Twitter harassmentMi columna de esta semana en El Español se titula “Twitter y la naturaleza humana“, y habla de cómo los problemas de la red del pájaro azul con los insultos, el bullying, la humillación, el hate speech o el acoso han conseguido que perdiese la oportunidad de ser objeto de una adquisición que podría haber significado una esperanza interesante de futuro para la compañía.

Cuando hablamos de ese tipo de cuestiones en Twitter, no hablamos de un comportamiento ocasional, de algo que sucede únicamente de forma excepcional o de un problema vinculado con circunstancias especiales: hablamos de algo que sucede todos los días, de manera constante y habitual, y contra lo que la compañía e ha manifestado completamente incapaz de tomar ninguna iniciativa mínimamente seria. A lo largo del tiempo, la actitud de Twitter hacia este tipo de comportamientos ha oscilado entre la total complacencia y la tolerancia amparada en un supuesto respeto escrupuloso a la libertad de expresión, olvidando que, en la inmensa mayoría de esos casos, lo que se conculcaba era precisamente la libertad de expresión de los que tenían la desgracia de ser objeto de acoso, abuso o insultos.

La sociedad no desarrolla unas normas de comportamiento por capricho. Las reglas y protocolos sociales, la educación, las buenas maneras y el respeto están ahí para hacer posible la convivencia humana. Cuando en una red se permite de manera completamente expresa que esas normas sean vulneradas, ocurre lo que ocurre: que la naturaleza humana prevalece, muchos disfrutan convirtiéndose en “malotes” – por prudencia me guardaré la forma en la que los adjetivaría yo – que insultan y acosan a sus anchas, y muchos más les hacen coro, los amplifican y les ríen las gracias. Que Twitter no haya, en ningún momento de su historia, emprendido una política de exclusión sin miramientos, de expulsión sumaria y sin posibilidad de recurso de todo aquel que vulnere unas normas de convivencia razonables, ha llevado a que ahora no solo tenga problemas, sino que incluso pierda muchos miles de millones de dólares por una oferta que una compañía se planteó hacerle, pero descartó porque esos comportamientos podían perjudicar a su reputación.

Tras varios años de dejación de responsabilidad y sin hacer nada al respecto, los insultados, abochornados públicamente, acosados o humillados no son uno ni dos: son legión, y entre ellos se cuentan todo tipo de perfiles, desde mujeres objeto de insultos alucinantemente sexistas o salvajemente inhumanos, hasta personas atacadas en función del color de su piel, su religión o sus creencias, pasando por toreros, artistas, y muchas, muchas personas anónimas que simplemente tuvieron la desgracia de cruzarse con quien no debían. Hoy, encontrar la propuesta de valor de Twitter, que la tiene, exige mantener un comportamiento razonablemente discreto, seguir a las personas o medios que pueden publicar información relevante para ti, alguna vez compartirla – siempre dejando claro que tus retweets no implican apoyo, no vaya a ser que alguien se mosquee – y compartir pocas cosas, bajo el permanente riesgo de que aparezca un “simpático” a sacarle punta a algo que has podido decir o a una foto que hayas podido compartir. Y cuando digo un “simpático” es precisamente eso: un mecanismo que lleva a que, por ser más cruel, más dolorosamente creativo o más irónico, te hagan muchos más los coros y la red te premie con muchos más seguidores. La historia y evolución de Twitter es tan sencilla como decir que los malos siempre ganaron.

La naturaleza humana, tristemente, no va a cambiar. La única respuesta para contenerla y vivir en sociedad razonablemente bien sin estar tirándonos los trastos a la cabeza y convirtiendo el ambiente en irrespirable es poner reglas, es hacerlas cumplir escrupulosamente, es el community management bien entendido y bien ejecutado. No, los insultos y el acoso no son el único problema de Twitter: también están los bots absurdos, el spam y algunos más. Pero si Twitter quiere tener futuro, sola o gestionada por un tercero, tiene únicamente dos opciones: corregir este problema, o corregir este problema. No hay más.

