Movistar ADSL routerHace dos días se estropeó el router ADSL de la casa en la que suelo pasar mis vacaciones, en una zona rural a media hora escasa de La Coruña a la que no llega aún la fibra y en la que tengo un ADSL de 10 Mb/s. con un router parecido al de la imagen. Nada que ver, obviamente, con los 300 Mb/s simétricos que tengo en Madrid, pero es lo que hay en esa zona y nos llega razonablemente para el uso que hacemos de la conectividad durante las vacaciones. Eso sí, dados mis hábitos rayanos en lo obsesivo-compulsivo, como el publicar en esta página todos los días llueva, nieve o truene, quedarme sin conectividad me puede suponer una incomodidad bastante importante, y el único plan B es conectarme a través del smartphone.

Así que ayer, en cuanto vi que el router no encendía siquiera sus luces al enchufarlo, le di la vuelta y encontré unas instrucciones muy sencillas: envíe un SMS al 1002 con la descripción de su problema. Dicho y hecho: envié el SMS directamente, con el mensaje “Router ADSL no funciona”. Inmediatamente, otro mensaje me confirmó la recepción y la transferencia de mi petición de servicio al centro de atención ADSL, otro mensaje confirmó la línea afectada y me informó de que estaba en proceso de análisis, y un tercero me notificó que se abría la incidencia. Ayer estuve todo el día fuera de casa, pero en cuestión de pocas horas, una llamada automatizada me avisó de que un técnico pasaría por mi casa para examinar el equipo. La llamada daba la oportunidad de diferirla si no me venía bien atenderla en ese momento, cosa que hice en dos ocasiones: ningún problema, se repitió a intervalos razonables hasta que, a la tercera, la misma voz computerizada me ofreció varios días y posibles franjas horarias para que un técnico se pasase. Escogí una a primera hora de esta mañana, y como debe ser, esta mañana me llamó un técnico para confirmar la dirección – el entorno rural gallego tiene “su aquel” – , apareció en cuestión de media hora, sustituyó el router por otro, y lo dejó funcionando. Finalmente, otra llamada automatizada me pidió confirmación de que la avería se había subsanado. Así de sencillo.

Una avería, nada compleja pero sí susceptible de generar incomodidad, solucionada en cuestión de pocas horas a pesar de estar en un entorno rural, y con un canal, el de atención automatizada, que prefiero con mucho a la alternativa de hablar con personas: sencillo, inmediato y sin presión. Cuando algo se estropea, lo que menos me apetece es llamar a ningún sitio: si lo puedo gestionar mediante un SMS, un mensaje en WhatsApp, un sistema automatizado u otro canal similar, lo prefiero claramente, y no parece que sea el único. Un nivel de estándar de servicio en el que, eso sí, es preciso que todos los sistemas de la compañía y de sus subcontratas se coordinen y funcionen a la perfección. Y en este caso, ha sido así, lo que convertiría esta entrada en el prototipo de una “no-noticia”, de eso sobre lo que generalmente no escribimos o no mencionamos porque, simplemente, “todo funciona como debería funcionar”. Salvo que, en muchos casos y con muchas compañías, las cosas no siempre funcionan así, y de hecho, he escuchado auténticas historias horribles de averías aparentemente absurdas cuya solución se prolonga en el tiempo por razones incomprensibles, y las he escuchado demasiadas veces y a demasiados amigos.

Sinceramente, hace tiempo que el nivel de servicio de Movistar excede sistemáticamente mis expectativas, y eso es algo que creo que se debe reseñar, por mucho que pueda ser “lo normal” o que pueda ser una “no-noticia”. En los tiempos que corren, que una operadora de telecomunicaciones me mantenga no solo como cliente satisfecho, sino que además, sea capaz de solucionar las posibles incidencias como ha solucionado las últimas que he tenido me parece digno de mención, y me lleva a creerme cada vez más su promesa de poner al usuario en el centro. Que además, esa compañía me ofrezca la posibilidad de gestionar toda la incidencia de manera automatizada y que toda la interacción sea con el técnico que viene a mi casa me parece perfecto: no me considero ningún sociópata y no tengo claro por qué razón prefiero eso a llamar y hablar con una persona, pero lo cierto es que sí que lo prefiero. Sinceramente, no tengo más relación con Movistar que la de pagarle las facturas todos los meses, pero me parece que cuando las cosas funcionan así de bien, se deben contar.

