IMAGE: Oleksandr Marynchenko - 123RFNational Grid, la compañía pública que gestiona el suministro eléctrico en el Reino Unido, contesta al gobierno británico acerca de la prohibición de la venta de todo tipo de vehículos de gasolina o diesel a partir del año 2040, y afirma que, en realidad, sus infraestructuras están perfectamente preparadas para llevarla a cabo incluso diez años antes, en 2030, el mismo año en el que se plantea en India. Noruega afirma que llevará a cabo esa prohibición en 2025, y otros países afirman tener planes similares con distintos plazos, en lo que cada vez se prueba más como una medida razonable, perfectamente viable y de auténtico sentido común.

La afirmación de la eléctrica británica coincide con las de las eléctricas norteamericanas, que ven los vehículos eléctricos no solo como el elemento capaz de salvarlas, sino incluso como la auténtica salvación del planeta en su conjunto. Los estudios más recientes, de hecho, muestran que los Estados Unidos podrían perfectamente obtener la práctica totalidad de su energía a partir del viento y el sol: en un sistema diseñado para una sobrecapacidad del 150% y con los adecuados sistemas de baterías – del tipo de las instaladas por Tesla en la región sur de Australia – una combinación de 70% solar y 30% eólica podría abastecer el 100% de las necesidades del país.

En muchos sentidos, es posible que el conocido “objetivo de los tres tercios” definido por el consejero delegado de Bloomberg New Energy Finance Michael Liebreich (un tercio de la electricidad global procedente de eólica y solar, un tercio de vehículos eléctricos en las carreteras y un tercio más de PIB producido por unidad de energía en 2040) pueda plantearse ya como una meta a superar.

Mientras, las compañías se muestran divididas: mientras Tesla acelera la fabricación y distribución de sus paneles y tejas solares mediante acuerdos con grandes cadenas y el coste de generación de energía en instalaciones residenciales sigue disminuyendo, compañías como BMW todavía afirman que no ven viable la producción masiva de vehículos eléctricos hasta el año 2020, a pesar de tener en el mercado ya algunos modelos muy competitivos. Marcas norteamericanas como GM, por su parte, dedican inversiones de cien millones de dólares a poner a punto esa capacidad de fabricación masiva, mientras una de las grandes rezagadas, Ford, anuncia que dedicará nada menos que once mil millones a electrificar sus vehículos y a llevarlos al mercado masivo. Hasta la icónica Harley Davidson anuncia que pondrá en el mercado el primer modelo eléctrico en producción masiva el próximo año 2019.

Es, sin duda, un momento interesante: las progresivas ganancias en eficiencia y rebajas en coste de la generación eléctrica y de sus tecnologías asociadas demuestran que los objetivos inicialmente fijados por algunos países no solo son posibles, sino que incluso pueden ser superados. Por mucho que algunos idiotas se empeñen en dispararse en el pie, la idea de volver al carbón es cada día un sinsentido más absurdo. Prohibir la venta de vehículos de combustión interna a partir del año 2030 es un objetivo perfectamente realista, y que cada día, además, se prueba más necesario: no, no va a ser el apocalipsis, no va a ser en modo alguno implanteable desde el punto de vista de generación, y por supuesto, no contaminan más, como algunos pretenden, salvo en el caso de esos híbridos convertidos en excusa banal de las compañías automovilísticas para intentar engañar al mercado y seguir protegiendo sus inversiones y sus cadenas de fabricación. ¿Podemos empezar a revisar esos planes, independizarlos de los problemas y de la viabilidad económica de fabricantes incapaces de prepararse a tiempo, y trabajar de manera realista y con los datos en la mano, en vez de con clichés y suposiciones, para mejorar el mundo en que vivimos? No, no se puede ser tecnológicamente neutral ni tecnológicamente agnóstico: hablamos de una tecnología superior a otra en todos los sentidos, mucho más eficiente, y que además, no nos envenena a todos. ¿Para cuando esa transición?

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Why wait until 2050 to ban gasoline and diesel: why not start in 2030? Why not even before?” 

