IMAGE: Tumisu - PixabayEl ex-CEO de Google, Eric Schmidt, se aventura en una entrevista con CNBC a predecir un futuro en los próximos diez o quince años en el que la internet que conocemos se bifurcará en dos partes que se desarrollarán independientemente, una dominada por los Estados Unidos y la otra por China. La cuestión genera mucho interés debido no solo al contexto de la guerra comercial entre ambos países comenzada por Donald Trump, sino también por las recientes acusaciones de tácticas de espionaje agresivo de China contra compañías norteamericanas a través de LinkedIn o por las sucesivas limpiezas de miles de páginas web en China destinadas a mantener una internet controlada y limpia que rechace la vulgaridad y los contenidos potencialmente perjudiciales para la población.

En efecto, el último China Internet Report 2018 compilado por Abacus, 500 Startups y el South China Morning Post pinta un panorama dominado por protagonistas completamente diferentes a los que todos consideran sospechosos habituales fuera de China, con elementos característicos que no encontramos en ningún otro país como una ausencia total de respeto por la privacidad o un sistema de clasificación crediticia que interviene en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana, y en una fase de desarrollo que ya ha superado completamente el simplemente adaptar ideas extranjeras a China y ha pasado a la siguiente, a la de exportar ideas desde China al mundo exterior.

Para muchos, China se ha convertido en el escenario en el que, debido a unas limitaciones gestionadas con total arbitrariedad y a una estrategia perfectamente delimitada por el estado, muchas cosas tienden a pasar más rápido que fuera de China: ¿quieres ver drones formando parte de esquemas de reparto logístico? Vete a China. ¿Smartphones siendo utilizados como forma universalmente aceptada de pago, identificación y todo lo necesario para la vida cotidiana? China es el lugar donde ir. Un número creciente de compañías, cuando quieren proporcionar una cierta experiencia de visión de futuro a sus directivos, los envían a China. La prestigiosa revista Foreign Affairs habla incluso de una internet del futuro dominada por China, mientras el gigante Google pugna por volver a China y por desarrollar un producto adaptado a la rígida legislación del gigante asiático porque eso podría, supuestamente, ser positivo para los usuarios mientras lucha con la resistencia al respecto de sus propios empleados

La gran pregunta, para mí, es hasta qué punto la predicción de Schmidt es realmente eso, una predicción de futuro. En muchos sentidos, tengo la impresión de que la balcanización de internet se produjo ya hace mucho tiempo, que si viajo a China e intento hacer las cosas que hago habitualmente no puedo hacerlo o tengo que pasar por vicisitudes cada día más complejas para ello, que ni yo utilizo prácticamente páginas web chinas – salvo cuando investigo al respecto – ni los usuarios chinos utilizan las de fuera de su país, y que además, no lo hacen no porque esas páginas estén censuradas, sino porque no tienen el menor interés en hacerlo. Desde hace mucho tiempo insisto a mis alumnos no solo chinos, sino también de algunos otros países como Rusia, como elementos muy particulares en el funcionamiento de internet, que el conocimiento de las herramientas, usos, costumbres y jugadores en su mercado es susceptible de constituir un activo muy interesante a la hora de trabajar en compañías que tengan esos mercados en su punto de mira, porque el nivel de especificidad ha alcanzado ya tal punto, que encontrar perfiles que de verdad sean capaces de tener una perspectiva multicultural y puedan gestionar adecuadamente esos entornos se ha vuelto sumamente complejo.

¿Existe realmente una sola internet? El factor idiomático es obviamente importante, a pesar del progreso de las herramientas de traducción, pero más allá de eso, han surgido elementos de desarrollo independiente que han convertido a esos países en prácticamente islas, en otras internets, en las que es necesario manejarse de otras maneras, con otros requisitos, con otros elementos y con otras reglas. Si no las conoces y tienes cierta soltura en su manejo, simplemente estás fuera. Creo que internet se balcanizó hace ya algún tiempo, y que si bien podremos tener casos de compañías chinas lanzando productos y servicios al exterior y posiblemente, aunque aislados, en sentido contrario, la realidad es que la internet que conocemos fuera de China y la de China son ya lugares muy diferentes, con cada vez menos elementos en común, y con una probabilidad de convergencia muy escasa. El sueño de una internet universal tal y como lo pensaron – o no – algunos de sus creadores se ha quedado en eso, en un sueño.

