Guerra digital - Cambio

Lucía Burbano, de la revista mexicana Cambio, me envió algunas preguntas por correo electrónico acerca del fenómeno de las fake news y sus cada vez más habituales usos organizados, y ha incluido una parte de ellas en su artículo titulado “Guerra digital” (ver en pdf), publicado hace una semana.

Hablamos sobre el uso de este tipo de herramientas de desinformación en esferas militares o en la política, de las posibilidades que tenemos para diferencias noticias verdaderas de noticias falsas en un entorno en el que las barreras a la publicación descienden para todos, del papel de los llamados verificadores o fact-checkers y de la responsabilidad de las propias redes sociales, del uso creciente de bots y herramientas basadas en inteligencia artificial, y de la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico a través de la enseñanza para intentar enfrentarnos a esta problemática en el futuro.

Precisamente hoy aparecen noticias sobre el gobierno indio que, ante la escalada de linchamientos y palizas a ciudadanos inocentes derivados de rumores maliciosos difundidos a través de WhatsApp en determinadas zonas rurales (que incluso llegaron a provocar, en algunos casos, la suspensión temporal del acceso a internet en regiones completas), reclama a la compañía que detenga estos rumores, como si realmente fuese el papel de un canal de comunicación decidir sobre la veracidad o falsedad de las conversaciones que se desarrollan a su través. ¿Pediría seriamente ese ministro a una compañía telefónica que detuviese las conversaciones entre sus abonados “si dicen mentiras”? Basta con esa comparación para entender la barbaridad de la que estamos hablando: WhatsApp no solo es un canal de comunicación equivalente a una compañía telefónica, sino que, además, gestiona la información que se intercambia a su través con protocolos robustos de cifrado, con claves de un solo uso que ni siquiera la propia compañía conoce, lo que convierte en prácticamente imposible cualquier tipo de monitorización preventiva. La compañía podrá intentar colaborar, pero realmente, el problema únicamente se puede solucionar, y no de manera completa, cuando se incida en el desarrollo del pensamiento crítico desde las primeras etapas de la educación, con campañas de información o con mensajes que inviten a la población a comprobar la veracidad de sus fuentes.

A continuación, siguiendo mi práctica habitual, el texto completo del cuestionario que intercambié con Lucía:

P. ¿Es la propaganda digital una continuación de los métodos empleados tradicionalmente en el ejército y la política? O las características de la red (velocidad y facilidad para compartir un mensaje, omisión de fuentes o falta de verificación de las mismas) hace que cuando hablamos de la manipulación intencionada del mensaje, este sea más peligroso?

R. En realidad, hablamos del aprovechamiento de una vulnerabilidad de nuestra sociedad: hemos desarrollado una serie de herramientas, las redes sociales, que cuentan con sus propios códigos y mecanismos para remunerar la participación, tales como Likes, comentarios y número de seguidores, pero hemos renunciado a educar a la sociedad en su uso. Durante generaciones, hemos acostumbrado a la sociedad a que si algo estaba en letra impresa o salía en televisión, era confiable, y ahora nos encontramos con un descenso brutal en las barreras de entrada a la publicación, con un porcentaje cada vez más elevado de personas que acceden a las noticias a través de herramientas como Facebook o Twitter, y con una indefensión de una sociedad que nunca ha desarrollado el pensamiento crítico. Las redes sociales pueden desarrollar mecanismos para intentar mejorar la situación, pero la gran realidad es que el problema solo se solucionará generacionalmente, y únicamente si incorporamos en la educación mecanismos para desarrollar el pensamiento crítico, la comprobación de fuentes, la verificación de información, etc. que a día de hoy, únicamente se enseñan en las facultades de periodismo.

 

P. Las líneas entre una noticia verdadera y una falsa están cada vez más difuminadas. ¿Cómo podemos distinguirlas para evitar que la manipulación o desinformación gobiernen las decisiones del ciudadano/votante? ¿Somos inmunes a la manipulación? ¿O el componente subjetivo y emocional de muchos de los debates e informaciones falsas que se comparten en la red es tan elevado que estamos perdiendo la capacidad de ser más críticos?

