A lo largo de estos últimos años me han tomado muchas veces el pelo. Por lo menos eso es la sensación que se te queda cuando has acordado una cosa con una persona y luego no se cumple tal como te lo esperabas. Al principio era algo invisible pero cuando veo mis entradas en el espejo pienso que me lo han tomado de forma literal.

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Resumiendo he cometido estos errores en los últimos años.

No dejar las cosas por escrito

Una de las cosas más importantes a la hora de cerrar un acuerdo es dejar las cosas por escrito. De esta forma nadie puede decir que eso no es lo que se acordó. “No, mira, aquí lo tienes, firmado por ti.” El problema es que muchas veces la pereza nos gana y pensamos que eso no hará falta porque son “buena gente”. Claro, hasta que dejan de serlo.

Ceder demasiado

A veces tienes tantas ganas de cerrar un acuerdo que te alejas demasiado de tu objetivo. Te olvidas de tus propios intereses y del por qué iniciaste las negociaciones. Tienes miedo de quedar mal y cedes cuando lo mejor en ese caso hubiera sido no llegar a ningún acuerdo.

Apretar demasiado

También te puede ocurrir justo lo contrario. Cuando tienes la sensación que la otra persona quiere a toda costa cerrar ese acuerdo puede que de forma consciente o inconsciente te aproveches de la situación. Cuando la otra parte no saca el mismo beneficio que tú surge un desequilibrio que es tóxico para una sana relación a medio y largo plazo.

La culpa de esto no siempre se la puedes echar al otro bando. En ocasiones eres tú el que simplemente no ha pactado bien. Luego uno se puede quejar si las cosas no salen como previsto.

Al final siempre decides en función del dolor percibido. Si en el momento de cerrar tienes mayor incertidumbre probablemente eres capaz de invertir un poco más de esfuerzo para dejar las cosas por escritas y asegurarte más de una vez que las expectativas por todas partes estén 100% claras. Cuando no percibes ese riesgo ganará la pereza. Luego hay que darse hostias una y otra vez para hacerlo bien desde el principio. Por lo menos mi trayectoria se resume un poco así.

Aun no soy del todo un caso perdido. O eso espero… ;)

Lo más fácil a veces es encargárselo a alguien o contratar el servicio. Pero en ocasiones hace falta que lo hagas tú mismo.

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  • Porque tienes que dar ejemplo a tu equipo para que sigan el mismo.
  • Porque necesitas saber cómo hacerlo para que otros no te tome el pelo.
  • Porque en ocasiones necesitas acción cuando antes y no hay tiempo para estar parado.

Así que si hace falta ya sabes. Hazlo tú mismo.

Hoy me he dado cuenta que al final si que aprendes cosas en la universidad. Resulta que hace poco vendimos a través de Amazon Italia un producto por 80 euros. Luego lo hemos ofrecido por Wallapop y nos han ofrecido 30 euros por el mismo.

Renta Consumidor

La persona gestionando el caso ha rechazado la oferta porque claro, habiendo vendido por 80 euros, no tenía sentido aceptar lo propuesto. A continuación tuvimos la siguiente conversación:

-          ¿Cuánto nos ha costado el producto?

-          12 euros.

-          Pues aceptamos los 30 euros.

Al final hay algunos conceptos básicos de negocio que suelo aplicar en mis proyectos.

  1. Para llegar a más ventas y facturación, se puede variar el precio siempre que el mercado sea diferente. No hay nada peor que un cliente cabreado porque ha pagado más de lo necesario.
  2. Prefiero generar un ingreso hoy que uno más elevado dentro de x tiempo (semanas, meses, años). Una empresa vive de su flujo de caja. Liquidez es vida. Si ganas dinero, aceptar una oferta más baja no hace daño.

La subida y bajada de precios es un tema delicado. No se puede hacer a lo bestia. Para aumentar facturación y lograr liquidez gracias a la generación de flujo de caja es esencial. Son conceptos básicos de microeconomía como las del gráfico que aprendemos en ADE en la universidad. Toca aplicarlos.

