IMAGE: Rebcenter Moscow - Pixabay (CC0 Creative Commons)Jaime Vicente Echagüe, de La Razón, me llamó para hablar sobre la adicción a las series de televisión, y a mí ya me pareció el exceso de los excesos: llamar adicción al hecho de que a alguien le guste ver muchos capítulos de series seguidos y que sienta una cierta sensación de vacío cuando la serie termina es, sencillamente, no tener ni maldita idea de lo que es una adicción, y banalizar el término hasta el límite. Ayer, Jaime citó mi opinión en su artículo titulado “La ciencia ya estudia la adicción a las series” (pdf).

La tontería de llamar adicción a lo que no lo es está llegando ya a límites completamente absurdos. Para la sociedad, parece que el hecho de calificar como adicción el que una persona vea muchas series, utilice su smartphone muy a menudo o lleve a cabo cualquier acción de manera repetitiva es algo que alivia la conciencia, una especie de “querríamos hacer algo, pero no podemos porque es un adicto”. No, no es así. Lo siento por aquellos que se sienten más a gusto utilizando el término, pero es sencillamente una soberana estupidez para la que no existen evidencias científicas de ningún tipo. Un niño que utiliza su smartphone a todas horas, que no lo suelta ni en la mesa, que no deja de utilizarlo ni un minuto cuando va de visita a casa de sus abuelos, y que reacciona violentamente cuando se lo intentamos arrebatar NO ES UN ADICTO, ES UN MALEDUCADO. Y la culpa, nos pongamos como nos pongamos, no es de la tecnología, es probablemente de sus padres, que no lo han sabido educar.

Pretender que los fabricantes de tecnología nos ayuden haciendo sus productos menos adictivos es algo tan soberanamente absurdo, que sobrepasa todos los límites del sentido común. Pedir a una marca que estropee sus productos, que los haga menos atractivos o que los llene de advertencias es una manera de intentar evadir la responsabilidad de educar: “yo los educaría, pero claro, es que la tecnología es tan adictiva y tan peligrosa, que no puedo hacer nada”. MENTIRA. Sí puedes hacer cosas: se llama educar, y si no sabes, tienes un problema, tanto tú, como tus hijos. La tecnología no es adictiva ni peligrosa: simplemente, hace cosas que nos gusta que haga, y como todo lo que nos gusta, si no nos enseñan a restringir su uso, la utilizamos todo el tiempo. Pero eso no es ser adicto, eso es, simplemente, que no te hayan enseñado a restringirte y a no hacer todo el rato lo que te gusta, o lo que te venga en gana. Aprender a vivir en sociedad implica ese tipo de cosas: no hacer siempre lo que te dé la gana. Si tus padres no te enseñan, es más difícil aprender. Pero no eres un adicto por ello: eres otra cosa.

Vamos a dejarnos de tonterías, por favor. Las adicciones son algo muy serio. Muy, muy serio. Son enfermedades, problemas que destruyen la vida de las personas, trastornos que modifican nuestro comportamiento de manera incontrolada e incontrolable, que requieren tratamiento. Cuando era poco más que un niño, viví la peor época de la adicción a las drogas en Galicia: algún compañero de colegio murió, algún otro sufrió muchísimo por ese tema. Lo pude ver directamente, los vi degradarse como personas, destruirse, destrozar sus vidas, recurrir a todo lo imaginable para satisfacer su necesidad. Pocos de los que se metían en eso salieron de aquel infierno. Comparar eso con el hecho de que un niño carente de educación no suelte su móvil ni a sol ni a sombra, o con que alguien se vea una temporada de una serie de un tirón es algo tan profundamente absurdo, irresponsable e insultante, que no merecería ningún tipo de consideración seria. Pero ahora resulta que, para demostrar la basura de sociedad que estamos construyendo, que los que piden a las marcas tecnológicas que rebajen el atractivo de sus productos son nada menos que asociaciones de inversores puritanos, que como son inversores, prácticamente obligan a algún tipo de respuesta absurda a las compañías, y que el país en el que vivo ha nombrado nada menos que a un delegado del Gobierno para la Estrategia Nacional de Adicciones que se dedica a hablar sin medida ni templanza de algo que define como “adicciones sin sustancia”, dándoles carta de realidad como si realmente existiesen. No, no existen, por mucho que a algunos parezca que les alivia pensarlo, que les guste tener algo a lo que echar la culpa de sus problemas. Pero no, no van a existir por el hecho de que las llamemos así: las cosas no se convierten en verdad por decirlas muchas veces. Las asociaciones de psicólogos de todo el mundo rechazan esa denominación, y el hecho de que un niño use mucho su smartphone no merece una cura de desintoxicación: merece, sencillamente, que lo eduquemos y nos dejemos de echar la culpa a supuestas “adicciones”.