 

Twitter logoLas recientes noticias en torno a Twitter son de todo menos tranquilizadoras para quienes encontramos un valor importante en la red del pájaro azul: múltiples conversaciones encaminadas a la venta de la compañía, en las que todos los potenciales compradores acaban dando marcha atrás. Aparentemente, nadie quiere hacer una oferta por Twitter.

¿Necesita realmente Twitter encontrar un comprador? Todo indica que sí. Tras bastantes años de luchas políticas internas y de intentos de redefinición buscando actividades potencialmente lucrativas, la mayor parte de las personas que conozco y que utilizan Twitter siguen pensando que la herramienta les aporta un gran valor y que si no existiese, habría que inventarla… pero la compañía tiene serios problemas tanto para alcanzar una cifra de negocio que la haga viable, como para mantener el precio de su acción.

El problema, claro está, es la propia esencia de la actividad: una red social centrada en la inmediatez, devenida en un sistema de información global que nos permite saber lo que pasa en cualquier lugar del mundo en cualquier momento y definir nuestros intereses con la precisión de un cirujano en función del portfolio de personas, medios y compañías que decidimos seguir, tiene obviamente muchísimo sentido. Twitter es perfecto para quien necesita mantenerse informado de un tema específico, es ideal para seguir la actualidad en general, es genial para medir la actividad en torno a cualquier tema y es fiable para proporcionar datos sobre las reacciones a cualquier cosa… pero aunque todas esas actividades puedan ser importantes para muchos, resulta enormemente difícil plantearse cómo convertirlas en rentables. Y aunque la compañía ha llevado a cabo a lo largo de los años una brillante labor creativa para generar formatos publicitarios que, sin convertirse en molestos, permitan a los anunciantes llegar a su público objetivo, todo indica que ni las cifras ni las previsiones de crecimiento satisfacen al mercado ni a sus accionistas.

¿Qué hacemos con Twitter? A lo largo de muchos cursos, he podido presenciar cómo mis estudiantes iban pasando de entender Twitter como una forma de mantenerse en contacto con los amigos y las noticias de sus países de origen, a interpretarla como una manera de crear una imagen o marca personal, a verla como una forma de seguir a sus ídolos o a los personajes de las industrias que les interesaban, y últimamente, a meter sus cuentas en la nevera o a utilizarlas solo en modo lurking, limitándose simplemente a poner la oreja. Mi impresión es que mientras Twitter no sea capaz de explicar a sus usuarios las distintas propuestas de valor que ofrece y a convertir su red en un sitio razonablemente seguro donde determinadas actitudes no encuentren cabida, seguirá viendo cómo las cifras de engagement bajan y el número de cuentas inactivas se incrementa. Es posible que, en cierta medida, deba ser así: no todos aquellos que tienen la capacidad de abrir una cuenta de Twitter – es decir, cualquiera – tienen el sentido común necesario o las suficientes cosas que decir como para alimentar esa cuenta con una participación activa y regular. Muchos usan Twitter de manera pasiva, simplemente para seguir a personas que les interesan o con las que quieren sentir una mayor proximidad, y no tienen especial interés en compartir nada ni en participar activamente.

Pero independientemente del uso, el problema es, claramente, cómo convertir esa actividad en algo económicamente viable. Eso es lo que los sucesivos equipos directivos de Twitter, a lo largo de los años, no han sido aparentemente capaces de encontrar. ¿Puede un nuevo propietario generar las sinergias adecuadas para ello, encontrar el santo grial que la haga económicamente viable? ¿O nos pongamos como nos pongamos, no hay manera de monetizar una actividad así, por mucho que a sus usuarios fieles nos parezca un producto fantástico e insustituible dentro de nuestros hábitos de consumo y producción de información? Si desde dentro no aparecen soluciones, y desde fuera no viene nadie con la entidad suficiente que esté dispuesto a dar un paso adelante, o no en las condiciones requeridas… ¿que le depara el futuro a Twitter?

