Whole FoodsEl anuncio de la adquisición de Whole Foods por parte de Amazon por 13,400 millones de dólares es una de esas noticias cuyas consecuencias van a cambiar, en no mucho tiempo, muchos de nuestros hábitos y costumbres, y la forma de hacer las cosas en toda una industria tan importante como la distribución. Si alguien pretende verlo como “una adquisición más” o como una extensión más del imperio de Jeff Bezos, se perderá una parte importantísima del tema.

Whole Foods no es simplemente una cadena de supermercados: es una forma diferente de hacer las cosas. Con una bonita historia de sacrificado emprendimiento detrás, y con una misión clara por convertirse en proveedor de alimentos sanos a la que, a pesar de problemas puntuales, se mantiene razonablemente fiel desde su fundación en 1980, Whole Foods representa esos supermercados en los que ir a comprar supone una experiencia placentera: los productos están deliciosamente expuestos, tienen un aspecto fantástico, el personal te habla y te aconseja, todo viene de fuentes orgánicas, de proximidad y de origen sostenible… es como la elevación del concepto supermercado a otro nivel, al hacer de la compra casi una experiencia placentera. Incluso su iniciativa 365, orientada a costes bajos, uso intenso de tecnología, clientes que toman los productos directamente de los pallets de carga y a conectar con consumidores más jóvenes, tiene un aspecto agradable, el mismo compromiso por productos saludables y son considerados “un paraíso hipster“. De acuerdo, no gana dinero y sus accionistas empezaban a manifestar preocupación por su rentabilidad, pero no dejamos de hablar de una compañía que forma parte del Fortune 500, con 431 supermercados en los Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, y con 91,000 empleados.

Para Jeff Bezos, comprar Whole Foods no es simplemente adquirir una cadena de supermercados. Es hacerse con una filosofía, con una manera de hacer las cosas que indudablemente le gusta, una forma de preservar una identidad proporcionándole una seguridad doble: por un lado, los recursos que le hacen falta para propulsar su crecimiento. Y por otro, la eficiencia que necesitaba para convertirse en rentable… o no hacerlo, pero que a nadie le importe. La compañía que más ha revalorizado sus acciones desde su salida a bolsa el 23 de mayo de 1997, más de un 57,000%, lo ha hecho a pesar del “pequeño detalle sin importancia” de no dar beneficios durante una buena parte de su historia: sus accionistas saben que no recibirán dividendos, pero tienen la absoluta confianza en que sus acciones se revalorizarán mucho debido a la apuesta de la compañía por el crecimiento, por la exploración continua, por la ambición… los resultados trimestrales son prácticamente lo de menos, y ahí está la evolución de la acción para comprobarlo. Jeff Bezos aún está ejecutando la estrategia que planeó en 1997 cuando tan solo era una librería online: ahora vende de todo, y es una compañía enorme que se plantea cosas como tener zepelines con almacenes voladores desde los que bajan drones a repartirnos lo que hemos pedido… y que la compañía pudo poner ahí arriba porque ya sabía que lo íbamos a pedir. Aeropuertos de 1,500 millones de dólares, supermercados sin líneas de caja en los que entramos, tomamos lo que queremos y simplemente nos vamos, almacenes en los que las estanterías se mueven solas… una compañía que consigue desde llenar nuestras casas de botones y modificar nuestros patrones de fidelidad a las marcas, hasta directamente agotar nuestra capacidad para la sorpresa.

Cuando Jeff Bezos decidió invertir personalmente en The Washington Post, lo hizo simplemente porque le gustaba ese periódico, su manera de hacer periodismo, y quería asegurar su viabilidad haciendo los cambios necesarios para ello. Con Whole Foods pasa algo parecido: a Jeff le gusta la filosofía de la cadena, y quiere estar seguro de que podrá funcionar de manera sostenible, además de convertirse en una expansión en el mundo físico que le permite explorar toda una nueva dimensión. Las consecuencias de esta expansión, que en el mercado norteamericano supone un verdadero golpe encima de la mesa para el dominio del mercado urbano, no se van a hacer esperar, y deben tener a todo el mercado de la distribución haciendo cálculos y teniendo pesadillas acerca de las posibilidades de productos como los de Whole Foods llevados al siguiente nivel. La adquisición ofrece a Amazon una plataforma sobre la que poner en práctica su innovación, esa misma de la que hasta el momento, en muchos casos, solo hablábamos en forma de pruebas piloto a escala generalmente reducida, aunque sabíamos claramente que eran más que simples anuncios impactantes y que Bezos no era de esas personas que prometen pero no cumplen.

