Las claves de éxito de Dropbox, que hoy debuta en el Nasdaq - La Vanguardia

Pilar Blázquez, de La Vanguardia, me llamó para hablar sobre la salida a bolsa de Dropbox, una compañía sobre la que he escrito recientemente y a la que he tenido como invitada en mis cursos de innovación, y ayer incluyó algunos de mis comentarios en su artículo titulado “Las claves de éxito de Dropbox, que hoy debuta en el Nasdaq“.

La salida a bolsa de Dropbox es uno de esos momentos que los interesados en el mundo de la tecnología deben tener bajo control: se lleva a cabo en un momento malo, con la incertidumbre de una posible guerra comercial con China y los recientes escándalos de Facebook lastrando el mercado, pero junto con la de Spotify el próximo 3 de abril, serán las que proporcionen una idea de las perspectivas actuales de la industria y de las expectativas del mercado sobre ella. En números, la operación deja pocas dudas aparentes: un precio conservador, $21, por debajo de la última valoración privada de la compañía, que se esperaba fuese aún más prudente, pero que se elevó debido a la fuerte demanda de los inversores institucionales, que obviamente ven a la compañía como una buena inversión.

Tras la salida, el precio se elevó más de un 40%, llegó a los $29, y cotiza, en el momento de escribir esto, a $28.48. Si bien la evolución en las primeras horas de cotización no necesariamente refleja el estado de la compañía y puede mostrar una volatilidad elevada, hablamos de una compañía con un valor de más de 11,000 millones de dólares, y resulta interesante plantearse cómo Dropbox ha llegado hasta aquí.

Una idea surgida en el MIT en 2017 a partir de la necesidad de sus fundadores: uno de ellos, Drew Houston, olvidó una memoria USB con archivos que necesitaba en Boston en un viaje a Nueva York y diseñó junto con su cofundador, Arash Ferdowsi, una manera más adecuada de trabajar para evitar ese tipo de problemas, basada en la nube. A partir de ahi, un paso por la Y Combinator de Paul Graham que la ha utilizado como una prueba de su metodología, y un apoyo firme y decidido de su primer inversor importante, Sequoia, que participó en cada una de sus cuatro rondas de inversión y recoge ahora importantísimos beneficios gracias a ello.

Quinientos millones de usuarios registrados, once millones de ellos de pago, y un producto principal en vías de comoditización con importantes competidores como Google, Microsoft, Amazon o Box.com, que inciden en la misma idea de proporcionar espacio en la nube. Frente a esto, una hoja de ruta en la que la propuesta de valor de la compañía se sofistica notablemente y planbtea toda una manera de trabajar, de herramientas de colaboración muy interesantes, y con un control férreo de su tecnología, cuya integración se planteó entre 2014 y 2016 y la llevó a abandonar los servicios de almacenamiento de Amazon AWS, en donde habían alojado los contenidos de sus usuarios desde el origen de la compañía en 2007, y a construir su propia red de centros de datos e infraestructuras. Una decisión sin duda arriesgada y compleja, que desafía la conocida máxima del “hardware is hard”, y que ha permitido a la compañía ahorrar en torno a los 75 millones de dólares, convirtiéndose en uno de los factores fundamentales en sus perspectivas de rentabilidad. Una rentabilidad que se plantea a largo plazo: Dropbox, hasta el momento, nunca ha tenido beneficios. En 2017 perdió $112 millones, lo que supuso un recorte frente a los $326 millones que perdió en 2015 y los $210 millones de 2016, pero los ingresos muestran un crecimiento saludable ($1,11o millones en 2017 frente a $845 millones en 2016), y la compañía mantiene flujos de caja libres positivos desde 2016. 

Una compañía exitosa, con un crecimiento sano y sostenido, que ha dejado pasar más de una década entre su fundación y su salida a bolsa, y que me resulta enormemente interesante por uno de los factores que más valoro: una cultura de innovación fuerte y sostenida en el tiempo, impulsada desde todos los estamentos y niveles de la empresa, que condiciona claramente en positivo  su capacidad para atraer y retener talento, para ser dueña de su propia hoja de ruta a pesar de estar rodeada de gigantes. Lo que Dropbox esté en condiciones de llegar a ser no depende tanto de la genialidad de la idea inicial, como de la coherencia y brillantez de su estrategia y de su cultura de innovación. Veremos como la trata el mercado en el futuro.