 

T-mobile and Sprint logosAyer día 29 se anunció el acuerdo final entre dos operadoras que operan en los Estados Unidos, T-Mobile y Sprint, para lo que han llamado una fusión empresarial, una operación de 26,000 millones de dólares que reducirá en gran medida las opciones a los consumidores norteamericanos, que ya de por sí se encontraban en una situación de muy escasa o nula elección. El resultado de la supuesta “fusión” es que Sprint desaparece, que la compañía resultante seguirá operando bajo el nombre de T-Mobile, y que estará dirigida por los que anteriormente eran el CEO y el COO también de T-Mobile, el mítico John Legere y Mike Sievert. El anterior CEO de Sprint, Marcelo Claure, y el CEO de su propietaria mayoritaria, la japonesa Softbank, Masayoshi Son, mantendrán puestos en el Consejo de Administración. 

La idea de una fusión entre T-Mobile y Sprint había fracasado anteriormente debido precisamente a la oposición de la administración Obama, que la consideraba una muy mala idea. Fundamentalmente, la fusión dejaría la parte baja del mercado, las tarifas más baratas, el prepago, etc. en manos de una sola compañía, que pasaría a poder gestionarlo a su antojo sin excesiva presión competitiva – precisamente la razón que suele esgrimirse para desalentar operaciones de ese tipo. Sin embargo, las conversaciones han vuelto a tener lugar y, en esta ocasión, bajo la que es sin ninguna duda la administración más corrupta de la historia reciente de los Estados Unidos, es más que posible que fructifiquen. En primer lugar, por la presencia al mando de la Federal Communications Commission (FCC) de un lobbista de la industria de las telecomunicaciones, Ajit Pai, que viene a suponer la misma connotación que poner a un zorro a cuidar de un gallinero: ni la más mínima consideración por los usuarios o por el progreso, sino únicamente por los beneficios de las compañías para las que trabajaba antes de llegar a su puesto. En segundo, por lo profundamente primario del razonamiento del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al que basta con empaquetarle la operación con las ideas que él quiere oír, las mismas que se harta de repetir en su discurso populista, para que la operación prosiga sin oposición.

¿Qué le han dicho a Donald Trump para que la fusión se pueda llevar a cabo? Simplemente, que es “buena para América”. Que supuestamente creará puestos de trabajo – muy poco probable, cuando todo aquel que haya trabajado en fusiones y adquisiciones sabe que tienden a caracterizarse por la eliminación rápida de todas las estructuras redundantes – y que tendrá un gran efecto en la carrera que el país mantiene con China por el progreso en el desarrollo de las redes 5G, algo que también es, en muchos sentidos, un auténtico brindis al sol. El cada vez mayor enfrentamiento entre los Estados Unidos y China está determinando que las compañías de este país, muchas de ellas en la verdadera vanguardia de la investigación en telecomunicaciones por desarrollos y por número de patentes, estén viéndose en la necesidad de adoptar un plan B para la eventualidad de que las sanciones les obliguen a ser autosuficientes.

La operación que implica a T-Mobile y Sprint es una prueba clara de los tiempos que corren: una administración corrupta, lobbistas a cargo de la regulación, y un presidente infantil, al que lo único que hay que hacer para conseguir que apruebe algo es bailarle el agua y decirle lo que quiere oír. Triste panorama.

 

Deutsche Telekom MagentaMobil XLMarcos Sierra, de VozPópuli, me llamó para hablar sobre el futuro de las telecomunicaciones móviles y la evolución hacia tarifas planas, al hilo del lanzamiento en Alemania hace pocos días de MagentaMobil XL, un plan de datos de Deutsche Telekom con datos realmente ilimitados, más allá de la tendencia de muchas operadoras de denominar comercialmente “tarifa plana” a planes que, en su letra pequeña, realmente no lo son. Hoy, Marcos incluye algunos de mis comentarios en su noticia titulada “Alemania da el paso hacia la tarifa plana de datos ilimitada, ¿qué pasa con España?” (pdf). De hecho, no es la prim era vez que hablo con Marcos sobre esos temas, no hace mucho hablamos de ello al respecto del vídeo en 8K.

