Anuario Comunicacion DircomDesde la Asociación de Directivos de Comunicación, Dircom, me pidieron una colaboración para su informe titulado “El estado de la comunicación en España 2018“, concretamente centrado en los retos de la tecnología en la gestión empresarial. 

El resultado es este “Futuro, tecnología y actitudes” en el que hablo sobre la necesidad de los directivos del futuro de ser personas “adictas al cambio”, con una actitud de exploración constante necesaria en un entorno que se mueve a una gran velocidad y en el que la inercia o el apego a la tradición en los negocios pasa directamente a ser un estorbo. Menciono machine learning, enernet, la realidad virtual y aumentada, y la cadena de bloques como exponentes de tecnologías que, sin duda, van a provocar cambios fortísimos en la operativa y el planteamiento de muchos negocios y que, a pesar de su popularidad y de la cantidad de artículos que generan, siguen apareciendo como carencias en la inmensa mayoría de los cuadros directivos, como su de alguna manera no se sintiesen presionados por estar al día, por entender las dinámicas que sin duda van a afectar a los negocios en su industria.

A continuación, el texto completo del artículo:

Futuro, tecnología y actitudes

El reto más importante del management de cara al futuro es entender la propia esencia de la innovación tecnológica y su velocidad de adopción. Como bien dijo el escritor de ciencia-ficción canadiense William Gibson, “el futuro ya está aquí, pero está desigualmente distribuido”: aquellas compañías que ignoren la innovación o se comporten como rezagados en su adopción, pasarán a ser consideradas como anticuadas o desfasadas, y serán desplazadas por otras capaces de ofrecer a los usuarios soluciones más adaptadas a los tiempos.

Y por supuesto, en la ecuación de la adopción tecnológica, la tecnología como tal es tan solo un componente. El otro, y posiblemente más importante porque no puede ser adquirido o incorporado fácilmente, son las personas. Las organizaciones del futuro son, por tanto, aquellas conformadas por directivos capaces de acomodar cambios a gran velocidad, de no acomodarse en una tecnología concreta y seguir sublimándola para todo hasta que no dé más de si. Los directivos del futuro deben ser personas “adictas al cambio”, deseosas de encontrar nuevas soluciones tecnológicas para probarlas y entender sus posibles contribuciones al negocio. Si no eres capaz de incorporar esa curiosidad, ese dinamismo y esa capacidad de adaptación a tu curriculum, piensa que posiblemente no sea mal momento para, si puedes, retirarte: el progreso te ha pasado por encima.

La tarea de intentar entender una sociedad en la que las máquinas son capaces de aprender a partir de datos de todo tipo, y de llevar a cabo tareas sin necesidad de programarlas como si fueran autómatas, exige un cambio de percepción fundamental: entender que un ordenador ya no es una máquina que programamos para hacer tareas repetitivas o pesadas con más velocidad y menos errores, sino que puede ser capaz de aprender a hacer cosas, de desarrollar soluciones creativas que un humano no había visto o entendido anteriormente. Las máquinas ya pueden hablar como las personas, aislar palabras y frases para entender lo que les dicen y contestarlo adecuadamente, estudiar operaciones para detectar patrones de fraude o necesidades concretas, hacer predicciones o controlar parámetros en función de circunstancias. Pueden conducir mucho mejor que las personas – y lo están haciendo ya, sin conductor de seguridad, en varios lugares del mundo – o desempeñar todo tipo de trabajos no solo mecánicos, sino intelectuales, como optimizar fondos de inversión o inversiones en publicidad. De hecho, el mayor crecimiento tanto en inversión como en publicidad se debe, desde hace varios años, a esas actividades llevadas a cabo mediante algoritmos.

Pero si el machine learning nos plantea un futuro retador… ¿qué decir de un mundo en el que la energía se produzca de manera prácticamente gratuita o con un coste mínimo en instalaciones distribuidas – enernet, siguiendo el paralelismo de lo que supuso internet y la distribución de la computación? En Australia, la mayor central eléctrica estará formada por placas y tejas solares en techos de viviendas, unidas a baterías domésticas de alta capacidad.