 

Jack Ma se retira de Alibaba de Denken Über

Jack Ma fundador de Alibaba, un monstruo de $420.000 millones de valoración e inversor en unas 600 empresas chinas de Internet a las que controla sea por porcentaje o por peso de mercado, anunció que se retira en menos de una semana para dedicarse a la filantropía y educación… o una vuelta a su origen de profesor de Inglés y comercio internacional.

La gente del New York Times publicó la primicia y aunque lo mencionan por arriba, yo no descartaría que sea un gran momento en el que retirarse por 3 puntos clave:

  • el Gobierno Chino está siendo cada vez más intervencionista con el “duopolio Alibaba-Tencent” lo que está destruyendo valoraciones a dos manos
  • China y USA parecen empezar una guerra comercial donde hasta Tim Cook envió una carta a la Casa Blanca advirtiendo los efectos de esta escalada y como va a impactar en todo el ecosistema tecnológico
  • y, finalmente, esto concluye el ordenadisimo traspaso de poder que empezaron hace unos 4 años cuando dejó de ser CEO con lo que internamente todo está ordenado

¿Se preguntan el valor de Jack Ma, más allá de su fortuna? Es uno de los cuatro “fundadores” de Internet comercial en China y es el eje de uno de los ecosistemas que más dolores de cabeza le va a dar a todo internet a lo largo de los próximos años (Control Gubernamental, Mercado Interno cerrado, jugadores casi definidos a dedo) y uno de los íconos a los que todos quieren parecerse… que es la pieza clave de un ecosistema.

IMAGE: Jan Dyrda - Pixabay (CC0)Un par de artículos largos recientes en MIT Tech Review inciden en la búsqueda de explicaciones para la cada vez más acusada deriva de China para convertirse en el perfecto reflejo de la distopía de George Orwell en “1984“, y lo hacen con una explicación que encuentro, como mínimo, interesante y digan de consideración: la del marco de referencia.

¿Por qué resulta difícil entender China desde una mentalidad occidental? Porque. en muchos sentidos, los occidentales, particularmente desde la perspectiva de los países con cierta tradición democrática, entienden una serie de derechos y libertades como intrínsecos a la naturaleza humana, como prácticamente inalienables o irrenunciables. Podemos arrebatar a un occidental su derecho a la privacidad – y de hecho, está ocurriendo – pero no sin que surja una cierta resistencia o sea necesario poner en juego una serie de intercambios: de hecho, la renuncia a la privacidad es poco habitual que se haga de forma expresa, y sí en función de cuestiones como una mayor seguridad, el acceso a un producto deseable o considerado interesante de manera gratuita, la promesa de una apreciación social, etc.

Entender China y su coevolución con respecto a la tecnología implica entender su historia, sus estructuras sociales, el papel de elementos como la vigilancia y la monitorización a las que las personas se sometían entre sí, etc. Visto así, es posible que se pueda razonar que, en realidad, el creciente uso de las tecnologías asociadas con la monitorización en China hasta convertirla en ubicua no es una manera de avanzar en una distopía, sino una forma de hacer esa distopía menos injusta y de situar los castigos o las represalias por determinados comportamientos en el lugar adecuado. Si el tráfico en una gran ciudad china se considera un problema social importante, castigar a aquel que provoca que el tráfico sea mucho peor puede llegar a considerarse mejor que la alternativa de imponer castigos o restricciones a la totalidad por ello. En función de la referencia que tomemos, entender que el uso de los datos puede ayudar a construir una sociedad menos injusta es, como tal, una idea difícil de entender, pero no completamente disparatada, o al menos, digna de una cierta reflexión.

Si partimos de una óptica de sociedad democrática, incluso con todos los problemas intrínsecos a la democracia o a la interfaz entre democracia y tecnología que llevamos ya un tiempo discutiendo, entender que para un país como China, con todos sus condicionantes, el uso de arquitecturas masivas de procesamiento de datos aplicadas a las relaciones sociales puede llevar a una mejora del sistema de libertades es una idea provocativa que, sin duda, van a tener que explicarnos despacio, y cuyos peligros, en manos de una minoría dirigente, resultan evidentes. Pero si venías de un sistema en el que la democracia no solo no existía, sino que además, las normas se aplicaban de manera prácticamente imprevisible o arbitraria, el hecho de que pases a otro en el que, al menos, la relación con el estado proviene de lo que realmente has hecho o dejado de hacer, la situación puede entenderse, desde su perspectiva, como una mejora, aunque decirlo así pueda parecer una forma de justificar algo que, desde un punto de vista occidental, resultaría completamente injustificable y estaríamos siempre lejos de justificar.

