Twitter logoLas recientes noticias en torno a Twitter son de todo menos tranquilizadoras para quienes encontramos un valor importante en la red del pájaro azul: múltiples conversaciones encaminadas a la venta de la compañía, en las que todos los potenciales compradores acaban dando marcha atrás. Aparentemente, nadie quiere hacer una oferta por Twitter.

¿Necesita realmente Twitter encontrar un comprador? Todo indica que sí. Tras bastantes años de luchas políticas internas y de intentos de redefinición buscando actividades potencialmente lucrativas, la mayor parte de las personas que conozco y que utilizan Twitter siguen pensando que la herramienta les aporta un gran valor y que si no existiese, habría que inventarla… pero la compañía tiene serios problemas tanto para alcanzar una cifra de negocio que la haga viable, como para mantener el precio de su acción.

El problema, claro está, es la propia esencia de la actividad: una red social centrada en la inmediatez, devenida en un sistema de información global que nos permite saber lo que pasa en cualquier lugar del mundo en cualquier momento y definir nuestros intereses con la precisión de un cirujano en función del portfolio de personas, medios y compañías que decidimos seguir, tiene obviamente muchísimo sentido. Twitter es perfecto para quien necesita mantenerse informado de un tema específico, es ideal para seguir la actualidad en general, es genial para medir la actividad en torno a cualquier tema y es fiable para proporcionar datos sobre las reacciones a cualquier cosa… pero aunque todas esas actividades puedan ser importantes para muchos, resulta enormemente difícil plantearse cómo convertirlas en rentables. Y aunque la compañía ha llevado a cabo a lo largo de los años una brillante labor creativa para generar formatos publicitarios que, sin convertirse en molestos, permitan a los anunciantes llegar a su público objetivo, todo indica que ni las cifras ni las previsiones de crecimiento satisfacen al mercado ni a sus accionistas.

¿Qué hacemos con Twitter? A lo largo de muchos cursos, he podido presenciar cómo mis estudiantes iban pasando de entender Twitter como una forma de mantenerse en contacto con los amigos y las noticias de sus países de origen, a interpretarla como una manera de crear una imagen o marca personal, a verla como una forma de seguir a sus ídolos o a los personajes de las industrias que les interesaban, y últimamente, a meter sus cuentas en la nevera o a utilizarlas solo en modo lurking, limitándose simplemente a poner la oreja. Mi impresión es que mientras Twitter no sea capaz de explicar a sus usuarios las distintas propuestas de valor que ofrece y a convertir su red en un sitio razonablemente seguro donde determinadas actitudes no encuentren cabida, seguirá viendo cómo las cifras de engagement bajan y el número de cuentas inactivas se incrementa. Es posible que, en cierta medida, deba ser así: no todos aquellos que tienen la capacidad de abrir una cuenta de Twitter – es decir, cualquiera – tienen el sentido común necesario o las suficientes cosas que decir como para alimentar esa cuenta con una participación activa y regular. Muchos usan Twitter de manera pasiva, simplemente para seguir a personas que les interesan o con las que quieren sentir una mayor proximidad, y no tienen especial interés en compartir nada ni en participar activamente.

Pero independientemente del uso, el problema es, claramente, cómo convertir esa actividad en algo económicamente viable. Eso es lo que los sucesivos equipos directivos de Twitter, a lo largo de los años, no han sido aparentemente capaces de encontrar. ¿Puede un nuevo propietario generar las sinergias adecuadas para ello, encontrar el santo grial que la haga económicamente viable? ¿O nos pongamos como nos pongamos, no hay manera de monetizar una actividad así, por mucho que a sus usuarios fieles nos parezca un producto fantástico e insustituible dentro de nuestros hábitos de consumo y producción de información? Si desde dentro no aparecen soluciones, y desde fuera no viene nadie con la entidad suficiente que esté dispuesto a dar un paso adelante, o no en las condiciones requeridas… ¿que le depara el futuro a Twitter?

 

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