Broadcom and Qualcomm logosDonald Trump bloquea mediante una orden ejecutiva presidencial la que habría sido la adquisición tecnológica más importante de la historia, una operación que lleva mucho tiempo fraguándose dentro de la corriente de consolidación que agita a la industria de los semiconductores: la adquisición de la norteamericana Qualcomm por parte de Broadcom, una compañía basada en Singapur, que a su vez provenía de la adquisición anterior de la norteamericana Broadcom por Avago.

En la operación anterior, realizada en 2015, la compañía resultante, que tomó el nombre de la empresa adquirida, Broadcom,  pasó a estar radicada en Singapur. Ahora, el apoyo entusiasta de su CEO, el malayo educado en el MIT y en Harvard Hock Tan, y sus garantías de traer la sede de la compañía a los Estados Unidos, no han servido para evitar la actuación del gobierno norteamericano, que siguiendo un informe del Comité para la Inversión Extranjera en los Estados Unidos (CFIUS), ha decidido bloquear la adquisición antes incluso de que esta fuese anunciada.

En el trasfondo del tema, el dominio de la tecnología 5G: los temores del CFIUS y del Departamento del Tesoro se centran en que el fuerte apalancamiento llevado a cabo por Broadcom para obtener fondos para la adquisición pudiesen conllevar una disminución subsiguiente de la inversión en Qualcomm, lo que pondría en peligro la posición de la compañía en 5G y permitiría a Huawei, la compañía con más patentes en ese ámbito y varias veces bloqueada sin pruebas aparentes por la administración norteamericana, aprovechar la oportunidad de avanzar más aún en una tecnología que el gobierno norteamericano considera estratégica. El anuncio y compromiso de Broadcom de mantener e incrementar la inversión en Qualcomm no ha servido para aplacar los temores de la administración, que considera la fiebre por la consolidación de Hock Tan de excesivamente especulativa, y el estatus de Qualcomm como suministrador del ejército de los Estados Unidos contribuye más aún, si cabe, a complicar la operación.

Se especula con que Broadcom podría haber evitado el bloqueo si hubiese llevado a cabo su operación de cambio de sede a los Estados Unidos antes del anuncio de la adquisición, dado que eso habría situado el proceso fuera del alcance del CFIUS al convertirla en una operación de consolidación entre compañías norteamericanas. Otras fuentes, en cambio, aterrorizan al a industria tecnológica al asegurar que la administración Trump se dispone a extender la autoridad del CFIUS para que supervise ya no solo las adquisiciones, sino incluso las tomas de participación minoritarias de capital chino en las rondas de financiación de compañías norteamericanas, lo que podría bloquear la entrada de una gran cantidad de dinero chino que, desde hace algún tiempo, termina siendo invertido en Silicon Valley. Cortar el flujo del hiperactivo capital chino hacia la industria tecnológica norteamericana podría privar a esta de una importante fuente de recursos y dinamismo.

La prohibición de operaciones de adquisición de fabricantes de chips norteamericanos por parte de empresas chinas tiene ya algún precedente, pero no de tanta importancia cuantitativa. En general, los intentos de protección de la industria tecnológica norteamericana por parte del gobierno del país son parte de una estrategia de proteccionismo más amplia, que incluye el establecimiento de aranceles a productos extranjeros como el acero: el enfoque en los chips y en las redes de transmisión de datos solo refuerza hasta qué punto estas tecnologías se han convertido en vitales desde un punto de vista tanto económico como militar. El problema de la tecnología es que no funciona como una materia prima, sino como un elemento con una complejidad muy superior: bloquear la adquisición de Qualcomm no garantiza que su capacidad competitiva vaya a superar a la de otras compañías extranjeras, y de hecho, podría resultar prejudicial al interponerse en una corriente de consolidación en la industria. Si Broadcom, tras ver bloqueados sus intentos, decide poner sus miras en otros competidores no norteamericanos y continuar con sus intentos de hacerse más y más grande, los esfuerzos de Trump por mantener un proveedor norteamericano para sus redes 5G podrían terminar resultando en unas redes menos competitivas y en un lastre para la economía del país: el proteccionismo, en tecnología y en otros ámbitos, pocas veces ha generado un impacto global positivo a medio y largo plazo, sino más bien todo lo contrario. Convertir de facto a Qualcomm en prácticamente el suministrador preferente de tecnología 5G por el hecho de ser norteamericana en lugar de hacerlo por ser la mejor tecnología disponible no parece, me temo, la mejor manera de asegurar que los Estados Unidos sean capaces de tener unas infraestructuras competitivas.

 

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