 

IMAGE: Alexlmx - 123RFEl precio de la electricidad en Alemania durante el fin de semana de las navidades se mantuvo en negativo, lo que supuso un ahorro a los consumidores en su factura. La situación es ya relativamente habitual: solo a lo largo de 2017, los precios han caído por debajo de cero en más de cien ocasiones, como resultado de una inversión de más de doscientos mil millones de dólares realizada a lo largo de las últimas dos décadas con el fin de promover fuentes de energía renovables. Otros países, como Bélgica, Francia, Holanda, Suiza y el Reino Unido han experimentado en otras ocasiones precios de la electricidad negativos, pero en el caso de Alemania es donde ese tipo de situaciones están convirtiéndose en más habituales, una circunstancia que en ocasiones incluso permite que el país exporte energía a sus vecinos para equilibrar el mercado.

Que la electricidad en el mercado mayorista alcance un precio negativo no quiere decir que los usuarios perciban dinero por consumir electricidad: el precio de la energía en el mercado mayorista supone únicamente en torno a una quinta parte de la factura pagada por los hogares en Alemania. El resto son impuestos y compensaciones de diversos tipos, entre los que, lógicamente, se encuentran los cargos destinados a financiar la importante inversión en energías renovables. Cuando el precio de la energía en el mercado mayorista cae por debajo de cero, el impacto en los hogares es un ahorro en el importe total de la factura, pero no supone que las compañías ingresen dinero en las cuentas de los usuarios, sino que estos reduzcan el importe pagado. El precio que los hogares alemanes pagan por la electricidad está, junto con los daneses, entre los más altos de Europa, pero esa situación es mayoritariamente bien aceptada por los consumidores, sobre todo debido a la fuerte concienciación y al apoyo a la política destinada a reducir la huella de carbono, y también a que el gasto de electricidad como parte del ingreso disponible de las familias se ha mantenido estable durante los últimos años.

La idea de financiar las infraestructuras destinadas a la generación de energías renovables mediante cánones impuestos a los consumidores en la factura que pagan todos los meses es posible gracias al amplio apoyo a partidos ecologistas y por la fuerte concienciación de los ciudadanos, dispuestos a poner su dinero donde están sus creencias, y debe entenderse fundamentalmente como una apuesta a largo plazo: en la situación actual, en efecto, las situaciones en las que el precio mayorista de la electricidad cae por debajo de cero empiezan a resultar ya relativamente habituales: en cuanto la temperie se mantiene razonablemente ventosa, el sol brilla o existen circunstancias que determinen un menor gasto – como la concentración de personas en menos hogares derivada del componente familiar de las fiestas navideñas – la mayor generación de energías renovables, unida a la dificultad de reducir a corto plazo la generación procedente de centrales nucleares o térmicas convencionales, da lugar a situaciones de superávit.

El problema de las energías renovables es que su producción depende de las circunstancias del clima, no de las características de la demanda. Para equilibrar esos desfases pueden utilizarse baterías, pero su coste es aún elevado para instalaciones masivas, o bien centrales hidroeléctricas reversibles, que bombean agua a una zona elevada utilizando la energía sobrante en momentos de exceso de generación, y la hacen bajar a través de turbinas que generan electricidad cuando esa energía es demandada. A medida que la eficiencia de la generación de energías renovables se incrementa gracias a ganancias en el proceso y al menor precio de sus instalaciones, lo previsible es que Alemania se mantenga en línea de cara a su compromiso de generar el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables en el año 2050. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se generan ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son unos cuantos los países o regiones (Alemania, sur de Austria, Costa Rica, Dinamarca, Noruega, Islandia y algunas islas) que de forma ocasional o sistemática han conseguido generar el 100% de su energía eléctrica sin necesidad de quemar combustibles fósiles, convirtiendo seguramente esta circunstancia en una de las variables que en el futuro separarán a los países avanzados de los que no lo son. Si todavía crees que las energías renovables son poco importantes, dependientes exclusivamente de subsidios o excesivamente caras, infórmate mejor leyendo más sobre el tema.