R. Cuando las barreras de entrada a la publicación descienden drásticamente, el papel de la credibilidad y la reputación de las fuentes crece. En general, tenemos que aprender a desarrollar el pensamiento crítico, lo que implica verificar la fuente, tratar de localizar referencias adicionales, contrastar con otras fuentes, etc. El problema es que desde nuestra educación más básica, partimos de contarle a los niños que “la verdad” está en las páginas de un libro, en una única fuente, y eso lleva a que no dominen herramientas como la búsqueda, y tiendan a quedarse, por ejemplo, sistemáticamente con el primer resultado de Google, sin más reflexión. Tendríamos que prohibir los libros de texto, introducir el smartphone en el aula, y pedir a los niños que buscasen los contenidos en la red, para así educarles en estrategias de búsqueda, cualificación de fuentes y desarrollo de pensamiento crítico. Esa modificación de la enseñanza resulta cada vez más importante, y un auténtico reto que tenemos como sociedad.

 

P. Existen varios servicios o sitios web que identifican las noticias e informaciones que son falsas. ¿Cómo funcionan y son la solución?

R. Los fact-checkers o verificadores son una buena solución, pero lamentablemente, dado que trabajan con personas, tienden a ser lentos, válidos para una verificación con perspectiva o para parar la difusión de un rumor, pero no para evitar que se inicie o que se difunda durante un tiempo. Su importancia es creciente, pero no sustituyen al desarrollo de un juicio o pensamiento crítico.

 

P. Dado que las redes sociales y otras plataformas cuentan con un número de usuarios superior al de cualquier medio de comunicación tradicional o digital, ¿deberían estas empresas monitorear, eliminar o sancionar de forma más exhaustiva a los usuarios que propagan la desinformación o que generan cuentan falsas?

R. Las redes sociales pueden llevar a cabo muchas acciones correctoras, como controlar, por ejemplo, la difusión de rumores, falsedades, o mensajes relacionados con el discurso del odio. Sin embargo, es peligroso confiar en las acciones de estas compañías, dado que hacerlo equivale a ponerlas en una posición de árbitros que no les debería corresponder, y menos cuando hablamos de cuestiones que tienen que ver con el pensamiento o la opinión. Obviamente, las compañías que gestionan las redes sociales deberían evitar acciones coordinadas o comportamientos marcadamente antisociales, como deberían evitar la difamación, la calumnia o el libelo, pero eso no es tan sencillo como parece en un entorno social. Del mismo modo que no podemos controlar lo que una persona le dice a otra en la barra de un bar, resulta difícil pensar que podamos hacerlo con todas las comunicaciones en redes sociales: habrá que diferenciar el ámbito y el tipo de comunicación, la intencionalidad, la escala a la que se produce y, sobre todo, educar a la sociedad en el uso de su herramienta, con todo lo que ello conlleva.

 

P. ¿Cuándo empezaron a emplearse la Inteligencia Artificial y los algoritmos para crear bots? ¿Por qué son estos tan dañinos y no se contrarrestan con las mismas armas?

R. Los bots no son necesariamente dañinos. Hay bots muy útiles, muy interesantes, y estarán en nuestra vida en el futuro con total seguridad: muchas de nuestras interacciones a lo largo del día tendrán un chatbot o bot conversacional al otro lado. Lo que puede ser dañino es el uso de la tecnología para crear bots que simulen usuarios reales: es un fraude, supone un problema de gestión para las compañías que gestionan las redes o para las que se anuncian en ellas, y nos pone en una situación similar a la de la película Blade Runner, con compañías desarrollando bots fraudulentos y otras compañías tratando de detectarlos mediante todo tipo de tecnologías basadas en machine learning e inteligencia artificial. Al principio, los bots eran simples cuentas que seguían a un usuario,. Cuando se las empezó a descartar por inactivas, empezaron a desarrollar pautas de actividad más o menos aleatorias, como seguir a otros usuarios, retuitear o dar Like a algunas publicaciones, etc. Ahora, su actividad es cada vez más difícil de prever, y por tanto, son más difíciles de identificar. Eso supone una “escalada armamentística” en el desarrollo de machine learning cuyo resultado no es fácil de prever.

