IMAGE: Milosh Kojadinovich - 123RFGoogle recurre ante el Conseil d’Etat, el Tribunal Supremo Administrativo de Francia, una orden dictada por la CNIL en la que multa a la compañía con cien mil euros por no aplicar el “derecho al olvido” en todos sus dominios, en lugar de hacerlo tan solo en los del país correspondiente.

Lo dije en su momento, y me reafirmo cada vez más: el supuesto “derecho al olvido” es una auténtica barbaridad jurídica, un sinsentido que solo puede traer problemas. Bajo el supuesto bienestar mental que nos proporciona a todos saber que podemos eliminar del buscador un resultado que no nos guste, se esconde en realidad una falacia enorme, capaz de convertirse en una poderosa herramienta de censura y de perjudicar sensiblemente el acceso a la información, la verdadera propuesta de valor de un buscador.

El olvido no es un derecho, es un proceso fisiológico. Olvidamos cuando los circuitos neuronales redundantes en nuestro cerebro dejan de serlo, no cuando alguien nos reclama supuestamente que olvidemos algo. Si existiese un “derecho al olvido”, existiría la posibilidad de obligar a alguien a olvidar, una auténtica barbaridad se mire por donde se mire. Por otro lado, pretender que algo “se olvida” cuando simplemente lo retiramos de los resultados de un buscador es de un simplismo alucinante, de una cortedad mental que asusta: no, no se ha olvidado nada, simplemente lo has quitado de la vista en un sitio, pero lo has dejado en donde fue publicado originalmente. Es tan absurdo como engañar a un niño pequeño: ahora lo ves, ahora ya no lo ves.

Obligar a un buscador a que retire de sus resultados enlaces que reflejan el contenido buscado pero que alguien, por la razón que sea, no quiere ver ahí es, como tal,  una auténtica barbaridad. Si además añadimos que el supuesto “derecho” no es universal y no vale para todos – resulta que yo, Enrique Dans, no puedo tener ese “derecho”, porque según algunos, soy “famoso”, aunque sea un simple profesor – ya la cuestión roza el absurdo jurídico más patente: una parte importante de la población puede ejercer un supuesto derecho que a mí se me niega… ¿por haber cometido alguna infracción? No, porque a veces salgo en la tele. ¡Genial! La incoherencia viene de lo que viene: de tratar de convertir en “derecho” algo que en modo alguno puede llegar a serlo, algo que simplemente no existe, que es artificial, que un tribunal decidió sacarse de la manga. Una ES-TU-PI-DEZ, con todas sus letras.

Si además rizamos el rizo y pretendemos, en función de la protección de ese supuesto derecho, obligar al buscador a eliminar sus resultados ¡en todo el mundo!, ya la terminamos de liar. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Eliminar toda referencia a Ataturk, porque los turcos la consideran injuriosa? ¿Y las imágenes de Alá? ¿Las menciones a la familia real tailandesa? ¿Vamos a terminar con un motor de búsqueda que solo nos da resultados de gente sonriente y encantadora, que no molesten a nadie, porque siempre hay alguien que puede ejercer su “derecho al olvido”? Estamos jugando con cosas muy peligrosas, con nuestro derecho a la información, con el derecho a poder ir a una hemeroteca y saber qué pasó en un momento dado: ahora, si la hemeroteca es física, puedo acercarme a ella, hojear los diarios, y ver que el Sr. Costeja efectivamente estuvo casado y se subastó su vivienda en Barcelona… pero mediante mi ordenador, no puedo llegar a esa información, porque el Sr. Costeja invoca su “derecho al olvido” y me lo impide. La información está ahí, existe, no ha sido retirada, era factualmente correcta cuando se publicó, y puedo verla si me desplazo a una hemeroteca… pero desde mi ordenador, no. ¿Pero esta barbaridad jurídica qué es?

La tecnología provoca efectos que nos obligan a cuestionarnos muchas cosas. En los Estados Unidos, la sola idea de obligar a alguien a que no pueda devolver resultados que están recogidos en foros públicos suena tan absolutamente marciana, que tienen que frotarse los ojos para entender que efectivamente, en Europa somos “así de raros”. O sea, que está publicado en un periódico, pero no se puede ver en un buscador, cuya función es, al margen de todo juicio moral… ¡buscar!! No, preferimos cargarnos una herramienta de búsqueda obligándola a que tenga que hacer su trabajo sorteando un permanente y creciente campo de minas.