 

Las tecnológicas pelean por la inteligencia artificial - Cinco DíasMarimar Jiménez, de Cinco Días, me envió algunas preguntas para documentar su artículo publicado ayer y titulado “Las tecnológicas pelean por la inteligencia artificial” (pdf). El tema me tiene prácticamente obsesionado desde hace ya algún tiempo, lo sigo todo lo que puedo y estoy planteándome un curso electivo sobre ello con el fin de ponerme aún más presión para mantenerme actualizado.

Por el momento, me planteo como primer reto conseguir transmitir la idea de que la inteligencia artificial y el machine learning no tienen nada que ver con cuestiones como la automatización, la elección de elementos de un menú o el “hacer lo que hace un humano pero más rápido”. La idea parece simple, pero compruebo constantemente en mis cursos como el directivo medio, tras muchos años acostumbrado a que “un ordenador sirve para hacer tareas repetitivas de forma más rápida y productiva”, tiende a no asimilar la idea de que hay muchas cosas que ahora, una máquina puede hacer mucho mejor que un hombre, y que sus capacidades no se limitan a hacer lo que le hemos especificado que haga, sino a que vaya mucho allá y progrese mucho más rápido, porque precisamente una de las cosas que un ordenador ya puede hacer mejor que una persona es aprender: es más sistemático en la captura de datos, tiene más posibilidades de jugar con esos datos e iterarlos hasta encontrar respuestas, es mejor a la hora de entender el efecto de las restricciones, y puede ser incluso más imaginativo a la hora de buscar soluciones no convencionales.

Ejemplos como el juego del Go o la conducción autónoma sirven a medias: cuando un directivo entiende que el Alpha Go de Google es capaz de concebir jugadas nunca hechas anteriormente por un humano, y que llega a ellas no siguiendo ningún ejemplo, sino iterando y jugando partidas contra sí mismo, tienes algo avanzado. Cuando es capaz de aceptar que, por mucho que “le guste conducir“, es un auténtico torpe peligroso comparado con los procesos de toma de decisiones, la captura de información del entorno, los reflejos y la precisión de un vehículo autónomo, e incluso que la propia marca del anuncio ya ha abjurado de su eslogan, ganas otra base. A partir de ahí, adentrarse en los mecanismos que permiten que una máquina aprenda y cómo eso se traduce por ahora en cosas como Siri – que está generando un auténtico perjuicio de imagen a la AI por culpa de lo tonta y limitada que es – o en un panorama competitivo radicalmente redibujado en el que lo que importa es ser capaz de desarrollar los mejores algoritmos de machine learning, resulta ya bastante más complicado.

Entender el rosario de adquisiciones en el ámbito del machine learning es ya de por sí un reto: la escalada en la secuencia y en los precios, unida al hecho de que las compañías adquiridas resultan en todos los casos completas desconocidas para el gran público y a que la relevancia del caso está fundamentalmente en quién compra y qué cabe pensar que hará con ella, lo convierte en un panorama complejo y volátil. Si añadiésemos fichajes y acuerdos de colaboración, resultaría muy difícil identificar algo en esta especie de juego de sillas musicales, pero sí se marcan algunas tendencias interesantes. Por el momento, y tomando las operaciones de adquisición en este ámbito desde 2011, el panorama es digno de estudio y genera no pocas inquietudes, así como la necesidad de estudiarlo detenidamente para tratar de entender con qué tipo de cuestiones nos vamos a encontrar en cada una de las industrias. Si te parecen muchas adquisiciones, no te preocupes: vendrán más, más caras y más ambiciosas. Esta carrera no se detiene.

Si algo tengo claro es que la combinación de inteligencia artificial y machine learning va a suponer, en poco tiempo, un cambio dimensional más grande que el que significó la llegada de internet.

