IMAGE: Nerthuz - 123RFHace un año, escribí una entrada titulada “La industria del automóvil en su laberinto“, tratando de plasmar la desazón que me generaba acudir al North American International Auto Show (NAIAS) y comprobar cómo los temas de los que hablaba la industria cuando intentaba “hacerse la moderna” estaban, un año más, prácticamente ausentes e ignorados en un show caracterizado por las booth babes, la potencia de los motores de explosión, los SUV monstruosos y la exhibición de más y más caballos de potencia.

Un año después, no he podido volver a NAIAS para comprobarlo por mí mismo – posiblemente debido del artículo anteriormente citado, que entre otras cosas surgía de un enfrentamiento en Twitter con un directivo de la marca que pagaba mi viaje – pero los que sí han estado siguen comprobando lo mismo que yo: que NAIAS es un bajón de expectativas fortísimo viniendo del CES de Las Vegas, que la presencia de las marcas de automóviles en CES no tiene absolutamente nada que ver con la de las mismas marcas en NAIAS, que lo de mirar al futuro se queda en la simple estética, y que lo que hacen es mostrar y rendir culto a los mismos modelos salvajes, enormes y que devoran litros y litros de gasolina que adoraban los años anteriores.

Una industria de petrol-heads que sigue rindiendo culto a los mismos símbolos, y que aísla las iniciativas de renovación en una exposición satélite, el Automobili-D, separada de la principal, “no vaya a ser que se nos pegue algo”.

Algo cambia con respecto al año anterior, sin embargo: la industria se ha dado cuenta de que sus calendarios no tenían ningún tipo de sentido, y se ha puesto a gastar millones como loca – hasta noventa mil, según la estimación de Reuters – para electrificar su oferta. Ford ha anunciado una inversión de once mil millones de dólares para poner dieciséis modelos completamente eléctricos y veinticuatro híbridos enchufables en su gama en cinco años, con el primero llegando en el año 2020. El movimiento de Bill Ford para situarse en este ámbito es una obvia respuesta al movimiento anterior de la GM de Mary Barra, que el pasado octubre anunció la pronta salida al mercado de dos modelos eléctricos como parte de una iniciativa que la llevará a tener veinte vehículos completamente eléctricos antes de 2023, tanto de baterías como de célula de hidrógeno, y que hace pocos días anunció un modelo completamente autónomo sin pedales ni volante. Las compañías automovilísticas siguen hablando de sus visiones grandilocuentes y de la necesidad de reconquistar las calles, pero mantienen una total desinformación acerca de sus calendarios para este tipo de visiones, lo que las convierte, a efectos de realidad, en poco menos que ciencia-ficción.

De hecho, todo indica que algunas de las compañías están desesperándose para disponer de modelos eléctricos en su gama porque saben que los necesitarán para cumplir los muy agresivos requerimientos del gobierno chino para estar presente en su enorme mercado – toda marca que importe más de treinta mil vehículos al gigante asiático tendrá que asegurar que al menos el 10% de ellos son eléctricos, híbridos enchufables o de célula de hidrógeno antes de 2019, porcentaje que se elevará al 12% en 2020 – lo que convierte la reacción en prácticamente un movimiento defensivo. De hecho, la Volkswagen del dieselgate, con una fortísima presencia en el mercado chino, ha anunciado que su inversión se duplicará hasta los cuarenta mil millones de dólares.

Un año después de mi articulo, la industria del automóvil sigue intentando aparentar que está a la altura de la tecnología – hasta Ferrari pretende lanzar un modelo eléctrico para demostrar que las prestaciones obtenidas por Tesla están a su alcance – pero jugando con los mismos trucos: los híbridos enchufables como auténtica trampa para convencer a usuarios poco informados y que se sientan bien con vehículos que en muchos casos contaminan más que sus equivalentes de combustión, y plazos poco definidos para seguir prolongando la vida de la tecnología que siguen considerando central, su auténtica razón de ser. No, esto no es una cuestión de prisas. Tus planes no pueden – o no deberían – depender de las restricciones impuestas por uno u otro mercado. Esta reconversión debería provenir de un convencimiento real, de un verdadero cambio de mentalidad, de la constatación de que los vehículos de combustibles fósiles están destrozando el planeta, y deberían, en total puridad y en virtud de las evidencias que tenemos, ser prohibidos. Seguimos viendo una industria que no cambia porque crea que debe cambiar, sino porque la obligan. Lo dije en su momento, y lo mantengo: a este paso, terminaremos poniendo a las marcas clásicas de automoción en el mismo lugar que ocupan en nuestras mentes las empresas tabaqueras.

