IMAGE: DaimlerCuando hablamos de conducción autónoma, tendemos a centrarnos en los movimientos del que por el momento se ha constituido en líder absoluto, prácticamente el que inició y dio carta de realidad, con su anuncio en octubre de 2010, al movimiento real en este sentido. Esas pruebas iniciales devinieron, tras la reestructuración de Google en Alphabet, en una subsidiaria llamada Waymo, de la que hemos hablado en numerosas ocasiones y que, a día de hoy, cuenta ya con flotas de vehículos autónomos que circulan en condiciones de tráfico real y sin conductor de seguridad en varias ciudades norteamericanas: Phoenix, Mountain View, San Francisco, Austin, Detroit, Atlanta y Kirkland, seleccionadas fundamentalmente en función de sus condiciones topográficas y meteorológicas.

Sin embargo, hay vida más allá del reconocido como líder de mercado. En Arizona y varias ciudades más, Cruise, propiedad de GM, ha desplegado ya también una importante flota. En Las Vegas y otras ciudades como Boston, Lyft ha ofrecido también servicios de taxi autónomo, como lo hace también Voyage en Florida, NuTonomy en Singapur, Drive.ai en Texas y Boston,  Yandex haciendo pruebas en Moscú, o Intel desplegándose en Jerusalén, entre otros. Claramente, las iniciativas de conducción autónoma se dividen en: 

  1. Compañías con un interés tecnológico, que muy posiblemente terminarán ofreciendo su plataforma a terceros, como la propia Waymo, pero también empresas como las citadas nuTonomy, Intel, Nvidia, Bosch, Drive.ai, Yandex, Apple o Baidu.
  2. Compañías no automovilísticas que son conscientes de que la conducción autónoma redefine completamente su negocio operativo, y por tanto, tratan con mayor o menor suerte de mantener una posición puntera en ese ámbito, como Uber o Lyft.
  3. Compañías automovilísticas que entienden que el futuro ya no está mayoritariamente en la venta de vehículos a clientes individuales, sino en la operación de flotas, como Daimler o GM, que tradicionalmente comenzaron por la clásica aproximación gradual mediante ayudas a la conducción, pero que en algún momento decidieron simultanear esa aproximación con otra más disruptiva.

Uber, por ejemplo, tras el lamentable accidente que terminó con la vida de un peatón en Tempe, Arizona, acaba de tomar las decisión de replegar sus iniciativas en ese sentido, en las que claramente se había lanzado de manera irresponsable con prototipos aún no preparados para pruebas en tráfico real, y acaba de comunicar el despido a más de cien conductores de seguridad en ciudades como San Francisco y Pittsburgh, conductores que, en realidad, contaban con una preparación más bien escasa y superficial para esa tarea. Todo indica que la compañía, tras el nuevo enfoque traído por su CEO, Dara Khosrowshahi, estaría adoptando una actitud más conservadora – o menos irresponsable – y podría terminar cerrando alianzas con proveedores tecnológicos en lugar de intentar desarrollar toda la tecnología por su cuenta, de forma parecida a como lo está haciendo Lyft.

GM es un caso diferente: tras la adquisición de Cruise en marzo de 2016 por más de mil millones de dólares, la compañía se ha centrado en potenciar la división resultante, parece haber alcanzado un nivel razonablemente parecido al del líder, Waymo, en cuanto a intervenciones necesarias por distancia recorrida, y todo indica que se enfocaría en el futuro al desarrollo de flotas de taxis autónomos, en una transición suave que no abandonaría la venta de vehículos a particulares.

Un camino similar parece plantearse la alemana Daimler: la inventora del motor de explosión parece estar avanzando gracias a la colaboración con compañías tecnológicas de diversos tipos desde empresas de componentes como Bosch o Nvidia, hasta la china Baidu, de la que parece haber adoptado su plataforma Apollo, ya en su versión 3.0. Así, los planes de Daimler pasan por la reciente obtención de una licencia para probar sus vehículos en tráfico real en ciudades chinas, y por el lanzamiento de una flota operativa de taxis autónomos en California en 2019, en principio con vehículos convencionales adaptados como los Clase S o Clase B, pero sin descartar el lanzamiento de vehículos más experimentales que en su momento fueron presentados como prototipos, como el que aparece en la foto.