La realidad virtual y aumentada nos ofrece cada vez escenarios que permitirán todo tipo de actividades, desde trabajos independizados de lugar y tiempo, hasta posibilidades de todo tipo aplicadas al ocio, al entretenimiento o al aprendizaje. ¿Estamos poniéndolos a prueba en nuestra compañía para entender sus posibilidades, o nos limitamos a esperar a que sea otro el que lo haga, mientras nuestros obsoletos directivos lo contemplan con aire displicente y aire de “cualquier tiempo pasado fue mejor”?

Si blockchain, como todo indica, termina siendo la base de todos los sistemas transaccionales… ¿va nuestra empresa a ignorarlo, o va a intentar extraer de ello algún tipo de ventaja competitiva que podamos mostrar a nuestros clientes y usuarios?

El futuro no es una cuestión de tecnología. Es cuestión de curiosidad, de vocación por probarlo todo, de inquietud y de ganas de mejorar. El futuro es cuestión de actitud. Si tu empresa no es capaz de crear y alimentar esa actitud en sus directivos… se dirige hacia un problema de viabilidad futura de muy difícil solución. Y si no lo crees o no lo ves, lo más seguro es que, más que posible solución, seas parte del problema.

 

Tecnologías que van a cambiar el mundo - Actualidad AseguradoraDavid Ramos me llamó para hacerme una entrevista telefónica larga sobre el impacto de la tecnología en la industria aseguradora, y ayer me envió el resultado, una página doble publicada bajo el título “Tecnologías que van a cambiar el mundo” (pdf) en la revista Actualidad Aseguradora.

Hablamos sobre las distintas tecnologías que v an a tener una influencia en el futuro del sector asegurador, comenzando por el machine learning como auténtica nueva frontera, como cambio dimensional que diferenciará que compañías siguen en el mercado y cuales serán incapaces de competir y, por tanto, cerrarán. En una industria tan profundamente estadística y tan vinculada al concepto de riesgo como la aseguradora, el machine learning es la auténtica definición del ser o no ser, y las compañías que no estén ya investigando y trabajando en el tema con la adecuada intensidad, pronto no serán capaces de ser competitivas (no, la frase destacada en el artículo y en algún tweet no es mía, es de Sundar Pichai, CEO de Google, como de hecho comento en el artículo… yo, obviamente, solo la citaba!)

Además del machine learning, hablar de la cadena de bloques y de su trascendencia para la industria aseguradora, con su elevado componente actuarial y de registro fidedigno de contratos, cláusulas y acontecimientos debería ser profundamente obvio a estas alturas: TODA transacción, póliza y circunstancia en la industria del seguro estará anclado en una cadena de bloques, del mismo modo que todos los contratos serán smart contracts, con una dirección en la que verificar todo su clausulado y supuestos de manera rápida y operativa, eliminando ese proceso de peritaje manual y en muchos casos subjetivo que determina si esa circunstancia se incluye o no. La innovación que trae la cadena de bloques a la industria aseguradora resultará fundamental, aunque por otro lado, menos vistosa como tal: la época en la que simplemente pronunciar la palabra “blockchain” aseguraba la atención tocará a su fin, y la cadena de bloques será simplemente una tecnología de base, con un interés meramente técnico, que daremos como supuesta.

Otros temas que salieron en la conversación merecen indudablemente atención: la internet de las cosas y la sensorización progresiva de todo que afectará a la industria en todas sus facetas, desde el seguro de propiedad o de responsabilidad civil, hasta el de salud, que pasará a jugar un papel progresivamente más vinculado a la salud preventiva gracias a los wearables y a otras herramientas sencillas de monitorización. O enernet, la internet de la energía, que revolucionará la manera en la que generamos la energía y se convertirá en la fuente de energía barata o gratuita para todos, afectando lógicamente toda la cadena de valor de todas las industrias. O cuestiones más regulatorias e inmediatas, como PSD2, que cambiarán la forma de entender la industria, facilitarán la competencia, y obligarán a una coexistencia entre las compañías tradicionales y las llamadas insurtech, en muchas ocasiones más ágiles y atentas a las oportunidades que la tecnología genera en la industria aseguradora. No, la industria no está inactiva ni pasiva ante todos estos cambios… pero en mi opinión, un poco de alegría y de curiosidad en los niveles directivos más altos que de verdad llevase a una genuina transformación digital y a sacudirse las metodologías de toda la vida no estaría nada de más.

