Autonomous Qoros 5 by Didi (IMAGE: Didi)El gigante chino de las apps de transporte, Didi, llevó a cabo una demostración el pasado viernes 9 del estado de su tecnología de conducción autónoma, en un circuito preparado para ello cerca de Shanghai utilizando vehículos Qoros 5 de fabricación china adaptados con tecnología de la propia Didi en la fábrica que la compañía automovilística tiene en Changshu, a unos 80 kilómetros de Shanghai.

La revelación interesante, sin embargo, surgió ayer domingo, cuando fuentes de la compañía apuntaron que las pruebas con dos de esos vehículos llevaban, en realidad, varios meses llevándose a cabo en condiciones de tráfico real, lo que sitúa a Didi en un nivel de progreso en este sentido muy superior a lo esperado. Aunque la compañía posee unas instalaciones para el desarrollo de vehículos autónomos en Mountain View a las que ha incorporado a Charlie Miller, el conocido ingeniero que llevó a cabo el hackeo de un Jeep en marcha en julio de 2015 con un periodista de la revista Wired al volante, se desconocía que sus desarrollos tuviesen ya el nivel de madurez suficiente como para llevar a cabo pruebas en tráfico real.

¿Qué significa que Didi tenga ya vehículos preparados para conducir autónomamente en condiciones de tráfico real, y que haya estado haciéndolo ya durante varios meses? Simplemente, que la fortísima expansión de las compañías de ride-sharing en el mundo se va a convertir en uno de los principales factores que facilitarán la llegada del vehículo autónomo. Compañías como Uber, cuyo CEO ya ha anunciado que sus vehículos autónomos estarán completamente operativos (no en pruebas) en las calles el próximo año 2019 (y en 2023, además, taxis voladores), Grab, radicada en Singapur, que afirma que los tendrá en marcha antes de 2022, y a las que ahora se une la china Didi, precisan del desarrollo de la tecnología de conducción autónoma para justificar unas valoraciones que no serían posibles con la estructura de costes que tienen actualmente salvo que eliminemos al conductor. Hablamos de compañías muy grandes, con accionistas muy potentes, en absoluto dadas a la especulación o a la fantasía, y que además, poseen el elemento fundamental necesario para poner el sistema en marcha: muchos millones de desplazamientos al día para poner a prueba sus sistemas y educar sus algoritmos en todo tipo de situaciones.

El juicio entre Waymo y Uber por apropiación de tecnología terminó el pasado viernes con un acuerdo extrajudicial que permite a Google hacerse con un 0.34% de las acciones de Uber para añadir a los casi $250,000 que ya poseía, y que subraya las impresionantes habilidades negociadoras de Dara Khosrowshahi, el CEO que sustituyó al agresivo Travis Kalanick y que está llevando a cabo un enorme cambio cultural en la compañía. En muchos sentidos, el final de juicio abre una nueva etapa en el desarrollo de la tecnología de conducción autónoma, con una Uber que puede volver a avanzar en el tema con sus Volvo XC90 sin temor a ser castigada por los tribunales, una Waymo que ya tiene ya sus flotas de Chrysler Pacifica circulando sin conductor de seguridad en varias ciudades norteamericanas, y una serie de competidores, algunos provenientes de directivos anteriormente en la compañía, que aseguran un fuerte dinamismo del segmento.

Digan lo que digan los escépticos con sus plazos a veinte años, esto ya está aquí.

 

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