IMAGE: Believeinme33 - 123RFLa operadora telefónica norteamericana, AT&T anuncia su retirada de la firma de un acuerdo con Huawei que habría permitido la introducción de los dispositivos de la compañía china en el lucrativo mercado de los terminales vinculados a contratos, el segmento más importante del mercado a pesar del crecimiento de las ventas de terminales libres.

Según cifras de junio de 2017, el mercado de terminales libres en los Estados Unidos alcanzaba unos treinta millones de dispositivos, alrededor del 12.5% del mercado, y es fuertemente competitivo. La cifra resulta claramente insuficiente para las ambiciones de Huawei, el tercer competidor mundial en el segmento smartphone tras Samsung y Apple, que cuenta con una presencia significativa en numerosos países del mundo, pero que se mantiene en una posición completamente minoritaria en el mercado norteamericano precisamente debido a la falta de acuerdos con operadoras para lograr una introducción significativa de sus dispositivos.

La operadora norteamericana no ha dicho a qué se debe su decisión de cerrar la puerta a Huawei, pero la mayor parte de las fuentes lo achacan a posibles presiones procedentes de dos flancos: por un lado, el gobierno norteamericano, preocupado por un informe del Congreso fechado en el año 2012 que afirma que los dispositivos y equipos de Huawei y de otra empresa china, ZTE, suponen una amenaza para la seguridad nacional por la posibilidad de que sean utilizados en operaciones de espionaje. La marca china ha negado esa posibilidad, y ha afirmado que “han demostrado que son capaces de ofrecer dispositivos de alta calidad y con integridad tanto a nivel mundial como en el mercado de los Estados Unidos”. Huawei, además, es uno de los principales fabricantes del mundo de equipos de telecomunicaciones y tiene un posicionamiento especialmente sólido en redes 5G, en las que los operadores norteamericanos están invirtiendo fuertemente. Por otro lado, AT&T podría también haber recibido presiones de la industria tecnológica norteamericana, que ve en Huawei a un competidor formidable a todos los niveles y quieren mantenerla fuera del mercado, pero sin pasar por admitir su superioridad tecnológica. De hecho, en el segmento smartphone, hay numerosos análisis que comparan al Huawei Mate 10 Pro, el dispositivo de gama más alta de la marca china, con el iPhone X, y con resultados bastante divididos.

Precisamente ayer, en lo que iba a ser la presentación en sociedad en el CES del nuevo Mate 10 Pro, el CEO de la división de productos de consumo de Huawei, Richard Yu, mostró su desacuerdo con la decisión de AT&T y su malestar con las operadoras norteamericanas, y se tomó unos minutos sin guión ni teleprompter sobre una única imagen en la que se leía Something I Want to Share”, detallando cómo de malo para la compañía era que la privasen del acceso a ese canal, y cómo de negativo era para los consumidores no tener acceso a sus productos, hablando con total espontaneidad sobre sus veinticinco años de experiencia en la compañía y sobre cómo habían ido ganando la confianza de operadores, compañías y usuarios en todo el mundo. 

¿Responde la retirada de AT&T de las conversaciones con Huawei a una simple cuestión comercial, a un intento de proteger al mercado norteamericano de una industria china cada vez más competitiva? ¿O simplemente una manera de corresponder con reciprocidad a la manera habitual de hacer las cosas en China, país especialmente conocido por imponer restricciones y obligaciones a empresas extranjeras que las convierten en no competitivas en su territorio o las obligan a cumplir con requisitos que consideran inaceptables? Si el gobierno chino bloquea a toda aquella empresa extranjera que pretende acceder a su enorme mercado en todo tipo de ámbitos tecnológicos, sean motores de búsqueda, redes sociales, mensajerías instantáneas o cartografías digitales, ¿tiene sentido que otros países hagan lo mismo, bien de manera oficial o extraoficial, bien como política gubernamental establecida o como presiones a aquellas compañías que podrían funcionar como accesos al mercado? ¿Funcionará el ruido en torno a esta noticia como un incentivo para que los consumidores norteamericanos quieran hacerse con los dispositivos de una marca de la que sus operadoras pretenden privarles, o simplemente mantendrá su presencia relativamente marginal por no estar presente en los canales más utilizados por los usuarios? ¿Cuáles serán los efectos y las consecuencias para la industria tecnológica de unas políticas comerciales cada vez más proteccionistas? O mejor… ¿quién disparó primero?

 

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