 

A continuación, las preguntas y respuestas que intercambié con Marimar:

P. Google presentó hace unos días sus móviles Pixel y toda una batería de dispositivos, donde la compañía dejó claro que la inteligencia artificial tendrá un papel relevante. También Samsung acaba de anunciar que compra Viv, un asistente inteligente desarrollado por los creadores de Siri de Apple. ¿Qué está pasando? ¿Por qué este énfasis de los fabricantes de dispositivos (también está Apple, Microsoft y Amazon) por la inteligencia artificial?

R. La inteligencia artificial y, sobre todo, el machine learning son la nueva frontera, el ser o no ser del momento competitivo, la redefinición de lo que los productos o servicios son capaces de hacer. Para entenderlo es fundamental mirar la inteligencia artificial con la perspectiva de los años, de una disciplina que se ha visto sujeta a períodos de inactividad (AI winters) y que, en los últimos años, ha experimentado una auténtica revolución, no solo con el replanteamiento de lo que puede ser capaz de hacer, sino también de los recursos que son necesarios para hacerlo. Pasar de la supercomputación a la posibilidad de asistentes sencillos, construidos fácilmente y al alcance de cualquiera es como plantearse lo que las hojas de cálculo hicieron por el cálculo matricial: una auténtica revolución, una caída de las barreras de entrada brutal. Mientras muchos directivos siguen sin ser capaces ni de imaginarse lo que es la inteligencia artificial y siguen pensando que “un ordenador solo puede hacer lo que hace una persona pero más rápido”, la gran verdad es que las compañías que no sean capaces de reenfocar su actividad para generar datos y desarrollar algoritmos de machine learning que les permitan plantear mejores productos y servicios, desaparecerán.

P. Siri, Google Assistant, Cortana, Alexa… ¿Qué asistente es el más potente en la actualidad y por qué?

R. El reto en este momento es ser capaz de atraer talento y desarrollar equipos de investigación, y en los últimos tiempos, Apple parece estar quedándose atrás. Hay una enorme competencia por el talento, vemos muchísimas compras de startups en machine learning y movimientos de todo tipo, redefiniciones corporativas drásticas: Google ha replanteado completamente su estructura organizativa y su roadmap de productos para ponerlo en función de los desarrollos en machine learning, ha formado a todo su personal en el tema, y define el machine learning como su futura ventaja competitiva, ser capaz de que sus algoritmos aprendan más rápido que los demás. Facebook, Amazon o Microsoft trabajan en el mismo sentido, y Apple, aunque lo intenta desesperadamente, tiene que luchar con una visión más restrictiva de la privacidad que le impide generar y explotar datos de manera ambiciosa, y con una vocación por el secretismo que actúa como un repelente ante el talento, porque lo que un investigador de AI quiere no es trabajar en una compañía y que nadie se entere de lo que hace, sino poder publicarlo, compartirlo con la comunidad y progresar más rápido. Es el momento de las startups en este ámbito: las compañías que tengan herramientas potentes que supongan una caída de las barreras de entrada, que permitan plantearse modelos de machine learning sin tener un ejército de data scientist en plantilla, son las que tienen ahora mejor futuro.

P. Facebook con sus chatbots e IBM con Watson también se suman a esta batalla por dominar la inteligencia artificial. ¿Cuáles son las limitaciones actuales y qué promesas ofrece?

R. Las limitaciones son escasas. Un algoritmo puede recoger datos del entorno mucho mejor y de manera más rigurosa que una persona, puede analizarlos con un portfolio de herramientas mucho más potente, y puede aprender de las variaciones mucho más rápido, para generar resultados mejores. Algunos todavía se autolimitan creyendo que la máquina solo puede escoger opciones de un menú predeterminado, cuando la realidad es que las máquinas ya pueden tomar muchas decisiones de muchos tipos de manera más fiable y rigurosa que una persona. La limitación, en este momento, ya no está en la potencia de computación, sino en los datos con los que contamos. Con los datos adecuados se pueden hacer cosas increíbles, pero muchas compañías aún ni siquiera entienden la necesidad de planteárselo.

