Una oleada de ataques de phishing, por parte de hackers que se hacen pasar por Paypal, acaba de ser detectada por Check Point®, que señala que estas amenazas tienen entre sus víctimas tanto a usuarios como a empresas que pueden ver afectada datos importantes, así como considerables cantidades de dinero.

Las razones por las cuales se suele utilizar el nombre de Paypal, hasta el punto de estar entre las 10 marcas más usadas para ataques de phishing, según datos de la web OpenPhish, están relacionadas con su popularidad entre los usuarios, además de la enorme cantidad de información privada con la que cuenta.

Con la intención de no ser víctima de este tipo de ataques, Check Point ofrece esta serie de consejos:

  1. Fijarse con detenimiento en el emisor. “Los emails oficiales de Paypal siempre tendrán como remitente una dirección de correo electrónico acabada en @paypal.com. Los hackers pueden ponerse como nombre de usuario “Paypal”, pero si el internauta presta atención verá que el mensaje procede de un dominio diferente.
  1. Fallos ortográficos. Si el usuario detecta erratas y malas traducciones es muy probable que se encuentre ante un email fraudulento.
  1. Links falsos. Los hipervínculos enviados mediante ataques de phishing son muy sospechosos ya que no cuentan con el protocolo https (que indica que una web es segura) ni incluyen la dirección www.paypal.com
  1. Saludos impersonales. Paypal siempre se dirige a sus clientes utilizando su nombre y apellido. Un correo fraudulento, por el contrario, utiliza fórmulas como “Querido usuario” o “Estimado cliente”.
  1. Falsa sensación de urgencia. Una característica bastante común de todos los ataques de phishing es que amenazan a los usuarios con perder su cuenta si no actualizan sus datos personales. Las empresas nunca piden información privada por email.
  1. Archivos adjuntos. Paypal no envía archivos adjuntos en sus correos electrónicos. Check Point recomienda no abrir nunca un documento enviado por email a no ser que se esté completamente seguro de su procedencia

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Un usuario de Twitch con el nickname iNexus_Ninja, pretendía jugarle una broma a varios usuarios de la plataforma de streaming de videojuegos, ya que realizó diversas donaciones que sumaron un total de 50 mil dólares, sin embargo, el generoso donador pretendía pedir un reembolso a PayPal, lo cual finalmente no sucedió, y terminó perdiendo su dinero.

De acuerdo con Gizmodo, el nombre real de este usuario es Anthony Archer, quien supuestamente habría utilizado la tarjeta de crédito de sus padres para realizar donaciones de alrededor de 11 mil dólares a distintos usuarios creadores de contenido.

Debido a que las donaciones se llevaron a cabo mientras los destinatarios se encontraban haciendo el stream de sus partidas de videojuegos, las reacciones quedaron capturadas en video, y ahora existe en YouTube un video que recopila estos momentos:

Twitch es una plataforma para realizar streaming de partidas de videojuegos, y la mayoría de los creadores de contenido dentro de ella, reciben donaciones directas de parte de sus fans.

Al fina, después de pedir el reembolso, la disputa generada en PayPal ha fallado en beneficio de los usuarios de Twitch, por lo que Anthony Archer perdió sus 50 mil dólares.

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Los estudiantes universitarios utilizan una variedad de métodos de pago, incluyendo PayPal Apple Pay y según las investigaciones, el que acudan a estos se debe a su facilidad de adopción y uso.

Un reciente estudio de Sallie Mae e Ipsos  entre usuarios de 18 a 24 años que actualmente se encuentran en estudios técnicos o en estudios de segundo a cuarto año en instituciones universitarias muestra que un 48 por ciento utiliza los pagos móviles como método preferido porque la cuenta era fácil de instalar y poder en funcionamiento. Seguido de un 44 por ciento que aseguraba hacer lo propio por su facilidad de uso, mientras que un 43 por ciento lo hacía porque sus amigos y familiares también son usuarios de este sistema.

Un 42 por ciento se decantan por estos métodos móviles porque se aceptan en los lugares que en los que los necesitan utilizar y un 41 por ciento porque son fáciles de manejar.

Los últimos lugares en cuanto a las razones por las que utilizan pagos móviles los estudiantes universitarios son el respaldo de la marca 28 por ciento y los aspectos de seguridad 21 por ciento.

Cuando se trata de el tipo de pagos móviles utilizados por los estudiantes universitarios que usan internet, PayPal es la opción más popular para un 58 por ciento de ellos, seguida muy de lejos por Apple Pay (18 por ciento), Google Wallet (16 por ciento), Venmo (11 por ciento) y Android Pay (8 por ciento).

