IMAGE: XiaomiEs, sin duda, una de las compañías chinas de moda, una estrella ascendente que en tan solo ocho años ha conseguido situarse como una de las marcas de electrónica de consumo más importantes por volumen de ventas en numerosos mercados. Xiaomi, fundada en abril de 2010 por Lei Jun, salió al Hong Kong Stock Exchange esperando alcanzar una valoración de cien mil millones de dólares, la rebajó a setenta mil, y terminó situando el precio de su acción en el límite inferior, en torno a una valoración más realista de cincuenta y cuatro mil. Y aún así, tras el toque del gong, las acciones comenzaron una caída que la ha llevado, al cierre del mercado, a caer en torno a un 6% sobre el precio de salida.

¿El problema? Xiaomi puede fabricar terminales con una obsesión absoluta por la relación calidad/precio y venderlos, además, con un margen minúsculo para convencer a muchos millones de usuarios e mercados muy diversos. Puede intentar copiar la estrategia de Apple y montar una red de tiendas propias para hacerse así con un porcentaje algo más significativo de ese margen. Y hasta puede intentar desarrollar una estrategia de venta de servicios sobre esos productos para intentar complementar esos márgenes tan estrechos con otras actividades más lucrativas. Básicamente, un movimiento que la llevaría desde ser un simple fabricante de terminales baratos, a convertirse en lo que ellos ya afirman ser, una compañía de internet. Gracias a esa estrategia, sin duda muy bien diseñada y ajustada, puede llegar a crecer mucho, e incluso a hacerlo no siguiendo el estilo de la inmensa mayoría de las compañías chinas, únicamente en su mercado durante las fases iniciales, sino conquistando otros países. Pero si con todo eso pretende que el precio de su acción valore la compañía a casi cuarenta veces los ingresos de 2017, cuando el mercado está valorando a compañías como Apple con un multiplicador de 16 o las del gigante Tencent a un 36, los buenos propósitos y la estrategia pasan a chocar con una cosa que se llama sentido común. Para ser una compañía de internet no llega con que lo digas o lo prometas tú, tienes además que conseguir otra serie de objetivos.

Las compañías pueden partir de una base determinada, y tratar de explicar sus intenciones de muchas maneras. En el caso de otra compañía china, Huawei, el punto de partida son unas operaciones enormemente sólidas y con márgenes interesantes como la venta de tecnología, el desarrollo de patentes y los contratos con gobiernos y empresas de telecomunicaciones de medio mundo. Sobre eso, desarrollan una operación de venta de electrónica de consumo, fundamentalmente por poder tener una visión completa sobre la tecnología que desarrollan y venden, y les va de maravilla. Y aún así, rechazan la salida a bolsa, y prefieren mantenerse como la empresa más grande del mundo en manos de sus empleados. Frente a eso, una Xiaomi que se apoya en unas enormes – pero frágiles – ventas de electrónica de consumo con unos márgenes irrisorios y que promete, por ahora solo promete, construir sobre ello un imperio de servicios con márgenes supuestamente más lucrativos, es sencillamente eso, una promesa. Y las promesas conllevan más riesgo que las realidades, y eso es algo a lo que el mercado es, lógicamente, sensible. Vender muchísimos terminales no es necesariamente sinónimo de ganar mucho dinero… de hecho, podría incluso conllevar grandes pérdidas, como muchas marcas saben bien.

Lógicamente, hay otros factores que pueden haber colaborado a una salida a bolsa lamentable: las perspectivas aún desconocidas de la guerra comercial emprendida por el impredecible Donald Trump, y su posible efecto sobre unos mercados exteriores más volátiles que nunca. Xiaomi es un ejemplo claro de compañía que demanda a sus accionistas una paciencia que estos no parecen haber tenido, de ahí una salida a bolsa rápida, para evitar seguir haciendo rondas de financiación o ampliaciones que cada vez resultaban más caras. Si con tu salida a bolsa demuestras que necesitas con cierta urgencia dinero para seguir financiando un crecimiento rápido a costa de unos márgenes minúsculos (sin contar con otra salida al mercado chino que fue cancelada sin muchas explicaciones el mes pasado), lo que tienes que poner en el horizonte no son simplemente unas promesas de venta de servicios, sino algo más sólido y tangible.

