IMAGE: Samuraitop - 123RFGoogle se ha encontrado con un serio problema en el Reino Unido, cuando de repente, el gobierno y algunos grandes anunciantes hicieron pública su decisión de interrumpir la publicidad institucional en YouTube debido a la aparición de anuncios gubernamentales en páginas de vídeos con contenidos calificables como de incitación al odio, racistas, antisemitas, extremistas o de mal gusto.

El problema, que ha obligado a la compañía a prometer controles más rigurosos en el etiquetado de ese tipo de contenidos, hace evidentes las carencias del esquema publicitario que más crece en la red: la publicidad programática o real-time bidding, en la que cada impacto proviene de un proceso de subasta en tiempo real de la audiencia supuestamente cualificada de una página.

La supuesta idea de hacer llegar el anuncio correcto a la persona adecuada y en el momento perfecto, administrada mediante un sistema que permite al más interesado formular el precio más elevado, choca con muchos problemas en su conversión en realidad. Y uno de ellos es tan claro y evidente como que los contenidos no pueden ser definidos únicamente por las audiencias que congregan, y menos aún si cualificamos a esas audiencias únicamente en función de unas pocas variables sociodemográficas. La realidad, como todos sabemos, es mucho más compleja que unas pocas variables.

En el caso de YouTube, resulta evidente que Google tiene un problema: las cifras que mueve, en torno a trescientas horas de vídeo recibidas y publicadas cada minuto que pasa, hacen imposible una supervisión manual: se calcula que serían necesarias unas cincuenta mil personas viendo vídeo constantemente durante ocho horas al día para poder llevarla a cabo. En su lugar, YouTube emplea un sistema de alertas basadas en herramientas para la comunidad de usuarios: cuando varias personas marcan un vídeo como ofensivo, este pasa a un sistema de supervisión manual que podría llevar a varias medidas, desde su eliminación total de la plataforma a su exclusión del sistema de publicidad, pasando por bloqueos locales, exclusión de determinadas audiencias, u otras posibilidades.

El problema para un gobierno o compañía no termina simplemente diciendo “yo no sabía nada” o “no tengo ni idea de en qué sitios sale mi publicidad”, porque aunque nadie tenga por qué asumir que una publicidad determinada suponga el estar de acuerdo con los contenidos de una página, la cuestión va mucho más allá de un simple problema estético: es que con la impresión publicitaria se está contribuyendo a financiar al creador del contenido. De ahí que la idea de que con dinero público o con los beneficios de una marca se estén aportando recursos a causas como el racismo, la xenofobia, el odio, el terrorismo o el antisemitismo, entre otras, resulte tan preocupante.

Por otro lado, la cualificación de los contenidos está lejos de ser el único problema de la publicidad programática. A medida que crece y se generaliza este mecanismo, se está dando lugar a un ecosistema en el que cunde la sensación de que “todo es mentira“: audiencias generadas a golpe de bots, cantidades crecientes de click fraud, reproducciones de vídeo simuladas o inexistentes, analíticas falseadas… hace algún tiempo, escribía en El Español sobre la necesidad de un reset para la industria de la publicidad en general: en muy poco tiempo, la red ha pasado de representar la promesa de un medio perfecto para alcanzar con nuestros mensajes publicitarios a las personas a las que más les pudiesen interesar, a convertirse en una especie de salón de los espejos en el que se fabrica tráfico, se compra tráfico, se vende tráfico y se simula tráfico. 

Una vez más, se cumple la regla general: una vez creado un ecosistema atractivo y sometido a un fuerte crecimiento, no tardan en aparecer aprovechados dispuestos a enturbiarlo, a timar a incautos y a destrozar su propuesta de valor. Nada nuevo bajo el sol.

 

IMAGE: Brux -123RF

Una ley firmada el pasado jueves por el gobernador del estado de California, Jerry Brown, legaliza finalmente las pruebas de vehículos autónomos sin conductor a bordo, sin pedales y sin volante, en condiciones de tráfico real. Aunque algunos países, como Finlandia o el Reino Unido (que comenzó a estudiar el tema en 2013 y actualmente no tiene barreras legales a la circulación de vehículos autónomos), ya disponían de leyes que permitían la conducción autónoma en condiciones de tráfico real, lo que ha permitido experiencias como las de los autobuses de Helsinki, en California, hasta el momento, las quince compañías autorizadas para hacer pruebas en estas condiciones estaban obligadas a circular con un conductor humano, y a tener tanto volante como pedales que le permitiesen tomar el control del vehículo.

