IMAGE: Ufuk Uyanik - 123RFLas sucesivas crisis de comunicación con las que Facebook se ha encontrado en los últimos meses en torno a su papel en las elecciones presidenciales que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca y a su gestión de la difusión de noticias falsas, han dado lugar a una curiosa evidencia: la compañía, para su comunicación de crisis, tiende cada vez más a recurrir a Twitter.

Que la compañía indudablemente líder en las redes sociales recurra a los servicios de un competidor, otra herramienta social, para llevar a cabo su comunicación de crisis resulta solo relativamente sorprendente: en muchos casos, se trata simplemente de estar ahí para responder a alegaciones hechas originalmente a través de ese canal, respuestas que tendría muy poco sentido derivar a un canal diferente. Pero mayoritariamente, hablamos de la constatación de una evidencia: algo más de una década tras su lanzamiento, a pesar de las dudas sobre su viabilidad económica y de sus problemas con el acoso, el abuso y el cyberbullying,  Twitter se ha convertido en el lugar en el que se produce la comunicación inmediata, en el sitio al que acudes para sabes qué está pasando en un momento determinado.

Esa característica de inmediatez es, fundamentalmente, la que convierte a Twitter en el arma perfecta para la comunicación de crisis, hasta el punto de que la propia Facebook se vea abocada a utilizarla. El uso no es, como tal, una consigna oficial: los principales directivos de Facebook, como Mark Zuckerberg o Sheryl Sandberg, llevan sin escribir nada en sus cuentas de Twitter desde 2012 y 2013 respectivamente. Pero la evidencia es la que es: ante una crisis, estar presente en Twitter es fundamental. 

En la eventualidad de una crisis corporativa, las compañías comienzan a tener claro que si quieren dar una imagen mínimamente coherente y representativa de los tiempos que vivimos, les resultará imprescindible crear un gabinete de gestión de la situación que esté permanentemente enganchado al pajarito azul, porque es ahí donde todo el mundo va a acudir para intentar saber lo que está pasando, la extensión de los posibles problemas o las respuestas de la compañía. Si no dices nada y te encierras a escribir una clásica nota de prensa para enviarla a los medios, cuando esa comunicación llegue a su destino, la mayor parte del daño reputacional ya estará hecho, y habrás tenido que ver cómo se desarrollaba toda una conversación en torno a la situación sin que tu compañía, precisamente la más afectada, participase en ella. Todo lo que los directivos de comunicación tradicionales sabían sobre el control de los tiempos, teóricamente considerado fundamental en toda gestión de crisis, ha sido radicalmente dinamitado: el único control de tiempos posible es contestar rápidamente a todo el que diga algo digno de consideración, y formar parte de la conversación que se establezca en Twitter en torno al problema. Si no estás, si no apareces, si no contestas a nadie, malo. El asunto escalará, y te arriesgarás incluso a que se convierta en viral, porque Twitter, por esa misma característica de inmediatez, es para ello un soporte ideal.

Obviamente, estar presente en Twitter en un momento de crisis no es sencillo. No podemos pensar en poner al mando de esa cuenta a alguien con poca experiencia en gestión de medios sociales, a alguien que pueda perder los nervios, contestar de manera inconveniente o que desconozca lo más elemental de la analítica y la cuantificación. Lo lógico es tener esa función ya desarrollada, ya construida desde hace mucho tiempo, con community managers de nivel que conozcan la compañía perfectamente, puedan tirar de los recursos adecuados en cada momento en función de las necesidades, y hayan sido adiestrados en infinidad de pequeñas crisis anteriores, desde un cliente insatisfecho hasta un influencer que dice algo inconveniente. Esos son los kilómetros que hay que hacer para considerarse preparado para aquello para lo que nunca estamos preparados, pero que alguien tiene que hacer.

Twitter puede tener problemas de muchos tipos, pero la mayoría de los que lo utilizan habitualmente están de acuerdo en una cosa: si no existiese, habría que inventarlo de nuevo. Y en el caso de la comunicación de crisis, esto es todavía más real.