 

IMAGE: Venimo - 123RFAirbnb es una compañía interesantísima. Aunque en sus orígenes nació simplemente como la idea de dos compañeros de piso en San Francisco que no llegaban a fin de mes y comenzaron a subarrendar una de sus habitaciones, el camino recorrido desde la idea hasta la primera ronda de financiación millonaria les llevó varios años, muchísimo trabajo, negativas de algunos inversores afamados y esfuerzos para sobrevivir que llegaron hasta el punto de vender cajas de cereales, en lo que se ha convertido en una historia inspiracional muy utilizada en el mundo académico y magistralmente narrada en infografía y vídeo por Anna Vital. Decididamente, no es la historia de uno de esos “éxitos del día a la noche”, sino más bien el fruto de un trabajo consistente y con mucha complejidad.

Si avanzamos en el tiempo unos años, nos encontramos con una compañía que hace enormes esfuerzos para entender los efectos que genera en las ciudades, que trabaja con las autoridades para buscar un equilibrio que permita a los propietarios de inmuebles extraer un beneficio pero impida la explotación abusiva y la degradación de las zonas céntricas de las ciudades y, en resumen, con uno de los actores fundamentales para entender el futuro de los paisajes urbanos que tiene, además, una valoración estimada en unos 31,000 millones de dólares.

En estas circunstancias, el camino habitual parecería sacar la compañía a bolsa y captar muchos más recursos abriendo el embudo de la propiedad a cualquiera que quiera adquirir acciones, proporcionando además una oportunidad de recompensa a aquellos que tuvieron la paciencia de acompañar a la compañía hasta ese punto.  Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, y ese paso de la salida a bolsa ha probado ser arriesgado y complejo en muchas experiencias anteriores. Así, el pasado día 1 de febrero vimos una serie de cambios en la dirección de la compañía, con la súbita salida de su director financiero, Laurence Tosi y su sustitución interina, y el ascenso al puesto de COO, un puesto supuestamente pretendido por Tosi, de la responsable de asuntos legales, Belinda Johnson. Al tiempo, se anunció un retraso sin fecha anunciada de los planes para la salida a bolsa, en lo que evidencia claramente una lucha interna en torno a ese tema

Las dudas con respecto a su salida a bolsa dejan claro que el camino no es en absoluto sencillo. En el caso de Airbnb, una compañía cuyos fundadores han capitalizado ya lo suficiente como para ser dinásticamente ricos y que, además, está ya en números negros, el incentivo no parece tan elevado como para tener prisa, a pesar de la insistencia de algunos de sus inversores y de los buenos ojos con el que muchos empleados con acciones de la compañía miran la posibilidad de ganar, en muchos casos, un muy buen dinero. Pero la salida a bolsa, además de dinero, implica muchas otras cuestiones en términos de disciplina y posibles cambios en la cultura corporativa, algo considerado crucial dentro de la compañía. Son muchos los casos de empresas con culturas sólidas en su fase privada que vieron resentirse muchos de sus elementos culturales, o incluso incurrieron en problemas tan serios como para terminar destruyéndolas, cuando se convirtieron en públicas. El caso de Yahoo! es uno de los más claros, pero incluso gigantes como Google han tenido muchas dificultades a la hora de mantener algunos de sus elementos culturales más importantes y característicos. Las salidas a bolsa, por lo general, tienen un importante elemento de cataclismo cultural cuyo impacto es muy importante no subestimar.

A día de hoy, la gran diferencia entre salir a bolsa con una perspectiva exitosa o hacerlo simplemente por necesidad es la existencia de una voluntad férrea de mantener la identidad de la compañía y de llevar a cabo planes que muchos inversores podrían considerar demasiado ambiciosos. Mantener principios fundamentales y claros a ultranza, y estar dispuesto a recibir el castigo de los analistas cuando renuncies a darles lo que piden en términos de crecimiento porque, simplemente, tienes otros planes u otros calendarios. O peor, a recibir castigos que “no te tocaban”, simplemente derivados de circunstancias puntuales o no tan puntuales del mercado que escapan a todo control. El caso de Amazon es clarísimo: la compañía pidió paciencia a los mercados, anunció no solo que nunca daría dividendos sino que, además, sus resultados serían erráticos, negativos o por debajo de las expectativas de los analistas durante mucho tiempo porque iba a dedicarse a financiar su crecimiento y su diversificación durante muchísimo tiempo… y los mercados, por la razón que sea, lo entendieron y compraron de manera consistente. El inversor de Amazon siempre, salvo en ocasiones puntuales vinculadas a bajadas generalizadas, ha estado en la situación de poder vender con ganancias una acción completamente líquida, pero en general, ha decidido quedarse y acompañar en su viaje a una compañía que no se dedica simplemente a vender cosas, sino que tiene en la cabeza cambiar el mundo tal y como lo conocemos.