En paralelo, están teniendo lugar otras iniciativas aparentemente menos vistosas pero no por ello menos importantes: la ya mencionada Baidu, de nuevo con su plataforma Apollo, acaba de cerrar un contrato para suministrar autobuses autónomos de transporte de pasajeros en Japón. En el ecosistema empresarial chino, los temas relacionados con la conducción autónoma están entrando en una fase considerada estratégica, y están experimentando una fuerte aceleración y dotación de fondos. Y en otros entornos, como el transporte de mercancías, en medio de la mayor crisis de escasez de conductores de la historia en los Estados Unidos que anticipa la ya prevista transición al uso generalizado de vehículos autónomos, surgen cada vez más iniciativas, como ésta centrada en el transporte de madera.

El desarrollo de la tecnología de conducción autónoma cumple ya con todos los requisitos habituales en modelos de difusión: mercado, prisa, competencia, adaptación legislativa acelerada, participantes con estrategias y aproximaciones variadas, beneficios… si en algún momento alguien dudó de aquella mágica fecha de 2020 para considerar los vehículos autónomos como algo razonablemente normal y desarrollado en entornos seleccionados como las ciudades grandes o el transporte de mercancías, puede ir frotándose los ojos y abandonando el bando de los escépticos. El futuro ya está aquí.

 

Tesla Semi (IMAGE: Tesla)

Como el legendario clásico del rock’n roll español de Loquillo y los Trogloditas, “Yo para ser feliz quiero un camión“. Y no me refiero a mí mismo, que nunca he tenido  demasiada pasión por la carretera en ninguno de sus sentidos, sino a las sensaciones que produce la presentación, la pasada noche en Los Angeles, del nuevo Tesla Semi, un monstruo (utilizando la terminología de la propia compañía, un BAMF :-) con una aerodinámica impresionante y un aspecto de película futurista, con una autonomía de más de 800 kilómetros a plena carga, media hora de tiempo de recarga, y unas prestaciones de aceleración, seguridad y autoconducción desconocidas en la categoría.

Hay una versión abreviada de la presentación en 9 minutos que la cubre de manera muy razonable, y en la que se ve cómo se puede presentar algo como un camión, industrial y habitualmente no considerado un fenómeno de masas, en un evento casi orientado a masas y medios de todo tipo, pero sin perder la sensibilidad con las demandas y necesidades de quienes conducen un camión.

El camión presentado ayer comenzará su fabricación en 2019 y no estará en el mercado hasta 2020, lo que lleva a plantearse las intenciones de la compañía en este sentido. ¿Camiones eléctricos? Aunque posiblemente no lo supieras, hablamos de un segmento de mercado en claro crecimiento, sobre todo debido a las demandas medioambientales exigidas de manera creciente por cada vez más ciudades, y tanto Daimler como Volkswagen, Cummins o Nikola llevan tiempo trabajando en el tema, aunque dado que no son Tesla y no tienen, por tanto, su capacidad de convocatoria, únicamente los especialistas en la industria se habían enterado.

¿Qué pretende Tesla entrando en una categoría como esta, tan aparentemente diferente de la que ocupa actualmente, y anunciando un vehículo que no estará disponible hasta el 2020? Ni más ni menos que aspirar a definirla, a influenciar su desarrollo, y a ser considerado un líder tecnológico aprovechando el paraguas que le brinda su visibilidad en el mundo del automóvil. Que Tesla, una compañía no comparable en términos de producción total con prácticamente ninguna de las empresas de automoción tradicionales, sea considerada un líder tecnológico que marca la pauta de la industria es algo que muy pocos discuten, y lo hace no solo gracias a la personalidad de un fundador con una proyección mediática espectacular, sino también merced a una cuidada estrategia de presentación de productos, aunque posteriormente le pueda resultar muy complicado ajustarse a la producción anunciada. Pasar de ser una pequeña compañía que fabrica vehículos de muy alta gama a convertirse en otra que anuncia un modelo que podríamos considerar en una escala medio-alta supone una complejidad enorme, y no ser capaces de cumplir con lo prometido ha supuesto una importante caída en las expectativas de valor de la compañía.

