GitHub OctocatEl pasado viernes 1 de mayo, Business Insider reveló detalles de una serie de conversaciones entre Microsoft y GitHub, el mayor repositorio de código abierto del mundo, anticipando que podrían culminar en la adquisición de la compañía, que lleva bastantes meses en una prolongada búsqueda de un CEO que la ha dejado sin una dirección estratégica clara. Ayer domingo 3, Bloomberg confirmó que las conversaciones habían fructificado y que el acuerdo de adquisición se anunciaría, previsiblemente, hoy lunes.

GitHub es un repositorio de proyectos de código abierto que permite, mediante herramientas como páginas de proyecto, control de versiones, seguimiento de bugs, y de colaboración en forma de red social como wikis, que los desarrolladores colaboren en aquellos proyectos que les resulten interesantes o expongan los suyos buscando colaboradores, y puedan visibilizar estos proyectos ante la comunidad. Concentra a unos veintisiete millones de desarrolladores y unos ochenta millones de proyectos, que lo consideran un elemento esencial en su forma de trabajar y de visibilizar sus proyectos. En 2015, el sitio fue valorado en unos dos mil millones de dólares tras levantar $250 millones en una ronda liderada por Sequoia Capital, pero se desconoce aún en cuanto se ha podido cerrar la adquisición de Microsoft.

El interés de Microsoft por hacerse con GitHub revela hasta qué punto la compañía se ha transformado en su relación con el software de código abierto: desde aquel Steve Ballmer desatado que en 2001 calificaba a las licencias utilizadas en el software libre como “un cáncer”, hemos pasado a un escenario entonces imaginable por muy pocos en el que Microsoft se ha convertido en la organización que más código contribuye a GitHub, por encima de sospechosos habituales como Google, Facebook, Apache u otros. La compañía ha publicado en GitHub una amplísima variedad de herramientas, utiliza activamente el sistema de control de versiones del sitio para trabajar sus propios desarrollos en Windows y otros productos, y una de sus herramientas, Visual Studio Code, que permite a los desarrolladores trabajar en aplicaciones web y en la nube, convertida en abierta y publicada en el repositorio, ha adquirido una gran popularidad dentro de la comunidad. 

La adquisición, por otro lado, podría tener relación con otra propiedad de Microsoft adquirida en 2016: LinkedIn. La combinación de ambos servicios podría servir para revolucionar la manera en que se llevan a cabo los procesos de selección de desarrolladores por parte de las compañías, les permitiría hacer visibles sus contribuciones al repositorio dentro de la red social profesional, e incluso aplicar, como ya hacen compañías como Source{d},  algoritmos de machine learning para asegurar un buen encaje entre las características de un desarrollador y las demandadas por las compañías para un perfil determinado. Otros observadores, más críticos, afirman que una combinación así podría llevar a poner un foco excesivo en el uso del repositorio y del software de código abierto como un expositor o escaparate de las habilidades de un desarrollador, lo que podría reducir el interés en los desarrollos que no se hacen con esa finalidad más utilitarista.

En tan solo quince años, pero sobre todo tras la llegada de Satya Nadella, la compañía ha pasado de ser el objeto habitual de los odios y obsesiones de toda la comunidad de software libre, a ser un contribuyente activo de código, herramientas y recursos, y a utilizarlo internamente y en sus productos de una manera cada vez más generalizada, un auténtico cambio cultural a todos los niveles. Con la adquisición de GitHub, Microsoft asegura la viabilidad del servicio y adquiere un papel de liderazgo en su gestión, con todo lo que ello conlleva de cara a la percepción de la compañía. A finales de 2017, el entonces CEO de GitHub, Chris Wanstrath, afirmó que su compañía estaba totalmente comprometida con una gestión independiente e incluso barajó la posibilidad de salir a bolsa para obtener los recursos que podrían convertirla en sostenible. Posteriormente, sin embargo, anunció su intención de abandonar la compañía, que desde entonces ha estado en aparentemente eterna búsqueda de un sucesor y que, en ausencia de un criterio claro, parece haber optado por no complicarse la vida con una salida a bolsa como mínimo complicada, y terminar viendo una adquisición como una solución más que razonable. Si además, esa adquisición proviene de una compañía usuaria del repositorio, ampliamente significada y comprometida con el software de código abierto e interesada en garantizar el mantenimiento  del servicio, mejor que mejor, a pesar de que en este momento haya un cierto segmento de desarrolladores pidiendo que la operación no se lleve a cabo, escribiendo obituarios y anunciando que si es anunciada, se cambiarán a otros servicios similares. Y para Microsoft, la culminación de un cambio y de un mantra, “abierto mejor que cerrado” que, indudablemente, tiene cada vez más sentido. 

 

The Exorcist (1973)Dos interesantes artículos hoy hacen referencia a experiencias que han resultado ser exitosas a la hora de eliminar de determinados servicios problemas como las noticias falsas o las dinámicas de acoso e insulto.