La energía solar es, gracias al avance de la ley de Swanson, ya más barata que quemar carbón. En un año, el coste de explotación de la energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe, y se preven nuevos descensos. La generación de energía solar vive una una revolución que comienza con aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Si la unimos a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

En el caso de Alemania, concienciar a la población de que pagar de su propio bolsillo las infraestructuras de generación de energías renovables ha posibilitado un futuro interesantísimo, limpio y sostenible. Un plan bien estructurado, con ventajas evidentes a largo plazo. ¿Alguien en España, un país privilegiado en términos de insolación, está pensando en esos temas… o nuestros políticos se dedican a otras cosas?

 

IMAGE: Vaclav Volrab - 123RF

Mi columna de esta semana en El Español se titula “Renovables y visión de futuro“, y es el resultado de comprobar la tremenda paradoja entre los anuncios e inversiones llevados a cabo por empresas tecnológicas como Google, Apple, Facebook o Amazon para poner en marcha sus políticas de abastecimiento de energías renovables, y la realidad aún tristemente mayoritaria de una industria eléctrica tradicional o de países como España que se mantienen anclados en la generación sucia mediante combustibles fósiles a pesar de la progresiva ganancia en eficiencia de las renovables.

Monstruos del consumo energético que tienen que abastecer de energía de manera fiable gigantescos centros de datos consiguen asegurar que su energía proviene de fuentes renovables en porcentajes sorprendentes, y planifican un futuro en el que la totalidad de su consumo provendrá del viento o del sol. Google es ya la compañía que más energía renovable adquiere en el mundo, detalla uno a uno todos sus contratos, y apunta a que la totalidad de su consumo provenga pronto de fuentes renovables. Apple ya obtuvo un 93% de su consumo de estas fuentes en el año 2105, incluyendo la totalidad de la energía consumida por sus centros de datos. Facebook se acerca ya a la mitad de su consumo, Salesforce adquiere más energía renovable que la que consumen sus centros de datos, mientras Amazon, además de construir el parque eólico más grande del mundo, anuncia igualmente su compromiso para un abastecimiento íntegro de fuentes renovables. El empeño en construir o propiciar la construcción de granjas eólicas o solares por parte de estas compañías es tan relevante, que parece que producir energía fuese ya una parte central de su negocio, que fuesen empresas eléctricas en lugar de dedicarse a otros menesteres.

Las búsqueda de energía de fuentes renovables por parte de estas empresas es tan ávida, que las empresas eléctricas tradicionales no consiguen acceso a la producción de las granjas solares o eólicas recientemente creadas en los Estados Unidos, porque la totalidad de su producción está comprometida mediante contratos a largo plazo con empresas tecnológicas que han sabido entender el fenómeno a tiempo. Basta con que surja un número suficiente de compañías con esta actitud, para que resulte rentable construir granjas solares y eólicas en cada rincón, y mucho más si las características de determinados territorios, en función de sus condiciones naturales, lo propician. En el caso de una gran parte de España, que no haya paneles solares encima de cada tejado es un absoluto contrasentido, y que se haya intentado evitar mediante restricciones artificiales es una irresponsabilidad política de primera magnitud.

¿Qué han visto estas compañías en las energías renovables? ¿Simplemente una forma de maquillar sus memorias corporativas y “parecer buenos”? No parece muy lógico pensar que sea así, que todas estas grandes empresas hayan sido víctimas de algún tipo de epidemia de buenismo corporativo y de obsesión por la responsabilidad social. En realidad, se trata sencillamente de entender el progreso de la generación mediante métodos renovables, y cómo la progresiva ganancia en eficiencia hace ya posible imaginar un futuro en el que las energías limpias conformen un gran porcentaje de la generación total. No, no son simplemente buenos deseos: es que frente a la rancia actitud de “no puede ser y además es imposible” de muchas compañías eléctricas tradicionales, ha surgido la evidencia de que la aplicación de mejoras de eficiencia a los procesos de generación de energía eólica o solar hacen que esas perspectivas sean hoy en día muchísimo más realistas.

¿Para cuando una mentalidad en la totalidad de los ciudadanos o en los políticos mínimamente parecida a la que tienen estas compañías? ¿Cuándo dejaremos de intentar impedir el progreso mediante absurdos impuestos al sol y medidas abiertamente corruptas que plantean desincentivos a la generación limpia? ¿Cuántos años más de tópicos falsos de “es buenismo”, “no es suficiente” o “no es rentable si no se subvenciona” cuando la evidencia se acumula en las cuentas de resultados de cada vez más compañías? ¿Cuánto queda para que en lugar de empeñarnos en hacer lo más barato y rentable a corto plazo, exijamos que se haga lo más lógico y responsable?