¿Puede cambiar el panorama para la compañía? Posiblemente. Una vez sentada la línea base, estamos ya en el mundo de las expectativas, de las percepciones y de los resultados trimestrales. Una buena racha de ventas o unos anuncios que sugieran una marcha más rápida en su transición desde “compañía de fabricación de terminales baratos” a “compañía de internet”, y Xiaomi podría cambiar sus perspectivas rápidamente. Pero por el momento, nos quedamos en la fotografía actual: un toque de gong con sabor amargo. Claramente, el crecimiento no es tan sencillo como algunos creen, y los mercados no siempre se creen todo lo que las compañías intentan prometerles. O las dos cosas.

 

Wearables: Fitbit, Apple Watch, Xiaomi, Samsung Gear, GarminAdidas anuncia que abandona la producción de wearables, smartwatches y dispositivos similares, y que se centrará en el software, para centrarse en el desarrollo de Runtastic, que adquirió en agosto de 2015 por 239 millones de dólares, y en el de su propia app.

La compañía sigue, en ese sentido, los pasos de Nike, que en abril de 2014, coincidiendo con los primeros rumores serios de la posibilidad de que Apple pusiese en el mercado el Apple Watch y con el mismísimo Tim Cook sentado en su consejo de administración, desmanteló completamente el equipo dedicado a la Nike Fuel Band y prefirió dejar ese mercado, percibido cada vez como más complejo, para las compañías de electrónica de consumo.

En efecto, los wearables parecen estar convirtiéndose en la categoría que más presiona a los fabricantes de hardware para obtener sensores cada vez más precisos y pequeños, y baterías progresivamente más eficientes, al tiempo que se establece toda una pugna de estrategias para hacerse con los diferentes sectores de demanda. El reparto de cuotas de mercado de el segmento wearable en 2017 muestra un crecimiento de alrededor de un 18%, con la china Xiaomi como líder gracias a un pujante mercado chino que absorbe la inmensa mayoría (96%) de sus pulseras monitorizadoras de bajo precio. La sigue Fitbit, que a lo largo del año pasó desde un 28.5% a un 15.7% – de 5.7 millones de unidades vendidas en el segundo trimestre de 2016 a 3.4 millones en el correspondiente de 2017 – y de Apple con un 13%, que en el mismo período escaló desde un 9%, 1.8 millones de unidades, hasta los 2.8 millones. La cuarta es Samsung, con un 5.5%, seguida de Garmin con un 4.6%.

Además de la consabida estrategia de liderazgo en precios de Xiaomi, estamos viendo varias orientaciones más con características interesantes: Garmin sigue pretendiendo protagonizar el segmento del deportista que se considera a sí mismo como “serio”, cuando la realidad es que en su enormemente confusa gama de productos posee dispositivos de todo tipo, desde prácticamente accesorios de moda hasta monitores que parecen hechos para llevar al hombre a la luna. Mientras, Apple, que anunció en un principio su enfoque hacia la redefinición del cuidado de la salud, se acerca más al mundo de los gimnasios con el anuncio de GymKit, una integración de su Apple Watch con máquinas de ejercicio aeróbico como cintas, steppers, elípticas, etc. que permite poner los sensores donde mejor pueden adaptarse a su función: medidas como la inclinación o la velocidad tomadas en la máquina, mientras que el pulso y otros parámetros corporales se evalúan en la muñeca.