 

tbh screenshotsSi aún no sabes lo que es tbh, no te preocupes, es perfectamente normal: hablamos de una app cuyo significado es “to be honest”, específicamente diseñada para teenagers en high schools y colleges, disponible por el momento únicamente para iPhone y en algunos estados norteamericanos, y que busca generar un uso positivo del anonimato, con preguntas y encuestas propuestas por la aplicación o introducidas por los usuarios, pero siempre con un tono constructivo, cuando no casi edulcorado, y gamificado mediante corazoncitos, brillantitos y emojis con aspecto encantador. Todo muy high school y muy gossip, cotilleo social, pero intentando eliminar esos elementos peligrosos de dinámicas negativas, acoso y cyberbullying que existían en aplicaciones ya desaparecidas como Secret o Yik Yak.

La app se lanzó oficialmente el pasado agosto y tiene una mecánica de introducción lenta, prácticamente estado a estado y colegio por colegio, pero ha sido capaz, en muy pocas semanas, de alcanzar los cinco millones de usuarios y de situarse como primera app gratuita por número de descargas en los Estados Unidos, por encima de monstruos tan consolidados como Gmail, Bitmoji, YouTube, Instagram o Snapchat.

Y ahora, desde hace unas pocas horas, tbh ha pasado a formar parte de Facebook. La compañía, que ya ha dado la noticia en su página, seguirá operando como marca independiente tras una transacción relativamente pequeña, se estima que de menos de cien millones de dólares, que no requerirá ningún tipo de aprobación legislativa, pero sus empleados pasarán a formar parte de Facebook y tendrán correos electrónicos con dirección fb.com, lo que indica un nivel de integración algo superior al que llevaron a cabo compañías como Instagram o WhatsApp.

La transacción nos permite volver a hablar de la estrategia de Facebook: para cualquier observador no suficientemente especializado , tbh podría ser considerada una app prácticamente desconocida: a pesar de lo que supone haber ocupado durante algunas semanas el top de descargas, nunca fue anunciada públicamente, y mantenía una evolución relativamente discreta, prácticamente volando bajo el radar. Sin embargo, en Facebook la tenían perfectamente ubicada, sabían a qué se dedicaba, seguían su desarrollo y mantenían contacto con sus fundadores, particularmente desde que vieron que estaba generando cierta tracción entre un segmento, el más joven, que en muchas ocasiones se considera reflejo de tendencias que se consolidan a medida que crecen. Nadie – espero – piensa que una app como tbh vaya a extender su uso a entornos de otro tipo, pero en un buen número de colegios norteamericanos, se ha convertido en la app que marca la vida social, la que atrae la atención y la que permite diseñar un entorno aparentemente sano, en el que el anonimato intenta tener connotaciones positivas. La app está pensada para alumnos de 9º grado o superior, entre 14 y 15 años y hasta – si quieren – los primeros años después de graduarse: al darse de alta, deben especificar su curso, su instituto o universidad, y su género, entre boy, girl o non-binary. Tras definirse, entran en un juego en el que contestan y proponen preguntas que tienen como protagonistas a sus compañeros y compañeras, y que siguen las dinámicas sociales que cabe esperar en este tipo de entornos, generalmente con respuestas anónimas, aunque pueden utilizarse también mensajes directos. Las preguntas con connotaciones negativas, o que puedan generar dinámicas de bullying o acoso, son rechazadas.

¿Qué supone para tbh ser adquirida por Facebook? Básicamente, más recursos, de todo tipo. Por supuesto, más dinero, pero también mejor ingeniería, abundante experiencia de cara a problemas habituales en las fases de crecimiento de este tipo de aplicaciones, y una integración en el paraguas de la compañía más importante en el entorno de las redes sociales. Para Facebook, tbh representa una posibilidad de incrementar su llegada al público más joven, de entenderlo y, sobre todo, de no perderlo, y todo ello a cambio de una cantidad relativamente pequeña. Como parte de esa estrategia, Facebook se ha convertido en el vigilante total de todas las dinámicas de adopción en la web: hace algunos meses, la compañía sondeaba a sus usuarios más jóvenes para tratar de entender qué los llevaba a adoptar Houseparty, una app de videochat múltiple, para finalmente, tras obtener respuestas e – imagino – tras hablar con los fundadores, tomar la decisión de no adquirirla, pero sí de copiar su funcionalidad. Si destacas en el ámbito social, debes saber que terminarás o bien siendo adquirido por Facebook, o bien con tu funcionalidad completamente replicada e iterada tantas veces como haga falta, como ocurrió en el caso de Snapchat, hasta que sea capaz de desplazarte.