¿Está Airbnb en una situación de poder hacer algo así? ¿Estamos hablando de una compañía con planes para cambiar el mundo, o que simplemente está a gusto haciendo lo que hace? En mi opinión, estamos claramente ante el primer caso: una empresa con vocación de hacer muchísimas más cosas de las que hace hoy, y de ofrecer a su comunidad, entendida en un sentido amplio, muchas más posibilidades de las que actualmente le ofrece, en torno a esa idea del valor de las experiencias. En esa situación, la salida a bolsa es un paso que hay que dar con infinito cuidado, entendiendo muy bien lo que se condiciona con cada movimiento. ¿Puede Airbnb, a estas alturas, plantearse una misión que ilusione al inversor y que pueda mantenerse por encima de todo con autoridad y seguridad? ¿Un proyecto ambicioso que justifique librarse de la tiranía de los resultados trimestrales? En una compañía que ya genera resultados positivos, salir a bolsa puede ser algo menos complejo, pero muy posiblemente sus fundadores, que ya son razonablemente ricos, no terminen de verse sometidos a la disciplina y al condicionamiento que supone estar en el mercado. Según cómo continúen esos resultados, que parecen evolucionar favorablemente, la compañía podría dejar pasar aún bastante tiempo antes de dar el paso de salir a bolsa, salvo que sus inversores se pongan en pie de guerra y exijan una salida. O simplemente, como uno de sus cofundadores ha pedido, “manejar ellos sus propios calendarios”. Como fundador de una compañía exitosa, no es un deseo fuera de lo normal. En esas condiciones, salir a bolsa podría estar dejando de ser el paso final y lógico que toda compañía exitosa aspira a dar para poder captar recursos, y pasar a ser simplemente un elemento más de una hoja de ruta a más largo plazo en el que es importantísimo organizarse con calma y con cabeza…

 

Spotify finalmente prepara su salida a bolsa sin IPO de Denken Über

Hace casi un año que Spotify está buscando la mejor manera de conseguir más plata para su negocio por dos factores bastante molestos. Por un lado tiene a Apple Music creciendo casi al mismo ritmo que ellos y por otro lado sigue recibiendo demandas por copyright para destruir el modelo de suscripción… estos dos factores implican que necesita mantener sus números lo más confidenciales posibles para no ayudar ni a Apple ni a los demandantes.

Por eso hace 9 meses estaba intentando salir al mercado evitando una “IPO” y yendo a cotización directa y ahora aprovechando que la SEC permite una “presentación confidencial de oferta pública de acciones” Spotify va a intentar ir por esta opción con un par de potenciales riesgos.

Pero es interesante, realmente, entender que la salida a bolsa es lo mismo que hacen todos pero sin “oferta pública inicial” y esto implica que al ser confidencial su información de mercado, no habrá compradores institucionales anticipados que permitan ver si la valuación es un éxito o no sino que va a ser el mercado abierto el que lo determine… y esa información financiera va a estar disponible apenas 15 días antes del listado de sus acciones en el mercado.

¿Porque sale a bolsa con tantas vueltas en vez de un IPO o seguir tomando plata de VCs o deuda? porque por un lado ya están endeudados, por otro lado pocos inversores van a querer invertir en alguien que compite con Apple directamente pero mientras todo esto sucede ellos siguen necesitando plata para crecer y cerrar acuerdos de derechos sin morir en el intento.

Spotify y su salida a bolsa sin IPO de Denken Über

Que Spotify vive constantemente cambiando paradigmas es algo que ya damos por sentado, cuando Pandora empezó a ser un muerto viviente todo el mundo pensaba que Spotify iba a morir pero levantaron otra ronda triplicando la valuación de la anterior, cuando se lanzó Apple Music todos pensaban que se iba a morir pero levanto otra ronda duplicando el valor de la anterior y su tasa de crecimiento se mantuvo superior a la de Apple Music… ahora, pese a que el mercado de internet especula constantemente con su IPO el Wall Street Journal reporta que están considerando un “listado directo” o sea una apertura a bolsa pero sin IPO.

¿Como es una salida a la bolsa sin IPO? simplemente se compra alguna empresa que esté cotizando y se abre la compra/venta de acciones sin que haya bancos intermediarios ni alocar un slot de acciones en el mercado para levantar capital… lo que, teóricamente, es el beneficio de un IPO.

En el caso de Spotify la idea de salir con un listado directo sería para liberar a inversores y empleados que pueden vender sus acciones a que lo hagan en un mercado abierto y sin caer en un mercado secundario que, opiniones al margen, es menos transparente que el público.