Mientras, Fitbit, que fue expulsada de las tiendas Apple en octubre de 2014 por considerarla competidora del Apple Watch y que, en consecuencia, inició una estrategia de competencia frontal con la marca de la manzana en la que, entre otras cosas, impide a los usuarios exportar sus datos para su monitorización en el iPhone, parece ahora, tras la adquisición de compañías del entorno smartwatch como Pebble o Vector, y el lanzamiento de su Ionic, intentar centrarse en el segmento más complejo y de más rigor, el de la homologación de sus dispositivos por la Food and Drug Administration norteamericana (FDA) y el desarrollo de líneas de negocio de monitorización con su división corporativa, Fitbit Group Health. El último producto de la compañía, el Ionic, utiliza un sensor de oxígeno en la sangre para detectar trastornos como la apnea del sueño y algunos tipos de arritmias cardíacas, y ha sido utilizado en estudios clínicos enviados a la FDA para su posible aprobación. Si la consigue, podríamos encontrarnos con dispositivos de este tipo en hospitales sustituyendo a los que actualmente son utilizados en algunos pacientes para la detección de la fibrilación auricular. La compañía podría centrarse en la detección y tratamiento de problemas como los trastornos del sueño, diabetes, salud cardiovascular o salud mental para clientes como empleadores, aseguradoras de salud, proveedores de atención médica o investigadores que facilitarían los dispositivos a sus empleados o pacientes- Algunas aseguradoras norteamericanas, como UnitedHealthcare, están dispuestas a remunerar a sus clientes con hasta $1,500 en su póliza si demuestran estar cumpliendo los objetivos determinados en su monitor de actividad física, y se estima que ese mercado podría convertirse en un segmento muy activo. La compañía, sin embargo, prosigue su evolución a la baja en los mercados, y cotiza ya a menos de un 80% de su valor de salida a bolsa en junio de 2015. 

El segmento del cuidado de la salud es, sin duda, complejo. Muchas personas que se sienten sanas pueden sentirse intimidadas por dispositivos presentados prácticamente como instrumental médico, personas que posiblemente no tendrían ningún problema a la hora de ponerse en la muñeca un reloj con capacidad para monitorizar prácticamente el mismo tipo de parámetros y variables pero presentado como un complemento de la actividad deportiva. Apple, por su parte, sigue progresando con equipos de investigación médica a los que ofrece desarrollar apps para investigación mediante HealthKit, e invitar a usuarios de iPhone y Apple Watch a participar en esos procesos aportando sus datos.

Sin duda, un sector complejo y sometido a mucho movimiento. La FDA ha creado una pre-certificación para este tipo de dispositivos que se sitúa a medias entre los dispositivos clínicos y los de consumo, y tanto Fitbit como Apple, así como otras compañías (Johnson & Johnson, Samsung, Roche o la división de ciencias de la salud de Alphabet, Verily) están participando en su desarrollo. En no mucho tiempo, muchos de los parámetros que hoy solo conocemos cuando visitamos al médico, nos hacemos un chequeo o nos hospitalizan estarán completa y regularmente monitorizados y registrados en las apps correspondientes, y nuestros wearables nos alertarán cuando algo pueda estar yendo mal. Mientras llegamos a eso, a los competidores en este segmento aún les queda mucho partido por jugar…

 

La plataforma de ventas online ha suspendido hace pocas horas, la venta de los dispositivos del fabricante chino Xiaomi, que gana peso entre los consumidores occidentales a grandes pasos debido a su propuesta tecnológica y bajo precio, pero que por los momentos no podrán adquirirse a través de Amazon en Europa.

Se trata de una decisión temporal, como se señala desde la publicación especializada Movilzona, toda vez que la razón de tal suspensión se debería a que en mayo pasado, la Comisión Europea (CE) realizó un conjunto de advertencias debido a que los adaptadores de corriente europeos, incluidos por numerosos distribuidores europeos con los Xiaomi eran peligrosos para los usuarios de dichos dispositivos y no cumplen con la normativa de la UE.