“¿Y por qué no hacemos una página de Facebook para xxx?” Una pregunta que surgió hoy en la oficina. Para darte un poco de contexto. Aparte de dar servicio a clientes en Beguerrilla tenemos unos cuantos proyectos propios. Alimentamos de forma regular unas 5 páginas de Facebook. Tampoco nada exagerado pero si lo haces de forma regular porque lo consideras una tarea sagrada es algo que consume recursos.

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“No lo vamos a hacer. Por ahora.” Fue mi respuesta. La explicación detrás es muy sencilla. Montar una página de Facebook es sencillo. Alimentarla y hacerla crecer ya es otra cosa. Detrás de cada tarea tiene que haber un compromiso. Si tienes duda que vas a poder hacerlo de forma continúa será mejor que no lo hagas.

Las pequeñas tareas pueden llegar a ser peor que las grandes porque hacen más bulto. Te explico. Es principalmente por estas dos razones.

  1. Una tarea grande la arrancas y la puedes terminar de golpe si eres disciplinado.
  2. Las pequeñas en cambio requieren que arranques y pares. Esto te come mucho tiempo y fricción lo que te hace menos eficiente.

Nunca subestimes el peso de una pequeña tarea. “Pero si eso se hace como nada.” Puede ser que hoy sea el caso pero piensa bien si mañana también será el caso.

Distribuye tus recursos bien. Ponte metas. Nosotros al final lo que hemos dicho es que queremos lograr una facturación de 300 euros en 10 días con el nuevo subproyecto de coleccionismo. Si logramos ese objetivo damos el próximo paso con la página.

A ver qué tal nos va. Ya te iré contando.

Stay tuned.

Tengo experiencia con esto. A lo de tener miedo me refiero. Llevo emprendiendo 10 años y nunca he dejado de tenerlo. El miedo es algo que siempre te acompaña cuando vas asumiendo responsabilidad y riesgos para tus propios proyectos. Las cosas te pueden ir mejor o peor pero eso no cambia que esté ahí. Tanto en lo más alto como en lo más bajo tienes miedo de echar a perderlo todo.

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El paso del tiempo no hace que te lo quites de encima. Lo único que cambia es que aprendes a controlarlo cada vez mejor. Lo encierras en una jaula como a un perro rabioso. De vez en cuando escuchas sus ladridos para recordarte que está ahí pero eso ya no te impide de hacer lo que sea necesario para avanzar. Tu miedo no te controla en tus acciones sino tú a el.

Pensar en lo peor lo que te pueda ocurrir

Una forma en afrontar el miedo es pintar el peor escenario posible. ¿Qué es lo más devastador que podría suceder? Una vez que lo hayas pintado en detalle asusta pero si realmente tendrías que afrontarte a ello en algún momento no te sorprenderá del todo.

Este ejercicio si quieres llamarlo así consiste en mirar en los ojos a tu adversario. En ocasiones te das cuenta que algunos de tus miedos únicamente existen en tu cabeza. Otros son muy reales porque la inseguridad que vives como emprendedor día tras día los es.

Se trata de salir de la famosa zona de confort. No meter la cabeza en la arena como un avestruz. Por no ver las cosas no significa que no estén sucediendo.

Pensar en lo mejor que te pueda ocurrir

De la misma manera que tienes que estar preparado para lo peor, debes pintar lo mejor. Al final hay que visualizar la meta todos los días para poder alcanzarla en algún momento. Es esta visión que te hará levantarte cada día superando el miedo que llevas dentro de ti.

No es suficiente tener claro hacia dónde quieres ir sino también recorrer el camino. No sé si realmente lo dijo o no pero el otro día escuché esta cita atribuida a Rafael Nadal:

“Da igual si estoy perdiendo o ganando, lo único que sé es que tengo que ganar el próximo punto.”

Emprender no consiste en hacer el idiota pensando que todo saldrá como la seda porque lo cierto es que muchas cosas fallarán. Hay que ser consciente de los riesgos y prepararse para lo que pueda pasar. Al mismo tiempo hay que tener ilusión por recorrer el camino. No consiste únicamente en lograr la meta porque eso será una estación pasajera que tarde o temprano alcanzarás.