El entorno de las redes sociales es así: brutalmente rápido, con tendencias que, si no las entiendes o las ves venir, pueden dejarte fuera de juego en muy poco tiempo. Un entorno en el que puedes pasar de ser el símbolo de una generación, a desaparecer en pocos meses, como le ocurrió a MySpace, o en el que puedes encontrarte tu red convertida en un fenómeno regional que dificulta su adopción en otros países, como sucedió con Friendster o con Orkut. ¿Dónde están hoy fenómenos regionales que en sus países fueron enormes, como Tuenti en España, StudiVZ en Alemania, Hyves en Holanda, Hi5 en Latinoamérica, por citar tan solo algunas?

Facebook conoce perfectamente esa volatilidad, y por ello considera como un auténtico activo estratégico su capacidad para observar el mundo desde la atalaya que proporcionan más de dos mil millones de usuarios activos en todo el mundo. Si algo se mueve en el entorno social, Facebook lo va a ver, y va a reaccionar en consecuencia. En ese sentido, tbh es solo una prueba más de la hiperactividad de Facebook, de la imperiosa necesidad de conocer perfectamente tu entorno, de vigilar tu territorio, y de reaccionar de manera rápida y concluyente: unos meses de descuido o de inacción, y puedes encontrarte ante un fenómeno ya demasiado extendido, que no quiera vender o que resulte demasiado caro. La velocidad y la paranoia como elementos estratégicos.

 

IMAGE: Bicubic - 123RFUn artículo largo de fin de semana en The Guardian, ‘Our minds can be hijacked’: the tech insiders who fear a smartphone dystopia, habla de las preocupaciones acerca de un presente en el que nuestra capacidad de atención se encuentra completamente destruída por culpa de unos dispositivos conscientemente diseñados para atraerla de manera constante, de fenómenos que algunos insisten en describir como “adicciones” a pesar de que ni una sola asociación de psicólogos o psiquiatras en ningún lugar del mundo lo admiten, y de ex-trabajadores de compañías tecnológicas convertidos en fervientes luditas que preconizan que nos alejemos de nuestros dispositivos como si de la peste se tratase.

La adicción a internet o al smartphone no existe. Por mucho que nos hartemos de ver personas con la cabeza hundida en su pantalla a todas horas, con aspecto de zombies cuando supuestamente quedan para verse mientras cada uno revisa sus notificaciones sin hablarse, o caminando por la calle – o conduciendo – con riesgo de matarse por intentar mirar esa pantalla “solo un segundo más”, la adicción a internet o al smartphone no es un fenómeno real. Usamos mucho nuestros smartphones porque nos son útiles y nos gustan, punto. Eso no es una adicción: es la constatación de que algo es práctico y agradable.

El uso del smartphone no va a disminuir, sino a aumentar. Seamos racionales: como consecuencia del desarrollo de fenómenos como el “there’s an app for that” o el internet de las cosas, hemos pasado de usar un terminal para hablar por teléfono, a usarlo para todo, desde encender y apagar las luces de casa, hasta poner y quitar la alarma, abrir la puerta, consultar un mapa, hacer una foto o poner música. Las funciones sociales no solo nos entretienen, sino que nos entregan regularmente pinchazos de dopamina cada vez que alguien nos hace un follow o un like, y nos llevan a modificar nuestros hábitos de maneras que algunos encuentran irresistibles mientras otros se rascan la cabeza y consideran enfermizas. Y aún así, el uso de nuestros smartphones no va a reducirse: va a seguir aumentando.

