IMAGE: AmazonEn plena guerra por la implantación y la cuota de mercado de los asistentes domésticos, Amazon anuncia planes para el lanzamiento de al menos ocho dispositivos controlados a través de Alexa, su asistente de voz, que van desde amplificadores y altavoces, hasta un microondas o un dispositivo multifunción para el coche. La idea es poner a Alexa en todos los sitios donde el usuario pasa cierto tiempo e ir añadiendo funcionalidades que puedan ser controladas mediante la voz, en un mercado en el que la compañía fue pionera, pero que ya no es tan incipiente, y que se prevé alcance un valor de alrededor de treinta mil millones de dólares en el año 2024.

La interacción mediante la voz es, indudablemente, un área en fuerte crecimiento, y en el que un gran número de compañías intentan posicionar sus dispositivos. Sonos, por ejemplo, recién salida a bolsa, ha establecido su posición gracias a convertirse en los primeros equipos de sonido domésticos fácilmente conectables al Echo de Amazon y el Home de Google, y basta echar un vistazo a las apps o skills disponibles para cada uno de estos asistentes domésticos para obtener una amplia panorámica de funciones de todo tipo, desde sistemas de riego hasta iluminación, climatización, seguridad o lo que se nos ocurra. Ni siquiera la idea de conectar el microondas con Alexa es pionera: GE tiene uno a la venta desde hace algo más de un mes.

Frente al primer empuje de Amazon con su Echo, que logró posicionarse gracias a ese efecto pionero como el líder absoluto del mercado, la reacción de Google con su Google Home no se hizo esperar, y en el primer trimestre de 2018 logró por primera vez superar a Amazon en número de unidades vendidas. En ese primer trimestre del año, Canalys calculaba un total de 4.1 millones de dispositivos en el mercado norteamericano, seguido por los 1.8 millones de China (1.1 millones son dispositivos TMall Genie de Alibaba) y los 730,000 de Corea. Google, además, está ganando a Amazon por velocidad en la expansión internacional y en la incorporación de nuevos idiomas. Actualmente, Amazon Echo está disponible o en pruebas avanzadas para seis idiomas y once mercados: en inglés en Estados Unidos, Reino Unido, India, Canadá y Australia; en francés para Francia; en alemán para Alemania; en italiano para Italia; y en español para España y México. Google Home, mientras, está disponible ya en once idiomas gracias al desarrollo llevado a cabo para Google Assistant en el smartphone, y pretende llegar a los treinta a finales de 2018. En la progresiva incorporación de dispositivos a la línea de productos, ámbito en el que Amazon también llevaba ventaja, Google está trabajando con distintos fabricantes para lograr una diversidad mayor, y en algunos casos con buenos resultados. El asistente de Apple, Siri, está disponible en una variedad de idiomas mucho más amplia, pero su dispositivo, el HomePod, dista mucho de haber alcanzado la popularidad de Amazon Echo o de Google Home.

En estos momentos, los usos más habituales para los asistentes de voz domésticos son cuestiones relativamente accesorias, desde poner música hasta escuchar las noticias, encender y apagar luces o controlar el riego o la calefacción. La instalación y configuración de este tipo de dispositivos es razonablemente sencilla para personas con cierta afinidad por la tecnología, pero aún no se considera fácilmente accesible para cualquiera, lo que lleva a que para algunos dispositivos, en el mercado norteamericano se dependa de distribuidores e instaladores autorizados. El propósito de Amazon, que actualmente considera a Alexa como una de las claves de su estrategia, es poner a Alexa en todos los sitios en los que el usuario pasa un cierto tiempo, e ir incorporando prestaciones de todo tipo gracias a la actividad de sus desarrolladores. Sin embargo, a la hora de plantear nuevas funciones y posibilidades, Google tiene una indudable ventaja: la conexión del dispositivo con la cuenta Google del usuario permite la activación de una amplia variedad de funciones altamente personalizadas (calendario, agenda, mapas, contactos, etc.), una información que a Amazon le cuesta más obtener.

Un mercado con un gran potencial, con el crecimiento más importante en este momento de todo el segmento de la electrónica de consumo, y al que, sin embargo, muchos usuarios aún no le ven una decidida utilidad o incluso manifiestan temores por lo que supone de cara a eventuales peligros para la privacidad. Sin duda, nos espera una evolución interesante.

