Para responder de forma rápida. Creo que no existe tal “óptimo” porque depende de muchos factores. Entre otras cosas el conocimiento y la experiencia con haber vivido experiencias semejantes. Esto marca la gran diferencia.

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Analicemos brevemente dos posibles escenarios.

Has vivido en primera persona una situación parecida

Cuando estás en el punto de tener que tomar una decisión crítica lo mejor que te puede ocurrir es que ya hayas vivido algo parecido en el pasado. Puede que a pesar de ellos sigas teniendo dudas porque la decisión que debes tomar puede que siga sin gustarte.

  • Esto podría ser tener que despedir a alguien de tu equipo.
  • Cerrar una línea de negocio.
  • Afrontar una conversación honesta con un socio.
  • incluso el peor de los casos el cierre de un negocio.

Mi experiencia de los últimos 10 años (que tampoco es tanto) me ha demostrado dudar simplemente demora lo inevitable. Si tienes un “déjà vu” debes actuar. Asumiendo todas las consecuencias que ya conoces.

No has vivido nunca una situación parecida

A pesar de que la primera sea dura esta sin duda es todavía más complicada. No tienes datos en los que basarte. Si tienes suerte puedes pedir consejo a un emprendedor que haya vivido algo parecido. En el peor de los casos no tienes nada.

En mi caso he tenido muchas veces ya la intuición correcta. Lo malo son las dudas que han demorado la decisión. En el 90% de los casos tomarla antes mejora la situación. El coste de cualquier tipo suele ser siempre más bajo si optas por un camino sin saber lo que te espera. O tomas una decisión, o alguien o algo la tomará por ti.

No siempre va a acertar. Sobre todo en el segundo escenario puede que o bien no aciertes o bien tomes la decisión correcta tarde. Incluso puede hagas las dos al mismo tiempo. Cuando te equivocas tienes que seguir tomando decisiones. Es lo que significa emprender. Tomar la decisión de seguir adelante a pesar de. Sobre todo al principio, no será fácil, eso es lo único que ya podemos predecir al 100%. Te seguiré contando.

Stay tuned.

Ha empezado con una tienda online y ahora ya ha montado también 7 tiendas físicas. En su primer mes ya estaba facturando 7.000 euros. En su noveno ya facturaba 120.000 euros (en ese mismo mes, ojo). ¡Una pasada! Hoy he estado reunido con él pidiéndole el favor de pedirle algunos consejos ya que el dispone de mucha experiencia sobre todo en el ámbito de montar tiendas físicas. Es buen amigo de un amigo así que el acceso era más fácil.

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Ventajas que le veo a este tipo de coaching empresarial

De paso me dejó caer que hacía de forma puntual si le gustaba el negocio sesiones de coaching. Me sorprendió ya que no era algo que me esperaba por parte de emprendedor. Lo primero lo que se me pasó por la cabeza fue. ¿Y si yo le puedo convencer de ser mi coach? No lo he hecho nunca. He estado más bien en el otro lado formando a personas estando en el otro lado. Posiblemente es hora de cambiar de banda.

  • Aprendo de alguien que ha hecho 1:1 lo que tengo previsto hacer yo. Combinar negocios online y offline. Mejor imposible y principal argumento.
  • Puedo descubrir formas para hacer cosas de forma diferente. Hoy mismo me desmontó algo que pensaba que era una buena idea mostrándome una mucha mejor alternativa.
  • Hay infinitos temas que no controla tanto. Financiación es una de ellas. ¿Cuáles son las métricas que hay que controlar en un negocio? Esto son únicamente dos dudas. Luego hay preguntas que ni me hago por desconocimiento de las posibilidades.
  • Ahorro de tiempo y acortar tiempo de aprendizaje. Llegar antes al objetivo. Creo que puede ser tan complicado y tan sencillo. Típicamente no tengo a nadie que pueda preguntar. Es la soledad típica del emprendedor. Por fin alguien al que le puedes “llorar”… ;)

Desventajas de un coaching empresarial

El coaching no es un concepto que me haya atraído nunca demasiado. No tengo claro si la relación de precio-calidad es adecuada cuando recibes consejos de alguien que no ha hecho lo que estás haciendo tú. Hablo desde el desconocimiento, claro y siempre me puedo equivocar. Una excepción sería para mi Tony Robbins. Pero eso tío ya es otro calibre. O por lo menos eso parece.

