Estamos a punto de hacerlo. De lanzar la nueva web con nuevo nombre, logo y además en inglés. Tras tener la tienda online antigua únicamente en castellano, voy a lanzarme ahora con un sitio en inglés. No tengo claro lo mucho o poco contraproducente que puede llegar a ser esto. Para algunos clientes existentes esto puede ser sin duda un freno. Por otra parte se me abre un mercado internacional. A medio plazo se debería ver compensado.

cambiar nombreDerechos de foto de Adobe Stock

Esto son las opciones que me estoy planteando antes de hacer el cambio de forma definitiva.

Dejar morir la web antigua

Sin duda la peor de todas. Los clientes recurrentes que tardarían un par de meses en realizar su próxima compra se encontrarían con la sorpresa de que el proyecto ya no existe. Al mismo tiempo no se les avisaría de que hay una web nueva para comprar. Aunque hayas hecho un mailing para dar a conocer el cambio puede que ese correo no se haya leído nunca. Si has hecho campañas en el pasado ya sabes que en muchas ocasiones puedes estar contento con un 25% de ratio de apertura. Probablemente esta es la peor de todas las opciones.

Mantener dos webs en paralelo

Esta es otra forma de hacerlo. Dependerá de los recursos que tengas o no. Mantener una web ya puede ser tarea complicada. En nuestro caso lo fue. Dejamos la cosa un poco mal atendida. Siempre me puse la excusa de que como íbamos a cambiar de web no merecía la pena hacer muchos esfuerzos. También conozco a gente que vende el mismo producto en diferentes webs que se hacen competencia entre ellas. Podría funcionar pero claro. La cuestión es si tienes los recursos y la disciplina de mantener ambas webs.

Redirigir una web a la otra

Esto es probablemente la solución más sencilla. Alguien teclea la URL y luego en vez aterrizar en la página antigua te llevan directamente a la nueva. Si tienes pocos recursos probablemente merece la pena sacrificar la web antigua para centrarte en la nueva.

Ahora mismo estoy a punto de dar el salto y de la nada la web antigua está generando ventas con visitas desde Google. Es por ello que me está costando un poco no mantener ambas páginas. Pero probablemente optaré por esto al final.

Pues en breve tendré que tomar una decisión sobre cómo voy a proceder en detalle. Ya te iré contando. Como siempre… ;)

Ganar algo de dinero es fácil. Igual que salir a correr cuando tengas tiempo o incluso correr una maratón entera. Esto es más complicado sin duda y no hay que quitar el mérito pero no hay ni que ser joven ni tener un peso ideal para lograrlo.

crecer negocioDerechos de foto de Fotolia

Los primeros ingresos en un proyecto online tarde o temprano llegan. Cualquiera con un poco de ambición, paciencia y ganas de aprender es capaz de ganarse un par de eurillos “de la nada”. Tienes toda la información disponible online para conseguirlo. No hay ninguna magia detrás.

La magia realmente surge cuando eres capaz de hacer crecer un proyecto. Es aquí donde la gran mayoría falla y donde no hay mucha información disponible en la red. Supongo que esta gente tiene mejores cosas que hacer que compartir su conocimiento gratis en la red. También puede ser que hacer crecer un negocio tiene que ver con muchas cosas “aburridas” que no molan tanto como hacer SEO o Facebook Ads.

  1. Tiene que ver con definir bien tus procesos internos, tener protocolos, redactar manuales, etc.
  2. Tener un dominio avanzado de finanzas para evitar sorpresas en el flujo de caja cuando vas creciendo.
  3. Contratar personal en el momento adecuado y formarles para que seas capaz de crear una estructura que eleva tu negocio al próximo escalón.
  4. Controlar los gastos a tope y para ello tener un control interno en proyectos de algunas métricas esenciales.

Es por ello que la gran mayoría de emprendedores no supera los 100 euros en un proyecto online. Incluso si llegan a ganar 1.000 euros o más al mes no suelen ser duraderos porque siempre atrae más lo nuevo que hacer crecer algo existente (cosa que en teoría es más fácil). Es el síndrome del Shiny Objects del que el 99% de los emprendedores “sufrimos”.

Conclusión: la primera venta y/o ingreso en cualquier tipo de actividad merece celebrarla. Me acuerdo todavía de mi primer clic en Google Adsense que generó unos 0,16€ dándome una ilusión enorme, ganas de abrir una botella de champan y cantar “¡ya falta poco para que seamos ricos!”. Al final todo es un poco más complicado. La magia surge cuando eres capaz de montar algo duradero. Cuando no únicamente una persona se beneficia de los ingresos sino que existan personas que de forma directa o indirecta también vivan de ello.

El 90% de los negocios cierra antes del quinto año. Con Quondos acabamos de cumplir el cuarto aniversario. Con Beguerrilla apenas llevo uno. A ver si conseguimos aguantar hasta el quinto y más allá. Ya os iré contando…

Stay tuned.