La permanente lucha de la compañía con su volumen de producción a corto y medio plazo contrasta, por tanto, con la idea de una línea de productos en constante expansión: además de presentar el ya comentado camión, Tesla presentó también por sorpresa un roadster, un vehículo deportivo con unas prestaciones brutales, que tampoco estará en el mercado antes de 2020, pero que viene a completar una línea que precisaba de un factor de atracción, de un vehículo en modo “objeto de deseo”, que además, incentivase a los que lo quieren a adelantar dinero para su reserva, en una estrategia de apalancamiento en el cliente que resultaría seguramente imposible de plantear para ninguna otra marca de automoción.

Si quieres ver cómo serán los camiones en el futuro, seguramente vayan a parecerse bastante a eso que Tesla ha presentado hoy. Aspirar a marcar las tendencias y a ser visto como líder tecnológico de una categoría es algo que no resulta sencillo, pero que sin duda, la compañía de Musk lleva a cabo notablemente bien. En la visión estratégica de Elon Musk, lo importante es el trabajo de definición, creación y presentación: cumplir rigurosamente con las fechas y plazos es algo que queda más “para el detalle fino”. Es muy posible que cuando muchos piensen en camiones, vayan a tener en la cabeza a partir de ahora una imagen, la del vehículo de Tesla, que no veremos rodando por las carreteras hasta 2020… pero que a todos los efectos, ya se ha presentado como lo que muchos camiones quieren ser cuando sean mayores. Ahora queda lo más difícil: convertirlo en realidad.

 

IMAGE: AImage - 123RFUber adquiere Otto, una startup creada por ex-empleados de Google que ha logrado crear desarrollos muy avanzados de camiones autónomos, con la idea de poner a Anthony Levandowski, una de las personas que crearon el primer coche autónomo de Google, al frente de las iniciativas de la compañía en ese sentido y de, según los anuncios de ambas compañías, repensar el transporte. La idea es hacerse con la tecnología de la compañía al tiempo que se introduce en el entorno del transporte y la logística de mercancías, un pastel con una dimensión económica enorme.

Al tiempo, lanza con Volvo un piloto este mes en la ciudad de Pittsburgh para que vehículos autónomos comiencen a recoger a usuarios de la aplicación, por el momento con dos ingenieros de la compañía en los asientos delanteros, uno preparado para tomar el mando del vehículo si fuera necesario (o simplemente para cumplir con la legislación que todavía obliga a ello en el estado de Pennsylvania), y otro tomando notas de todas las posibles incidencias. El viaje, durante el período de pruebas, será además gratuito, pero según los planes de la compañía, “en el futuro serán baratísimos, mucho más que utilizar un vehículo en propiedad, incluso para viajes largos en áreas rurales”. Según Travis Kalanick, fundador de Uber, la apuesta por el vehículo autónomo no tiene posibilidad de error, y representa el futuro de la compañía: un futuro que inició Google, pero que ahora Uber consigue poner primero al alcance de los usuarios.

El vehículo autónomo representa un mercado que algunos calculan en 560,000 millones de dólares, y que la compañía no está dispuesta a dejar escapar. Es, como digo en mi columna de El Español de esta semana, titulada “Tecnología, coches y preocupaciones“, la industria sobre la que realmente hay que escribir en este momento, la que se plantea que en un plazo de entre cuatro y cinco años va a ver cómo cambian no solo la tecnología de su principal componente, el motor, sino además, el quién conduce los vehículos y quién los compra. En automoción va a cambiar todo, se va a redefinir completamente, y lo va a hacer en un plazo tan rápido que muchos, cuando ven las evidencias, no alcanzan a más que a negarlas tercamente con argumentos primarios.

Sí, si pides un Uber en Pittsburgh este mismo verano – no, no hablamos de ciencia-ficción, de anuncios optimistas ni de planes a largo plazo – te recogerá y te llevará a tu destino un vehículo completamente autónomo. Esto ha llevado a que conductores de Uber, que conocían los planes de la compañía pero no esperaban que comenzasen a hacerse realidad tan pronto, se pregunten cuál va a ser su papel en el futuro, si son simplemente un recurso que se emplea mientras la tecnología no está completamente madura.

La pregunta afecta al más de un millón de conductores de Uber – los cuatro mil que hay en Pittsburgh ya lo empiezan a ver en primera persona – pero también a los 3.5 millones de camioneros que hay tan solo en los Estados Unidos, además de a millones de conductores de autobús, repartidores, taxistas y cualquiera que viva total o parcialmente de ponerse detrás de un volante. Y la respuesta es clara: perderán su trabajo. No de manera inmediata, la transición tardará algunos años, pero podemos estar completamente seguros: en no mucho tiempo, no será posible vivir de conducir.