 

Open Banking APIx

En octubre de 2015, el Parlamento Europeo adoptó una versión revisada de la Payment Services Directive, PSD2, destinada a promover el uso y desarrollo de servicios de pagos innovadores y móviles a través de la apertura de los servicios bancarios. Contrariamente a lo que suele ocurrir con las directivas comunitarias, que suelen dejar un amplio espacio a los países miembros para su implementación, PSD2 no lo hace: es sumamente estricta en su hoja de ruta, y ahora es cuando empezamos a ver sus primeros frutos.

El Reino Unido fue uno de los países que, de una manera más clara, vio en PSD2 una mayor fuente de oportunidades. Con numerosas compañías en vanguardia del fintech desde sus inicios, las autoridades del país vieron la posibilidad de utilizar la regulación como una fuente de dinamismo para el mercado: en agosto de 2016, la Competitions and Market Authority (CMA) del Reino Unido publicó una directiva en la que requería a los nueve bancos más grandes del Reino Unido que permitieran que las startups con licencia accedieran directamente a sus datos si el usuario así lo requería, hasta el nivel de transacciones en cuenta, y estableció la fecha del 13 de enero de 2018 como límite para su aplicación, convirtiéndose así en el primer país en llevar a la práctica este concepto. De hecho, el interés del país es suficientemente importante como para mantener sus planes de manera completamente independiente al desarrollo del Brexit.

Podemos ver explicaciones sobre Open Banking en diversos formatos, desde manejables infografías, hasta completos artículos al respecto o informes de consultoras. Lo que tenemos que saber, básicamente, es que la nueva directiva cambia el modelo de actuación de la banca tradicional y la obliga a presentar sus datos en forma de APIs (interfaces de programación de aplicaciones) estandarizadas y accesibles para cualquier actor aprobado para ello que lo demande en virtud de una petición de sus clientes. Como tal, Open Banking no es una aplicación, ni un servicio como tal, sino una forma de facilitar el intercambio de datos a requerimiento del usuario. proporcionando a este un nivel completo de control sobre esos datos: los bancos dejan de tener esa gestión como un derecho exclusivo, y se ven obligados a incorporar APIs para permitir que cualquier actor autorizado como tal pueda acceder a los datos de sus usuarios. A partir de aquí, lo que queramos.

¿Qué ha ocurrido a partir del día 13 con la llegada de la fecha límite y la aplicación de Open Banking en el Reino Unido? De buenas a primeras, prácticamente nada. El regulador ha emitido cartas a los principales bancos con instrucciones al respecto, algunos han pedido prórrogas para terminar de adaptarse, y por el momento, no se ha visto mucho más. Sin embargo, aunque los comienzos sean lentos, haya pocas noticias al respecto, muchos usuarios no tengan ni idea de qué estamos hablando, y las compañías que quieran participar deban registrarse y ser homologadas para ello, un proceso no especialmente sencillo, estamos hablando del mayor cambio que hemos presenciado en la actividad bancaria desde prácticamente el inicio de los tiempos, y de algo que dará lugar a un ecosistema completamente diferente.

De entrada, la idea es dar entrada en la gestión de nuestro dinero y nuestra actividad económica a un número de actores mucho más elevado siempre que cumplan unos requisitos determinados y que exista un control del usuario. Esto puede ser una vía de entrada, obviamente, para muchas nuevas compañías dentro del mundo fintech, pero también para los grandes actores del mundo online, como Google o Facebook, con todo lo que ello conlleva. Con las nuevas reglas, cualquier entidad aprobada podrá no solo gestionar pagos o transacciones sin necesidad de llegar a acuerdos con los bancos o sin hacer scrapping de los datos del usuario a partir de su usuario y contraseña, como ocurría hasta el momento. La fase inicial tiene un ámbito limitado e incorpora únicamente datos de la cuenta corriente: las tarjetas de crédito y otras cuentas de pagos serán agregadas a lo largo de los próximos dos años, en una fase compleja en la que se prevén problemas de diversos tipos, mala prensa, artículos interesados hablando de terribles peligros, bancos tradicionales intentando convencernos de que “eso ya lo hacían ellos”, o incluso posibles ofuscaciones interesadas para intentar evitar la percepción de una transición sencilla.