La ley californiana sigue a las directrices marcadas por la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) norteamericana, en una revisión que llevaba anunciada desde el año 2015 y en la que Google parece haber tenido una importante influencia. Desde el año 2013 se consideraba ya de manera general que la evolución de las normas de tráfico estaban yendo muy por detrás del desarrollo de los vehículos autónomos, lo que convertía esta revisión en un hito muy importante. Google parece haber hecho valer no solo su experiencia en el desarrollo de vehículos autónomos, sino también su habilidad para el lobbying: ha contratado hasta a cuatro antiguos funcionarios de la NHTSA para que explicasen a sus ex-compañeros su visión sobre la conducción autónoma, hasta conseguir una revisión que, aunque algunos consideran tímida, abre interesantes posibilidades para el progreso de la tecnología. Finalmente, en California, los automóviles en pruebas podrán conducir en tráfico real en determinadas zonas especialmente delimitadas, con una velocidad máxima de unos 56 km/h, y con un seguro con una cobertura mínima de cinco millones de dólares por vehículo. 

En los Estados Unidos, los ciudadanos de California y Nueva York parecen ser los más permeables a la idea de la conducción autónoma, con un nivel de aprobación del 86% y del 90% respectivamente frente a una media nacional del 80%. Compañías como Google cuentan ya con un importante repositorio de experiencias que, hasta el momento, contaban con un conductor humano especialmente adiestrado y preparado para tomar el control en determinados momentos si las circunstancias del tráfico lo exigían o recomendaban. Ahora, podrán comenzar a hacer pruebas prescindiendo de ese conductor humano, dado que, según palabras de Dmitri Dolgov, director de la unidad de tecnología de auto-conducción en la compañía, ellos “no están construyendo un automóvil, sino un conductor“.

Se abre un nuevo reto para los países: quedarse atrás en la adaptación de las leyes y códigos de circulación es una forma de retrasar el progreso en el desarrollo de una tecnología que no solo puede representar una oportunidad enorme para reducir drásticamente las cifras de accidentes en carretera, sino también llegar a replantear completamente la manera en la que nos desplazamos, la forma en la que transportamos mercancías, o incluso la fisonomía de nuestras ciudades. Adaptar el marco legislativo al avance tecnológico que supone la conducción autónoma es, en este momento, una misión crítica que definirá qué países pueden progresar más rápido en este ámbito y aspirar a retener una parte del valor generado.

El sueño de Chris Urmson, hasta hace poco director de la misma iniciativa, de conseguir que su hijo nunca necesitase carnet de conducir, está cada vez más cerca.

 

ARM, a SoftBank company

ARM Holdings, la auténtica joya de la corona tecnológica británica y la estrella del llamado Silicon Fen (la zona en torno a Cambridge), recibe una oferta de adquisición del conglomerado japonés de telecomunicaciones SoftBank por 32,000 millones de dólares, un multiplicador de más de 21 veces sobre la facturación del último año de la compañía, 1,500 millones. La oferta supone £17 en cash por acción, un 43% sobre su precio de cierre de la semana pasada.

Los microprocesadores y GPUs de ARM están presentes en una amplísima gama de dispositivos desde ordenadores de sobremesa y portátiles, hasta dispositivos móviles de en la mitad de las tabletas con Android, y en la práctica totalidad de los smartphones, smartwatches y otros dispositivos. Es el tercer fabricante más popular en dispositivos móviles, el primero que vio claramente en la movilidad la oportunidad para capitalizar un diseño enfocado a la extrema eficiencia y el bajo consumo de recursos, y una de las empresas consideradas clave en el desarrollo de la internet of things (IoT). Claramente, el valor de mercado de ARM no reflejaba su ubicua presencia en el actual panorama tecnológico.

El modelo de negocio de la compañía consiste en la licencia de sus diseños y tecnología a fabricantes de dispositivos, que pagan una pequeña cantidad por cada unidad vendida, y es la suma de muchas de esas pequeñas cantidades, en un mundo en el que progresivamente todo está llamado a llevar no uno, sino múltiples chips, lo que termina por sumar los 1,500 millones de dólares que la compañía facturó el pasado año. ARM no fabrica los chips, ni siquiera diseña los chips que llegan al mercado. En realidad, ARM diseña el núcleo que acaba instalado en los chips de otras compañías, como Qualcomm, Nvidia, Apple o Samsung, ARM licencia su diseño a los fabricantes que desean utilizar sus núcleos en sus chips y, finalmente, en sus dispositivos o en los de terceros. En el año 2015, se vendieron alrededor de quince mil millones de dispositivos equipados con núcleos basados en diseños ARM, un crecimiento de tres mil millones sobre el año anterior, en torno a la mitad de ellos instalados en dispositivos móviles. Y a medida que la IoT se extiende y vamos poniendo sensorizando y conectando cada vez más objetos en nuestro día a día, la demanda de chips de bajo consumo no puede hacer más que crecer, un año detrás de otro.