En mi experiencia con estudiantes chinos, siempre me resultó difícil entender, por ejemplo, qué les llevaba a considerar que su situación era mejor teniendo acceso a Google, aunque fuese a una versión de Google censurada, que no teniéndolo, o por qué podía valer la pena renunciar al interés en determinados temas a cambio de una situación económica que evolucionaba de manera claramente ascendente. Es, simplemente, una cuestión de sistemas de referencia, de con respecto a qué comparas tu situación. Ahora, tenemos ya toda una generación en China que ha crecido sin tener acceso a herramientas y servicios como Google, Facebook o Twitter que en Occidente consideramos prácticamente ubicuas, utilizando otras que han llegado ahí para llenar el hueco dejado por éstas, pero sometidas a una fuerte censura.

Para entender China y la interfaz de una web con una presencia de China cada vez más ubicua hay que hacer algo más que aplicar clichés desde una óptica occidental: hay que ponerse en su contexto, pensar desde su situación, tener en cuenta sus circunstancias, y hacer un esfuerzo por no tomar como evidentes conceptos que no necesariamente lo son. Aunque a nosotros nos lo parezcan.

 

CCTV classroom¿Cómo van a ser las escuelas e instituciones educativas del futuro? Si hacemos caso a las tendencias que están surgiendo tanto en los Estados Unidos como en China, es posible que sean entornos bastante alejados de lo que muchos imaginan. De hecho, todo indica que podrían plantearse como escenarios de permanente monitorización, en los que los estudiantes estarán sometidos constantemente a vigilancia por parte de cámaras, algoritmos y todo tipo de tecnologías diseñadas para obtener información de manera constante a partir de todos los aspectos de su comportamiento.

Si hace no demasiado tiempo hablábamos del uso de la tecnología de reconocimiento facial en escuelas norteamericanas para prevenir episodios de violencia, y de la opinión contraria de las asociaciones de derechos civiles, que las consideraban inaceptables en un entorno escolar, ahora encontramos ya desarrollos de inteligencia artificial que monitorizan todo lo que los estudiantes teclean en sus ordenadores y tabletas con el fin de descubrir pautas de posibles episodios de violencia, bullying, suicidios u otros problemas.

En los Estados Unidos, este tipo de escenarios deriva de la aplicación de la Children’s Internet Protection Act (CIPA), que obliga a toda escuela que reciba fondos federales a mantener una política de seguridad para el uso de internet por parte de los alumnos, y que incluye la instalación de herramientas de monitorización en todos los equipos, tales como tabletas, ordenadores o Chromebooks, que las instituciones faciliten a sus estudiantes. Mientras algunas escuelas se limitan a la instalación de filtros para contenidos considerados inadecuados, otras prefieren recurrir a paquetes especializados como Gaggle, GoGuardian o Securly para tratar de descubrir escenarios potencialmente conflictivos a partir de toda la información suministrada por el usuario, tanto los sitios que visita y el uso general que hace del equipo, como incluso los contenidos que teclea. Otros compañías, como Hoonuit o Microsoft, han desarrollado algoritmos predictivos para analizar la probabilidad individual de abandono de los estudios, llevados por políticas que amparan la recolección prácticamente ilimitada de datos de los estudiantes desde los niveles educativos más elementales. 

Pero este tipo de tecnologías no están solas en el desarrollo de espacios sensorizados o monitorizados en el ámbito educativo: de cara al curso que viene, la Universidad de Saint Louis está llenando todos sus espacios comunes con dispositivos Echo Dot de Amazon, que permitirán a los estudiantes hacerles preguntas en cualquier momento, y contarán con repositorios para cuestiones relacionadas, por ejemplo, con instalaciones, horarios y otras preguntas habituales en el entorno universitario. Los dispositivos se ubicarán en zonas comunes, como aulas de trabajo, pero también en las habitaciones de los estudiantes que utilicen las residencias y apartamentos ofrecidos por la universidad, en lo que supone uno de los despliegues más grandes que se han diseñado para este tipo de dispositivos. Y, para muchos, un escenario de posible amenaza a la privacidad.