Pese a la escasa publicidad y la aún relativamente baja incidencia de la llegada de la fecha límite, no nos confundamos: estamos ante la innovación que dará forma al nuevo ecosistema bancario, a la posibilidad de que confiemos en otros actores innovadores o en software inteligente para administrar nuestro dinero. Si los bancos tradicionales quieren ser algo más que simples contenedores comoditizados, tendrán que mejorar su propuesta de valor y, sobre todo, convertirse en atractivos para unos clientes que, a día de hoy, por lo general, no los tienen en la mejor de sus estimas. A todos los efectos, en banca, estamos comenzando una nueva era.

 

Es cierto. La gente te compra si eres más barato. Pero si lo piensas tarde o temprano acabas compitiendo con Amazon. Creo que no es tan buena idea.

pensarDerechos de foto de Adobe Stock

Por lo tanto mola mucho más ser diferente. Es lo que más me gusta a la hora de montar un negocio. Te presento tres ideas que igual todavía no se te habían ocurrido.

Envío y transporte

Hoy mismo he hablado con un amigo que me comentó de una empresa que se habían hecho un hueco gracias a haber encontrado mejores soluciones de envío. Tanto para productos muy pesados, frágiles o voluminosos el transporte puede suponer un reto o ser directamente imposible. Igual encuentras una forma en solucionar este tema en nichos donde todavía no se ha encontrado. Te daré una pista. Esta persona se movía en el sector de las manualidades y tenía como clientes sobre todo profesores de colegio.

Packs de productos

Una forma muy sencilla para diferenciarse en nichos de mucha competencia es crear packs que todavía no existen. Sobre todo para la venta en marketplaces esta forma de venta conjunta es ideal. Es algo que estoy practicando con éxito en Amazon e Ebay por lo que te puedo confirmar que funciona. Aquí explico cómo tú también puedes hacerlo.

Añadir un poco de Star Wars

Esto te puede parecer un poco friki pero justo de eso se trata. Star Wars en realidad es únicamente un ejemplo. Se trata de sacar provecho de forma legal de la fuerza existente de una marca potente que todo el mundo conoce y que tiene un gran número de seguidores. Es cómo sentarse en el hombro de un gigante para aparentar más grande de lo que eres. Las calidades positivas reflejarán en ti para ayudarte a vender tus productos o servicios.

No te obsesiones con vender. No es la forma de enfoque adecuada. O eso por lo menos es lo que he podido averiguar en los últimos 10 años. Céntrate en crear experiencias positivas con tu audiencia. El resto llegará. Paciencia… ;)

Bruselas vigilará la obsolescencia programada tras las sospechas sobre Apple - El País

Marimar Jiménez me llamó el pasado viernes para hablar sobre las recientes revelaciones sobre el deterioro de las prestaciones de algunos modelos antiguos de iPhone por parte de Apple y cómo esto ha despertado el debate sobre el uso de la obsolescencia programada como método para inducir una renovación más rápida del parque instalado, y hoy publica un artículo sobre el tema junto con Bernardo de Miguel en El País y Cinco Días titulado “Bruselas vigilará la obsolescencia programada tras las sospechas sobre Apple“.

En nuestra conversación, tratamos fundamentalmente la diferencia entre casos patentes de engaño al usuario o de inducción de un deterioro intencionado en un producto para provocar su sustitución, como es el conocido caso de Epson y su alerta que obliga a cambiar un cartucho aunque esté lleno de tinta (un caso que proviene de 2008, o posiblemente antes), frente a casos en los que lo que se pretende preservar es una experiencia de usuario determinada.

Obviamente, en el caso de Apple puede haber elementos de ambas cosas: a toda marca le interesa promover una renovación de los productos que vende, y en el caso de Apple, siempre ha procurado mantener un parque instalado lo más actualizado posible con el fin de reducir los costes derivados del mantenimiento, lo que incluye calificar equipos perfectamente funcionales como vintage a los cinco años con el fin de reducir el inventario de recambios a mantener. Pero sin duda, existe otro elemento: las baterías se deterioran en un proceso inevitable que puede ser monitorizado, y cuando comienzan a no ser capaces de suministrar determinados niveles de tensión de manera sostenida, hay procesos que demandan esos niveles de tensión que pueden provocar un reinicio involuntario del terminal. Es evidente que el hecho de que un terminal que estás utilizando se reinicie de manera aparentemente espontánea no es algo simplemente molesto, sino un problema de primera magnitud que compromete la experiencia de uso, y que puede de hecho terminar con el usuario arrojando el terminal contra la pared. Con el fin de evitar ese fenómeno, documentado en una amplia variedad de marcas, Apple toma la decisión de reducir las prestaciones del terminal en su conjunto a partir de un determinado nivel de deterioro de su batería, lo que impide que se produzcan esos molestos reinicios, a cambio de provocar una ralentización del terminal.

