IMAGE: Volodymyr Horbovyy - 123RFEl gobierno conservador del Reino Unido anuncia la prohibición total de la venta de vehículos de gasolina o diesel empezando en el año 2040, uniéndose a otros países europeos con planes similares como Francia, que pretende acompañarlo además de una prohibición total del carbón en 2025; Holanda, que sitúa la fecha límite en el año 2025; o Noruega, que aunque ha desmentido la prohibición total en 2025, sí afirma que restringirá los combustibles fósiles hasta el punto de convertirlos en una opción muy poco atractiva. Cuatro grandes ciudades, Atenas, Ciudad de México, Madrid y París, han anunciado estar estudiando planes que podrían llevar a la prohibición total de los vehículos diesel en sus zonas céntricas.

¿Cuál ha sido la respuesta generalizada de la opinión pública ante el anuncio del gobierno británico? Tachar la medida de hipócrita, de “cortina de humo“, decir que veintitrés años es un plazo excesivamente largo, y afirmar que con esa escasa voluntad política, el Reino Unido podría convertirse en uno de los últimos países del área en abandonar los combustibles fósiles.

Europa parece cada día más decidida a poner un plazo para la eliminación de los motores de gasoil y gasolina, responsables, según algunos estudios, de la muerte de unos tres millones de personas al año. Unido a la decisión de algunas marcas como Volvo de jubilar parcialmente sus motores diesel y de gasolina para optar por vehículos híbridos y eléctricos puros, que ha desencadenado el interés de muchas otras marcas por anunciar planes similares o por potenciar su gama de vehículos en esos segmentos, al tiempo que piden medidas para acelerar la transición hacia los vehículos eléctricos.

¿Puede algo tan crucial para el futuro del planeta plantearse como una medida fijada para iniciarse dentro de nada menos que veintitrés años? Anunciar una prohibición de la venta de vehículos de diesel y gasolina en 2040 equivale a suponer que, a partir de ese año, aún podrían transcurrir varias décadas en las que los propietarios de esos vehículos podrían estirar su vida útil, generando los correspondientes gases contaminantes. Frente a este hipotético futuro, algunos se plantean un escenario completamente diferente, que tiene en cuenta una transición hacia vehículos completamente diferentes a los de hoy, y una transformación radical de la industria desde la venta de vehículos a particulares, a un planteamiento de ventas a flotas que los operarían en forma de servicio.

La medida del gobierno británico es, indudablemente, un paso en el camino correcto. Sin embargo, es un paso demasiado corto, y una estimación de plazos tan profundamente conservadora, que realmente le otorga una dimensión política más bien escasa o insuficiente. Que cada vez más países, tanto a nivel de gobiernos como de ayuntamientos, se planteen planificar el fin de los motores diesel y de gasolina es algo positivo. Que hablamos de cuestiones de comodidad de algunos frente a otras de supervivencia y calidad de vida de todos. Ahora solo falta que, además, se sitúen por encima del populismo y de las previsibles protestas de algunos, y actúen tratando de verdad de salvaguardar el interés general de sus ciudadanos.

 

IMAGE: Imagestock - 123RFLos cuatro partidos principales de Noruega, tanto de izquierdas como de derechas, acuerdan poner en marcha una nueva política energética que conllevará una prohibición de la venta de vehículos propulsados por combustibles fósiles, tanto gasoil como gasolina, en el año 2025. A partir de ese año, todos los vehículos nuevos vendidos en el país deberán ser totalmente eléctricos (no híbridos) o propulsados por hidrógeno.

La iniciativa noruega, que ha sido saludada con entusiasmo en Twitter por el fundador de Tesla, Elon Musk, que vendió más de cincuenta mil de sus vehículos en el país durante el año 2015 y se enfrenta a un 2016 en el que las ventas de vehículos eléctricos, que suponen un 30% sobre el total del parque automovilístico, aumentan por encima del 24%. Noruega es el único país del mundo en el que el Model S de la compañía ha llegado a ser número uno en ventas de vehículos nuevos.

La decisión del país nórdico se une a iniciativas similares que se están discutiendo en países como Holanda, que igualmente medita una prohibición total de la venta de vehículos de gasoil y gasolina en el año 2025 (aunque el Parlamento se encuentra todavía dividido al respecto), o de la India, que pretende que la totalidad del parque automovilístico del país sea eléctrico en el año 2030. El caso de Noruega, sin embargo, es interesante por el hecho de que hablamos de un importante productor de petróleo, pero que asimismo es uno de los más limpios en su generación de energía eléctrica: prácticamente la totalidad de la electricidad del país se genera a partir de centrales hidroeléctricas.

La política de incentivos al vehículo eléctrico en Noruega, tanto fiscales como de otros tipos, ha provocado un rápido incremento de la penetración de este tipo de automóviles. Los importantes incentivos fiscales directos, unidos a la elevada fiscalidad sobre los vehículos de combustibles fósiles, hacen que el precio de los eléctricos sea comparable al de los convencionales. Pero además, con un vehículo eléctrico en Noruega puedes aparcar de forma preferente en numerosas plazas específicas, y gratuitamente en cualquier plaza de estacionamiento regulado, circular por los carriles de alta ocupación o por el carril-bus, utilizar gratis los numerosos ferries que cruzan la compleja orografía del país, y no pagar peajes en sus autopistas. En Oslo, son habituales las quejas de conductores de vehículos de gasoil y gasolina a los que les cuesta mucho encontrar aparcamiento, un efecto de desincentivo específicamente buscado para generar una preferencia por el coche eléctrico. Igualmente, surgen quejas derivadas de la congestión del carril-bus, o por la escasa rentabilidad de los operadores de ferry. La política de incentivos ha recibido críticas por su radicalidad, y aunque inicialmente se estableció hasta el final de 2017 o hasta la consecución de un objetivo de 50,000 vehículos eléctricos, ha sido recientemente prorrogada un año más, hasta el 2018.

Sin duda, una política radical. Pero cada día más, una política responsable y necesaria. Los combustibles fósiles se han convertido, sin duda, en la gran trampa de este planeta. Cuanto antes seamos capaces de planificar su eliminación, mucho mejor para todos.