No, no podemos dedicarnos a llamar “adicción” a cosas que se curarían simplemente con un poco de disciplina y educación. Cuanto antes paremos esta estupidez colectiva, mejor. Un poco de sentido común, por favor. 

 

Estados Unidos.- Netflix no para de crecer y su número de suscriptores sigue en aumento a lo largo y ancho del mundo. Durante el primer trimestre de 2016, la cifra de suscriptores en la plataforma (según datos ofrecidos por el portal web Statista), se situaba en los 83,18 millones, una cifra muy superior a los 22,93 millones de suscriptores que Netflix tenía hace 5 años, tal y como puede verse en esta gráfica elaborada por el portal web Statista. Ahora, para promocionar sus series, la plataforma ha decidido hacerlo a través de una curiosa acción de marketing.

Fuente: Statista
Fuente: Statista

Y es que en su canal en Youtube para Estados Unidos y Canadá, Netflix ha lanzado una serie de vídeos en los que muestra pasteles de algunas de sus series más míticas como “Narcos” y “Stranger Things“, algo que ha llamado, poderosamente, la atención de los espectadores de estas series.


Lo que está claro es que el éxito de Netflix se debe a acciones de marketing como esta, así como al buen manejo en las redes sociales, ya que la plataforma, continuamente, lanza contenidos originales, atrevidos e inesperados que cumplen con el cometido para el que se han creado y que no es otro que llamar la atención de los usuarios, más allá de los fines publicitarios.

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A nivel mundial, son numerosas las plataformas de televisión online o portales de retransmisión en streaming que utilizadas por muchos usuarios desde sus ordenadores y dispositivos móviles. En el caso de España, por ejemplo, plataformas como Netflix, ha llegado recientemente y se espera el lanzamiento de otras similares gracias al creciente mercado y que plantean nuevos aspectos legales a las audiencias.Estas plataformas, que van ganando terreno frente a la televisión tradicional, también representan nueva información que deben conocer los usuarios, especialmente en materia de legalidad, por lo que debido al interés que están suscitando los portales de retransmisión en streaming, desde Trusted Shops, su experto legal, Rafael Gómez-Lus, ofrece respuesta a una serie de preguntas sobre el tema.

  • ¿Cómo puedo reconocer sitios web legales para ver contenido en streaming? “El consumidor no puede reconocer de forma concreta si un proveedor dispone o no de una licencia. Además, no se puede generalizar y decir que las ofertas de pago son siempre serias o que las ofertas gratuitas no lo son. Los usuarios deben orientarse por la empresa que está tras la oferta. Un proveedor serio cuenta con un aviso legal completo, además de información sobre la protección de datos. En caso de que esta información presente lagunas o incluso sea inexistente, puede ser que el operador del sitio web venda información sobre clientes a terceros o la transmita a sistemas de información dudosos.”
  • ¿Estoy cometiendo un delito si reproduzco películas o series de sitios web sin licencia? “Esto todavía no está claro desde el punto de vista de la jurisprudencia. El simple hecho de mirar, sin almacenar los contenidos en un ordenador o, por ejemplo, difundir en una plataforma de intercambio, sigue estando dentro de un área poco definida. Se recomienda prudencia, pues aunque la difusión se haya llevado a cabo involuntariamente, esta acción es ilegal debido a la falta de derechos de utilización concedidos y podría tener consecuencias jurídicas para el usuario. Los usuarios, en caso de duda, deberían optar por la oferta de pago seria; en lugar de optar por una oferta gratuita totalmente desconocida.”
  • Si me suscribo a Netflix, ¿puedo cancelar la suscripción en el plazo indicado si empiezo a ver pelis o series? “Quien haya contratado una suscripción de pago con un servicio de transmisión de datos en línea como Netflix tiene un derecho de rescisión de la suscripción de 14 días a partir del día en que se contrata. Pero hay que tener en cuenta una peculiaridad: el derecho de rescisión finaliza antes de que pasen los 14 días si el usuario usa la transmisión o realiza una descarga. El proveedor tendrá que haber dado su consentimiento expreso previo para iniciar la ejecución del contrato y con su conocimiento confirma que si se empieza a reproducir a partir de se momento, y antes de que finalicen los 14 días, el cliente pierde su derecho a la rescisión del contrato.”