  • Inviertes tiempo y dinero. Nada sale gratis. Al final alguien está sacrificando su tiempo por ti y eso le tiene que merecer la pena. Pasar un buen rato está bien pero “la pela es la pela”.
  • Te fías demasiado de lo que te dicen. Nadie tiene una fórmula mágica que hace funcionar cualquier negocio. Por lo tanto hay que cuestionar siempre absolutamente todo. Es cómodo una vez no tener que hacerlo. Ahí también está el peligro.
  • Se aprovechan de ti para copiarte la idea. Esto es más bien el miedo típico de emprendedor novato. No es que haya ningún caso de estos pero la verdad es que es bastante raro. Lo pongo más bien como curiosidad y no porque tenga realmente este miedo… ;)

Hace poco ni me lo hubiera planteado. Ahora voy a buscar una forma de colaborar con esta persona. De una forma o de otra.

Con lo poco que he hablado con él ya me he dado cuenta que me falta ambición. Puede que no tenga suficiente hambre. Igual estoy bien con lo que no tengo. No lo sé pero con suerte lo descubriré. Ya te contaré.

Stay tuned.

Levanto la mano porque he sido el primero en cometer este error. Y mira que es básico y de sentido común. Lo malo es que la perspectiva externa siempre es sencilla. Cuando lo vives desde dentro la cosa cambia totalmente y más cuando estás bajo presión.

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Cuando peor iba con Coguan (mi primera start-up), más optimista eran mis previsiones. Ventas que se encontraban en el embudo al 75% ya prácticamente se daban como cerradas.

Y esto es increíblemente peligroso sobre todo cuando vas justo de liquidez. Das por hecho que vas a poder llegar cuando en realidad ni has cerrado al 100% la venta.

Hay una regla muy básica para calcular el flujo de caja. Lo que no está, no está. Si no está en tu cuenta bancaria para ti simplemente no existe.

Uno de mis inversores decía algo parecido a esto.

“Planificación financiera es imaginación, contabilidad es realidad”.

Los costes los puedes planificar, los ingresos no. Si no está en tu cuenta no dispones de ello. Es tan sencillo y tan complicado al mismo tiempo.

Tenlo en cuenta la próxima vez que calcules la caja de fines de mes. ;)

Déjalo ser porque es demasiado complicado. Montar un negocio digo.

Luchas contra todo tipo de adversidades, tienes que tirar y empujar por todas las partes y tus seres queridos en vez de apoyarte te critican. Y luego para no tener nada garantizado. Vas de mes en mes. No sabes si vas a cubrir gastos y tus ahorros corren el riesgo desaparecer.

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¿Esto realmente es la vida que quieres vivir?

Déjalo ser porque es imposible. Nadie humano puede con todo esto.

  • Hay que aprender continuamente cosas nuevas.
  • Tienes que mostrar fuerza y confianza cuando tienes ganas de tirar la toalla.
  • No sabes cómo vas a acabar el mes nada más empezar.
  • Te pilla una sorpresa y te da una patada en el culo o ahí donde duele aún más.

Y luego te das cuenta de una cosa (o incluso varias).

  • Las cosas que no sabes se aprenden.
  • Cuando das un paso pequeño tras otro avanzas.
  • Si tienes fe en ti y curras como un obsesionado las cosas salen. Los milagros existen. Se llaman “trabajar”.
  • Que detrás de cada patada en los h***** se esconde una oportunidad para crecer.

Y de repente te das cuenta de esto.

Todo depende de ti. Y cuando todo depende de ti nada es imposible aunque se tarde un poco más. Por eso no es posible que te rindas. Hay que seguir, no hay otra.

¡A por la semana!

Si hay una cosa importante en más de una década emprendiendo es que la motivación no sirve para nada. Es cómo tomar alcohol para ser más valiente.

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No se trata de no tener miedo, sino más bien de afrontarlo de frente.

No pasa nada si no estás motivado a tope todos los días. Nadie lo está. Hay días donde me pregunto por qué siempre elijo el camino más complicado posible.

Lo que necesitas es tener rutinas y disciplina para llevarlas a cabo. Día sí y día también.

Empujar, empujar, empujar. Así se resume el trabajo continúo del emprendedor.

¡A darle fuerte! Seguimos.