P. ¿Crees que la inteligencia artificial cambiará todas las industrias? Ponme algunos ejemplos de cómo cambiará la de los dispositivos de electrónica de consumo (móviles, altavoces, ordenadores…)

R. La inteligencia artificial cambiará todas las industrias capaces de generar datos para analizarlos, y eso, seguramente, incluye a todas las industrias. La diferencia entre plantearse un asistente que responde a tus preguntas de manera torpe (y que la mitad de las veces, en lugar de responderte, te busca en Google lo que tú has dicho) y otro capaz de entenderte perfectamente – ya no lo que dijiste, sino lo que quisiste decir – en función de su experiencia contigo, con tu lenguaje, con tu acento y con tu personalidad es sencillamente brutal. A partir de ahí plantéate máquinas que genuinamente podemos decir que piensan: que escogen la mejor herramienta para cada problema, que toman decisiones, que proporcionan respuestas adecuadas, que se adelantan a lo que queremos hacer de manera eficiente… estamos en un momento en que ya casi tenemos más herramientas que ideas maduras y desarrolladas para utilizarlas

P. ¿Qué avances tecnológicos están permitiendo que todo esto sea posible? Porque supongo que la tarea de enseñar a los ordenadores y móviles a actuar de forma más natural e inteligente ha supuesto enfrentarse a algunos problemas informáticos complejos.

R. El artífice de la verdadera caída de las barreras de entrada, además de la disponibilidad de tecnologías mejores y mucho más baratas, ha sido el desarrollo del machine learning. Mediante las herramientas y procesos adecuados, una máquina ya puede aprender mejor, más rápido y de manera más fiable que una persona partiendo de los mismos datos, y ni siquiera es necesario que parta de los mismos datos, porque con los sensores y la tecnología adecuados, puede en realidad partir de muchos más y procesarlos de maneras que un humano jamás podría imaginar. Mentalmente, tenemos que sobrepasar la absurda frontera que durante muchos años nos llevó a pensar que los ordenadores eran máquinas que hacían cosas más rápido, y pasar a otra que nos lleve a intentar imaginar qué podría hacer una máquina con los datos que nuestra actividad es capaz de generar.

P. ¿Está esta tecnología ya lista para el mercado de masas?

R. Tenemos cada vez más productos basados en este tipo de tecnologías, porque pueden desarrollarse ya de manera relativamente sencilla, y porque existe toda una generación nueva de usuarios que no ven preocupante ni negativo interaccionar con máquinas. Mientras muchos adultos todavía reaccionan mal ante una máquina que les ofrece un servicio y tratan de presionar el cero desesperadamente para ver si aparece una persona, hay miles de adolescentes enviando una fotografía de su cara a un bot en Kik para que les diga si están bien maquilladas o si se han pasado con el colorete.

P. ¿Qué riesgos ves a todo este avance? ¿Puede ser la pérdida de privacidad el más importante?

R. La privacidad no es algo que pueda reclamarse de manera absoluta, no podríamos vivir en un mundo en el que defendemos nuestros datos a toda costa y por encima de todo. La privacidad hay que entenderla como un balance: qué datos proporciono a quién y a cambio de qué. Durante muchos años se ha dicho que Google o Facebook saben más de nosotros que nosotros mismos, y sin embargo, no ha habido cancelaciones ni cierres de cuentas masivos. ¿Por qué? Sencillamente, porque lo que nos ofrecen no nos resulta molesto, sino que nos parece útil, una propuesta de valor adecuada. Mediante la inteligencia artificial y el machine learning se incide en ese lado de la ecuación, en la propuesta de valor: las compañías que la utilizan pueden ofrecer productos y servicios mejores mediante la explotación de los mismos datos, y eso lleva a que el usuario vea más natural cederlos, porque la contraprestación le parece adecuada. Las soluciones absolutistas y las restricciones drásticas no tienen ningún sentido, hay que replantearse todo esto, y será necesaria mucha educación para ello.