En este sentido, señala Rafael Gómez-Lus, Experto Legal de Trusted Shops en España concluye: “El usuario debe tener muy en cuenta que los datos sobre los precios sean claros así sabrá de antemano qué costes concretos pueden surgir tras contratar los servicios de la plataforma”

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Stranger Things, serie original de Netflix estrenada en julio de este año, tendrá una segunda temporada, por lo que ante la gran expectativa que dejó entre sus fans, se ha liberado un breve teaser para confirmar que llegarán nuevos capítulos próximamente.

Hasta el momento no existen detalles sobre la fecha de estreno o la linea argumental que seguirá la segunda temporada, sin embargo, en el teaser aparecen nueve nombres que aparentemente pertenecen a los nueve capítulos que integrarán la segunda tanda de esta exitosa serie.

Gran parte del éxito de esta serie se debe a que se encuentra ambientada en la década de los ochenta, por lo que elementos como la música y el factor nostalgia han servido en gran medida para atraer a la generación X y a los millennials.

De acuerdo con Symphony Advanced Media, Stranger Things se ha convertido en la tercera serie más vista de Netflix, detrás de Orange is the New Black y Fuller House.

Debido al gran éxito que ha conseguido Netflix con sus producciones originales, compañías de la competencia se han lanzado también a producir contenido propio, como en el caso de Amazon, y de manera más reciente, el caso de Apple.

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Internacional.- Los proyectos nuevos suelen ser arriesgados, más aún en el mundo de la TV, donde los gustos de los televidentes no siguen reglas claras o demasiado esperables. Sin embargo, los algoritmos parecen haber llegado para cambiar eso.

Esto sucederá si se toma como ejemplo el paradigmático caso de House of Cards, la popular serie de Netflix que bate récords de audiencias y de premios.

Según dio a conocer en julio la compañía de streaming, la serie existe como tal gracias a un algoritmo informático, que sentó las bases de los protagonistas, del argumento y del director. Ver Estrategia de promoción de House of Cards

Netflix encargó analizar los hábitos de consumo de sus millones de usurarios con un algoritmo (sí, un programa similar al que usa Google en sus búsquedas, por ejemplo) y el resultado fue éste: a la gente le interesaba ver películas y series en las que participara Kevin Spacey, le atraía el director David Fincher y disfrutaba con los dramas políticos que reproducía la BBC de Reino Unido.

La información del algoritmo, como se verá, lo hizo todo. Sólo hubo que llamar al actor, al director y apostar por una remake de la serie inglesa “House of Cards”, de los años 1990. Ver El extorsivo kit de prensa de House of Cards

La fe en la serie fue tanta, que Netflix encargó varios episodios, y no sólo uno o dos, como suele ser la metodología en la industria, según publicó Luke Dormehl en su libro The Formula: How Algorithms Solve All Our Problems and Create More.

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Spacey no sonríe, pero Netflix está feliz con su serie.

El éxito llegó como se esperaba: ya lleva cuatro temporadas y se ha anunciado una quinta, además de ganar premios en cuanto evento se presentó. De hecho, se convirtió en la primera serie 100 por ciento web en ganar un Emmy.

Los algoritmos, seres supremos

Los algoritmos están “dominando al mundo” y no pareciera ser una frase exagerada. Según Wikipedia, un algoritmo es “una base de reglas matemáticas que define una serie de operaciones para obtener un fin determinado. Es también un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”.

Todos dependemos de Google (y Google se basa en las búsquedas a través de un algoritmo). Cada vez que Facebook modifica su algoritmo, el mundo de los medios y la publicidad se altera, ya que cambia la manera en que se muestra la información en la línea de tiempo.

Y ahora, el mundo del cine y de la TV ya lo utiliza como “arma”.


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