 

IMAGE: AmazonUn artículo en Fintech News, ‘Bank of Amazon’ is disrupting the financial landscape, muestra hasta qué punto el gigante del comercio electrónico, paso a paso, a menudo con iniciativas regionales y sin hacer mucho ruido, ha ido construyendo una oferta de productos financieros cada vez más completa que incluye ya no solo simples medios de pago, sino incluso productos de crédito, seguros, tarjetas recargables, transferencias recurrentes o incluso herramientas para hacer depósitos.

Una muestra más de hasta qué punto el entorno de la banca debe prepararse para una disrupción inminente, que puede provenir ya no de esas habitualmente pequeñas compañías fintech que los bancos miran por encima del hombro creyendo que pueden comprarlas o detenerlas mediante el recurso al regulador si creen que se convierten en una amenaza, sino de la segunda compañía cotizada más grande del mundo en función de su valoración bursátil. Ya que hablamos de reguladores, hace pocos días, el regulador del estado de Nueva York denunció al gobierno federal por las licencias y permisos que estaba concediendo a compañías fintech de todo tipo, en un movimiento que podría ser susceptible de poner en riesgo a sus usuarios y que podría poner en riesgo las posibilidades de competir de los bancos locales… ¿se atrevería ese regulador a denunciar el supuesto riesgo que supone para los consumidores una compañía como Amazon, con muchos más recursos que cualquier banco? ¿Qué opinará ese regulador de la actitud tomada por la Unión Europea desde PSD2, que facilita enormemente la actuación de las compañías fintech impidiendo a los bancos que recurran a una buena parte de las herramientas obstruccionistas que tenían para impedir la operativa de estas?

¿Hay alguien, en algún banco, que esté estudiando con el adecuado rigor los productos financieros que una compañía como Amazon está poniendo en el mercado? ¿Los resultados obtenidos en todos sus experimentos – Amazon es fundamentalmente una compañía experimental, con continuos ensayos y una probada metodología para hacerlos – y en todos los países en los que opera? ¿O que tenga informes detallados acerca de las actividades de otro gigante descomunal como Ant Financial, por poner otro ejemplo? ¿O están “muy ocupados” haciendo cosas que les parecen “mucho más importantes”?

¿Qué reacciones podría generar en el mercado, por ejemplo, el lanzamiento de una cuenta corriente por parte de una compañía como Amazon? Intentemos imaginarlo: ¿sería realmente muy complicado para una compañía como Amazon obtener una licencia bancaria en un país? ¿O inspirar la confianza suficiente en los usuarios como para que les encomendasen la gestión de su dinero? ¿Podemos imaginar de alguna manera un sistema de login o de seguridad tan engorroso e incómodo como el que tienen la mayoría de los bancos españoles, si fuese Amazon quien lo gestionase? ¿Qué tal sería la experiencia de revisar movimientos, comprobar recibos, hacer transferencias o pedir un crédito al consumo si fuese Amazon quien estuviese detrás? ¿Nos imaginamos a Amazon haciendo ese tipo de cosas mejor o peor que los bancos que conocemos?

Independientemente de lo que podamos pensar de una compañía como Amazon, que no deja de ser, según algunos estudios, la compañía que más miedo provoca en el panorama empresarial, tengo la impresión de que una oferta de productos bancarios creada por ella podría llegar a resultar bastante atractiva para un segmento representativo de usuarios. ¿Están los bancos simplemente esperando a que Jeff Bezos tenga un día inspirado y tome la decisión de hacerlo, o están de alguna manera tratando de imaginarse ese escenario y tomando en función del mismo algún tipo de medidas? Francamente, no oigo a demasiados directivos de banca hablar sobre Amazon, y cuando lo hacen, no parece que lo consideren como un posible competidor. ¿Acaso piensan que su negocio es demasiado complejo y está demasiado regulado como para que Amazon quiera entrar en él? 

¿Es la banca la próxima gran industria destinada a experimentar la disrupción? Por el momento, lo único que podemos decir con seguridad es que, decididamente, tiene todos los síntomas para serlo.

 

IMAGE: Homekyle - CC BY SAEl año pasado, aproximadamente por estas fechas, hablábamos sobre la redefinición o muerte de los shopping malls o centros comerciales en los Estados Unidos a raíz del auge cada vez más generalizado del comercio electrónico, y lo que esto podía implicar de cara al futuro. Algo menos de un año después, las predicciones realizadas entonces por los bancos de inversión van camino de confirmarse: Business Insider da cuenta del apocalipsis de esos centros comerciales en un reportaje con cincuenta imágenes desoladoras, y un artículo del New York Times, This space available, incide ya no en la muerte de los centros comerciales, sino de la mayoría de las tiendas a pie de calle, o al menos, de las que no pertenecen a grandes cadenas de distribución capaces de hacer frente a los elevados costes de alquiler a cambio de una cifra de negocio decreciente, o de integrar esas tiendas en infraestructuras logísticas mixtas que les puedan dar sentido en términos de costes.