 

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El modelo de crowdfunding es uno de los pilares fundamentales del emprendimiento contemporáneo, ya que permite a todo aquél que tenga una idea y sea capaz de ejecutarla, buscar de forma relativamente sencilla, los fondos necesarios para convertir esa idea en un producto, y dentro de este esquema, PayPal ha jugado un papel muy importante.

Según el modelo operativo de distintas plataformas de crowdfunding, como Kickstarter, por ejemplo, el dinero no pasa directamente de los donantes hacia el creador del proyecto, sino que son retenidos y no se liberan sino hasta cumplir con la meta establecida dentro del periodo marcado, por lo que de no alcanzarse esa meta, el dinero jamás sale del bolsillo de las personas que donaron y el autor del proyecto no recibe un sólo centavo.

Sin embargo, a partir del 25 de junio PayPal dejará de asumir los riesgos por apostar a estas plataformas, ya que de forma continua se han presentado casos donde los donantes reclaman la totalidad de su dinero aún cuando el proyecto financiado se haya concretado e incluso tengan ya el producto final en sus manos.

Otro caso de fraude constante es no cumplir con las promesas realizadas durante la campaña, ya sea con retrasos en la fecha de entrega o simplemente porque el resultado no cumple los objetivos prometidos.

También se han dado casos en los que los usuarios de plataformas de crowdfunding se sienten defraudados por los movimientos de las compañías, como en el caso de Oculus Rift, quien desató la furia de aquellos que donaron dinero al proyecto original, cuando Palmer Lucky decidió aceptar la oferta de compra de Facebook.

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IMAGE: Csaba Peterdi - 123RFUn reciente artículo de New York Times, “In Sweden, a cash-free future nears”, da cuenta de la evolución de la sociedad sueca hacia un uso cada vez menor del dinero en metálico en beneficio de las tarjetas de crédito y el pago mediante apps en el smartphone.

El artículo, que ha recibido bastante atención en redes sociales, es uno más de una lista que suelo utilizar en mis charlas a directivos de banca sobre innovación, en donde los países nórdicos suelen aparecer como pioneros, y que han desencadenado hipótesis en países como el Reino Unido o Australia, acerca de los posibles beneficios e inconvenientes de acabar con la circulación de dinero en metálico. El avance de diversos países en ese sentido es evidente: en los Estados Unidos, tras la llegada y popularización de sistemas como Square o Apple Pay, el volumen de transacciones comerciales llevadas a cabo sin intercambio de dinero en metálico alcanza ya el 80%. En Corea del Sur es del 70%, en Holanda del 85%, en Canadá del 90% o en Bélgica del 93%. Si aparcas tu vehículo en Amsterdam y pretendes pagar en un parquímetro, olvídate de hacerlo en monedas o billetes: solo aceptan tarjetas, un instrumento que el 98% de los ciudadanos llevan en su bolsillo. Si vas de tiendas, un número creciente de ellas han dejado igualmente de aceptar pagos en metálico. En Suecia, muchos bancos ya no aceptan ni entregan dinero, y no puedes subirte a un autobús o al metro si no cuentas con alguna forma de pago que no conlleve metálico.

Hace ya varios años, en un viaje de dos días a Londres para dar un par de sesiones de clase, me encontré en Heathrow a una hora relativamente tardía y sin haberme acordado de cambiar dinero. No supuso el más mínimo problema ni para desplazarme, ni para hacer algunas compras, ni siquiera para tomarme alguna cerveza en un pub dejando la correspondiente propina. En Australia, un millonario ha propuesto un No cash November, un mes entero sin utilizar metálico, vinculado con una iniciativa de tarjeta de débito para personas en exclusión social que les permite recibir sus asignaciones estatales, pero excluye la adquisición de alcohol, juegos de azar y la obtención de dinero en metálico.

¿Cuáles son las variables afectadas, en términos de beneficios y perjuicios, de una sociedad que excluye las transacciones en metálico del sistema económico?

