IMAGE: Sajapong Rhienmora - 123RFUna compañía china de machine learning aplicada al reconocimiento de voz y textos, iFlyTek, poco conocida fuera del país, alcanza los quinientos millones de usuarios y es utilizada a diario por millones de personas en sus transacciones cotidianas, en todo aquello que tenga que ver con traducciones, transcripciones de voz a texto, etc.

Contrariamente a lo que podría parecer, hablar de quinientos millones de usuarios no es simplemente una forma de presumir del tamaño de la compañía, de su éxito o de su nivel de adopción: dado que hablamos de una compañía de machine learning, dedicada a educar a algoritmos para una serie de funciones que tienen que ver con el ámbito del procesamiento del lenguaje, hablamos en realidad de una compañía con una ventaja competitiva brutal, verdaderamente difícil de superar: es capaz de generar y trabajar con muchísimos más datos que prácticamente cualquiera de sus competidores. En machine learning, tener acceso a un flujo de datos bueno, consistente y con un elevado volumen puede ser completamente decisiva a la hora de definirse como un líder en un campo determinado. Simplemente, tus algoritmos cuentan con muchísimo más material sobre el que trabajar, con el que entrenarse, y los resultados y la calidad del producto puede mejorar de forma mucho más rápida. En machine learning, los grandes números no son una complicación, sino una enorme fuente de ventaja.

Ayer, participé en un curso in-company en una gran compañía, en la que me comentaban que su subsidiaria en China se había convertido claramente en uno de los más importantes generadores de tendencias. Para aquella compañía, hablar con los directivos que habían pasado tiempo en el país se había convertido en una manera de reconocer tendencias, de evaluar la importancia de determinadas cuestiones, de valorar los distintos elementos del escenario tecnológico. Vivir un tiempo en una sociedad en la que herramientas como el smartphone o la mensajería instantánea son utilizados constantemente y para todo por una parte enormemente significativa de la población, y no ya para su función supuestamente primigenia, sino para muchísimas otras, como pagar o identificarse, genera una sensación de fast forward que, sin duda, tiene un importante valor empresarial. Entender las tendencias de consumo, el desplazamiento de buena parte del comercio al canal online, los efectos de la logística avanzada o los desarrollos más punteros en interacción con el cliente es algo que permite entender muchas cosas, y con un valor indudable si gracias a ello aprendes a valorarlo antes que tus competidores. En China se comienza a hablar ya de una supuesta “muerte del smartphone“, cuando un buen número de las funciones para las que hoy necesitamos el terminal y una aplicación sean sustituidas por elementos biométricos que llevamos en todo momento encima porque forman parte de nosotros – con todos los efectos que ello puede conllevar sobre cuestiones como el control, la vigilancia o la privacidad.

La próxima semana tengo una intervención en un evento ante jóvenes emprendedores chinos. Se trata de un evento periódico, que se repite cada cierto tiempo. Hace algunos años, no tantos, recuerdo cómo ese evento consistía, básicamente, en que unos cuántos profesores explicásemos a aquellos emprendedores chinos “cómo de moderno” era el mundo occidental. Ahora, francamente… no tengo claro qué contarles, y decididamente, el mensaje de fondo no va a ser en absoluto ese. El acceso a su enorme mercado, en base en gran medida gracias a un comportamiento profundamente autárquico, a un pragmatismo brutal y a unas reglas de juego claramente sesgadas, ha convertido al mercado chino en un escaparate de tendencias en el que muchas compañías comienzan a buscar claves, y a las compañías que triunfan en el mercado chino en potenciales líderes si consiguen dar el salto fuera de su país. La tecnología china ya no copia, o no solo: ahora también lidera. Y no es casualidad, sino parte de una estrategia cuidadosamente anticipada y preparada.

Los números son, sin duda, una gran ventaja. En los tiempos que corren, cuando dependemos de ellos para educar a algoritmos, claramente más aún: se puede convertir, bien utilizado, en toda una formidable ventaja competitiva. Y China lo sabe.

 

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