Microsoft ha adquirido y convertido en gratuita una herramienta, Flipgrid, para la creación de escenarios de discusión utilizando vídeo, siguiendo una tendencia que lleva a cada vez más institutos y universidades a posibilitar el uso de plataformas online como vehículo educativo que permitan un análisis más detallado y riguroso de todo el proceso participativo. Los comentarios que antes se quedaban en una discusión en clase, ahora serán almacenados y procesados individualmente, lo cual no tendría que ser necesariamente malo, pero podría también contribuir al desarrollo de ese entorno de monitorización y control permanente en lo que todo lo que el estudiante hace, dice o piensa pasa a formar parte de un archivo permanente que lo caracteriza.

En China, algunos institutos están empezando a utilizar la monitorización facial de los alumnos en clase ya no para obtener su identidad, sino para detectar sus actitudes en cada momento. En una escuela en Hangzhou, por ejemplo, tres cámaras en la clase escanean las caras de los estudiantes para tratar de detectar su estado de ánimo, clasificarlo entre sorpresa, tristeza, antipatía, enojo, felicidad, temor o neutro, registrarlo y promediarlo durante cada clase. Además, el crecimiento en el uso de herramientas de machine learning para la corrección de exámenes permite obtener de manera automática datos sobre el desempeño, e incluso, detectar cuándo los estudiantes copian. En algún momento, podríamos incluso pensar en la adopción por parte de las instituciones educativas de herramientas de monitorización de la actividad cerebral, ya en uso en el ejército y en algunas compañías chinas.

En Francia, más conocida en este momento por la prohibición de llevar smartphones al colegio que entrará en vigor en este curso, hay al menos un instituto privado católico en París que ha decidido obligar a sus estudiantes a llevar un dispositivo Bluetooth para controlar su presencia y evitar que falten a clase, so pena de ser multados con diez euros cada vez que lo olviden en casa o lo pierdan.

¿Qué tipo de escenarios podemos esperar para la educación en el futuro? ¿Tecnologías pensadas para maximizar el aprendizaje y crear entornos agradables, o un adelanto de distopía que prepare a los jóvenes para una sociedad de monitorización constante y permanente en la que se encontrarán, gracias a su educación, como peces en el agua? Podemos justificarlo como forma de mejorar el rendimiento académico, como intentos de mejorar la seguridad y de intentar evitar determinados peligros, como una manera de preparar a los alumnos para los entornos profesionales en los que van a desempeñar su futuro profesional, o de muchas otras formas, pero el caso es que este tipo de noticias están proliferando, y están cambiando de manera muy rápida la imagen de la educación en países tan diferentes como los Estados Unidos, China o Francia. Soy un convencido del poder de la analítica de cara a la mejora de los procesos educativos, pero creo que sería importante tener una discusión informada acerca de su uso e implicaciones de cara a cuestiones como la privacidad, la seguridad o la disciplina, si queremos evitar que muchas decisiones que se disponen a condicionar el futuro de la sociedad sean tomadas de facto, sin un proceso de reflexión adecuado.

 

IMAGE: Nicosariego CC BY SAEl despliegue de la quinta generación de tecnologías de telefonía móvil, conocida como 5G, está teniendo mucho más protagonismo por las interpretaciones que algunos países están haciendo sobre las consecuencias de su próximo despliegue que por lo que realmente implica como desarrollo tecnológico. Hasta ahora, estamos leyendo más sobre lo que 5G puede significar como demostración de liderazgo mundial en función de qué país logre desplegarlo primero, o como miedo ante el posible control extranjero de infraestructuras estratégicas, o simplemente como fuente de financiación para los gobiernos a través de subastas de licencias, que sobre lo que la tecnología como tal nos puede llegar a aportar.