Tras el anuncio de la compra de Whole Foods, las acciones de Amazon han subido lo suficiente como para que la operación le haya salido esencialmente gratis, e incluso haya ganado 1,900 millones de dólares. La visión de Bezos ha logrado edificar una de las compañías más valiosas y ambiciosas del mundo, y va cumpliéndose con respecto a sus predicciones de 1997, hace nada menos que veinte años, con la precisión de un reloj suizo. Quien trabaje en distribución, sabe desde hace mucho tiempo que tiene donde mirarse, y que su competidor no es el que pensaron durante muchos años, sino uno diferente, que nació en la red y para la red, pero que ahora posee una porción cada vez más importante del mundo físico, una plataforma desde la que seguir creciendo e innovando sin parar. Nadie en distribución a día de hoy tiene la más mínima posibilidad a medio o largo de competir contra Amazon. Amazon lo va a vender todo, y va a redefinir la forma en la que compramos de la manera que nos resulte más interesante: quien no utilice Amazon para cada vez más cosas, es o bien porque no ha llegado todavía con todos sus servicios a donde vive, o bien porque aún no la conoce o la ha probado lo suficiente.

El futuro es de Jeff Bezos. El futuro es de los que saben inventárselo.

 

Slack and Amazon logosUna noticia de Bloomberg, fuente habitualmente muy bien informada, apunta la posibilidad de que una de las compañías posiblemente más queridas y emblemáticas de los sistemas de comunicación interna corporativos, Slack, pudiese estar en conversaciones con Amazon de cara a una eventual adquisición.

Slack, fundada por Stewart Butterfield en agosto de 2013, ha sido considerada por muchos el auténtico e-mail killer corporativo, una promesa largamente esperada por todos aquellos que padecen uno de los males de nuestro tiempo: que si pretenden leer, procesar y contestar todos los correos electrónicos que reciben, no tendrían tiempo de llevar a cabo ninguna otra tarea. El crecimiento de Slack, con una fórmula freemium realmente generosa que permite acceder a una parte muy importante de su funcionalidad en modo gratuito y solamente pasar a pagar cuando el número de usuarios es muy elevado (más de ocho mil) o cuando se quiere acceder a algunas funcionalidades extra, ha sido muy importante a lo largo de estos tres años, lo que la ha puesto en el radar de muchas compañías que pugnan por el jugoso segmento de mercado de la comunicación interna.

Slack, en realidad, es un acrónimo que corresponde a Searchable Log of All Conversation and Knowledge”, y que permite precisamente eso: crear canales de comunicación en una compañía que funcionan en modo de mensajería instantánea, con posibilidad de seleccionar los usuarios que tienen acceso a cada uno de ellos (o de que los usuarios se suscriban si los grupos son abiertos), pudiendo integrar también a colaboradores externos, y con la posibilidad de localizar cualquier conversación o fragmento en un archivo completamente indexable y con una función de búsqueda muy buena. La sensación de utilizar Slack es de una agilización total de los procesos internos, que además incluye la posibilidad, gracias a una API enormemente abierta, de integrar prácticamente toda aquella herramienta que se nos ocurra: sistemas de ticketing, de gestión de proyectos, documentos compartidos, enlaces a bases de datos corporativas, a CRMs, etc. Slack es la reimaginación del trabajo en un entorno hiperconectado, la verdadera representación de la empresa que muchos consideran “del futuro”, pero que en muchos casos ya está aquí. 

Utilizo Slack en mi colaboración habitual con varias compañías, y me parece una herramienta fantástica y versátil. Y no debo ser el único: la compañía, gracias a su crecimiento y prestaciones, se ha convertido en uno de los ejemplos claros de los llamados “unicornios”, con una valoración de 9,000 millones de dólares en sucesivas rondas de inversión. Slack es, habitualmente, una de las herramientas que recomiendo probar a mis alumnos para coordinar sus grupos de trabajo cuando pasan por mis cursos en IE Business School.