 

P. Algunos de estos mensajes se propagan desde los propios gobiernos con el fin de desestabilizar procesos electorales en otros países. Aunque las injerencias políticas no son nada nuevo, dado que el sector digital se mueve más rápido que el sistema legal, ¿nos encontramos ante una nueva tipología de crisis diplomática?

R. Sin duda, es un arma que muchos estados están utilizando, unos con más escrúpulos que otros, y que habría que tratar como un problema serio. Que un presidente de los Estados Unidos se comporte como un troll impresentable y carente de todo sentido común en las redes sociales es mucho más que una anécdota, supone un problema serio, y debería llevarnos a revisar las reglas de la diplomacia. Que algunos países consideren razonable atacar las infraestructuras de otros o lanzar campañas de manipulación a través de la red supone algo muy serio, que es preciso elevar al estatus de conflicto internacional, y apelar a los foros más importantes en este ámbito.

 

P. Pensando en clave futuro, ¿la propaganda digital va a seguir creciendo y evolucionando o entrarán en escena mecanismos de censura o filtros que diluyan su presencia?

R. La propaganda digital y las fake news persistirán hasta que, como sociedad, seamos capaces de desarrollar mecanismos de pensamiento y razonamiento crítico, de introducirlos en el curriculum educativo y de convertirlos en un cimiento de la interacción social.

 

WhatsApp fake newsA medida que la tecnología, el periodismo, los gobiernos y una gama cada vez más amplia de actores intentan buscar soluciones contra la difusión de noticias falsas en redes sociales, más nos vamos dando cuenta de que, en realidad, el problema se debe a una ausencia de educación en el uso de una herramienta que cuenta con potentes sistemas que incentivan la compartición, unido a una cultura en la que mecanismos como la verificación, el contraste de fuentes o el desarrollo del pensamiento crítico no forman parte aún del proceso educativo.

Podemos desarrollar infinidad de herramientas; sistemas de verificación, fact-checkers o algoritmos para intentar combatir la difusión de las llamadas fake news, pero en último término, cuando las barreras de entrada a la publicación y difusión bajan dramáticamente, resulta imposible evitar que una persona que está deseando creer algo participe en su difusión a muchas otras personas que, probablemente, piensan igual que ella. Las únicas soluciones verdaderamente sostenibles, seguramente, están relacionadas con el cambio del proceso educativo y el desarrollo de habilidades  en el conjunto de la sociedad.

En el medio de toda la polémica sobre la circulación de noticias falsas, surge un canal que no es estrictamente y como tal una red social, pero sí juega a menudo un papel similar: estrictamente, WhatsApp y los sistemas de mensajería instantánea son canales interpersonales de comunicación, pero cuando la comunicación se estructura en grupos y las personas se convierten en vectores que reenvían y circulan información entre esos grupos, lo que tenemos es, en realidad, un mecanismo perfecto para la difusión, que puede ser apalancado por cualquier interesado en la creación de estados de opinión.

Recientemente, en una de las regiones centrales de India, dos jóvenes que detuvieron su automóvil para pedir indicaciones fueron linchados por una multitud que creyó que eran, tal y como habían leído en un mensaje ampliamente difundido por WhatsApp, criminales que buscaban matar a personas para comerciar con sus órganos. El meteórico crecimiento de WhatsApp ha convertido la plataforma de mensajería en un canal perfecto por el que circulan bulos de todo tipo y que, al no ser un canal público, se convierte en una caja negra que dificulta sensiblemente las labores de seguimiento y verificación. Personas de toda condición que creen hacer un favor a sus compañeros de grupo alertándolos sobre supuestas “noticias” que informan sobre la elevación de la alerta terrorista, sobre un nuevo tipo de robo o estafa, sobre el tremendo peligro de unos supuestos smartphones explosivos abandonados en la calle o sobre teorías conspiranoicas de todo tipo, pero que también pueden ser adecuadamente instrumentalizados para difundir noticias con propósito de manipulación social o política.