¿Es todo bueno, de color de rosa y no hay ningún problema? Por supuesto que no. La transición a un modelo de hiperabundancia constante de información nos ha hecho distraídos, nos cuentas centrarnos para leer un artículo largo, no verificamos nada o incluso algunos comparten artículos que no han leído, simplemente en función de lo que dice un titular diseñado para atraer su atención a toda costa. Ese tipo de fenómenos nos ha pillado poco preparados, la ecuación que nos proporcionaron – y la que seguimos proporcionando – no nos enseñó cómo tratar con un entorno así, y somos tan malos haciéndolo, que algunos han conseguido incluso aprovecharlo para fines verdaderamente inauditos, como meter a un idiota en la Casa Blanca. Gestionar nuestros hábitos y nuestra capacidad de concentración en la edad moderna no es sencillo, y requiere de aprendizaje, de adiestramiento y de técnicas específicas. En un entorno nuevo, hay comportamientos que se generan de manera automática, y otros que deben ser probados y enseñados, convertidos en materias lectivas.

La generación que estamos viendo en este momento no está llena de enfermos ni de adictos: simplemente es la primera que se ha desarrollado en un entorno para el que no estaban completamente preparados, y para el que los sistemas educativos no supieron adaptarse. Y la solución a ese problema no es restringir el uso de los dispositivos, sino paradójicamente, utilizarlos más. Convertirlos en algo completamente normal, en lo que usamos para estudiar, para trabajar, para encontrar lo que necesitamos en cada momento, para entretenernos y para un montón de cosas más. Pero que también nos permiten priorizar otras cosas cuando llega el momento. Para eso, hace falta cierto entrenamiento. Lo he comentado en infinidad de ocasiones: los protocolos sociales y de uso se desarrollan después de la fase de adopción masiva, no antes ni durante, y como parte de un consenso social que se ejerce a través de múltiples herramientas: leyes (ahora no podemos manejar el smartphone cuando conducimos, por ejemplo), costumbres, enseñanza, etc. Aprenderemos a gestionar nuestra atención en un entorno de hiperabundancia no cuando nos intenten restringir su disponibilidad, sino cuando nos adiestren, como parte de nuestra educación, para extraerle partido y manejarlo ventajosamente.

¿Podemos abandonar la dinámica de histeria colectiva y centrarnos en aprender a utilizar una herramienta que va a formar parte del panorama durante muchas generaciones? Por mucho que nos empeñemos, los smartphones no van a desaparecer, no van a poder ser prohibidos con éxito en casi ningún entorno salvo en aquellos donde la atención única sea indispensable, y hacerlo, además, agravaría el problema. Los niños, por supuesto, tendrán que entender cómo esas dosis de dopamina afectan su forma de comportarse y como el obtenerlas no justifica todo: tendrán que aprender a poner sus pasiones bajo control, como antes los niños aprendían a que no se podía jugar todo el tiempo. Si no los educamos, si hacemos dejación de nuestras funciones, lógicamente, irán pasando de subir una foto y ver que obtiene cincuenta likes, a subir otra en la que muestran más piel o hacen algo más estúpido y obtiene quinientos, y por supuesto, esa dinámica les enganchará, no querrán parar, y tildarán a sus padres de “no entender nada”. No, no son adictos. No podemos usar la excusa de la adicción para echarle la culpa de todos los males: simplemente, no los hemos educado bien y nos les hemos explicado bien las cosas, tan sencillo como eso. Por tentador que sea echarle la culpa a una supuesta adicción o a la tecnología, seamos serios y pongamos las cosas en su sitio.

No restrinjamos cosas que resulta absurdo intentar restringir y que van en contra de los tiempos. Simplemente, introduzcámoslas como parte normal de nuestra vida, utilicémoslas sin complejos cuando nos sean útiles, y aprendamos a ponerlas a un lado cuando nos impidan disfrutar de otras cosas. Es así de sencillo, y obviamente, así de complicado. Pero sea de la manera que sea, no nos queda otra que analizarlo, entenderlo, y ponernos en ello.

 

IMAGE: Karen Roach - 123RF

Según Twitter, apoyándose en datos generados internamente, sus esfuerzos para combatir el acoso y el abuso en su red están finalmente dando sus frutos.

Las declaraciones de la compañía contrastan con las de un buen número de usuarios que afirman, con capturas y ejemplos de tweets que incurren en este tipo de conductas, que la compañía salda de forma sistemática un número significativamente elevado de reclamaciones con afirmaciones de que “no viola las reglas de la compañía”.