Para el usuario medio, 5G es en muchos casos simplemente “lo que viene después de ese 4G que vino después del 3G”, se tiende a ver traducido simplemente como “más velocidad”, y se ve como algo simplemente incremental, que no genera demasiado interés más allá de que sea mejor tenerlo que no tenerlo. En las práctica, el despliegue de 3G, a pesar de ser desplegado primero en Japón, fue lo que permitió, tras su despliegue en los Estados Unidos en 2002, la llegada del iPhone y de las tiendas de apps en 2007, del mismo modo que el despliegue de 4G posibilitó que surgieran, también en el mercado norteamericano, aplicaciones como Instagram o Uber, permitiendo que esas apps alcanzasen suficiente masa crítica antes de lanzarse y convertirse en líderes en el resto del mundo. En la práctica, ser el primero en desplegar la tecnología puede ser importante si con ello consigues capitalizar las inversiones en infraestructura y posibilitar que sean principalmente empresas del propio país las que recojan los beneficios, o si gracias a ello consigues generar un ecosistema que alimente a emprendedores y empresas de todo tipo para lanzar productos que puedan comercializar posteriormente en el resto del mundo con un liderazgo obtenido gracias a la experiencia doméstica.

¿Que es lo que realmente aporta 5G? No se trata simplemente de mayor velocidad y menor latencia, sino de entender las consecuencias de esas dos variables llevadas hasta el punto que esta tecnología permite llevarlas. Más velocidad – hasta cien veces más, aunque posiblemente se reduzca algo tras su despliegue masivo – o que la latencia se reduzca hasta hacerse prácticamente imperceptible es, en realidad, lo que va a permitir el desarrollo de aplicaciones que van desde los entornos tridimensionales holográficos o el vídeo enriquecido, hasta desarrollos de la internet de las cosas como la medicina preventiva, las ciudades inteligentes o los vehículos autónomos, y eso sin considerar las posibles aplicaciones adicionales que puedan surgir sobre una plataforma como esta. De hecho, resulta llamativo que estemos hablando tan poco de una tecnología destinada a cambiar el mundo de una manera tan radical y tangible.

¿Qué hace, por tanto, que los países compitan por el dominio y el despliegue de 5G? Que algunas compañías de telecomunicaciones norteamericanas como Verizon o AT&T estén anunciando ya despliegues de 5G en algunas ciudades o asociados a productos como la televisión no oculta la gran realidad, y es que desde el año 2015, China ha invertido más de 24,000 millones de dólares que los Estados Unidos en infraestructura y desarrollo de 5G, y que en la actualidad cuenta con unos 350,000 puntos frente a los aproximadamente 30,000 que se han construido en los Estados Unidos. La compañía con más patentes en este ámbito es china, y algunas de las decisiones recientes de la administración Trump están destinadas a intentar desesperadamente mantener la titularidad norteamericana de algunas de las compañías consideradas estratégicas. ¿Qué puede ocurrir si China lidera el despliegue de 5G? Pues sencillamente, que muchas de las compañías del país, que cuenta con un importante ecosistema tecnológico empresarial propio generado, en parte, gracias a restricciones impuestas a competidores extranjeros, tengan la posibilidad de desarrollar productos y ganar experiencia en entornos 5G, y que posteriormente, a medida que esos despliegues se lleven a cabo en otras partes del mundo, puedan aprovechar su mayor experiencia para lanzarse en ellas de manera ventajosa. Que aún no existan prácticamente terminales preparados para 5G o que no sepamos cuál va a ser su precio cuando se lancen no importa: lo verdaderamente importante es poder conceptualizar y diseñar los servicios a los que van a poder acceder cuando comience su comercialización.

Que Japón liderase inicialmente el despliegue de 3G, en la práctica, supuso relativamente poco: los emprendedores japoneses no fueron entonces capaces de capitalizar esa ventaja inicial, como sí supieron hacerlo varias compañías norteamericanas. Pero todo indica que esta vez, en el caso de China, la historia podría ser diferente, y que podríamos ver, por ejemplo, a WeChat, que en la actualidad ofrece, además de mensajería, servicios que van desde los pagos móviles hasta la banca online o el transporte, ganando experiencia en entornos completamente sensorizados, y ofreciendo esos servicios a medida que otros países van llevando a cabo su despliegue. Un plus de experiencia que puede llegar a definir quién lidera el panorama tecnológico durante la próxima década y que podría permitir que, dado el ecosistema emprendedor que indudablemente existe en el gigante asiático, generar productos y servicios destinados posiblemente a liderar sus categorías en el resto del mundo. Eso es, en realidad, lo que está en juego con 5G. Y no, no es poco.