Problemas como la adquisición y mantenimiento de un vehículo, la seguridad durante su uso, llenarle el depósito, contaminar el mundo con los humos que salen de su escape o dar vueltas para aparcarlo, sencillamente, desaparecerán. ¿Te extraña que dedique tanto espacio al análisis de esta tendencia? La automoción se ha convertido en uno de los escaparates más brutales de la innovación: estamos ante uno de los cambios más importantes que hemos vivido en muchísimo tiempo, una auténtica redefinición del mundo que conocemos. Y está a cuatro o cinco años vista.

 

European Truck PlatooningNo todo en los vehículos autónomos tiene que ver con los automóviles. Muchas de las iniciativas tienen lugar, por ejemplo, en campos de cultivo en los que se experimenta con tractores o, como ocurrió la semana pasada, en rutas internacionales de transporte de mercancías mediante camiones: una iniciativa, denominada European Truck Platooning, ha logrado llevar seis equipos de camiones de seis marcas diferentes desde sus bases en sus respectivas oficinas centrales hasta el puerto de Rotterdam, utilizando conducción semiautónoma la mayor parte del tiempo.

La ruta más larga, de casi dos mil kilómetros, correspondía a Scania, que salía desde Södertalje, al sur de Estocolmo, y debía conducir a través de Suecia, Dinamarca, Alemania y Holanda. Volvo comenzaba en Gotemburgo con un recorrido similar, mientras Daimler partía de Stuttgart,  MAN de Munich, IVECO desde Bruselas y DAF desde Westerlo, en Bélgica. Toda la iniciativa, coordinada por la presidencia holandesa de la Union Europea y en la que participaban también fabricantes con importantes necesidades de logística como Unilever o DHL, fue transmitida en tiempo real en Twitter mediante el hashtag #TruckPlatooning con detalles y comentarios del recorrido, así como con fotografías y vídeos

El platooning es una forma de conducción automatizada en la que los vehículos se agrupan en trenes que circulan muy próximos entre sí, comunicados mediante herramientas tecnológicas, y de manera coordinada. Esto permite no solo incrementar la capacidad de las carreteras, sino también alcanzar importantes ahorros de combustible (hasta un 15%, lo que reduce la factura para dos camiones que recorran unos cien mil kilómetros anuales en torno a unos seis mil euros), así como mejoras en la seguridad derivadas de la monitorización electrónica. El platooning está, cada vez más, siendo definido como uno de los grandes elementos de futuro en el transporte de mercancías.

Platooning (IMAGE: EU Truck Platoon Challenge)Lo comentamos hace tiempo: lo normal era pensar que la conducción autónoma no comenzaría en los vehículos particulares, en los que el coste de las tecnologías implicadas alejaba el vehículo del mercado de consumo, sino en aquellos usos en los que pudiera ser verdaderamente diferencial. El transporte de mercancías es, claramente, uno de esos mercados, y en él podemos ver ya aplicaciones que van desde el ahorro de combustible y el incremento de fiabilidad, como esta iniciativa, hasta patentes de Google relacionadas con el reparto autónomo que incluyen la recogida.

La idea, en las siguientes etapas de la iniciativa, es que flotas de camiones autónomos recojan mercancías en Rotterdam y las distribuyan por distintos destinos europeos. Aún falta pulir algunas cuestiones: por el momento, las flotas de camiones solo pueden hacer platooning con camiones de su misma marca, dado que los distintos fabricantes utilizan distintos protocolos para sus comunicaciones inalámbricas, así como temas regulatorios y de normas de seguridad relacionadas con los distintos países que atraviesan en sus rutas. En cualquier caso, estamos ya en esa fase en la que los problemas van progresivamente dejando de ser tecnológicos y caen cada vez más en otras tipologías.

La próxima vez que veas varios camiones en una carretera sospechosamente juntos, plantéatelo: pueden estar aprovechando la aerodinámica mediante el platooning, coordinados electrónicamente y circulando en modo autónomo. Si esto no es acercarse a la ciencia-ficción, pocas cosas lo son.