¿Tiene sentido lo que hace Apple? Técnicamente, sí. Si alguien ha pasado por la experiencia de intentar utilizar un terminal que se reinicia constantemente, sabe que sí: frente a no hacer nada y dejar al usuario que se las arregle como pueda, lo que Apple hace es intentar proponer una solución. Pero desde el punto de vista de imagen, esa solución solo tiene sentido si está adecuadamente comunicada, y ese, obviamente, no ha sido el caso. Si la marca simplemente lleva a cabo ese proceso sin aviso de ningún tipo al usuario, lo que este percibe es que su terminal pasa a funcionar más lentamente, lo relaciona con alguna actualización, y si esta coincide con el lanzamiento de algún nuevo modelo, tiende a sospechar que se trata de una manera de promover el cambio. Si en lugar de eso, la marca ofrece al usuario una métrica de las prestaciones de la batería y le ofrece la alternativa de cambiarla – prolongando así el uso del terminal – o de proceder a la citada reducción de las prestaciones, la imagen proyectada es completamente distinta. Sin embargo, ese tipo de consideración con el usuario nunca ha estado presente en la cultura de Apple, habitualmente mucho más inclinada, según “el libro de Jobs” (“It’s not the customer’s job to know what they want”), a tomar decisiones directamente sin su participación, y esa actitud ha sido la que, en último término, ha provocado el problema.

¿Debe legislarse la obsolescencia programada? En algunos casos, en entornos tecnológicos en rápida evolución, la obsolescencia es un fenómeno natural que se convierte en una opción consciente. Si Tesla quiere preservar su capacidad de innovación, la decisión de no hacer retrofitting de sus modelos anteriores puede resultar impopular, pero no deja de ser una opción estratégica válida, si se comunica de la manera adecuada. ¿Tiene sentido que un vehículo adquirido hace unos meses no pueda incorporar una nueva prestación o accesorio recién desarrollado? Lo tiene, si la marca no quiere generar un proceso costoso que, aún siendo potencialmente rentable, distrae recursos y provoca una pérdida de foco, aunque pueda resultar frustrante para el usuario. ¿Tendría sentido obligar por ley a esa marca a llevar a cabo un proceso en el que no está estratégicamente interesada? Muy posiblemente, no.

En general, lo que hay que hacer es aplicar lo que ya está legislado: estafar a tus usuarios introduciendo un proceso intencionadamente y sin justificación para deteriorar su producto es algo que ya está en las leyes: se llama estafa, tiene su tipificación penal, y es argumentable y demostrable ante un juez. ¿Cae en ese supuesto lo llevado a cabo por Apple? Si la marca no sabe explicarlo adecuadamente y sus usuarios la llevan a los tribunales, tendrá que demostrar que no estaba haciendo eso sino preservando la experiencia de uso del producto, y tendrá que convencer a un juez de que es así. Por tanto, la legislación adicional intentando tipificar algo con tantos matices posibles como la obsolescencia programada tendería a tener entre poco y ningún sentido, y a generar más problemas que soluciones, por mucho que la idea de obsolescencia programada tienda, de manera intuitiva, a generarnos rechazo.

Vigilar y monitorizar el posible uso indebido de la obsolescencia programada puede tener sentido. Ahora, tras el escándalo de Apple, cualquier usuario con un terminal que funciona puede optar por cambiarlo para adquirir el último de la gama, por admitir una reducción de sus prestaciones para evitar incómodos reinicios, o por acudir a una tienda para instalar en él una batería nueva y seguir utilizándolo con normalidad. Pero indudablemente, ese proceso no se proyecta al infinito: a partir de un tiempo determinado, el progreso y las demandas de las aplicaciones impiden que un modelo antiguo siga teniendo un rendimiento razonable, y penalizar que la marca incentive o promueva su modernización puede resultar absurdo. Como siempre, la mejor receta para este tipo de cuestiones es la transparencia.