El debate en torno a la tarifa plana en datos móviles es profundamente cansino. Las operadoras asegurando que no puede ser y que además es imposible, mientras la experiencia acumulada, la evolución tecnológica, la dinámica competitiva y el desarrollo de nuevos hábitos se empeñan en demostrar que es completamente inevitable. Con la llegada de 5G y el incremento de ancho de banda y velocidad que representa, las tarifas planas pasarán a ser la norma absoluta, como por otro lado no puede ser de otra manera: ¿podría alguien plantearse ecosistemas de conectividad como los descritos en torno a la internet de las cosas o al vehículo autónomo, si existiese la posibilidad de que la conexión “se terminase” o se ralentizase artificialmente debido a la existencia de un determinado límite establecido arbitrariamente? La idea resulta absurda e implanteable.

En realidad, las operadoras tienen parte de razón cuando plantean que, en muchos casos, sus tarifas ya son planas: a día de hoy, muchos usuarios no consumen la totalidad de los datos que tienen disponibles, aunque también hay muchos a los que no les llegan y terminan el período de tarificación navegando a paso de tortuga. Todo depende, obviamente, del nivel de uso y del desarrollo de hábitos: hay aplicaciones que consumen muchos datos y que algunos usuarios utilizan de manera constante, y necesidades que hace poco no nos lo parecían pero que se configuran como tales a partir de una moda o una circunstancia determinada. La gran verdad que es preciso entender es que los límites que las operadoras afirman tener tienen una vida muy corta, gracias fundamentalmente al progreso de la tecnología ofreciendo cada vez mayor ancho de banda y velocidades más rápidas, y a la necesidad de competir con otras operadoras. En términos prácticos, la tarifa plana será básicamente un desarrollo de una oferta comercial definida de esa manera, con alguna letra pequeña para evitar un uso abusivo, y con un posicionamiento de poder ser el primer operador que lo hace. En el futuro, este tipo de argumentos desaparecerán, y las operadoras que sigan planteando límites a la conexión estarán simplemente haciendo caja gracias a la ignorancia o la pereza de sus usuarios. Lo que hoy a muchos les parece algo innecesariamente ilimitado porque no alcanzan los límites de su tarifa actual, pronto resultará insuficiente para determinados usos. Y la tarifa plana, por otro lado, se plantea, a efectos psicológicos, como la única manera de evitar el desincentivo psicológico provocado no tanto por un precio caro o barato de la conexión, sino por la incertidumbre, por la dificultad de poder prever cuánto terminaremos pagando si no la tenemos.

Todo en el escenario de las telecomunicaciones evoluciona hacia la tarifa plana, y no hay más que acumular experiencia de algunos años para verlo: cuando se lanzó, el 3G parecía algo increíble… hoy, cuando tu pantalla muestra que estás conectado en 3G, casi no puedes hacer nada porque tienes la impresión de que tu conexión se arrastra penosamente. No cabe duda: todo es relativo. Y en el mundo de las telecomunicaciones, la única verdad absoluta es que las operadoras intentarán explotar economías de la escasez hasta que la evidencia y la dinámica competitiva demuestren que vivimos en una economía de la abundancia, y que plantearlo en términos de escasez es algo que la lógica ya no soporta.

 

Comcast on Twitter (November 2017)El plan presentado por Ajit Pai, anteriormente abogado de Verizon y ahora director de la Federal Communications Commission (FCC) norteamericana, para acabar con la neutralidad de la red y con internet tal y como lo conocemos ha despejado todas las dudas que en algún momento pudimos tener sobre las intenciones del personaje: no era malo, era infinitamente peor. El director de la FCC sabe claramente a quién sirve, y está dispuesto a hacerlo por encima de quien sea y de lo que sea.