 

Monster and RandstadOtro día más de verano, otra adquisición corporativa más en el ámbito tecnológico: de nuevo una “vieja gloria” de internet, Monster.com, adquirida por uno de los líderes mundiales de los recursos humanos, la holandesa Randstad. Una transacción de $429 millones de dólares, $3.40 por acción, un razonable premium con respecto a los alrededor de $2.50 que venía cotizando los últimos meses, pero muy alejada de los $91 que llegó a valer en su época dorada en marzo de 2000, cuando la capitalización de la compañía estaba próxima a los $680 millones.

Desde aquel momento dorado, el valor de la compañía ha estado en caída prácticamente permanente, con escasas excepciones. Monster.com pasó de ser el presunto disruptor del mercado de las ofertas de trabajo, a convertirse en un competidor más, dotado de cierta escala, pero sin nada especial que alegrase la consideración de unos inversores que iban situando cada vez menos confianza en su evolución. En apariencia, Monster seguía siendo una de las páginas de empleo más visitadas de los Estados Unidos y del mundo, con más de cinco mil empleados en plantilla en treinta y seis países del mundo, y un tráfico de alrededor de 63 millones de buscadores de empleo cada mes. Pero en la práctica, era una página en clarísima evolución descendente, superada ya en popularidad y tráfico en su mercado doméstico por competidores como Indeed.com o CareerBuilder, y con pocos alicientes con los que ilusionar a los inversores, a pesar de algunas adquisiciones supuestamente estratégicas que no llegaron a convertirse en nada que lograse sacarlos de su atonía.

En muchos sentidos, la evolución de Monster.com recuerda, a otra escala, a la de Yahoo, otra vieja gloria venida a menos que termina siendo adquirida por una fracción de la capitalización que llegó a tener en sus años buenos. Y nos lleva a hacernos la pregunta lógica de qué es lo que las compañías se plantean adquirir cuando diseñan una operación de este tipo, a la luz de algunas de las adquisiciones que hemos visto recientemente. Obviamente, las distintas intenciones de las operaciones pueden plantear tanto mezclas entre sí, como diferencias de opinión entre lo que la compañía pretende adquirir y lo que los analistas opinan que realmente adquiere.

