IMAGE SOURCE: United States Senate Committee on Commerce, Science, and Transportation

La primera jornada de la declaración de Mark Zuckerberg ante el Comité del Senado de los Estados Unidos sobre Comercio, Ciencia y Transporte nos ha dejado más de cinco horas y media de comparecencia, algunas conclusiones interesantes, algunos momentos extraños, la subida en bolsa más grande de las acciones de la compañía en los últimos dos años, y la evidencia de que los miembros del comité, además de haber recibido muchos de ellos importantes contribuciones económicas de Facebook para sus campañas, tienen por lo general un muy escaso conocimiento de lo que es Facebook y a qué se dedica.

La evidencia es clara: esto es lo que ocurre cuando alguien crea una plataforma potentísima para la interacción entre personas y se plantea financiar su actividad mediante la publicidad segmentada, en un país en el que la privacidad tiene un nivel de protección prácticamente inexistente. Si ni el mismísimo Mark Zuckerberg es aún capaz de entender qué es lo que ha creado y sus posibles efectos, esperar que un puñado de senadores norteamericanos lo hagan y sepan, además, cómo arreglar sus efectos es, obviamente, una esperanza vana. La comparecencia la podemos ver entera si tenemos humor para ello, leer su transcripción completa o incluso ver parte de las notas de su protagonista, pero las conclusiones, mucho me temo, van a ser las mismas: en un país en el que la privacidad no es objeto de una protección excesiva, pretender que sea el fundador de Facebook el que sea quien explique cómo funciona y como debería funcionar su compañía es patentemente absurdo: lo que habría que hacer es llegar primero a un consenso de lo que es la privacidad y cuál es el nivel de protección que queremos para ella, regularla adecuadamente y, posteriormente, definirle a Facebook de manera inequívoca y no interpretable el entorno en el que tiene que llevar a acabo su actividad.

Mark Zuckerberg se defendió de las acusaciones de monopolio, desmintió leyendas urbanas como aquella que afirmaba que su compañía escuchaba las conversaciones telefónicas de sus usuarios para poder servirles anuncios más ajustados a sus intereses, y no se opuso a cierto nivel de regulación de su actividad, aunque se mostró evasivo sobre el tema y mostró claramente que su idea a largo plazo es seguir desarrollando inteligencia artificial para corregir algunos de los problemas de su plataforma. Visto así, la idea de hacer que el fundador de Facebook comparezca ante un comité del Senado para preguntarle sobre esos temas parece más bien inútil: de nuevo, lo que habría que hacer es decidir sobre esa posible regulación y su conveniencia, marcar unas reglas de juego claras que definan lo que se puede y no se puede hacer, y simplemente obligar a Facebook y al resto de las compañías que se dediquen o se quieran dedicar a lo mismo a cumplirlas de manera escrupulosa, con la correspondiente supervisión y sanciones en caso de incumplimiento.

Ese podría ser, precisamente, el tema en el que Europa podría llevar la delantera a los Estados Unidos con el desarrollo del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), una regulación que proviene de una clara demanda social, que es preciso gestionar como lo que es, una primera propuesta que hay que manejar con la adecuada flexibilidad y adaptarla a la luz de sus efectos, pero que al menos ofrece un marco claro en ese sentido. La posibilidad, como comentábamos hace pocos días, de que la propia Facebook se plantee ajustarse a ese nivel de protección de los datos personales no solo de cara a sus actividades en Europa sino de manera general en todo el mundo es, seguramente, la más interesante de todas las posibles consecuencias que haya podido tener el escándalo de Cambridge Analytica, y para los Estados Unidos y su claramente insuficiente entorno de protección de la privacidad, una posibilidad clara de plantearse un atajo en ese sentido. Otra cosa es que un país como ese, con esos políticos y con esa tradición cultural, sea capaz de plantearse o de poner en práctica un nivel de regulación mínimamente comparable al europeo: si algo demostró la comparecencia de ayer es que Facebook está más cerca de arreglar sus problemas con el recurso a la legislación europea o por su cuenta que dependiendo de las decisiones de los políticos del país en el que fue fundada.

 

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