  • Trazabilidad: las transacciones electrónicas, al menos en su desarrollo más habitual, permiten el seguimiento. Para algunos, una gran ventaja que impediría el desarrollo de la economía sumergida y obligaría al afloramiento del dinero negro y a su fácil seguimiento de cara al pago de impuestos, uno de los principales factores que llevan al interés de los gobiernos. Para otros, un problema a la hora de llevar a cabo determinadas transacciones que requieren anonimato o, cuando menos, discreción. Ni siquiera el uso de bitcoin, popularizado en gran medida por su uso en transacciones al margen de la ley, garantiza el anonimato.
  • Seguridad: vinculado con la variable anterior, el abandono del cash implica de manera casi automática una disminución de la delincuencia, no solo por la disminución de delitos violentos destinados a obtenerlo, sino por la mayor dificultad de llevar a cabo transacciones con objetos robados. En Suecia, los robos de bancos y en transportes de dinero han descendido a su mínimo histórico desde que se cuenta con datos. La contrapartida, los ciberdelitos, son indudablemente un factor a tener en cuenta (en Suecia se han duplicado en valor), pero tienden a no conllevar violencia física. Es muy posible que la delincuencia forme parte de la naturaleza humana y que sea completamente imposible plantearse su erradicación total, pero al menos, llevarla a terrenos en los que no implique violencia contra las personas parece un comienzo interesante.
  • Marginación de sectores de la sociedad, no solo debido a niveles más bajos de bancarización, sino también a la necesidad de contar con un smartphone o, simplemente, de saber utilizarlo. Todos aquellos que en España han visto a un familiar mayor lidiar con el cambio de pesetas a euros, o que ven sus dificultades al intentar utilizar un smartphone – ya no solo el reto de utilizarlo como tal, sino cuestiones como el mantenerlo actualizado o seguro – saben sin duda de qué hablamos. Pero no solo a personas mayores: obligar a todo aquel que quiera efectuar transacciones a tener una cuenta en un banco puede excluir a los muy pobres, a refugiados, inmigrantes y otra población en riesgo.
  • Privatización de la actividad económica: la idea de que las transacciones económicas pasen a estar controladas por bancos, por emisores de tarjetas de crédito o por empresas tecnológicas tiene numerosos detractores. Mientras el uso de dinero en metálico genera costes a los bancos, el dinero electrónico es una fuente de ingresos, lo que explica su entusiasmo. Por otro lado, no solo está el hecho de que estas actividades pasen a conllevar el pago obligatorio de una comisión, sino por el nivel de control que puede traer aparejado consigo. Desde hace muchos años no utilizo PayPal, simplemente porque en su momento se negó a permitirme donar dinero a Wikileaks, una donación para la que no pretendía obtener anonimato, pero que no correspondía a la financiación de ninguna actividad ilegal: la misma herramienta con la que podía donar al Ku Klux Klan, me impedía donar a una causa que no estaba siendo enjuiciada por tribunal alguno.
  • Mayor facilidad para el gasto / orientación al consumo: mientras el dinero en metálico proporciona un refuerzo limitante (gastas el que llevas en el bolsillo), el uso de instrumentos como la tarjeta o el smartphone otorga una facilidad que puede llevar a que muchos gasten de manera irresponsable o incluso se endeuden de manera impulsiva.
  • Gastos pequeños: los porcentajes de uso en muchos países esconden el hecho de que se suelen indicar en volumen de intercambio económico, no en número de transacciones. La realidad indica que existe un amplísimo número de transacciones de pequeño importe que se realizan en cash, desde una propina a una limosna, que tienen su importancia y que aún tienen complicado justificar una comisión o una operativa específica. Mientras en algunos países la costumbre de incorporar la propina a la factura de la tarjeta ya está completamente institucionalizada, en otros resulta extraño,cuando no directamente imposible hacerlo. Pensar en dejar un euro a un pobre en una esquina mediante una tarjeta o una app resulta, a día de hoy, completamente implanteable.
  • Control gubernamental: en un mundo futurista, nuestras cuentas corrientes ya no están en un banco, sino en el banco central o directamente en el gobierno. Los bancos siguen existiendo y prestando dinero, pero no lo obtienen de los depositantes, sino del mismo banco central. Un modelo que otorga al gobierno mucho más control a la hora de lidiar con ciclos económicos. La idea de que el dinero esté en manos y bajo el control del gobierno, y que no podamos, por tanto, almacenarlo fuera del sistema (como dice el tópico, “debajo del colchón”) elimina un grado de libertad que, aunque menos utilizado actualmente, sí ha representado un recurso en manos de los ciudadanos en otras épocas.
  • Fallos: desde simplemente quedarse sin batería, a ver nuestra tarjeta desactivada por error nuestro o del banco, a que el sistema deje de funcionar por la razón que sea. La idea de quedarse de repente sin dinero o sin posibilidad de utilizarlo resulta desagradable, y lleva a muchos a expresar su desagrado con el uso de transacciones electrónicas en el día a día.

¿Más factores? Es seguro que se me habrá escapado alguno, y agradeceré si lo incluís en los comentarios. Lo que es seguro es que, por estos u otros factores, la transición hacia una sociedad sin dinero en metálico no se producirá de manera inmediata, ni mediante una imposición centralizada. Tendrá lugar a medida que se impongan métodos más cómodos, eficientes y sencillos, con una transición prácticamente generacional, y con un largo período en el que, además de nuestros smartphones y nuestras tarjetas, seguiremos llevando algún billete guardado en algún sitio “por si acaso”. En cualquier caso, es algo que sin duda llegará, y que va a cambiar muchas cosas. Vayamos pensando en ello.