Que sí, que la privacidad, que el derecho a la propia imagen… lo que sea. Pero ese derecho no puede convertir en reales conceptos que no lo son. Habrá que buscar otras maneras, que crear sistemas que pongan la responsabilidad en quien publica la información en lugar de en aquel que simplemente la busca, que arbitrar sistemas de corrección, enmendado o puntualización de lo publicado… algo. Pero no lo que hay, porque ese “derecho al olvido” es tan artificial como absurdo, y prolongarlo solo va a traer problemas.

El “derecho al olvido” fue una mala idea de un tribunal que se equivocó. Que además quien se equivocase fuese el Tribunal de Justicia de la Unión Europea convierte ese error en muchísimo más grave, en un error histórico, magnifica tanto el error como sus desgraciados efectos, pero eso no quiere decir que no sea un ERROR. Con mayúsculas. Todos nos equivocamos. Y ahora, a medida que pasa el tiempo, las consecuencias de ese error se van haciendo cada vez más grandes, más absurdas, más increíbles, atentando cada vez más contra el sentido común. Tenemos que plantearnos como salir de esta.

 

Faces (SOURCE: Google Images search for "faces")El pasado 7 de mayo hablamos de la biometría como dilema, apuntando algunas cuestiones que estaban teniendo lugar en Rusia al hilo de una aplicación, FindFace, que buscaba los rasgos de una persona dentro de la ubicua red social VK, muy popular y utilizada por una parte muy significativa de la población rusa.

Pues como ocurre en muchas ocasiones en todo lo relacionado con los procesos de adopción y disrupción tecnológica, los acontecimientos han tenido lugar a toda velocidad. Ha bastado la laxa regulación rusa sobre privacidad y el elevado nivel de uso de la red social VK en el país (más de 200 millones de usuarios), para que los creadores de FindFace, Artem Kukharenko y Alexander Kabakov, de 26 y 29 años respectivamente, se hayan encontrado con más de medio millón de usuarios registrados y por encima de tres millones de búsquedas, además de con un contrato en ciernes con el Ayuntamiento de Moscú para hacer correr la aplicación sobre las imágenes de las 150,000 cámaras repartidas por toda la ciudad. En Rusia, en menos de dos meses, el anonimato en público se ha convertido prácticamente en un concepto del pasado.

La aplicación es capaz de comparar una fotografía con una base de datos de mil millones de imágenes en menos de un segundo desde un simple ordenador personal, identificarla con un 70% de fiabilidad, y además extraer las diez más parecidas. Hay usos de todo tipo: desde quien toma una fotografía a alguien que ha conocido una noche o ha visto pasar por la calle, la localiza en VK y la contacta, hasta quien utiliza la base de datos para encontrar a personas parecidas al actor o actriz de sus sueños, pasando por supuesto por usos policiales. Simplemente introducir en la base de datos las caras de delincuentes asociados a casos abiertos pero que se consideraban inactivos desde hacía largo tiempo ha llevado a que, en muchos casos, los presuntos delincuentes hayan podido ser rápidamente localizados. Hay quien describe la aplicación como “un Shazam para personas“.

En realidad, FindFace es simplemente una forma de obtener datos para educar al algoritmo de reconocimiento facial y para demostrar las capacidades de la tecnología desarrollada por la compañía, N-Tech.Lab: el uso es gratuito para hasta treinta búsquedas al mes, pero más que para ganar dinero, se trata de una manera de evitar el colapso de los servidores. Uno de los fundadores, Artem Kukharenko, tiene más de diez años de experiencia en deep learning, y tras conocer a su cofundador, Alexander Kabakov, filósofo y encargado del desarrollo comercial, comenzaron a aplicarla al reconocimiento facial y fueron capaces de ganar un concurso especializado en la Universidad de Washington, MegaFace, en el que se enfrentaron a una base de datos de medio millón de caras de más de veinte mil usuarios, fueron capaces de obtener un 73% de identificaciones positivas, frente al 70% de la aplicación de Google, FaceNet. La clave, obviamente, está en la disponibilidad de datos con los que educar al algoritmo de reconocimiento, y la startup rusa ha visto para ello una auténtica mina en VK. La base de datos de la red social rusa, indudablemente, ha facilitado mucho las cosas a una compañía que decidió utilizarla ante las dificultades para acceder a la base de datos de Facebook. Pero en la práctica, y ante los progresos en gestión de datos no estructurados, es más que posible que no estar en una red social ni siquiera fuese, en muchos casos, una garantía de anonimato: la base de datos podría compilarse a partir de imágenes obtenidas en búsquedas abiertas en la web – haz la prueba para ver si la web devuelve, ante una búsqueda de imágenes con tu nombre, suficientes datos como para obtener unos parámetros de identificación… yo estoy perdido sin remisión! – o, como comentábamos anteriormente, a partir de cámaras de seguridad en lugares que precisan identificación, como fronteras, archivos policiales, etc. 