El cierre de los centros comerciales va, según algunos artículos más allá de la mera pérdida de espacios comerciales: se trata del mítico “tercer espacio”, tras el hogar y el trabajo, donde muchos norteamericanos de todas las edades no solo compraban, sino que también socializaban, llevaban a sus niños a jugar o comían en sus food courts. En algunos países, de hecho, este tipo de costumbres no solo no han mostrado su agotamiento, sino que incluso están aún en fase alcista, como en India, donde se espera la construcción de 85 nuevos centros a lo largo de los próximos cinco años. Pero en los Estados Unidos, a la espera de que la llamada Generación Z termine de definir sus costumbres, los centros comerciales están siendo como mínimo remodelados, pero también abandonados, demolidos, o incluso convertidos en símbolos de la nueva era, como almacenes de Amazon o centros de coworking.

La idea de salir de compras cuando las compras pueden venir a tu casa tras haberlas escogido cómodamente sin levantarte del sofá puede parecer anatema para toda una generación, pero es un cambio que está abriéndose indudablemente paso. Hasta hace poco, se hablaba todavía del showrooming, la práctica de acercarse a una tienda física para poder experimentar y tocar el producto antes de comprarlo, pero adquirirlo después en una tienda online a mejor precio. Ahora, ya ni siquiera eso: las tiendas online han convertido el proceso de devolución en tan sencillo, que mucha gente simplemente hace clic y procede a devolver si una vez visto el producto, no les convence. Un número cada vez más alto de personas renuncian a la idea de correr en las rebajas, y simplemente abren la página de tiendas de ropa que les permiten no solo escoger lo que quieren ponerse y recibirlo en casa, sino también probárselo cómodamente en su habitación con su propio espejo, y esperar a que venga después el operador logístico de turno a recoger las devoluciones, o acercarlas a una tienda física de la misma marca exhibiendo simplemente un código de barras en la pantalla del smartphone. Las compras de conveniencia, el “me falta esto”, se está viendo sustituido por una logística de última generación capaz de llevarte a casa los ingredientes del desayuno o las cuatro cosas que te faltan para una receta en menos de dos horas, algo que aún se ve como mítico fuera de las grandes capitales, pero que en estas se ha convertido ya en un hábito para muchos. Bajar a comprar a las tiendas del barrio es algo que ya solo se justifica para moverse y airearse un poco.

¿Qué pasa cuando superamos la primera fase del comercio electrónico, la de “compro aquello que no encuentro fácilmente en mi entorno a escasa distancia”, y pasamos a la segunda, a la de “compro cualquier cosa porque llega en seguida, es más barato o es más cómodo”? ¿Qué impacto tiene que dejemos de comprar artículos excepcionalmente, y pasemos a hacer sistemáticamente la compra y todo tipo de artículos a través de la web? ¿Qué nivel de consolidación veremos para estas tendencias dentro de unos años? ¿Estamos ante un cambio de era del comercio local tal y como lo conocemos, que podría llevar al cierre no solo de muchos centros comerciales, sino también de muchísimas tiendas de calle tal y como las conocemos? ¿Cuántas tiendas no pertenecientes a grandes cadenas quedan en tu barrio? ¿Qué edad media tienen sus clientes? ¿Está tu país o tu entorno en una fase más cercana a la de India, donde aún se abren nuevos centros comerciales y prolifera el comercio de calle a pesar del indudable avance del comercio electrónico, o más en línea con las grandes ciudades de Estados Unidos, donde estos establecimientos no dejan de cerrar y donde los locales vacíos proliferan a ritmos preocupantes?

 

Amazon Prime price increase in SpainAyer, Amazon comunicó a sus usuarios españoles un incremento del precio de Amazon Prime, su programa de suscripción preferente que proporciona acceso a una tarifa plana de logística y a varios de sus servicios, desde los 19.95 euros hasta los 36.