Si con la entrevista consigo que algunos en la industria se planteen la importancia de estos temas, prueba superada! ;-)

 

IMAGE: Stanisław Tokarski - 123RFUn proyecto anunciado por el primer ministro del gobierno del sur de Australia, Jay Weatherill, nos sitúa de golpe en el futuro de la generación eléctrica, en el concepto de Enernet: un acuerdo con Tesla para dotar de techos solares y baterías acumuladoras a nada menos que cincuenta mil hogares, con el fin de crear la mayor central eléctrica virtual del mundo.

La idea es instalar de manera gratuita las tejas o paneles solares y las baterías Powerwall de la compañía en los hogares, a cambio de la cesión de la energía generada y su venta a los usuarios a precios ventajosos que supondrían un importante ahorro en su factura energética. El resultado, en un territorio caracterizado por la gran abundancia de residencias unifamiliares con una cubierta disponible para la instalación de infraestructuras de generación, sería el equivalente de construir una central eléctrica de 250 megavatios con una capacidad de almacenamiento de 650, y supondría un ahorro de en torno a un 30% en el coste de la energía para los usuarios. El plan comenzaría con una prueba en 1,100 viviendas de titularidad pública para familias de bajos ingresos, que pasaría posteriormente a la totalidad de 24,000 viviendas públicas existentes (la región tiene una importante oferta de viviendas de titularidad pública, lo que en este caso facilita el proceso de toma de decisiones) para, finalmente, ofrecerse a todos los residentes de la región, con planes para alcanzar las 50,000 viviendas en un plazo de cuatro años. Con este número de baterías comprometidas para los próximos años en el proyecto australiano, todo indica que no solo los planes de Tesla para sus gigafactorías tendrán que funcionar y escalar perfectamente su capacidad de producción, sino que, además, es posible que sea temporalmente complicado acceder a esas baterías en otros países del mundo.

La experiencia de Solar City en los Estados Unidos, incorporada a Tesla como adquisición en 2016, supone una experiencia muy valiosa de cara a un proyecto de esta magnitud: la compañía ofrece la financiación de este tipo de equipamientos como inversión que se amortiza en función de los ahorros obtenidos, y permite dimensionar el equipamiento necesario simplemente a partir de la superficie construida y el equipamiento de la casa. Por otro lado, Tesla cuenta con un importante prestigio en Australia tras la conexión dentro del plazo señalado del mayor sistema de almacenamiento eléctrico del mundo, cien megavatios, encargado de evitar los frecuentes cortes de suministro que tenían lugar en el sur de Australia durante el verano. Además, Tesla ha llevado a cabo ya proyectos en otras regiones, como la sustitución de los generadores diesel de la Samoa Americana por energía solar.

La generación distribuida es, sin ningún tipo de duda, el futuro de la energía, y el proyecto australiano, incluso teniendo en cuenta su uso como herramienta de política electoral, es una buena prueba de ello. Cuantos más hogares se conectan a un sistema de generación distribuido, más fácilmente pueden balancearse los problemas puntuales en función del desfase entre generación y consumo que suelen afectar a las energías renovables, desfase que también contribuye a equilibrar la instalación de baterías. En un país como España, con abundante insolación y con una importante factura energética en su balance de pagos derivada de la importación de combustibles fósiles, es completamente absurdo e insostenible que este tipo de desarrollos no estén teniendo lugar aún, y que se recurra a absurdos “impuestos al sol” y tácticas similares para tratar de disuadir la generación doméstica: la dialéctica de la energía subvencionada es cada día más falsa. En el futuro, este tipo de proyectos van a tener muchísimo que decir.