En la práctica, la compañía busca desarrollar utilidades para mercados corporativos como el de la seguridad o el marketing: desde casinos que pretenden reconocer a personas a las que se les ha prohibido la entrada y puedan intentar acceder con documentación falsa, hasta autoridades de diversos niveles, o incluso compañías que pretendan enviar publicidad a personas que simplemente se han detenido en una tienda para ver un producto determinado. Un conjunto de usos que, a medida que se desarrollan, resultan más y más inquietantes, y sugieren, en el caso de gobiernos con escasas garantías democráticas, posibilidades como la vigilancia del activismo, la identificación de manifestantes, el seguimiento de colectivos LGBT o de cualquier otra actividad que se pretenda poner bajo control. En realidad, y dado que la aplicación cuenta con versiones móviles para Android y iOS, podríamos estar ya casi ante un hipotético futuro en el que los documentos de identidad dejan de ser necesarios, y tanto para hacer una transacción o como cuando nos para la policía, todo lo que tenemos que hacer es mirar la cámara de un dispositivo para ser identificados.

Según la filosofía de Kabakov, una persona hoy en día tiene que aceptar que va a vivir permanentemente rodeada de tecnología, que se dispone de datos en tiempo real de sus movimientos e intereses, y que eso es algo que no se puede detener de ninguna manera, lo que obliga a intentar mantener ese progreso tecnológico como un desarrollo lo más abierto y transparente posible. En el caso de Rusia, la combinación de su aplicación y el la ausencia de un marco legislativo suficientemente garantista en lo referente a privacidad ha llevado a un nivel de uso elevado, y a que este debate se haya adelantado al que posteriormente, sin duda, va a surgir en otros países. El escenario y las dinámicas que se generen a partir de ahí van a convertirse, sin duda, en todo un objeto de estudio de cara al futuro uso de estas tecnologías: una auténtica evocación real de Minority Report en la que, en todo momento, estamos siendo observados por cámaras capaces de identificarnos en tiempo real. La cara ya es mucho más que el espejo del alma: es nuestro permanente y difícilmente modificable documento de identidad. Con todo lo que ello conlleva de bueno, de malo… o de inevitable.

 

NP Premio ConeticLa Confederación Española de Empresas de Tecnologías de la Información, Comunicaciones y Electrónica (CONETIC) tiene a bien otorgar un premio a la barra tecnológica de La Noche en 24 horas, que llevo haciendo de la mano de Sergio Martín desde la creación del formato en septiembre de 2014.

La barra tecnológica surgió cuando Sergio tuvo la idea de convertir lo que hasta ese momento eran colaboraciones puntuales cuando había alguna noticia interesante de tecnología que comentar, en una sección fija que comenzó siendo quincenal, pero pasó rápidamente a ser semanal. El problema del formato anterior era que encajar los comentarios sobre tecnología en el formato de mesa de debate que tenía el programa hacía que terminases pasando más tiempo debatiendo con los participantes en el debate – que eran en general analistas políticos y estaban ahí por cuestiones no relacionadas con la tecnología – que realmente haciendo didáctica tecnológica, lo que quitaba posibilidades al verdadero papel que se buscaba para ese espacio.

Salvo cambios (y ahí Sergio ha sido capaz darme la flexibilidad que a veces requieren mis viajes y compromisos variados), es los miércoles un poco pasada la medianoche, y dura generalmente unos veinte minutos… si a esa hora estáis durmiendo, como de hecho es recomendable, puede verse en cualquier otro momento en la página del programa.