Por otro lado, la posible adquisición choca con una cuestión personal: su fundador, Stewart Butterfield, fue anteriormente fundador de Flickr, una compañía que muchos adorábamos pero que, tras ser adquirida por Yahoo!, se convirtió en un muerto viviente. Tras tres años intentando hacer algo en Yahoo!, Butterfield abandonó la compañía desesperado, en lo que reconoció como una muy mala experiencia. Cuando creó Slack, todo parecía indicar que su inclinación a terminar vendiendo la compañía podría ser muy baja, debido precisamente a aquella mala experiencia anterior. Sin embargo, Amazon dista mucho de parecerse a Yahoo!, y una adquisición como esa podría plantear posibilidades muy interesantes para las ambiciones de una compañía que, después de todo, se encuentra en un segmento sometido a una fortísima competencia por parte de actores tan poderosos como Microsoft o Facebook, además de muchas otras compañías menos conocidas pero no por ello menos preocupantes. La otra alternativa para la financiación de la compañía y para ofrecer una salida a sus inversores, la salida a bolsa, ha sido descartada por Butterfield en algunas declaraciones, afirmando que era “una posibilidad que estaba aún a muchos años de distancia”.

¿Qué planes podría tener Amazon para una compañía como Slack en caso de fraguarse su adquisición? Todo indica que el producto podría ser una manera de sofisticar la oferta de cloud computing de Amazon, una de sus líneas más estratégicas, complementando la oferta de almacenamiento, capacidad de proceso y ancho de banda con una de herramientas que permitiese llevarse a una compañía completa, con todos sus procesos, a la nube. Una adquisición al estilo de la de Kiva Robots, planteada para un uso y desarrollo interno, no parece probable: Slack no solo cuenta con una importante base de clientes muy fieles, y salir de ese mercado sería dejar el camino completamente abierto a numerosos competidores.

En cualquier caso, hablamos, por el momento, de meras hipótesis, de simples conversaciones iniciales sobre las que ninguna de las dos compañías se ha pronunciado. Pero de una manera u otra, el interés de Amazon no deja de ser una prueba de las posibilidades de este tipo de herramientas colaborativas en entornos internos en general, y de Slack en particular.

 

Google: la voracidad de un gigante insaciable - ForbesLucía Caballero, de la edición española de Forbes, me llamó por teléfono para hablar de Google y de sus adquisiciones, de la idea de una compañía que supuestamente adquiere sin parar todo aquello que se le pone por delante, y me cita en su reciente artículo, titulado, “Google: la voracidad de un gigante insaciable” (pdf).

En mi conversación con Lucía comencé intentando poner las cosas en contexto: Google adquiere muchas compañías de muy diversos tipos, sí, pero sigue una pauta que no resulta especialmente llamativa con respecto a otras compañías de su entorno. Las estrategias basadas en la adquisición son muy habituales en escenarios de dinamismo elevado, y la tecnología, indudablemente, lo es. Desde su primera adquisición en febrero de 2001, Google, ahora Alphabet, ha adquirido un total de 207 compañías, y desde el año 2010 ha llegado a adquirir más de una compañía por semana. Pero sus magnitudes resultan razonablemente comparables con las de otras compañías de su ámbito: Facebook ha adquirido 62 compañías tan solo desde el año 2007, Microsoft ha adquirido 202 desde 1987, Amazon, 72 desde 1998, y Twitter, a pesar de no haber generado nunca beneficios, nada menos que 54 desde 2008.

En efecto, Alphabet adquiere más y más rápidamente, con una filosofía de hacerse con aquello que necesita y que o bien no encuentra en un desarrollo de código abierto, o le podría llevar un tiempo diferencialmente más largo desarrollar internamente. Alphabet es fundamentalmente una compañía de ingeniería, con un potencial de desarrollo brutal, y como tal, enormemente pragmática: si adquirir una funcionalidad o un know how determinado va a ser más rápido que desarrollarlo, saca la chequera y lleva a cabo la operación. Pero como tal, lo que posee es una clarísima orientación al resultado: necesito esto, lo adquiero, sin que parezca existir después una estrategia clara de integración de esas adquisiciones o, en muchos casos, siquiera una preocupación por lo que queda de la compañía adquirida o de sus integrantes. Así, es muy habitual escuchar casos de compañías adquiridas por Alphabet que, al cabo de poco tiempo, ven cómo sus fundadores simplemente “toman el dinero y corren”, y en general, las historias de fundadores de compañías adquiridas por Alphabet que hayan desarrollado una carrera directiva en la empresa de Mountain View son más bien escasas.