El asunto en discusión es tan sencillo como la definición de acoso o abuso en un contexto social. Según Twitter, algo es acoso no cuando el afectado lo denuncia, sino cuando alguien, dentro de Twitter, lo examina, lo juzga, y emite su veredicto. Según Twitter, ellos son los jueces inapelables de lo que constituye acoso o abuso en su red, y la opinión de los denunciantes de tales conductas no cuenta en absoluto. Visto así, ese tipo de contestaciones, que hace algunos años tuve la ocasión de recibir yo mismo, son un recurso sencillo y barato para la compañía, que puede decidir qué comportamientos son constitutivos de acoso y abuso y cuáles no, y reportar las cifras que le vengan en gana sobre la reducción de esos comportamientos en su red.

El problema de erigirse en juez inapelable sobre lo que es acoso o abuso es que, en realidad, eso no es lícito en absoluto. En un contexto social, la única persona que puede juzgar si un comportamiento constituye acoso o abuso es el afectado. Si un afectado afirma estar siendo objeto de acoso o abuso, ese acoso o ese abuso automáticamente deben pasar a existir. El acoso o el abuso son problemas esencialmente subjetivos: alguien puede acosar a otra persona simplemente insistiendo en un tema determinado, aunque lo haga con unos modales perfectos. Los límites de ese acoso o abuso, en ese sentido, podrían llegar a marcarse en función de las características de la víctima: los personajes públicos, por su visibilidad, podrían estar en cierto sentido obligados a aceptar determinados niveles de acoso o abuso, o en particular aquellos que fuesen relevantes con respecto a las razones por las que poseen esa visibilidad. Así, preguntar insistentemente a un político por un caso de corrupción difícilmente podría ser conceptualizado como acoso, pero hacer lo mismo con un ciudadano anónimo con respecto a una factura supuestamente impagada sí podría serlo. La clave, desde mi punto de vista, está en la dimensión social.

Otro elemento evidente estaría, muy posiblemente, en la fuerza empleada: no es lo mismo que alguien insulte a otra persona desde una cuenta con pocos seguidores, posiblemente anónima y carente de credibilidad alguna, que el que ese insulto sea dirigido desde una cuenta con una trascendencia elevada, con un gran número de seguidores o con una visibilidad relevante. La dimensión social añade a cuestiones como el acoso o el abuso una serie de variables que es preciso tener en cuenta a la hora de emitir una opinión sobre su naturaleza.

Pero el principal problema, desde mi punto de vista, estriba en la naturaleza de la cuestión: un comportamiento no es constitutivo de acoso o abuso “porque lo diga Twitter”, sino porque lo diga el afectado. ¿Podría esta política de tolerancia cero ser utilizada por algunas personas para suprimir determinadas actitudes que, en términos estrictamente judiciales, podrían ser considerados lícitos? Posiblemente, pero es que precisamente en eso está la cuestión: la conversación en un contexto social no puede judicializarse, no puede convertirse en un estrado sin juez ni leyes establecidas, y mucho menos puede ser Twitter, parte interesada, quien pretenda erigirse en juez. En un lado está el contexto social, con sus propias reglas marcadas, fundamentalmente, por las normas de la buena educación y otros consensos sociales generalmente aceptados , y en otro lado completamente separado están los tribunales que juzgan delitos como la injuria, el acoso o la difamación. Son niveles diferentes, y Twitter nunca debería, desde mi punto de vista, entrar en el juego de considerarse juez. Lo que Twitter tendría que hacer, de nuevo desde mi punto de vista estrictamente personal, es tomar todas las reclamaciones de acoso o abuso y procesarlas debidamente con arreglo a una serie de protocolos, que pueden incluir desde el borrado del tweet y la advertencia al infractor, hasta la eliminación de la cuenta y la adopción de medidas de exclusión. La única manera de mantener una red social libre de elementos nocivos como el acoso o el abuso es con una política de tolerancia cero.