Un incremento indudablemente sustancial, que sigue a otros experimentados en la mayoría de sus mercados: en Estados Unidos, el ajuste se llevó a cabo el pasado 11 de mayo, y llevó el precio desde los 99 dólares hasta los 119, aunque incluye algunos servicios más y catálogos sensiblemente más amplios en cuestiones como la música o los libros. En otros mercados de nuestro entorno, la oferta de servicios es básicamente similar, pero los precios no lo son, y oscilan entre los 88 euros (79 libras) del Reino Unido, los 69 de Alemania o los 49 de Francia. En Italia, el esquema de precios y catálogo es idéntico al de España, el incremento ha sido idéntico, y se comunicó también hace muy poco tiempo.

¿Cuál puede ser el efecto de una subida tan importante sobre un producto que, sin duda, es uno de los más estratégicos para la compañía? Los clientes de Amazon que se suscriben a Prime pasan a consumir prácticamente el doble en la plataforma debido a la percepción del incremento de la conveniencia y al efecto de querer rentabilizar el pago de la suscripción, y además de crecer a un fuerte ritmo en prácticamente todos los mercados en los que la compañía está presente, experimentan una tasa de renovación de prácticamente el 100%. En los Estados Unidos, la penetración del producto es brutal: un 51% de los hogares norteamericanos están suscritos a Prime, un porcentaje que asciende al 70% en hogares con ingresos superiores a los 150,000 dólares. A nivel internacional, la tasa de crecimiento anual compuesto de las suscripciones entre 2016 y 2018 fue del 56%. En su carta a los accionistas del año 2016, Jeff Bezos afirmó que la compañía busca “que Prime tenga una propuesta de valor tan buena, que sea irresponsable no ser miembro”.

La elasticidad del precio es una medida utilizada en economía para mostrar el grado de respuesta, o elasticidad, de la cantidad demandada de un bien o servicio a los cambios en el precio de dicho bien o servicio. Sus determinantes son variables como la disponibilidad de productos sustitutivos, el porcentaje que representa el incremento sobre la renta del consumidor, el nivel de necesidad, la duración, la amplitud de la definición del bien, la fidelidad a la marca y el quién paga. Estudiar los efectos de cada uno de estos determinantes resulta revelador: obviamente, aunque Amazon Prime no sea, como tal, un producto de primera necesidad en absoluto, carece prácticamente de productos sustitutivos comparables, debido fundamentalmente a la amplitud de su definición. La percepción del producto va desde la comodidad de una logística sin precedentes hasta la posibilidad de acceso a servicios como su catálogo de libros o de música, y de una gama creciente de posibilidades. Un producto que sabes que si das de baja, echarás de menos por alguno de sus aspectos rápidamente. Y por supuesto, una marca que indudablemente es capaz de generar fidelidad, aunque lo haga de una manera completamente distinta a lo habitual, y que logra que cada vez más usuarios sean capaces de superar la idea de que están haciendo algo malo cuando utilizan sus productos y servicios.

¿Qué compañía en su sano juicio anunciaría un incremento de precio de casi el doble a un producto tan enormemente estratégico para su crecimiento como este? Sin embargo, la impresión, tras los incrementos de precio en otros mercados, es que Amazon Prime es un producto prácticamente inelástico, incluso ante incrementos tan dramáticos como los que se han llevado a cabo en España o Italia: los clientes que ya lo tenían soportan el cambio porque no quieren prescindir de las ventajas a las que da acceso la suscripción, y tampoco parece que afecte especialmente al crecimiento de nuevos suscriptores. Además, la llegada de nuevos productos y servicios, como Amazon Echo o Amazon Fire TV actúa igualmente como una manera de fomentar el uso, situando a la compañía en un nivel más central de presencia e incrementando el consumo. Cada hogar que habla con Alexa o que utiliza el stick de Amazon Fire en su televisión se convierte en un usuario más intenso del resto de los productos de la compañía.

Las previsiones recientes de los analistas apuntan a un incremento muy fuerte en el precio de la acción de la compañía que, si nada se tuerce, podría convertirse en la siguiente en entrar en el llamado “trillion dollar club”. No cabe duda: cuando tienes una escala determinada que te permite ofrecer productos como Amazon Prime, el concepto de elasticidad del precio pasa a tener una dimensión muy diferente a la que tiene para el resto de los mortales.

 

Apple (05/07/2018) - Google Finance José Luis G. Ochoa, de El Español, me llamó anteayer para hablar sobre Apple y las expectativas generadas por la ruptura del histórico techo de un millón de millones en su valoración, y ayer publicó un reportaje titulado “Apple, los riesgos (y desafíos) que enfrenta la empresa del billón de dólares” (pdf) en el que me cita. 