La evolución de las tecnologías implicadas en la lucha contra las fake news puede verse de día en día. Desde servicios de verificación como Verificado (México), Maldito Bulo (España) o las ya veteranas Snopes o PolitiFact (Estados Unidos), hasta herramientas basadas en blockchain que etiquetan las noticias en el navegador. Para cada avance en el desarrollo de, por ejemplo, deep fakes en vídeo que permiten alterar secuencias o voces para hacerlas parecer genuinas (¿cómo no lo voy a creer y a circular, si lo he visto con mis propios ojos?), surgen startups con rondas de capital interesantes centradas en su análisis y detección. Una cuestión central, en cualquier caso, sigue persistiendo: cómo conseguir que una persona no consuma o circule una información que está personalmente interesado en creer, por encima de cualquier sistema de verificación, porque coincide con su visión del mundo.

Hablar del tema, en cualquier caso, ayuda a generar una cierta conciencia: no, quien te envía esos mensajes a través de un grupo de WhatsApp no es necesariamente alguien interesado en tu bienestar, sino muy posiblemente, el fruto de un esquema de manipulación diseñado para esparcir un bulo determinado de manera interesada. La manipulación masiva recurriendo a herramientas como WhatsApp se ha convertido en algo tangible y demostrable, lo que nos obliga a tomarnos cada cosa que recibamos a través de ese canal y que tenga capacidad para trascender a cambios en nuestra forma de ver la sociedad con el más que nunca necesario grano de sal. Cuando leas o cuentes algo, piensa que si la única referencia que tienes es “me lo pasaron por WhatsApp” o “lo leí en WhatsApp”, es muy posible que sea un bulo.

 

El alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco, anunció la realización de una huelga de hambre y el hecho es una interesante acción de marketing político, porque engloba una serie de momentos detrás.

Cuernavaca es un municipio del estado de Morelos y en últimas fechas se ha convertido en un importante centro de atención debido a la llegada de Cuauhtémoc Blanco como presidente municipal, confirmando la elasticidad con la que cuenta su marca personal, que no solo ha logrado adquirir valor en el mercado deportivo, también lo hizo en la industria de medios, con participaciones como actor de telenovelas y ahora, logró que se marca personal se fortaleciera tras su triunfo en las elecciones que lo convirtieron en alcalde de un municipio.

A lo largo de la administración que ha llevado al frente del gobierno de Cuernavaca, Blanco ha sido objeto de acciones polémicas y la última de ellas es un juicio político, ante lo cual reaccionó realizando una huelga de hambre y el hecho ya captó la atención de medios y personalidades, convirtiéndose en un buen ejemplo de marketing político, al lograr ser difundido en redes sociales y generar reacciones de nombres como el de Andrés Manuel López Obrador.

Este es un ejemplo de las reacciones que se han generado en redes sociales, donde la conversación se convirtió en una interesante acción de reconocimiento de su marca personal.

Si bien realizar una huelga de hambre es una estrategia política seria, nos hace dar un repaso por acciones dentro del marketing político, como la espectacularidad, una herramienta a la que han recurrido personalidades como el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump o el ya mencionado, Andrés Manuel López Obrador y con la que han logrado no solo adeptos, sino lograr ganar las elecciones como ocurrió con el republicano.

Las marcas personales encuentran en la reputación una acción clave para generar valor y lograr ser competitivos dentro del mercado en el que se desempeñan, siendo líderes de sus sectores o colaborando con otras marcas a través de su imagen positiva. Esto último, es desde el marketing, un motivo muy poderoso por el que Blanco pudo haber decidido recurrir a una huelga de hambre, como una medida con la que busca lograr que la percepción de su imagen, no impacte de manera negativa.

The post Cuauhtémoc Blanco hace huelga de hambre. ¿Qué hay detrás de esta acción de marketing político? appeared first on Revista Merca2.0.