La estrategia de otras compañías, como Facebook o Twitter, es completamente diferente. Operaciones centradas en hacerse con lo que necesitan, sí, pero destinadas en muchísimos casos a la incorporación de talento, de equipos capaces de seguir con sus planes tras materializar sinergias dentro de la compañía, de dotar a esos fundadores de muchos más medios y potencia de desarrollo para que persigan sus fines, y sobre todo, de integrarlos muy cuidadosamente y motivarlos para evitar un drenaje de talento. Frente al pragmatismo de Google, por acción o por omisión, este tipo de compañías ofrecen una imagen muy diferente, y posiblemente más sostenible en el tiempo.

Sobre el tema, sobre lo que intentamos obtener en las adquisiciones corporativas, sobre las adquisiciones como ciencia o sobre la idea de saber comprar he escrito en numerosas ocasiones, generalmente al hilo de alguna operación de adquisición, y es un tema que considero fundamental en la estrategia corporativa. ¿Es Google, como afirma el artículo de Forbes, “voraz”? Sin duda lo es, y los datos lo avalan de forma concluyente. Pero ¿obtiene la compañía todo el jugo y el provecho que podría obtener de sus adquisiciones? Desde mi punto de vista no es así, y encuentro filosofías de adquisición en otras compañías de la industria que, por planteamiento, me resultan mucho más atractivas, y parecen generar entornos de trabajo y culturas más inclusivas, más enriquecedoras y con más posibilidades de cimentar una ventaja sostenible.

En una compañía como Alphabet, con reputación de cool e innovadora, y con un enfoque enorme a las personas, un planteamiento así de las operaciones de adquisición resulta llamativo, como una cierta mancha en el expediente. Pero también es cierto que a lo largo de los últimos años, hemos ido también pasando de ver a la compañía como un objeto de deseo para cualquiera y un lugar increíble para trabajar, a verla como un sitio que, aunque indudablemente mantenga su atractivo, sí pierde a trabajadores valiosos con cierta regularidad: una compañía que podría llegar a tener problemas, si no para atraer talento, sí para retenerlo. Pero como todos los elementos culturales, hablamos de cuestiones sutiles, subjetivas, difíciles de determinar de manera concluyente, de percepciones que muchas veces responden a situaciones de mercado o a la visibilidad de quienes son adquiridos por la compañía o la abandonan. Es difícil, incluso hablando con trabajadores o ex-trabajadores de la compañía, saber si esos elementos son un fruto del crecimiento y la evolución, si son algo que siempre ha estado ahí, o incluso si realmente existen como tales. Pero, en cualquier caso, pueden alimentar reflexiones muy interesantes sobre la evolución de las compañías en el tiempo.

 

Mobileye: an Intel companyLa adquisición de la empresa de visión computerizada israelí Mobileye por parte de Intel anunciada hoy solo tiene una interpretación posible: la aceleración de los movimientos de toda la industria, que ahora engloba a fabricantes de vehículos, suministradores de componentes y compañías tecnológicas, de cara al desarrollo del vehículo autónomo.

La operación de 15,300 millones de dólares valora a la compañía israelí, cotizada en el NYSE desde agosto de 2014, en $63.54 por acción, un premium del 34% sobre su cierre del pasado viernes y unos $2.5 por encima de su máximo histórico. Los productos de la compañía se encuentran incorporados en la producción en serie de 313 vehículos de dos docenas de marcas (entre otras, BMW, Audi, GM, Ford o Volvo), en forma de sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS), un segmento en fuerte crecimiento que engloba funciones como el control adaptativo de velocidad, control de los faros para evitar deslumbramientos y adaptarse a curvas, asistencia en el aparcamiento, monitorización de ángulos muertos, sistemas de prevención de colisiones, sistemas de asistencia en intersecciones, sistemas de mantenimiento en el carril y de asistencia al cambio, etc. habitualmente considerados partes integrantes de los sistemas de conducción autónoma, aunque hayan sido incorporados de forma progresiva en muchos vehículos como prestaciones de ayuda a la conducción.

