Tesla Model 3

Algo interesante podría estar pasando en el mercado automovilístico norteamericano: las ventas del primer vehículo producido para un mercado masivo por Tesla, el Model 3, sobrepasaron en el mes de julio las de todos sus competidores en el segmento de vehículos de lujo pequeños y medianos, fabricados por compañías como BMW, Mercedes, Audi, Lexus, Cadillac, Infiniti, Acura, Volvo, Alfa Romeo o Jaguar. Las ventas del Model 3 llegaron hasta las 16,000 unidades, frente a las 12,811 de BMW o las 11,835 de Mercedes, sus perseguidores más cercanos.

Más allá de las ventas, resulta interesante hablar de las percepciones que rodean al vehículo, que consigue no solo mantener la tradición de automóvil divertido de conducir habitual en la marca, sino además, adelantar un concepto de “automóvil como smartphone gigante” que aunque pueda presentar aún algunas limitaciones funcionales, claramente funciona, y presagia cambios que veremos más adelante en el resto de las marcas, siguiendo una filosofía muy similar a la de Apple: redefinir y adelantar los conceptos que otras compañías adoptarán más adelante. Mientras otras compañías avanzan en su objetivos de conducción autónoma proporcionando al conductor más y más ayudas, Tesla podría pasar a incorporar autonomía completa en la versión 9 de su software que se presentará este mes de agosto, y que se actualizará durante la noche en muchos de los vehículos que los clientes tienen ya en sus garajes.

¿Qué ocurre cuando un mercado marcadamente tradicional como el norteamericano se da la vuelta y consagra como líder en uno de sus segmentos a un vehículo eléctrico? El Model 3 fue desde el primer momento un reto para Tesla: el primer automóvil con un precio alcanzable para una familia de clase media o media alta, con un precio que comienza en los 35,000 dólares, con el que pretendían cumplir los plazos de fabricación y entrega anunciados – lo consiguieron, aunque fuese unas no significativas cinco horas más tarde – y claramente, una parte muy importante en su estrategia, revelada por Elon Musk en una entrada en el blog de la compañía en agosto de 2006. Si para cumplir era necesario contratar a un número récord de trabajadores, cambiar una filosofía de mecanización posiblemente excesiva, construir enormes cadenas de montaje bajo carpas en el exterior de la fábrica o incurrir en pérdidas millonarias, no importa: la compañía no está fabricando coches, está cambiando el mundo, y eso es algo que cuesta dinero. Para algunos, los esfuerzos de Tesla para fabricar masivamente el Model 3 son una auténtica reinvención de la forma de fabricar automóviles. Y de nuevo, el mercado ha saludado las iniciativas y resultados de Tesla con una subida récord del 16%, la mayor ganancia en un solo día de los últimos cinco años.

Hace pocos años, el elemento que los ricos comenzaron a utilizar para impresionar a sus amigos dejó de ser un vehículo importado alemán o italiano muy potente, y pasó a ser un Tesla: no solo batía en prestaciones a los de esas marcas, sino que además, permitía exhibir una conciencia ecológica y sostenible. Ahora, esa idea se convierte en accesible ya no solo para los ricos dispuestos a gastarse por encima de los 70,000 dólares en un vehículo, sino para los que se gastan en torno a la mitad: no es “el coche para las masas”, pero sí el que muchos hogares pueden permitirse cuando invierten en un vehículo. Y por otro lado, un planteamiento económico en el que, al incorporar en el cálculo costes como los descuentos, el combustible, el mantenimiento o el valor de recompra; o ventajas como la posibilidad de aparcar gratis en todo tipo de plazas o de circular por las vías de alta ocupación, pasa a tener mucho sentido para cualquier hogar que haga en torno a los 20,000 kilómetros anuales. Cuando tu vendedor de coches no insiste en que te compres un vehículo eléctrico e insiste en que te lleves modelos de gasoil o gasolina, plantéate por qué puede ser.

Si Tesla consigue mantener la tendencia y el liderazgo de julio en el hipercompetitivo segmento medio del automóvil de lujo, podemos estar hablando de algo verdaderamente importante: un mercado extremadamente tradicional y profundamente apegado a los vehículos de combustibles fósiles, que comienza a darse cuenta de que lo eléctrico no solo es cool, sino que además, tiene mucho sentido. Una tendencia que indudablemente se reforzará a medida que otras marcas se vean obligadas a seguirla para mantener su competitividad: varias marcas están invirtiendo fuertemente en la fabricación de baterías, mientras otras avanzan en sus objetivos para presentar modelos eléctricos lo antes posible. Al final, la estrategia de Tesla podría, independientemente de los resultados económicos de la compañía y de la grandilocuencia de su fundador, terminar teniendo mucho sentido.

 

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