La adquisición, según algunos analistas, tiene un detonante claro en el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que ha provocado una fuerte caída de un 30% de la libra con respecto al yen frente al año pasado, del 11% contando únicamente desde el día del referendum. Este descenso en el valor podría haber actuado como un endulzante de la transacción, aunque el efecto, no obstante, no está completamente claro: la fuerte posición de ARM en el mercado global ha provocado un incremento de la valoración de sus acciones de un 16.7% desde la misma fecha.

La operación ha provocado una cierta discusión entre los políticos partidarios del Brexit, que afirman que la adquisición supone una fuerte inversión de divisas y una creación de riqueza en el país que desafía la creencia generalizada de apocalipsis económica asociada con el resultado del referendum, y los que opinan que el hecho de que ARM deje de ser una compañía británica y pase a ser japonesa es una mala noticia, entre otros, una voz tan autorizada como la del fundador de la compañía, Hermann Hauser, que considera que la noticia marca un día triste para la industria tecnológica británica:

“… it was a British company that determined the next generation microprocessor architecture, that is going to be used in all the next generation phones and – more importantly – in the next generation of the internet of things”

(…  era la compañía británica que iba a determinar la arquitectura de los microprocesadores de la próxima generación, la que va a ser utilizada en todos los teléfonos de la generación que viene, y más importante aún, en la próxima generación de la Internet de las cosas)

Ahora, esa compañía será japonesa, con todo lo que ello pueda conllevar. Como parte del trato, SoftBank se ha comprometido a elevar la inversión en ARM hasta doblar su número de empleados en el Reino Unido en un plazo de cinco años, así como a mantener a su equipo directivo y su estrategia de licencias. La compañía podría tratar de buscar sinergias incrementando el número de procesadores basados en ARM en sus dispositivos o plantearse elevar el precio de sus licencias, pero lo que nadie duda es que ahora ejerce una gran influencia sobre uno de los actores fundamentales en el desarrollo de una de las áreas tecnológicas con un crecimiento más prometedor en el futuro.

 

 

Internacional.- Este jueves 23 de junio, los británicos votan decirle sí o no a la Unión Europea. Los más conservadores quieren alejarse, los laboristas, continuar.

Idiomáticamente hablando, “Brexit” significa “British Exit” (o “Salida Británica”). A favor están aquellos que entienden que Gran Bretaña sería un país más competitivo si no estuviera “encorsetado” a las normas comerciales y de intercambio de Europa y, a la vez, es una manera de frenar la inmigración desde Asia y de los países del Este.

El debate por Europa Sí o Europa No es viejo en la política interna de UK. Los sectores más conservadores hace décadas que quieren abandonar la comunidad de países europeos. Ya en 1975, hubo una consulta similar (en ese tiempo por permanecer o no en la Comunidad Económica Europea): ganó el sí con un 67 por ciento de los votos.

Para las grandes compañías, la salida de Europa no es una muy buena noticia. Como dato, basta decir que el indicador FTSE100 de la bolsa de Londres se desplomó 18 por ciento en seis días, cuando una encuesta le dio ventaja de 7 puntos a favor del “Sí”.

Pero luego de una encuesta publicada por The Sun que mostró que el “Sí” al Brexit perdía votos y, casi al mismo tiempo, la diputada militante por la permanencia Jo Cox moría asesinada, la permanencia en Europa parece haber recuperado vigor.

La pregunta puntual es: ¿Debe Reino Unido seguir siendo un miembro de la Unión Europea, o debe abandonar la Unión Europea? Y las opciones de respuestas son dos: “Remain a member” (seguir siendo miembro) o “Leave” (abandonar).

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Algunos de los que votan, como en este caso, publican las fotos en la web. En este caso, a favor de la salida.

Apoyo externo

Por supuesto, Estados Unidos, Alemania y Japón han apoyado abiertamente la continuidad de UK en Europa. De hecho, Barack Obama visitó Londres y llamó a los británicos a votar por la continuidad. Ángela Merkel también fue clara: “No puedo imaginar una salida de la UE constituya una ventaja para los británicos”.