Mientras esa política de tolerancia cero, mientras el objeto de acoso o abuso no sea quien determine si un comportamiento lo es o no lo es, los datos que Twitter ofrezca sobre los resultados de sus acciones en ese sentido carecerán de toda credibilidad. Pero una vez más: hablamos de un asunto sensible, en el que mi sensibilidad además se acrecienta por haberlo sufrido personalmente, y en el que, obviamente, puede haber opiniones en otros sentidos.

 

Uno de las principales ventajas de tener presencia en las redes sociales es que nos dan la posibilidad de interactuar con nuestras audiencia (que si hemos hecho bien los deberes coincidirá en gran parte con nuestro público objetivo en la web).

Uno de los KPIs que siempre me han parecido vitales a la hora de valorar cómo lo estamos haciendo en redes sociales es precisamente la interacción de nuestra audiencia.

Hoy tengo el gusto de contar con la colaboración de Andrés Muguira (de Question Pro), que nos va a contar cómo conseguir aumentar la interacción con nuestros seguidores en redes sociales. Te dejo con él 🙂


Construir tu marca usando las redes sociales no es tarea fácil, se necesita constancia, persistencia y una gran capacidad de análisis para ejecutar las acciones necesarias que ayuden a mejorar tus interacciones en línea.

Presta atención a las recomendaciones que hoy te compartimos pues seguramente te serán de mucha utilidad y te ayudarán a lograr tus metas en redes sociales.

Consejos para destacar en Redes Sociales

Sé relevante

Eres una  marca, es muy importante ser relevante al momento de difundir tu contenido en redes sociales porque te permite tener un mayor impacto y alcance, esto gracias a que las personas acostumbran a interactuar más con un contenido actualizado o de “último momento” que con uno que ya quedó en el pasado.

Además no debes de olvidar que cada plataforma social tiene un algoritmo que se encarga de difundir el contenido más nuevo de cada cuenta.

La relevancia muchas veces se puede alcanzar estando al tanto de los temas de moda del público o audiencia meta. Por ejemplo, si tu audiencia está en Twitter y estás enfocado en una localidad, será importante que te mantengas al tanto de lo que ocurre en tu entorno local para poder aprovechar los temas de moda y generar contenido de interés para esa misma audiencia.

Si bien, no se pueden vaticinar o predecir los sucesos de moda, si se puede crear un proceso que sistemáticamente esté al tanto y en búsqueda de la relevancia en los medios sociales. Un buen proceso que puedes adoptar es diariamente dedicar cerca del 10% de tu tiempo en observar las últimas tendencias del área en la que tu o tu empresa se están enfocando.

Hacer esto todos los días te va permitir estar actualizado con la información más importante y te va a permitir tomar decisiones y realizar estrategias o campañas que posteriormente se pueden transformar en mayor alcance, impresiones, interacciones, clicks y por supuesto, leads.

No publiques solo por publicar, considera el contenido que vas a compartir. Cerciórate de que tu contenido encaje en la estrategia de tu marca

Ser relevante implica no sólo estar actualizado y utilizar las tendencias de moda, sino que que tu audiencia debe percibirte como un líder en el sector y que cuentas con dominio y experiencia en el campo. Si te detienes a pensar por un momento, en quién confías más, si en una fanpage que tiene 115 fans o en una que tiene 32,400 será interesante la respuesta ¿no crees?

Es por eso que no debes olvidar que tu reputación siempre está en juego al compartir o difundir contenido en redes sociales, hay que tener especial cuidado sobre lo que se publica, recuerda que la audiencia le dará un valor no solo al contenido, sino que también se lo dará a la marca.

Uno de los principales elementos de cualquier estrategia de contenido en las redes sociales es desarrollar la reputación de tu empresa. En este sentido, el objetivo principal es generar contenido viral, así como mejorar la interacción con los usuarios.

Puedes hacerlo a través de videos que muestren las funcionalidades de tu producto o servicio, imágenes que capten la atención y el interés del usuario más fácilmente, e incluso transmisiones en vivo que permitan la interacción en tiempo real entre tu empresa y los usuarios de Internet.

Sé consistente

La disciplina supera el talento. No lo olvides.

Recuerda ser siempre constante en tus iniciativas, si tu audiencia te lee cada miércoles por la tarde, debes establecer un patrón difícil de romper, pero que te ayudará a alcanzar una mayor interacción.