La divulgación tiene, como es bien sabido, múltiples retos: por un lado, tienes que llevar la interlocución a un nivel que no haga que muchos oyentes simplemente desconecten – o se duerman, que es lo suyo a esa hora – o piensen que eso no es para ellos. Por otro, tienes que tratar con todas tus fuerzas de evitar razonamientos y explicaciones simplistas: el ser humano, ante cuestiones que le parecen complejas, tiende a recurrir a un tópico, a una explicación sencilla. Que la explicación sea sencilla, al menos en cuanto a sus planteamientos iniciales, es la parte que me toca a mí, pero que se convierta en simplista es lo que me toca intentar evitar. De ahí un formato en modo barra, con preguntas y respuestas con un Sergio que disfruta de la tecnología tanto como yo, que sabe bastante más de lo que parece y que plantea sus preguntas con esa misma idea, que den pie a explicaciones sencillas, que no intimiden, que no “suenen raras”. En realidad, aunque solemos enviarnos mensajes los dos días anteriores con el contenido y con las razones por las cuales lo consideramos relevante, acabamos no recurriendo tanto a lo que nos hemos enviado – que se termina utilizando más para los recursos de imagen que aparecen a mi lado – como simplemente a una conversación distendida y sin guión. Cuando consulto mis notas en el smartphone o en la tableta, cosa que hago fatal y se me nota muchísimo, es simplemente para intentar no dejarme temas importantes en el tintero. No las pongo en el teleprompter, aparte de porque no lo he utilizado nunca, porque no sería capaz de seguir un guión al pie de la letra, y además, porque durante la barra, Sergio tampoco lo usa… lo dicho, una conversación distendida sobre tecnología, con la “evocación” de una barra de bar, pero tratando de darle algo más de nivel que la típica conversación de barra de bar. Además, lógicamente, pretendemos hacer eso con un carácter independiente, sin responder a ningún estímulo comercial – no hemos “vendido” jamás ninguna mención a nada, aunque obviamente se mencionen marcas y compañías de todo tipo en el ámbito de la tecnología – y con ese carácter de divulgación general que creemos que corresponde a una televisión pública.

El impacto del programa, la verdad, me ha sorprendido mucho. Cuando comencé las conversaciones con Sergio, mi impresión era que a esa hora, me iban a ver básicamente mis padres y mi hermana (hola papá, hola mamá, hola Tanya! :-) Sin embargo, me encontré en seguida con que los comentarios a mi participación en la barra se convertían en habituales, con que esos comentarios venían además muchas veces de otros países a los que llegaba RTVE Internacional, y con que la conversación en redes sociales como Twitter o Facebook, a las que cuando puedo procuro contestar sobre la marcha, a veces aún estando en cámara, iban creciendo. Ahora mi reto es convertir la barra en un segmento con más “fundamento”: que cuando termine, puedas encontrar fácilmente el guión que utilicé (y puedas ver no solo la temática que comenté, sino también las partes que no me dio tiempo a cubrir), sino también enlaces adicionales, algún vídeo u otros recursos que permitan que los interesados obtengan esa “segunda capa” que va un poco más allá de lo que puedes comentar en veinte minutos. Considerando que la producción de la barra tecnológica, en realidad, son los dos o tres mensajes que me cruzo con el equipo y el ratito que le dedico a escribirme un listado de temas en bullet points, creo que puede valer la pena. Y si además, a alguien le parece interesante lo que hacemos y nos premia… pues mejor aún! Y eso sí, me ha servido para aprender un montón sobre televisión!

Mañana miércoles por la noche (en realidad será el jueves de madrugada), más…

 

Didi Chuxing logoLa red está estos días llena de noticias acerca de Didi Chuxing, anteriormente conocida como Didi Kuaidi, la empresa china que imita el modelo de Uber y que surgió de la unión de dos compañías rivales,  Didi Dache and Kuaidi Dache, que tenían detrás a los dos grandes gigantes de la internet del país, respectivamente Tencent y Alibaba.

La magnitud de la compañía con esos dos gigantes detrás, con el modelo de desarrollo de Alibaba (copia directa y sin complejos de modelos que ven funcionar en otros mercados, y detalles de adaptación al entorno) y con la capacidad de crecer en el inmenso mercado chino debería ya de por sí servir para asustar a cualquiera, pero si cabía alguna duda sobre sus planes, parece que empiezan a desvelarlas. Por el momento, hablamos de nada menos que catorce millones de conductores registrados en la aplicación, unos once millones de carreras al día (lo que indica que muchos de esos conductores serían ocasionales), 87% de cuota de mercado, operando en cuatrocientas ciudades del gigante asiático en las que en aproximadamente la mitad está ya aproximándose al punto de equilibrio, y con planes de entrar pronto en números negros en términos globales.