La compañía compite con el spin-off de Google, Waymo, con sistemas basados en LiDAR o en radar como Safe Drive Systems, y además, con una amplia gama de suministradores de componentes de automoción (Bosch, Denso, Continental AG, etc.), de compañías tecnológicas (Nvidia, Cognitive Technologies, OmniVision Technologies, Freescale, Texas Instruments, Toshiba, etc.) y de compañías de automoción que han preferido, vía adquisiciones o desarrollos propios, utilizar sus propias tecnologías. Tesla, que a pesar de no ser cuantitativamente muy importante en la industria, si ostenta un cierto papel de liderazgo tecnológico, trabajó con sistemas de Mobileye hasta julio de 2016, cuando a raíz del primer accidente mortal de un vehículo Tesla Model S, la compañía israelí declaró que las especificaciones de sus sistemas de frenado automático no estaban preparadas para ser capaces de reconocer giros laterales de otros vehículos con interrupción de la trayectoria, y que no lo iban a estar hasta 2018. En respuesta a esas declaraciones, que supuestamente hacían responsable a Tesla por haber utilizado un sensor supuestamente inadecuado, la compañía de Elon Musk comentó que sus sistemas utilizaban una fusión de docenas de componentes tecnológicos de desarrollo interno y externo para determinar las acciones adecuadas a cada escenario, y anunció la ruptura de relaciones con la compañía israelí y su decisión de desarrollar ese tipo de sensores internamente y con componentes de Comma.ai, la compañía creada por George Hotz. Aunque nunca llegó a estar claro quién había llevado a cabo la ruptura, las acciones de la compañía israelí cayeron entonces un 7%, a pesar de la escasa importancia cuantitativa teórica de Tesla como cliente.

Para Intel, la adquisición de Mobileye supone la entrada en un segmento de muy fuerte crecimiento, y con un potencial aún más elevado: nuestros automóviles son cada vez más auténticos ordenadores con ruedas, en los que una gama cada vez más amplia de funciones son desarrolladas por sistemas basados en tecnología. Hoy, nuestros vehículos se mantienen en el carril solos, nos avisan si no debemos cambiarnos, frenan o aceleran para mantener la distancia con el vehículo de delante, etc., y muchas de esas funciones se llevan a cabo con chips de Mobileye, que se encuentran en una gran cantidad de modelos de automóvil. A medida que esas prestaciones van pasando de plantearse como simples ayudas a la conducción, para convertirse en sistemas cada vez más completos de conducción autónoma, primero durante la conducción en autopista, después durante atascos, e incrementando progresivamente el número de situaciones en los que pueden ser utilizados, hasta llegar a niveles de autonomía prácticamente totales. En esa evolución, hay muchísimos chips implicados. Y si hay chips, Intel va a querer estar ahí.

Una vez más, cuestión de entender el signo de los tiempos.

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Intel and Mobileye: the autonomous vehicle accelerates

 

IMAGE: Ivelin Radkov - 123RFCon el cierre de la adquisición de LinkedIn por parte de Microsoft, recién anunciada tras superar el escrutinio de las autoridades antimonopolio a uno y otro lado del charco a pesar de las objeciones planteadas por compañías como Salesforce, ha surgido una cierta preocupación acerca de la que, sin duda, es la fase más compleja en toda operación similar: la fase de post-adquisición.

La operación de adquisición de LinkedIn, de la que hablamos en su momento, es la más grande planteada por Microsoft en toda su larga historia$26,200 millones, o $196 por acción, en una operación planteada íntegramente en cash, muy por encima de los $6,300 millones pagados por aQuantive en agosto de 2007, de los $8,500 millones pagados por Skype en mayo de 2011 o de los $7,200 millones pagados por Nokia en septiembre de 2013.