Recuerda que los seguidores de tu marca son personas reales y buscan relacionarse con las demás personas y marcas. De ti depende fidelizar a tus usuarios con tu contenido, para eso, lo primero que tienes que hacer es estar presente y sobre todo ¡No ausentarse!

Actualiza tus estados de acuerdo a tu cronograma de publicaciones y de preferencia hazlo de acuerdo a la demanda de tu audiencia. Mantente al tanto de las tendencias monitoreando y haciendo uso de los hashtags o de las noticias que estén relacionada con tu sector. Hazte sentir y vuélvete un compañero en la web para tus seguidores.

La consistencia en redes sociales también es ser coherentes con nuestra marca

Pon atención también al perfil de tus cuentas, este debe proyectar a tu marca, sobre todo si estás pensando usar tus redes sociales como herramienta de ventas, porque un perfil correcto y bien estructurado te ayuda a generar la confianza de tus clientes.

Y por supuesto, la consistencia también debe de estar en el tono que utilices al momento de publicar tus mensajes, al determinar los horarios que te funcionan más para compartir tu contenido, la frecuencia en que lo harás, pero también debes ser consistente con el compromiso adquirido con tu audiencia para responder sus mensajes, dudas, comentarios o quejas, esto con el fin de reforzar la relación y la confianza de tus seguidores.

Además ser consistente no quiere decir que no debas ser flexible, al contrario, debes seguir experimentando y buscando mejores resultados. Si una táctica no te funciona prueba con otra, pero no confundas a tu audiencia, recuerda que debes crear una comunidad que te ayudará a incrementar tus ventas y a tomar las mejores decisiones para tu negocio.

Piensa que si ya te decidiste a hacer un buen trabajo en tus distintas redes sociales, debes tener paciencia y estar preparado porque es una labor que requiere constancia para obtener los resultados deseados.

Sé breve

Menos es más, hay que tenerlo siempre presente. Aunque debemos ser consistentes, no queremos abrumar a nuestros lectores. Haz publicaciones y actualizaciones fáciles de digerir, si estás por ejemplo en Facebook, actualiza con moderación.

No olvides que estamos rodeados de millones de mensajes, emojis, fotos, videos y que debemos lograr destacar de todo ese ruido. Si tienes la necesidad de compartir mucha información o links a otras páginas como tu sitio web, puedes recurrir más a tu cuenta de Twitter, ya que es el espacio ideal para hablar, participar y compartir información rápidamente. Pero aún así asegúrate de no postear de más.

Si tienes mucho más que decir, coloca tu contenido en un blog o newsletter, no en una actualización de estado.

Pregúntate ¿Qué necesitan conocer mis seguidores, qué información requieren? y publica contenido breve que se relacione con tu público objetivo, esto lo lograrás si los conoces y atiendes a sus necesidades.

A través de mensajes cortos debes lograr generar una reacción, una discusión o retroalimentación. Es muy importante que tu audiencia lea y comparta tus contenidos, por eso debe engancharlos, provocarles una emoción e invitarlos a la acción.

Sé social

Habla con la gente.

Escucha y comenta el contenido que otras personas publican. Muestra interés por lo que se está hablando y únete a la conversación. Nada te hará brillar más que escuchar e interactuar de manera significativa con los clientes. Al hacerlo, descubrirás lo que es importante para ellos y esa información es de gran valía si lo que quieres es llevar a cabo, por ejemplo, una investigación de mercados online.

Te invito a leer: Cómo realizar una investigación de mercados por redes sociales.

Otra manera de atrapar a tu audiencia es brindándole el mensaje correcto en el lugar indicado. Haz diversas pruebas y conoce cómo reaccionan tus usuarios de redes sociales a tus mensajes, esto te indicará si necesitas expandirte o cambiar a otras plataformas, ajustar el contenido que compartes o si debes mantener la estrategia que llevas a cabo .

Brinda contenido interactivo, esta es una de las tendencias más importantes en el marketing de contenido. Crea algo único, logra tener una retroalimentación directa que contribuya a generar nuevos públicos.