El pasado jueves 12, Apple anunció, en el seno de una visita de Tim Cook a China en la que se desplazó en vehículos de la compañía, una inversión de mil millones de dólares en Didi Chuxing con el fin, entre otras cosas, de “comprender mejor el mercado chino“. Automáticamente surgieron rumores de una posible salida a bolsa de la compañía tan pronto como el próximo año 2017 o como muy tarde en 2018 siguiendo, de nuevo, el modelo de Alibaba de captación de recursos de inversores norteamericanos, rumores que, por el momento, han sido negados por la compañía. En septiembre de 2015, Didi Chuxing tomó una posición de cien millones de dólares en Lyft con el fin de formar una alianza internacional, pero la magnitud de la posible salida a bolsa de la compañía china, calculada tras la inversión de Apple en algo más de $26,000 millones, podría señalar una posible agenda de adquisiciones de cara a esa hipotética expansión internacional. Frente a la estratosférica valoración de Uber, calculada en torno a los $62,500 millones, Didi Chuxing podría marcarse la posibilidad de ser la que primero tratase de captar recursos de inversores en un mercado, el del Transport (Mobility) as a Service, TaaS o MaaS, que ha demostrado sobradamente su potencial de crecimiento y en el que, además, se especula de manera muy solvente con la evolución hacia modelos basados en vehículos de conducción autónoma. Dado que Uber ha anunciado que sus planes para una salida a bolsa no son en absoluto inmediatos y que, además, tratará de retrasarlos lo más posible, la oportunidad para Didi Chuxing podría estar en un IPO que le permitiese captar muchos recursos, similar al que Alibaba llevó a cabo en los Estados Unidos, una cadena de compras de competidores locales, y una expansión fuerte que le permitiese posicionarse internacionalmente.

Si no habías oído hablar de Didi Chuxing (o de su nombre oficial en China, Xiaoju Kuaizhi Inc.), vete poniéndola en la agenda. Como Uber bien sabe, la competencia de las compañías chinas en el entorno global no es para tomársela a la ligera: la compañía norteamericana captó inversiones por valor de $1,200 millones para sus operaciones en China a través de Baidu Investments en septiembre de 2015 frente a los $3,000 millones captados por Didi Chuxing, y mantiene una durísima lucha con ella por la cuota de mercado ciudad a ciudad (Uber opera en unas cien ciudades chinas) que está llevando a ambas a incurrir en pérdidas. 

El sector del transporte de viajeros – y seguramente, de muchas otras cosas, desde paquetes hasta comida, pasando por logística de todo tipo – está destinado a sufrir fortísimo cambios en los próximos pocos años. Si lo dudabas, o si creías que era únicamente cosa de una compañía, fíjate en las magnitudes de las que hablamos. Un mercado interesante, hasta ahora poco estructurado, y en el que nos disponemos a ver muchísimo movimiento.

 

IMAGE: Chudomir Tsankov - 123RFUn profesor de Inteligencia Artificial en Georgia Tech, Ashok Goel, desarrolla un chatbot basado en el Watson de IBM para resolver las preguntas que sus alumnos le plantean en el foro online de su asignatura, alrededor de diez mil preguntas cada semestre que habitualmente eran respondidas por él mismo y su grupo de trabajo, y decide no informar a sus alumnos de que se trata de una inteligencia artificial, diciéndoles en su lugar que se trata de una teaching assistant llamada Jill Watson. El resultado es que ninguno de sus estudiantes se da cuenta del esquema, el semestre se desarrolla con plena normalidad, y cuando tras el examen final decide revelar la identidad de su asistente, los alumnos se muestran absolutamente sorprendidos, se sienten participantes en un evento histórico, y algunos incluso afirman que tenían pensado nominar a Jill Watson al premio a la mejor teaching assistant!