  • Talento: es el caso de, por ejemplo, los llamados acqui-hires, cuando se adquiere una compañía para hacernos con su equipo humano, habitualmente directivos o desarrolladores, pero con muchas posibles modalidades. No es ni siquiera necesario estar especialmente interesado en el negocio de la compañía, que en muchas ocasiones, de hecho, se cierra, sino en las habilidades de unas personas que se desea aplicar al negocio propio, y que no pueden ser tentadas para abandonar la compañía porque están muy ocupados e ilusionados construyéndola. El obvio enfoque en la operación es ilusionar a esas personas, evitar que se vayan tras la adquisición, y retenerlos en el nuevo proyecto. El mayor experto actual a todos los niveles en este tipo de operaciones es, sin duda, Facebook, que además introduce habitualmente elementos de otras categorías.
  • Sinergias: la idea es hacerse con una compañía que, tras ser potenciada con recursos de la que la adquiere, puede llegar a alcanzar una escala mayor. Para los fundadores de la compañía supone en muchas ocasiones la oportunidad de seguir trabajando en el proyecto que les ilusionaba, pero con más recursos, que pueden ser de distintos tipos, desde talento desarrollador hasta simplemente más pulmón económico. En algunos casos se combina con el modelo anterior. La reciente adquisición de Jet.com por Walmart parece un caso claro de adquisición de sinergias combinada con talento, teniendo en cuenta que Marc Lore, el fundador de Jet.com, no solo se mantiene a cargo del negocio, sino que pasa a ser el director de las iniciativas online de todo Walmart.
  • Cuota de mercado: el adquirente pretende hacerse con los usuarios de los servicios o productos de la compañía adquirida, e incorporarlos a una oferta propia en la esperanza de que mantendrán su comportamiento de compra, seguirán siendo fieles, y se podrá incluso obtener beneficios gracias a posibles cross-selling o up-selling, además de incrementar la cartera global de clientes y, posiblemente, mejorar el rendimiento de la compañía adquirida gracias a nuevos recursos. Las adquisiciones de Yahoo por Verizon, la de ayer de Monster.com por Randstad, o la de Tuenti por Telefonica parecen claramente de este tipo.
  • Reposicionamiento estratégico: gracias a la adquisición, la compañía adquirente pretende reposicionarse en un mercado que considera interesante y para el que no contaba con los activos necesarios en términos de expertise o know-how. Es claramente el caso de la adquisición de ARM por SoftBank, una compañía de telecomunicaciones relativamente clásica que espera, adquiriendo una estrella en el naciente mercado del IoT con una cotización muy por debajo de sus expectativas – posiblemente porque los inversores llevan mucho tiempo oyendo hablar de IoT pero aún han visto relativamente poco – pero con múltiples oportunidades de apalancar sus operaciones si cuenta con acceso a más recursos, o incluso de acelerar o controlar el ciclo de llegada de los productos de la compañía a la industria. En algunas ocasiones, la adquisición se plantea como un modelo de pick winners early, escoger una compañía en una industria prometedora y potenciarla en su estrategia, como lo haría un inversor. Gracias a la operación, SoftBank puede plantearse pasar a jugar un papel relevante en un escenario que puede brindar oportunidades a una compañía de telecomunicaciones, del mismo modo que, por ejemplo, Telefonica lo hizo (a otro nivel) con su inversión en la francesa Sigfox en febrero de 2015. También podríamos, posiblemente, considerar dentro de esta categoría la adquisición de LinkedIn por Microsoft, o las de apps de monitorización deportiva por compañías de equipamiento deportivo.
  • Eliminación de un competidor: la adquisición permite, por ejemplo, consolidar la industria para eliminar un exceso de capacidad, como en el caso de la recientes adquisiciones de Uber China por Didi Chuxing o de Hailo por MyTaxi), o retirar del mercado a un competidor molesto que podría contribuir a una popularización más acelerada de una tecnología que la compañía considera incómoda, con infinidad de ejemplos adicionales en este sentido como la adquisición de Jajah por Telefonica en 2009 y su posterior cierre en 2013.
  • Transformación: muy poco frecuente y con extrema dificultad, se da cuando compañías que son conscientes de su escasa preparación para afrontar nuevos retos, adquieren a un competidor que consideran con mejores habilidades o con un enfoque más moderno en ese sentido. Se distinguen porque a pesar de que la compañía adquirente cuenta con mayor volumen, lleva a cabo estrategias de fidelización de los líderes y trabajadores de la compañía adquirida, y trata de convertirlos en líderes con capacidad de transformación de la compañía resultante.
  • Fiscalidad: compañías con una gran cantidad de beneficios procedente de operaciones exteriores, que se encuentran con que, ante la alternativa de repatriar esos beneficios y volver a someterlos a tasas impositivas en su país de origen, pueden utilizar ese exceso de cash para hacer adquisiciones fuera de su país. No suele ser la razón principal para una adquisición – ni mucho menos venderse como tal – pero sí puede funcionar como incentivo unido a otras motivaciones. Compañías como Apple o Google lo han practicado en algunas ocasiones, así como, recientemente, Pfizer y Allergan.
  • Mejora de la oferta a los clientes: mediante la adquisición de una compañía, la empresa adquirente espera complementar su oferta para sus usuarios actuales con un nuevo servicio que le otorgue mayor cuota de cliente, como era el caso habitual en las adquisiciones de LinkedIn, o atraer a nuevos clientes con un servicio que les resulte interesante, como hizo Microsoft en su momento con Minecraft. No es tan drástico como el reposicionamiento o la transformación, pero sí puede suponer una entrada en un mercado adicional.