En mi conversación con José Luis intenté dejar claros cuáles son mis argumentos para defender que la compañía tiene recorrido para seguir avanzando en su valoración: una estrategia coherente basada en brillantes procesos de innovación que suponen auténticas reinvenciones de lo que una categoría debería ser y se convierten en hitos a imitar por todos los demás,  productos que “no son para todo el mundo” pero que posibilitan, precisamente por ese enfoque, que la compañía no se centre en el volumen, sino que viva cómodamente instalada en la capitalización del importante margen que le proporcionan, muy superior al que obtiene cualquier otro de sus competidores.

El hito del billón de dólares – o trillón, como dicen los anglosajones – no es, en realidad, tan importante. Un millón de millones es un número indudablemente muy grande, enorme… pero es tan solo eso, un número. Según como definamos la valoración de una compañía, podríamos incluso considerar que Amazon vale más que Apple, aunque eso no cambia la premisa de la ecuación principal: si pensamos que las candidatas a llegar a ese hito simbólico son empresas como la ya citada Amazon, Alphabet o Microsoft, el mundo es, sin ningún lugar a dudas, de las llamadas “compañías tecnológicas”.

Ahora, además, Apple cuenta con otra importante ventaja: una generación de cash prácticamente ilimitada basada en su estatus de competidor en el mercado de la electrónica de consumo, que le permite sentarse sobre una enorme pila de dinero que puede escoger en qué momentos devolver a sus accionistas. Tras muchos años de ver cómo todas las compañías tecnológicas despreciaban el reparto de dividendos y lo consideraban típico de empresas anticuadas, ahora resulta que Apple no solo los reparte, sino que lleva a cabo agresivas recompras de acciones que le permiten no solo mantener a sus accionistas enormemente contentos, sino además, prácticamente manipular el valor del precio de su acción ante cualquier posible eventualidad, como la que podrían representar los posibles efectos del recrudecimiento de la guerra comercial con China. Tan solo en el segundo trimestre del 2018, la compañía invirtió 20,000 millones en recompra de acciones. Inversores fieles, y por supuesto, usuarios fieles: cada nuevo producto de Apple tiene el efecto multiplicador que supone que todos sus usuarios altamente satisfechos encuentren un nuevo motivo para pasarse por la Apple Store

También llama la atención la magnitud de los mitos y las percepciones absurdas con las que se critica a la compañía: ¿que la Apple de después de Jobs no es innovadora o no va tan bien? Cuando Steve Jobs murió, hace ahora siete años, la compañía seguía una marcha indudablemente exitosa… pero su valoración era de “únicamente” 350,000 millones de dólares. Los 650,000 restantes se han conseguido en la era post-Jobs, con Tim Cook al frente de la compañía. En ese período, Apple ha hecho mucho, muchísimo más que simplemente “vender más de lo mismo en distintos formatos y tamaños”: se ha convertido en un gigante de los servicios, que ahora contribuyen de manera muy significativa a su facturación y la convierten, por ejemplo, en una impresionante compañía de fintech; en una alternativa a Spotify, o en la que ha reinventado exitosamente categorías como la cartera o el reloj de pulsera, en ese último caso con un enfoque hacia el mundo de la salud preventiva que podría terminar teniendo mucha más proyección de la que parece.

Precisamente de esto es de lo que depende el punto en el que situemos el posible techo de valoración de la compañía: de su capacidad para reinventar nuevas categorías de producto. El automóvil es una de esas posibilidades, un mercado al que Apple no sería, sin duda, la primera en llegar, en el que potencialmente podría proponer alternativas interesantes, pero también lo es el home entertainment, en el que actualmente tiene productos necesitados de un replanteamiento como Apple TV o HomePod, dependientes tanto de mejoras en Siri – hoy sin duda la más patéticamente tonta de todos los asistentes de voz – como de algún tipo de combinación con sus productos de servicios.

A corto plazo, veremos más de lo mismo: nuevos modelos de iPhone volverán a generar importantes picos en ventas que elevarán la valoración de la compañía de manera consistente, asegurando el suelo del billón de dólares de manera sólida. Pero a largo, la gran pregunta: ¿cuáles son esas categorías en las que la compañía está preparando reinvenciones y que podrían redefinir su techo de valoración?