Esta semana corrió por diversos medios la noticia de que el cineasta mexicano Guillermo del Toro traerá a México su exposición ‘At Home With Monsters’. Te decimos lo que debes saber sobre el director, la exposición y que hay detrás de estas obras:

1. Del Toro es un director de cine de origen mexicano (Guadalajara, 1964) que se destaca además por ser guionista, escritor y creador de personajes fantásticos. En Hollywood se le conoce por producciones como Pacific Rim, Hellboy, Mimic, Blade II y por El laberinto del fauno, film con el que fue nominado al Oscar en 2006. También destaca como productor en The Hobbit, Bituful, Rudo y Cursi, y Crimson peak (La Cumbre escarlata).

2. ‘At Home With Monsters’ es una exposición del Los Angeles County Museum of Art (LACMA) que está conformada por una colección de 500 piezas de memorabilia fílmica de terror y ciencia ficción, que ha recopilado el director mexicano con el pasar de los años -algunas de su propia creación: El Laberinto del fauno, Cronos, y Hellboy-.

3. Llegará a México en 2018. La exposición estuvo abierta en el LACMA entre septiembre y noviembre del presente año, y ahora iniciará un tour por diversas ciudades, iniciando en Minneapolis, seguirá Toronto, es incluirá paradas en Barcelona, París y Nueva York. A la Ciudad de México llegará hasta 2018.

4. La razón. El propio Del Toro explicó a través de su cuenta de Twitter que la demora se debe a que el proceso tarda alrededor de 8 meses por lo que será la tercera sede después de Minnesota y Toronto.

5. Además de las piezas que ha recopilado y creado -muchas muestran su influencia de autores como H.P. Lovecraft, Mary Shelley, Luis Buñuel, Edgar Allan Poe, Charles Dickens y Alfred Hitchcock, la exhibición está musicalizada y ambientada por el compositor y productor Gustavo Santaolalla.

#photography #amateurphotography #canon #canon100 #pictures #guillermodeltoro #guillermodeltoroexhibit #athomewiththemonstersdeltoro #athomewithmonsters

Una foto publicada por Echo’s Photography (@echos.photography) el

Imagen: Instagram/@monstervisions

The post Lo que debes saber sobre la Exposición de Guillermo del Toro en México appeared first on Revista Merca2.0.

Wendy’s es una marca que registró ingresos a nivel internacional por 2.44 mil millones de dólares, según cifras reportadas por la compañía.

La cantidad es resultado de una marca con una gran trayectoria, lo que en definitiva ha abonado en el valor de marca y la percepción de su imagen dentro de un mercado de comida rápida sumamente valorado y que se encuentra liderado por marcas como McDonald’s, Starbucks, Subway, KFC y Pizza Hut, según un estimado de Millward Brown.

Redes Sociales:

Facebook: @WendysMexico

Twitter: @WendysMexico

Instagram: wendysmexico

La historia de Wendy’s se remonta a 1969, cuando su fundador Dave Thomas, abrió la primer sucursal de la cadena de restaurantes en Columbus, Ohio, Estados Unidos.

Un año después implementan el concepto de Pick-Up Window, que consistía en una ventanilla con una parrilla independiente, para ofrecer el servicio de quick-service.

Hasta 1975 logra su expansión internacional al entrar al mercado canadiense y un año después logra entrar al mercado de valores, con un valor de 28 dólares por acción.

En 1976 logra abrir su sucursal número 500 y en 1977 lanza su primer campaña publicitaria para televisión.

Para 2001 la cadena celebró la apertura de su tienda seis mil y en 2003 invirtió en la apertura de su centro de innovación y desarrollo en Ohio.

En 2013 Wendy’s lanza su nuevo logo y en 2014 gana un León de Plata en Cannes en la categoría de Promo y Activaciones, por su campaña digital: #PretzelLoveSongs.

Get busy digging

Ficha Técnica.

Agencia: VML, New York, USA
Global Chief Creative Officer: Debbi Vandeven
Directores ejecutivos creativos: John Godsey, Chris Corley
Director creativo: Jordan Gray
Senior Copywriter: Spencer Bergstrand
Senior Producer: Gary Granger
Gerente de cuenta: Rachel Tonneson
Productora: Famous Group
Director: Petros Papahadjopoulos
Editorial: RW2
Editor: Jon Bazata

The post ¿Qué hay detrás de Wendy’s? appeared first on Revista Merca2.0.