Por un lado, Fusion publica What GitHub did to kill its trolls, una pieza larga y detallada sobre cómo la mayor plataforma de publicación y colaboración para software de código abierto del mundo fue capaz de conjurar un problema de dinámicas nocivas de interacción que amenazaba con convertir en muy incómoda la interacción en la página, que en el año 2014 llevaba ya algún tiempo viendo abandonos de usuarios que manifestaban quejas de trolling, bullying, machismo, abuso, acoso e insultos.

¿La receta? Equipos de gestión creados con personas de orígenes muy diversos, con muy diferentes sensibilidades con respecto a los distintos temas, y muy comprometidos con su labor, con la idea no tanto de crear nuevas normas de conducta, sino de detectar todos los resquicios del funcionamiento del sitio que permitían o incluso fomentaban la aparición de ese tipo de dinámicas. Una respuesta muy diferente a la tomada por redes como Twitter, en las que esas dinámicas no son tristemente la excepción sino la norma, y que como mucho, llegan a ofrecer a los usuarios herramientas para que puedan llevar a cabo la absurda “estrategia del avestruz”, para poder ocultarse a sí mismos las dinámicas abusivas, pretendiendo aquello de “si no puedo ver el problema, ya no existe”.

En el segundo artículo, titulado Why Snapchat and Apple don’t have a fake news problem, Buzzfeed especula sobre las razones por las que determinadas plataformas de consumo de noticias, como Apple News o Snapchat Discover, no tienen los problemas derivados de la publicación de noticias falsas que sí sufren otras como Facebook. La respuesta, en este caso, parece clara: un nivel de control y supervisión mucho más rígido y manual, una aprobación particularizada de cada una de las fuentes, y mecanismos de interacción que no tienden tanto a premiar lo social entendido como acumulación de Likes, de follows o de algoritmos que puedan ser manipulados, sino mediante reglas mucho más sencillas, como la exposición cronológica.

No hablamos de casos aislados o poco importantes cuantitativamente: Snapchat, con sus 150 millones de usuarios diarios, supera ya en 10 millones de usuarios activos a redes como Twitter, y obtiene importantes ingresos gracias a Discover, la plataforma de compartición de noticias en la que muchísimos usuarios fundamentalmente adolescentes, que resultan muy difíciles de alcanzar para la mayoría de los medios, leen noticias de una serie de publicaciones que pasan por un riguroso proceso de admisión y control. No hablamos de un sistema en el que grupos de adolescentes macedonios puedan dedicarse a ganar un dinero generando noticias falsas que se convierten en virales, ni donde publicaciones de dudosa reputación puedan inyectar noticias completamente falsas e inventadas, sino de un sitio con reglas serias donde el derecho de admisión está claramente señalizado y tiene un coste, en absoluto trivial. En el caso de Apple News, hablamos de 70 millones de usuarios activos y de contenido disponible de más de 4,000 publicaciones, pero en la que el acceso está regulado por el miso tipo de reglas rígidas y conocidas que gobiernan la tienda de aplicaciones de la compañía: incumple las normas, y te verás rápidamente excluido.

¿De qué estamos hablando? Claramente, la responsabilidad de gestionar una plataforma debe ir bastante más allá de la posibilidad de crearla técnicamente. Si no aplicamos principios de gestión claros e inequívocos, el destino es el que es: caer víctimas de algo tan imparable como la mismísima naturaleza humana. Los problemas de las plataformas, en realidad, no lo son tanto de las plataformas como de sus usuarios, que necesitan aparentemente estar sujetos a procesos de control y supervisión que eviten que salga a la superficie lo peor de su naturaleza. Y para evitarlo, aparecen mecanismos como el control y la supervisión, expresados a través de distintos sistemas que van desde el trabajo de equipos de moderación, hasta el desarrollo de barreras de entrada. El primer caso, Github, termina por resultarme mucho más atractivo debido al componente democrático que posee: cualquier persona puede crear un proyecto en la plataforma, sin ningún tipo de limitación, y los problemas únicamente surgen si esa persona entra en dinámicas de comportamiento abusivo, momento en el que se encontrará con el equipo de gestión de la comunidad. En el caso de Apple o Snapchat, el mecanismo me resulta menos interesante: que las cosas funcionen mejor cuando las barreras de entrada son más elevadas, y como tales barreras, dejen fuera a muchos que podrían posiblemente generar contribuciones valiosas, me parece una manera de tirar al niño con el agua del baño, aunque indudablemente esté siendo capaz de probar su buen funcionamiento.

Lo que no cabe duda es que mecanismos de este tipo, en distintas combinaciones, son cada día más necesarios para gestionar plataformas en la red, y el estudio de casos como estos puede probarse muy valioso a la hora de pensar sobre ese fenómeno. El sueño buenista de una red completamente abierta y sin limitaciones a la participación ha llegado a un punto en el que, al encontrarse con lo peor de la naturaleza humana, ha terminado por probar sus numerosas limitaciones. Triste, pero desgraciadamente real.