¿Y las marcas? ¿Cómo las afectaría que UK salga de la Unión Europea? Basta decir que la mayoría de los sectores financieros advirtieron que tendrá consecuencias negativas para toda la comunidad europea. Por ejemplo, George Soros pronosticó una caída del valor de la libra esterlina del 15 por ciento y desde la Reserva Federal estadounidense (FED) se dijo que se abrirá un periodo de incertidumbre para la economía de Estados Unidos e Inglaterra si esto se concreta. Ver “¿Qué es el Brexit? Todo lo que los mercadólogos deben saber”.

Hay que recordar que si bien el Reino Unido no integra el llamado “Espacio Schengen”, que permite la libre circulación de los ciudadanos entre países sin tener que presentar pasaporte cada vez que cruzan las fronteras, y tampoco de la moneda común (el euro), participa del mercado común y está regulada por los intercambios comerciales hacia el interior y el exterior de la UE.

En las redes, tendencia

En Twitter, “#iVoted” es TT desde las primeras horas del jueves (incluso con un ícono especial). También #BrexitOrNot se posicionó entre lo más comentado.

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Este es un voto a favor de la continuidad en la UE.

Los medios reflejan en sus portadas el dilema, algunos tomando abiertamente partido por una de las posiciones.

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The Sun no duda en apoyar la salida de la UE.
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El Daily Star apeló al emoji.


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Amazon freshAmazon lanza su servicio Amazon Fresh en el Reino Unido, y la gran distribución de todos aquellos países en los que la compañía mantiene una presencia relevante ponen sus ojos en la experiencia para tratar de entender hasta qué punto el lanzamiento podría llegar a afectarles. Por el momento, se trata de una prueba limitada a 69 códigos postales londinenses desde un almacén alquilado que previamente era utilizado por Tesco y en asociación con la cuarta cadena de supermercados del país, Morrisons, pero lo normal sería pensar que la compañía seguirá una estrategia de expansión similar a la que ha mantenido en los Estados Unidos, con aperturas en nuevas ciudades a medida que estima que el mercado genera unas expectativas adecuadas.

La gran distribución en el Reino Unido no estaba ya de por sí en su mejor momento. Las cuatro grandes cadenas de supermercadosTesco, Asda, Sainsbury’s y Morrisons, que concentran un 73.2% de cuota de mercado, llevan algún tiempo viendo como esta participación se erosiona progresivamente con el crecimiento de los líderes del hard discount Aldi y Lidl,y se disponen ahora a evaluar los resultados del experimento del gigante norteamericano del comercio electrónico

¿Cuánto afecta la apertura de un servicio como Amazon Fresh a la gran distribución? De entrada, en ninguno de los mercados en los que la compañía ya opera ( Seattle, Los Angeles, San Francisco, California, San Diego, Brooklyn, Nueva York y Filadelfia) hemos visto cadenas de distribución cerrando sus puertas, pero seguramente, sí se habrán visto afectadas en su volumen de facturación a medida que algunos segmentos de clientes encuentran interesante la propuesta de la compañía. Un servicio basado en el ya conocido Amazon Prime, la tarifa plana de logística de la compañía, que resulta enormemente exitosa en hogares de elevado poder adquisitivo, y que da lugar a incrementos de fidelidad y del gasto medio verdaderamente brillantes. En el caso del Reino Unido, en donde la suscripción a Amazon Prime cuesta 79 libras, el extra que conlleva extenderlo para Amazon Fresh supone 6.99 libras al mes, un gasto que no parece excesivo en cuanto lo diluimos entre unos cuantos envíos. La logística es, sin duda, uno de los puntos fuertes de la compañía: envíos en ventanas realmente cortas de una o dos horas según la zona, y planes para expandirla con todo tipo de posibilidades que, aunque aún sigan siendo vistas como relativamente futuristas, terminarán sin duda convirtiéndose en realidad en no mucho tiempo. Si unimos este tipo de cuestiones a detalles como los Amazon Dash Buttons, que se expanden con gran velocidad entre los distintos fabricantes y suponen una manera de incrementar la comodidad y la lealtad de los usuarios por sus productos favoritos, tenemos una propuesta que nos acerca a la idea de lo que debería tener la distribución del futuro, un conjunto de características y prestaciones que los competidores actuales aún no parecen tener.

¿Cómo evolucionará la industria de la gran distribución ante un competidor como Amazon Fresh? ¿Qué tipo de movimientos veremos en España y cuándo? Por el momento, solo una cosa está clara: los competidores españoles deberían estar muy atentos a la evolución del mercado británico tras la entrada de Amazon Fresh…