 

IMAGE: Jason Winter - 123RFEl pasado domingo, algunos países vivieron una circunstancia relativamente excepcional, de esas que solo puedes disfrutar si te has preparado adecuadamente para ello: en el contexto de unos días inusualmente ventosos y soleados en el centro de Europa, Alemania generó tal cantidad de electricidad a partir de fuentes renovables, que el precio de la energía en el país – cuyo mercado eléctrico se ajusta de manera automática en función de la oferta y la demanda – se convirtió en negativo durante varias horas. De manera efectiva, los usuarios recibieron abonos en sus facturas por consumir electricidad.

El caso de Alemania, país que se ha comprometido a generar sistemáticamente el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables para el año 2050, se une al de Dinamarca, que en los días finales de esa misma semana pasada fue capaz de generar el 140% de su energía mediante sus turbinas eólicas, lo que le permitió exportar electricidad a las vecinas Alemania, Noruega y Suecia. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se genera ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son varios los países (Costa Rica, Dinamarca, el sur de Austria, Noruega, Islandia, Alemania y algunas islas pequeñas) que bien de manera sistemática u ocasional han conseguido alcanzar el sueño de generar el 100% de su energía eléctrica sin quemar combustibles fósiles. Todo indica que una de las variables que en el futuro separará a los países avanzados de los que no lo son será su autosuficiencia a la hora de generar energías limpias. Si sigues creyendo que las energías renovables son insignificantes, irregulares o demasiado caras, es posible que debas volver a leer en fuentes serias sobre esos mitos: no, las energías renovables no van a eliminar completamente la necesidad de quemar combustibles fósiles de la noche a la mañana, para ellos es preciso acometer inversiones importantes en las infraestructuras, y posiblemente no vayan a convertirse en el gran generador de empleo que algunos esperaban… pero decididamente, tienen mucho más alcance que esas historias de miedo sobre fraudes y plantas que generaban energía solar por la noche a las que recurren algunos. Que algunos políticos diseñen políticas de subvenciones inadecuadas no implica que debamos renunciar al desarrollo de lo que son sin duda las tecnologías energéticas del futuro.

Generar energía eléctrica mediante placas solares es, gracias al inexorable avance de la ley de Swanson, ya más barato que hacerlo quemando carbón. En un año, el coste de explotación de las plantas de energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito histórico que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe en el planeta, y se preven nuevos descensos. Vivimos una revolución de la generación de energía solar que está comenzando por aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Unido a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

A estas variables debemos añadir otra, para mí fundamental: la generación distribuida. Tesla, mediante Solar City, instalará en 2016 más capacidad de almacenamiento en hogares norteamericanos que la que todos los Estados Unidos en su conjunto instalaron durante el año 2015. Los vehículos eléctricos deben, además, añadirse a esa capacidad de almacenamiento: aunque aún testimoniales en sus niveles de adopción, Tesla, tras el éxito de la oferta inicial de su Model 3,  espera producir más de medio millón de unidades anuales en 2018. Países como Holanda meditan, de hecho, prohibir totalmente la venta de vehículos de gasolina y diesel en el año 2015. Hemos llegado al punto en el que lo que claramente necesitamos es, como el porpio Elon Musk afirma, una revolución contra la industria de los combustibles fósiles, que todavía impacta de manera radical muchas de las decisiones políticas en un número aún muy elevado de países.

Es el momento de pasar de la conversación de barra de bar, de las anécdotas de tiempos pasados y de las afirmaciones radicales basadas en el desconocimiento, a planteamientos reales en función de la evolución tecnológica y de las posibilidades probadas que las energías renovables tienen de cara al futuro. En el panorama energético, los elementos que conforman la disrupción, desde un punto de vista puramente tecnológico, ya están aquí, y ya se han acabado las excusas. Solo hace falta decisión y voluntad para ponerlos en marcha.