Eso es lo bueno del marketing online. No hay obligaciones sino más bien opciones. No hay que agobiarse sino centrarse en hacer pocas cosas bien. Para algunos este mensaje no llega a interpretarse del todo bien. Puede también que se queda corto.

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Como en todo en la vida hay algunos valientes. No les da miedo nada. El hecho de que haya tantas opciones para ellos no es algo que les genere ansiedad sino les da más bien ilusión de ir probando una cosa tras otra.

Tal como dice el título “no abras un blog o una cuenta de Twitter” puedes seguir de forma infinita con la lista. No abras una cuenta de Instagram, de Pinterest, no hagas un canal de Youtube, etc. Como hacer todo esto (uno mismo) sale gratis pues se prueba.

¿A qué voy con esto? Hay muchas cosas que no se tienen en cuenta:

  • Tu tiempo vale dinero por lo que también es una inversión. Valora muy bien a qué se lo dedicas.
  • No existen resultados rápidos, trabajar un canal requiere tiempo y dedicación. Esto es una maratón no un esprint.
  • Abandonar el blog o el Twitter genera la sensación de proyecto abandonado. Es la peor imagen posible que se puede dar.

En resumen: es mucho mejor dedicarle tiempo de forma continúa a pocas cosas que querer hacer ruido con todo. En lo que se hace tiene que haber algo sagrado. Y es imposible aplicar esta filosofía de trabajo a todo.

Cuando eres joven y tienes ganas de emprender lo tienes claro. Inviertes mucho de tu tiempo para montar tu pequeño o grande negocio online. Lo que más adelante se convierte en tu activo más importante es ahora lo que menos te importa gastar: tu tiempo.

tiempo es dineroDerechos de foto de Fotolia

Lo dicho. Más delante de lo que menos tienes es tiempo. Según estudios la edad óptima para emprender está entre 35 a 38 años. En esta fase de tu vida muchos ya tienen compromisos familiares e igual antes de dar el paso definitivo un trabajo por cuenta ajena que paga las facturas.

A pesar del dilema del tiempo que tienen tanto emprendedores a partir de los 35 y más todavía empresas que necesitan resultados rápidos para competir en el mundo de los negocios se suele valorar muchas veces únicamente el factor dinero sin tener en cuenta el tiempo. Es por ello que gusta tanto comparar peras con manzanas.

Es muy sencillo. O inviertes dinero para ir más rápido, o inviertes tiempo para gastar menos. Una de las dos cosas no vas a poder recuperar nunca.

Yo lo veo así. Prefiero invertir algo más de dinero (dentro de mis posibilidades claro) para lograr un resultado más rápido antes que me permite o bien tener éxito o bien poder pasar página para probar suerte con otro tema. Es prueba y error. Cuando más pruebas haces, más errores cometerás pero también más aciertos.

Hay un coste de oportunidad en todo lo que hacemos. No es por nada que se dice perder el tiempo. No gastas pero tampoco ingresas. Cuando inviertes aumentas la posibilidad de recuperar antes y generar flujos de caja.

Tampoco se trata de gastar a lo loco. Hay que hacerlo con cabeza y pensando hacia la posibilidad de poder seguir haciendo proyectos con pequeña inversión en el futuro.

Tengo una teoría sobre las empresas exitosas. La cuestión no es tanto el producto, la idea innovadora o el equipo que haya detrás. Son fundamentales sin duda pero creo que hay algo más importante todavía.

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El éxito en una empresa es la suma de las pequeñas rutinas que es capaz de implementar con éxito. Lo más importante al principio es encontrar la primera que te acerca un poco más al éxito. Te daré un ejemplo de mi reciente proyecto de coleccionismo.

  • Una de las rutinas que hemos implementado es sacar una publicación en Facebook de lunes a viernes. No podemos fallar. Parece fácil hacerlo pero en el día a día te aseguro que hemos estado a punto de romper la racha en varias ocasiones.
  • Una de las próximas que queremos implementar es sacar una newsletter cada semana. De momento hemos lanzado un mailing pero ya en la segunda semana no hemos podido seguir haciéndolo. Las urgencias han evitado que hayamos hecho lo importante.
  • La tercera rutina que vamos a implementar es subir un mínimo de productos cada día a la tienda, a Wallapop, a Amazon y a Ebay. De momento lo que fallan son los recursos dedicados al proyecto que impiden que esto se pueda implementar.

Cada proyecto requiere un orden con procesos establecidos para que pueda evolucionar. Hay que marcarse objetivos pero al mismo tiempo tienes que poner a disposición recursos para que se puedan alcanzar. Las rutinas una vez implementadas tienen que tratarse como algo sagrado. Algo donde pase lo que pase no se puede fallar. No hacerlo no es una opción.

Saltarse la rutina una vez no tiene un impacto en el negocio a corto plazo. A medio plazo corres el riesgo de perder la disciplina. Grandes imperios se crean con pequeños pasitos. Si todos los días das uno o varios imagínate donde puedes estar si lograr mantener el ritmo 2-3 años. Es esa mentalidad que necesitas en el día a día.