Sabemos que este tipo de contenido puede ser mucho más caro que la generación de contenido tradicional, y que a menudo requiere mucho más planificación y preparación para hacer algo que tenga el poder de permanecer más allá de los primeros clics, por ello debes de prestar especial atención al momento de crear este tipo de contenido para que cumpla con su propósito: construir relaciones exitosas.

Presta atención a lo que tus clientes están buscando para crear experiencias interactivas que satisfagan sus necesidades y produzcan un efecto específico en la mente de los consumidores.

Si los mensajes en redes sociales y otros contenidos no abordan temas que la audiencia considera significativos y que valen su tiempo, no lo leerán y no volverán a consultar tu contenido en el futuro.

ISi los mensajes en redes sociales no abordan temas significativos, no volverán a consultar tu contenido.

Sé útil

Una vez que te has comprometido y has escuchado a tus seguidores, estás en una posición de poder satisfacer sus necesidades.

Además de publicar cosas que son de valor o interés para tus seguidores, podrás ajustar los productos o servicios para solucionar las necesidades que has descubierto con las interacciones que tuviste en tus redes sociales.

Solamente debes de tener cuidado, y rescatar aquellas interacciones significativas que ocurren orgánicamente, y que te proveen de información o datos que te ayudarán al crecimiento de tu negocio de la mano del cliente.

Las acciones que vayas a realizar derivadas de esta interacción constante deben aportar valor no solo a tu compañía, sino también a tus seguidores que han creado lazos de confianza con tu marca, producto o servicio.

Sé respetuoso

Al momento de estar interactuando en las distintas redes sociales, puede ser muy tentador involucrarte de más con tus seguidores y perderles el respeto. Por ello es mejor dirigirse a la audiencia con amabilidad, pero esto tampoco significa que debas ser demasiado serio. Simplemente hay que tener especial atención para no invadir su territorio y hacerlos sentir incómodos.

Cuando un contenido, conversación o pregunta no sea relevante para toda la comunidad, o si la información que deseas compartir es para una sóla persona, considera mejor mandarle un mensaje directo, correo electrónico o hacerle una llamada telefónica. No haga preguntas demasiado personales.

Ten en cuenta que ser descortés puede dañar la reputación de tu marca. Por ello es importante tener estrategias diseñadas para actuar ante situaciones determinadas. Esto evitará reacciones fuera de lugar y por lo tanto sabrás actuar correctamente sin dañar la imagen de tu negocio. Una de las formas más sinceras de respeto es escuchar lo que otros tienen que decir.

Sé creativo

La creatividad es inventar, crecer, tomar riesgos, romper reglas, cometer errores y divertirse. Si quieres llamar la atención fomenta tu creatividad. Tanto al momento de organizar algún tipo de dinámica, como con las recompensas que piensas ofrecer para animar a las personas a interactuar e incluso lograr promover tu marca, producto o servicio.

Se necesita inspiración y un poco de locura para generar campañas únicas que puedan sobresalir entre la gran cantidad de mensajes que se comparte hoy en día. Por ello, hay que crear historias significativas y convincentes, pero sobre todo, tener retroalimentación de la gente, esto nos ayudará a crear un mejor contenido y tener una presencia influyente en las diversas redes sociales.

Hay que ser perspicaz para compartir ideas creativas y comprender lo que la gente quiere; conocer sus verdaderas necesidades para lograr acercarnos a ellos de la mejor manera. No olvides que debes de ofrecer siempre lo mejor.

Tener a tu audiencia cautiva puede ayudarte más adelante, por ejemplo a participar en algún tipo de investigación de mercado, o a formar una muestra significativa que te ayude a resolver alguna encuesta online.

Te invito a leer: El rol de las encuestas online en la toma de decisiones


Aumentar las interacciones en Redes Sociales

No me cabe duda de que con estos 7 consejos conseguiremos incrementar el número de interacciones de nuestros seguidores en redes sociales, pero también nuestra visibilidad y presencia en nuestra comunidad.

¿Tienes tu algún otro tip que resulte especialmente efectivo para promover la participación de tus seguidores en redes sociales? Te espero en los comentarios y me lo cuentas ¿vale?

- Un artículo original de El Blog de Jesús Pernas