Marimar Jiménez escribe un artículo en Cinco Días titulado “La Administración Trump presenta su plan para acabar con la neutralidad de la red” y me cita hablando de un tema que considero brutalmente importante, sobre el que he escrito decenas de artículos y que incluso me llevó en ocasiones a la actualidad política: la neutralidad de la red define internet como lo que es, supone la principal característica que lo hace posible, y resulta fundamental a la hora de definir su futuro. Lo fundamental que define a internet es que ha sido desde sus inicios un lugar en el que las buenas ideas podían prosperar, con independencia de quien estuviese detrás de ellas,  en el que un clic es igual a otro clic, un bit es igual a otro bit, y llega siempre a su destino a la velocidad que un usuario tenga contratada, sin que nadie pueda interponerse negociando acuerdos preferentes que privilegien a unos o penalicen a otros. Sí, existen posibilidades técnicas para mejorar las transmisiones, se puede trabajar la latencia, se pueden hacer acuerdos de peering, pero están disponibles para todo aquel que los quiera hacer, no son parte de una negociación que elige ganadores y perdedores. 

¿Qué cambiará en internet si las leyes que protegen la neutralidad de la red son eliminadas? El tweet de ayer de Comcast con el que ilustro la entrada, en el que afirman que nunca bloquearán o restringirán el tráfico de nadie, asume que todos somos completamente idiotas: es precisamente esa y no otra la razón por la que pretenden eliminar la neutralidad de la red, para ser capaces de generar más ingresos vendiendo accesos privilegiados y canales más rápidos a quienes los puedan pagar, como de hecho ya hacen con sus acuerdos de zero-rating. La credibilidad de una empresa de telecomunicaciones hoy en día es absolutamente nula en ese sentido. Nunca, bajo ningún concepto, debemos confiar en alguien que nos dice que “será bueno y se portará bien”. La pretensión de que la protección de la neutralidad de la red es de alguna manera “artificial”, “catastrofista” o “contra las leyes de mercado” no es más que una excusa para, una vez que internet se ha convertido en algo tan importante como lo que es hoy, ponerlo bajo control y convertirlo en un canal similar a la televisión por cable, en donde alguien reparte los canales y las licencias de emisión. De hecho, no es casual que sea precisamente la administración Trump la que se obsesione con poner internet bajo control.

Proteger la neutralidad de la red es un elemento fundamental para proteger la innovación, la capacidad de internet para generar y desarrollar nuevas ideas ideas en función de su genuino valor, y no de los acuerdos comerciales que sean capaces de cerrar para llevar su tráfico a los usuarios. Sin neutralidad de la red, veremos de todo: internet en paquetes tasados en función de su uso, operadoras capaces de decidir qué competidores triunfan y cuáles no lo hacen, o con la posibilidad de crear sus propios servicios y privilegiarlos frente a los de terceros.

No lo olvidemos: los usuarios tenemos derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, modificado, bloqueado, desviado, priorizado o retrasado, en función del tipo de contenido, del protocolo, la aplicación utilizada, del origen o del destino de la comunicación, ni de cualquiera otra consideración ajena a su propia voluntad. Ese tráfico debe tratarse como privado y por lo tanto, secreto y solamente deberá poder ser secuestrado, espiado, trazado, archivado, o analizado en su contenido ni trayectoria, bajo mandato y tutela judicial, no pudiendo en ningún caso ser sometido a la censura previa o al secuestro administrativo de los contenidos, al igual que ocurre con cualquier otra correspondencia o comunicación privada. Negar este principio es negar internet.

Pero lo peor de este intento de acabar con la neutralidad de la red no es siquiera el intento en sí, sino la burda manera de hacerlo, el enorme desprecio a los miles de mensajes enviados por ciudadanos argumentando su importancia, o la manipulación de las leyes en función de intereses empresariales o políticos. El mayor problema de la neutralidad de la red es que además de su enorme importancia de cara al futuro, retrata una situación en la que se convierte en un síntoma, en el indicador de hasta qué punto la democracia está enferma. Los países más poderosos del mundo son o directamente no democráticos como China, o tienen democracias de juguete completamente manipuladas como Rusia, o están en manos de gobiernos populistas capaces de plantear cualquier cosa y de pasar por encima de lo que sea, como ahora demuestran los Estados Unidos de Donald Trump. Si la neutralidad de la red cae, caerá con ella una gran parte de las posibilidades de que internet sea un vehículo de cambio, una fuerza capaz de renovar la sociedad.

 

IMAGE: Scyther5 - 123RF

Marcos Sierra me envió algunas preguntas para documentar una noticia que publicó hace un par de días en VozPópuli, titulada “Por qué Google quiere impulsar el vídeo en 8K” (pdf).