Una situación que, aunque no involucra a los teléfonos como tal, si lo hace con estos accesorios. De hecho se señala que los terminales pueden continuar siendo usados sin problemas, pues el problema se relaciona con el adaptador de corriente y no con el cable microUSB. De hecho con que se utilice un conector distinto al que trae el teléfono, se estaría a salvo de las posibles consecuencias señaladas por la CE.

La marca china aun no ha entra de forma oficial en el mercado europeo, lo que sería una de las causas de estas irregularidades vinculadas a estos teléfonos móviles, que son importados de forma directa desde China, para luego venderse a través de distribuidores legales, aunque no puedan ofrecer las garantías institucionales con las que cuentan otras marcas ya establecidas en el mercado europeo.

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Xiaomi ha hecho una apuesta que los usuarios decidirán si es la mejor, el diseño de su nuevo Xiaomi Mi Note 2 recuerda al Samsung Galaxy Note 7.

Mientras la marca quiere olvidar ese capítulo de su historia, Xiaomi revive la imagen del smartphone con un frontal casi sin marcos. Por lo pronto se sabe que es un dispositivo de 5.7 pulgadas, procesador Snapdragon 821, en dos versiones de 4GB y 6GB de RAM, con 128GB de almacenamiento, lo que lo mete a la gama alta y por lo tanto, como competidor directo de la firma coreana. Va de los 400 a los 500 dólares.

En este sentido, la empresa también presentó el Mi Mix, del que las redes sociales rumoran que se trata de una especie de adelanto del iPhone que Apple lanzaría en 2017.

Éste es un teléfono de cerámica de 6.4 pulgadas HD sin biseles laterales, sólo con un pequeño borde inferior, del que se distingue la pantalla, al ocupar 91 por ciento del dispositivo. Va de los 500 a los 600 dólares.

Así, que la firma china sea comparada con las dos puntas de lanza en el mercado de los smartphones es un halago en la industria de la tecnología. Sobre todo cuando más de 2.16 mil millones de personas usarán smartphones a finales de este año, según eMarketer.

De acuerdo con IDC, los fabricantes chinos Huawei y Xiaomi continúan creciendo en el mercado local e internacional; mientras el líder del mercado es Samsung, seguido de Apple.

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Xiaomi ha demostrado que es una marca con grandes posibilidades para generar un impacto en la industria de la tecnología, y ahora la empresa china está por lanzarse al mercado de los relojes inteligentes, tal como se ha venido rumorando desde hace un par de meses.

De acuerdo con GizmoChina, el smartwatch de Xiaomi tendrá un precio inferior a los 150 dólares, mientras que ofrecerá características de hardware de vanguardia, tal como ha sido la estrategia de la empresa, en ofrecer costos reducidos por productos de gama alta. Aún no se conoce fecha de lanzamiento ni los aspectos técnicos de este smartwatch, sin embargo, todo indica que se trata de una realidad.

En este sentido, es posible que la empresa China compita directamente con la nueva generación del Apple Watch, el cual presumiblemente sería presentado en los primeros días de septiembre, junto con el iPhone 7 y una nueva generación de la MacBook Pro.

La noticia llega en un momento en el que los relojes inteligentes se encuentran en un panorama sombrío respecto a su futuro, ya que se encuentran lejos de cumplir la promesa de llevar a cabo una revolución de la magnitud provocada por los smartphones.

De acuerdo con IDC, las remesas de relojes inteligentes sufrieron una caída sustancial en el primer trimestre de 2015 con 4.2 millones de dispositivos respecto al último trimestre de 2016, con 8.1 millones de unidades.

Sin embargo, las marcas siguen apostando por esta tendencia, y el nuevo lanzamiento de marcas como Xiaomi o Apple podrían ser un nuevo impulso para incrementar la base de usuarios de estos dispositivos.

Imagen: Jon Russell

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