en una economía enormemente pujante apoyada en un fuerte liderazgo tecnológico. ¿Tiene sentido que esa potencia mundial, que se apalanca en un tratamiento cuestionable de los derechos humanos o en un control férreo de su sociedad, pueda además hacerlo en unas tarifas de correo más baratas? Para Donald Trump, y en el contexto de una guerra comercial, todo indica que no.

 

Amazon boxesAmazon anuncia el lanzamiento de un servicio logístico en Los Angeles y pronto en más ciudades, Shipping with Amazon, que competirá directamente con compañías como UPS o Fedex ofreciendo a otras compañías el envío de paquetes a clientes. La noticia ha hecho descender las acciones de ambas compañías ya más de un 5%.

Desde su origen, la integración vertical siempre ha sido una obsesión en Amazon. La compañía sigue una táctica clara: desarrollar productos en función de sus necesidades, optimizarlos hasta el límite, y a partir de ahí, abrirlos a terceros con el fin de rentabilizar su desarrollo y funcionamiento. Así lo hizo con sus almacenes, que en un principio no tenía ningún interés en tener – Bezos creía, originalmente, que podría simplemente hacer pedidos a las editoriales y distribuidoras de libros para que estas los enviasen directamente a los clientes – y que, tras darse cuenta de la imposibilidad de obtener un servicio de calidad razonable, desarrolló por su cuenta. Tras llevar sus almacenes hasta un nivel de eficiencia operativa muy elevado, Amazon abrió la posibilidad de que aquellas compañías que quisieran vender a través de su canal almacenasen sus productos en ellos, y utilizasen sus servicios de picking y packing para ser más competitivos. Finalmente, Amazon comenzó a trabajar en aquellos envíos de productos frescos en los que obtenía un peor servicio de los competidores tradicionales, para los que comenzó a desarrollar sus propias flotas de furgonetas y personal para llevarlos a cabo de manera directa en aquellas áreas en las que ofrece el servicio.

El paso de ofrecer servicios de logística propios es simplemente un paso más en esa integración vertical. Dado un nivel de actividad determinado y un desarrollo de experiencia operativa suficiente, integrarse puede ser una decisión lógica. Hacerlo además ofreciendo ese servicio a terceros es una manera de intentar alcanzar un volumen adecuado en un negocio en el que la escala lo es prácticamente todo. A partir de ahí, lo que Amazon intentará es innovar a más velocidad que sus competidores, en un ámbito en el que cuenta con una interesantísima cantidad de experiencia en temas como el reparto mediante drones, la logística transoceánica o aérea o el reparto en el interior de las casas, y patentes registradas para cuestiones como la robotización del reparto, el uso de drones, la construcción de torres en modo colmena para la entrada y salida de esos drones, o incluso el uso de almacenes aéreos flotantes desde los que minimizar el trayecto de los drones hacia los hogares de los usuarios. Y mientras Amazon ejecuta de manera brillante y rápida sus planes de innovación, competidores tradicionales como UPS se encuentran con inmensas dificultades para hacerlo debido a la fuerte oposición de sus trabajadores, fuertemente sindicados y opuestos por principio a todo tipo de mejora operativa.

Amazon parece dispuesto a reinventar la logística mediante un proceso progresivo de integración vertical, y a hacerlo además con un nivel de ambición elevadísimo, que le permita situarse como una opción preferente para cada vez más compañías y clientes. En el fondo, nada distinto a lo que hizo en otros ámbitos como el cloud computing: desarrollar los servicios que necesitaba al nivel que estimaba adecuado, perfeccionarlos mediante la escala que le proporcionaban sus propias actividades, y abrirlos después a cualquier usuario para mejorar su estructura de costes y su eficiencia operativa. Hoy, Amazon Web Services es líder en cloud computing, y es además una pieza fundamental en la cuenta de resultados de la compañía.

Amazon el el maestro de cómo apalancarse en el desarrollo de experiencia y escala operativa, combinadas con procesos de innovación en los que parece que todo es posible. Los demás, van a tener que volver a clase de dirección estratégica…