Llevo veintiséis años dando clase, y además, disfrutando de ello. Me he encontrado muchísimas veces en la situación de pretender contestar a todas las preguntas que mis alumnos me planteaban en foros online, hasta el punto de despertarme alguna vez con la cabeza prácticamente apoyada en el teclado. Además de mis clases en formato online, he intentado utilizar ese formato en mis clases presenciales como forma de proporcionar un entorno más rico a la participación que se prolongue más allá del aula, y en los últimos tiempos, lo había dejado por imposible: no me daba la vida para ello. Entiendo perfectamente la problemática: las preguntas de los alumnos a un nivel educacional elevado no son sencillas, están muchas veces formuladas de manera confusa o compleja, pero tienen un componente de repetición relativamente elevado, al tiempo que ofrecen numerosas oportunidades no solo para la simple resolución de la duda, sino para la “construcción” de hilos con un componente formativo potencialmente elevado. Cuando trabajas en lo que solemos llamar participant-centered learning, entiendes perfectamente que la gracia no está en aparecer ante un grupo de estudiantes – bien seleccionados y brillantes – como “el que más sabe”, sino en ser capaz de ofrecerles las mejores oportunidades para el aprendizaje en función de situaciones que se crean en cada clase, y que prácticamente siempre son distintas de la clase anterior o de la siguiente.

Cuando ves que una máquina, un chatbot, ha sido capaz de desempeñar con éxito una parte importante de tu trabajo, la primera tentación es tratar de quitarle credibilidad. Quedaros con eso, por favor, porque a muchos de vosotros vais a tener en breve la misma sensación que tengo yo hoy: nunca funciona. La situación creada por Ashok Goel no tiene discusión posible: hablamos de estudiantes de una muy buena universidad, en un curso de nivel elevado, y que efectivamente, no fueron capaces ni siquiera de imaginarse que su teaching assistant fuese un chatbot. Pero incluso si la tuviese, el pensamiento positivo es fundamental, y lo importante es entender que si no hubiese ocurrido ya, estaría a punto de ocurrir. Reflejos como quitarle importancia, minimizarlo, ridiculizarlo o tomarlo como excepcional e irrepetible no funcionan.

Lo siguiente es plantearse a dónde vamos a partir de aquí. De entrada, si puedo quitarme del medio una tarea tan importante como la resolución de dudas de mis alumnos tras haber conseguido entrenar adecuadamente a Watson – que es, entre otras muchas cosas, no olvidemos, un campeón mundial de Jeopardy! – mi forma de dar clase podría modificarse dramáticamente. Si una máquina puede conseguir que a igual esfuerzo, obtenga una productividad muy superior y me libere de determinadas tareas, puedo plantearme llevar mis clases bastante más allá. ¿Debo preocuparme por la posibilidad de que, tras sustituir a mi teaching assistant (en IE nunca hemos tenido tradición de teaching assistants, en cualquier caso, y salvo excepciones, apalancamos la totalidad del esfuerzo docente en el profesor tanto en el entorno presencial como en el online), la inteligencia artificial se plantee sustituirme a mí? Francamente, ojalá sea ese mi problema: ya me buscaré cosas que hacer que se apoyen precisamente en eso. Tengo muy claro que si esto termina dejándome sin trabajo, será porque habré interpretado esa transición rematadamente mal.

Contrariamente a lo que ocurre cuando se plantea la sustitución de personas por inteligencia artificial, a mí la sola perspectiva es algo que me muero de ganas de explorar, y dudo que sea el único en mi industria. Para cualquier profesor, la posibilidad de contar con una inteligencia relacional superior que sea capaz de responder a dudas sobre su campo debería representar no un miedo, sino una oportunidad, una forma de elevar el nivel para poder construir más cosas sobre una base más elevada. ¿Cómo van a evolucionar las universidades ante un cambio semejante? Una de mis quejas más habituales en mi industria, el hecho de que tras veintiséis años de experiencia en ella sigamos dando nuestras clases aproximadamente igual que cuando empecé, pasa a tomar, ante la disponibilidad de machine learning e inteligencias artificiales avanzadas, una escala y un significado completamente diferentes.

La última consideración corresponde precisamente a eso: ¿qué podemos hacer cuando contemos con bases de conocimiento interactivas capaces de responder a preguntas expresadas en lenguaje natural? ¿Pasará el papel de un profesor a ser el de convertirse en un entrenador de inteligencias artificiales para que sean capaces de escalar sus capacidades? ¿Interactuarán rutinariamente los alumnos con chatbots progresivamente sofisticados en lugar de hacerlo con profesores de carne y hueso? ¿Qué ocurre cuando podemos plantearnos tener agentes inteligentes expertos en temas avanzados capaces de responder a todo tipo de dudas? Si ese es el futuro, yo me muero de ganas de verlo y de vivirlo…