No pretende, por supuesto, ser una clasificación especialmente exhaustiva ni recoger toda la casuística, y tampoco es perfecta en cuanto a que muchas operaciones pueden contener componentes de múltiples categorías. Es, simplemente, la que surge de recorrer unas cuantas operaciones en la página de alguien que habitualmente, cuando ve una operación de este tipo en el ámbito tecnológico, suele intentar analizarla. Si os animáis a intentar completarla, encantado de editar la entrada!

 

IMAGE: Cory Thoman - 123RF

Mi columna en El Español de esta semana se titula “Fusiones y adquisiciones“, las conocidas M&A que tan de actualidad parecen estar este verano, y que en realidad nunca tienen nada de fusiones y sí de puras adquisiciones en las que una compañía valora a otra y enfoca la transacción en términos puramente financieros de “cuánto tengo que pagar para hacerme con esto”.

En la práctica, la gran verdad es que las adquisiciones verdaderamente buenas no son aquellas por las que se paga un precio adecuado tras un proceso de negociación y due diligence llevado a cabo por equipos de financieros y abogados, sino aquellas que se centran en el acomodo que las personas y los equipos de la compañía adquirida van a tener en la estructura final. Las compañías que mejor están sabiendo aprovechar las M&A como herramienta competitiva no son las que obtienen mejores precios, sino las que consiguen que los trabajadores de las empresas que adquieren no hagan algo tan sencillo como “tomar el dinero y correr”, dejando la compañía completamente descapitalizada. Muchas adquisiciones que hemos visto a lo largo de estos años de consolidación de la red son, en realidad, auténticos “empresicidios” en los que lo adquirido, en pocos meses, ya no valía prácticamentente nada, era una mera cáscara vacía, en un esqueleto sin alma incapaz de volver a marcar la diferencia.

Las adquisiciones son una herramienta habitual en corporate finance, pero pierden su lógica cuando las sujetamos fundamentalmente a criterios financieros. No hay tantas compañías capaces de mantener la ilusión de los fundadores, de hacerles sentir que con el dinero y las sinergias aportadas van a poder llevar su proyecto a un nivel mucho más elevado, y que van a seguir siendo importantes en el mismo, y las que lo consiguen, logran auténticas ventajas competitivas gracias a ello. Las otras, simplemente tiran el dinero, o posiblemente enfocan – como es habitual en algunas industrias – las adquisiciones como una forma no precisamente barata de librarse de un competidor molesto.

El verano está resultando especialmente activo en términos de adquisiciones. Cuando tengamos noticias de una, examinémosla no tanto en términos del valor pagado, sino más bien de las posibilidades que el equipo adquirido tendrá de seguir haciendo cosas interesantes – aquellas por las cuales supuestamente lo adquirieron – en la estructura de la compañía matriz. ¿Vale de verdad la pena negociar cláusulas que obligan a un fundador a quedarse en una compañía, si sabemos que van a estar simplemente esperando a que su tiempo se cumpla para salir de ella como alma que lleva el diablo? ¿No sería mejor, cuando es posible, tratar de mantener la motivación de esa persona o personas para que sigan siendo un activo diferencial que vale realmente la pena tener en tu estructura? Y si creyésemos que eso no va a ser posible, ¿no deberíamos entonces, muy  posiblemente, descartar la operación?

Lo más importante y lo que va a definir el éxito de una adquisición no es la adquisición, sino la post-adquisición. No es lo que pagamos en la operación, sino lo que podemos plantearnos hacer con la compañía adquirida un año después. En muchas ocasiones, se ve tan claro que algunas adquisiciones son absurdas y una forma de malgastar el dinero de los accionistas, que lo único que podemos plantearnos es el daño que algunos directivos ególatras, algunas “recetas financieras” venidas a más y algunas películas sobre tiburones de Wall Street han podido hacer al mundo…