En realidad, la compañía de Redmond tiene una larguísima experiencia en adquisiciones, con un total de 198. Sin embargo, no se trata de una disciplina en la que la empresa destaque por su buen hacer: tanto aQuantive como Nokia fueron completos fracasos que la compañía terminó por compensar en su balance, y la segunda, de hecho, se considera una de las peores operaciones de la historia de la tecnología. En términos de adquisición y retención de talento, Microsoft nunca parece haber funcionado, a pesar de la buena reputación de su cultura corporativa, como un buen lugar de acogida, como sí ocurre en el caso de compañías como Facebook, entre cuyas 61 adquisiciones predominan los acqui-hires que continúan vinculados a la empresa varios años después. Nada que ver con, por ejemplo, el caso de Yahoo!, que logró convertirse en una compañía con reputación de zombie, que no solo no sabía que estaba muerta, sino que además convertía en muerto viviente a todas y cada una de las 114 compañías que llegó a adquirir

¿Qué debería ocurrir tras una adquisición? Obviamente, la respuesta difiere cuando se trata de una startup o una compañía pequeña, frente a cuando lo que adquirimos es ya una empresa consolidada y con cientos o miles de trabajadores. En la adquisición de una empresa pequeña, generalmente, el peso que suele tener la adquisición de talento en la operación suele ser más elevado, a la vez que el cambio de vida que se plantea para los directivos de la empresa adquirida es mucho mayor. Cuando fundas una compañía y llega otra mucho más grande y te ofrece comprártela, la alternativa suele establecerse con términos y condiciones muy claros sobre el futuro del equipo adquirido, a pesar de lo cual no son pocos los casos en los que ese equipo se limita a cumplir con el tiempo establecido de permanencia, esperar a que venzan las opciones comprometidas o se materialicen los earn-outs pactados, para inmediatamente después tomar el dinero y salir corriendo en busca de nuevos proyectos. En el caso de Facebook, no es extraño que los equipos fundacionales de las compañías adquiridas mantengan una gran independencia en su gestión, sigan considerando el proyecto como suyo a pesar de haber sido comprados, y además, accedan a una vida mucho más sencilla gracias a los recursos, tanto en dinero como en talento, de la empresa compradora.

En el caso de la adquisición de una compañía grande, los planteamientos pueden ser sensiblemente diferentes. Por un lado, muchos de los empleados de la compañía adquirida pueden no tener acciones, o no tenerlas en una cantidad suficiente como para que la operación suponga un cambio dimensional en sus vidas, lo que les lleva simplemente a plantearse su futuro en términos de negociación salarial, de perspectivas o de la posibilidad de formar parte de un proyecto mejor que suponga una motivación elevada o una buena línea en su currículum. Por otro, los altos directivos o fundadores, en este caso personas como Reid Hoffman o Jeff Weiner, son básicamente libres para hacer lo que quieran casi independientemente de lo que hayan firmado, y fidelizarlos para que permanezcan en sus puestos si pierden la ilusión por el proyecto o evitar que se comprometan con otro que les ilusione más puede llegar a resultar muy complejo.

Para Microsoft, una adquisición como la de LinkedIn podría resultar un verdadero desastre si, tras la operación, comenzásemos a ver el clásico rosario de directivos que toman la puerta y corren a alimentar otros proyectos. El número total de empleados presentes en LinkedIn en el momento del anuncio estaba próximo a los diez mil, no hablamos de una compañía en absoluto pequeña. Si tras la adquisición tuviese lugar uno de esos típicos recortes de personal que pretenden eliminar funciones duplicadas, por ejemplo, parece claro que los ánimos de los empleados que quedasen en la compañía no serían especialmente positivos. De ahí que Microsoft haya sido especialmente cuidadosa a la hora de negociar con Jeff Weiner, CEO de la compañía desde diciembre de 2008, para asegurar que supervisa personalmente la transición, una responsabilidad que habitualmente se suele encargar a un directivo de la compañía adquirente, y que ve la operación como una oportunidad de seguir al frente de un proyecto mayor, con más recursos y posibilidades.

La teoría es muy clara: se calcula que entre el 60% y el 80% de las operaciones de adquisición terminan por producir un resultado neto negativo, una destrucción de valor en lugar de un incremento. Entre adquirir como lo hace Facebook o adquirir como lo hacía Yahoo!, la cuestión está en los detalles, en la integración respetuosa, en evitar los choques culturales y en que la totalidad de la compañía perciba que, tras la operación, van a tener un futuro mejor en todos los sentidos, algo generalmente más fácil cuando vienes de ser una startup con escasos recursos que cuando eras ya una compañía consolidada. Que la mayor operación de la historia de Microsoft, llevada a cabo en un momento clave en su evolución, se convierta en un éxito o termine siendo un desfile interminable de ingenieros, desarrolladores y directivos hacia otras empresas es algo que sabremos muy pronto.