¿Qué lleva a Google, a Netflix y a otras compañías tecnológicas a impulsar una resolución de vídeo que la gran mayoría de los usuarios no pueden aún siquiera reproducir? Sencillamente, alimentar la demanda y el interés de los usuarios por anchos de banda cada vez mayores, con el fin de forzar a las operadoras a invertir para ser competitivas y poder ofrecerlos. Compañías como Google siempre han manifestado su interés por hacer evolucionar las telecomunicaciones con un enfoque similar al del lema de los juegos olímpicos, citius, altius, fortius: lógicamente, cuando todo tu negocio se edifica sobre la conectividad, tu interés es que haya cuanta más conectividad sea posible, llegando a un número de usuarios lo más elevado posible, y con la mayor velocidad y calidad que se pueda ofrecer. Varias de las incursiones de Google en el mundo de las telecomunicaciones, de hecho, responden a este esquema: Google no está especialmente interesada en convertirse en un gran proveedor de fibra o en el operador móvil virtual más eficiente del mundo, sino en mostrar a las operadoras el camino a seguir y en amenazarlas tácitamente con esa posibilidad de entrada en su negocio si no se mueven a tiempo. Básicamente, provocar cambios en una industria que sirve de base para su negocio.

Por otro lado, apuestas como la realidad virtual, estratégicas para la compañía, se benefician enormemente de la disponibilidad de resoluciones muy elevadas, que eviten el efecto de pixelado o de artificialidad que todavía sentimos cuando nos ponemos un visor en los ojos.

A continuación, las preguntas y respuestas que me crucé por correo electrónico con Marcos:

 

P. ¿Por qué Google está interesada en impulsar el vídeo en 4K y 8K?

R. Google está interesada en ofrecer una oferta creciente en vídeo de alta resolución, 4K y 8K, por múltiples razones. En primer lugar, porque el desarrollo de una demanda para ese tipo de contenidos fuerza a las operadoras a ofrecer cada vez mayor ancho de banda, lo que permite que Google, a su vez, pueda competir ofreciendo más y más servicios. Google no pretende competir con las empresas de telecomunicaciones, pero sí promover el cambio y la competitividad en esa industria, como viene demostrando con iniciativas relativamente puntuales como Google Fiber o Project Fi. Por otro lado, el vídeo en resoluciones de más de 4K es fundamental para eliminar el efecto de pixelado en la realidad virtual, un ámbito en el que la compañía ha expresado muchísimo interés, en la que se prevé un rápido desarrollo de mercado, y que también sirve para generar mayor demanda de ancho de banda.

P. ¿Tiene que ver con la competencia que tienen en el apartado audiovisual con los operadores de telecomunicaciones y su oferta televisiva?

R. Indudablemente, Google se está convirtiendo, junto con otras compañías de tecnología como Amazon, Apple o Netflix, en el abastecedor de una parte cada vez mayor del mercado de consumo de contenidos por televisión. La forma en la que vemos televisión ha cambiado con respecto a la que conocimos hace una generación: con la salvedad de los contenidos en directo, preferimos ser nosotros los que decidamos qué ver, cuándo verlo y cómo verlo. Toda una generación consume sus contenidos utilizando opciones como YouTube, Netflix y otros canales similares, y el factor más importante que permite el desarrollo de esta oferta es la existencia de un ancho de banda cada vez más elevado. Las compañías tecnológicas ya cuentan con un fuerte liderazgo en, por ejemplo, algoritmos que manejan la resolución que se envía a un cliente para optimizar la calidad todo lo posible sin provocar saltos, e incluso han modificado hábitos de consumo que afectan, por ejemplo, la manera en la que consumimos determinados contenidos, como refleja el fenómeno del binge-watching. En ese mercado, la capacidad de disrupción está determinada por la oferta y la demanda de conexiones con ancho de banda elevado, y eso requiere apostar por contenidos a los que los usuarios quieran acceder. En muy poco tiempo, no nos resultará nada extraño que estas compañías opten también a contenidos de alta demanda, como la liga de fútbol u otros deportes, y que puedan pujar más que otras por su acceso a un mercado verdaderamente global, mientras las compañías tradicionales permanecen ancladas en un modelo de ventanas de explotación.