¿Que es clave en esta “salida a bolsa”? la ultima ronda de Spotify no fue por equity sino una ronda de $1000 millones convertible con un descuento del 20% al momento de salir a bolsa que se incrementa un 2,5% cada semestre que se mantenga privada la empresa… esto fue exactamente hace un año (recuerdo el dibujo de la deuda explosiva) y quizás su salida a bolsa sea para calmar a los prestamistas.

Pero dos detalles de esto que no termino de entender y que quizás sean claves, por un lado pese a generar más de $2.000 millones al año no queda claro si Spotify es rentable o no y en cuanto coticen en bolsa van a tener que hacer públicos todos sus números y liabilities lo que haría que Apple tenga mejor acceso a ver la realidad de su único competidor… por otro lado ¿salir a bolsa y tener que cumplimentar todas las regulaciones pero sin lograr caja con la que competir contra Apple o Google o Amazon no es demasiado? Spotify es innovador pero pudiendo aumentar su war-chest esto me suena raro.

Más allá de eso, hoy Spotify tiene acuerdos con los 3 sellos que controlan el 72% del mercado de la música, dominan el sector que más ingresos genera en toda la industria musical y su crecimiento no frena… me gusta la idea de un jugador independiente capaz de salir a bolsa sin depender del mercado publicitario [oh, pobre $SNAP] o que tenga que rendirse a un gigante.

Veremos como sigue esta historia pero me parece de lo más relevante de la semana.

26-летний капитан - Novoye VremyaAnna Pavlenko, de la revista ucraniana Novoye Vremya, me envió un correo electrónico para hacerme algunas preguntas sobre Snap, sobre Evan Spiegel y sobre su reciente salida a bolsa, cuyo texto incluyó en su reportaje publicado el pasado día 17 de marzo con el título “26-летний капитан” (“Un capitán de 26 años”). 

Fundamentalmente, hablamos sobre la importancia no solo de las ideas, sino de la capacidad de ejecución: cómo una idea aparentemente simple y que puede ser copiada con facilidad había sido capaz de convertirse en una compañía con una valoración situada por encima de los veinte mil millones de dólares y de salir a bolsa captando 3,400 millones de dólares.

Resulta interesante ver hasta qué punto las características personales de Evan Spiegel – chico de familia rica con una clara inclinación a la toma de decisiones aparentemente arriesgadas – pueden condicionar la marcha de una compañía que no parece tener ningún respeto ante planes tan ambiciosos como dedicarse al hardware, redefinirse de repente en base a una actividad completamente incipiente, o lanzarse a bolsa con un esquema de propiedad excesivamente sesgado que, claramente, el mercado iba a penalizar.

Una actitud así puede inspirar muchas cosas y no todas ellas buenas, pero parece indudable que cualquier otro con unas características diferentes habría escrito la historia de otra manera, empezando con la más que probable venta a Facebook por tres mil millones de dólares en noviembre de 2013, y siguiendo con las reacciones ante las sucesivas copias que la compañía de Mark Zuckerberg ha llevado a cabo de su modelo o con la manera brillante de estructurar su negocio publicitario. Una parte importante de las perspectivas de Snapchat, para bien o para mal, están fuertemente vinculada con esa arrogancia característica de Evan Spiegel.

A continuación, las preguntas y respuestas que crucé (en inglés) con Anna:

 

Q. How does Snapchat differ from the other social media platforms? What are its strengths and weak sides, to your mind?

A. Everything on Snapchat boils down to an amazing capacity for execution: it ain’t what you do, it’s the way that you do it. The original idea behind Snapchat, ephemeral messaging that self-destructs within a few seconds, is not a particularly overwhelming concept, but it was designed in a way that made it absolutely alluring for a specific target audience, and allowed the company to become a real trend-setter that every other company in the social media arena is now relentlessly copying. This obsession of “walking their own path” and waiting for others to follow is what clearly differentiates Snap as a company: Evan Spiegel is a rich kid that manages a company as if money and resources were not an issue, starts new lines of business – even hardware, despite the old adage that says “hardware is hard” – as if there was no tomorrow, and gets investors crazy about the trends it could generate. Their main strength is definitely their capacity for execution, and their weakness, the dependency on a sociodemographic segment that has previously proved to be random and fickle in their tastes and adoption patterns.

Q. How would you characterize Snap’s co-founder and CEO Evan Spiegel? What helped him to become the youngest billionaire in the world?

A. Evan Spiegel is a man with an idea. He has been pursuing that idea for many years, through several dozens of projects – Snapchat, originally called Picaboo, was no less than their 34th entrepreneurial attempt – and always with a strong focus in what the customer wants. The best way to understand Evan Spiegel is by following the way he communicates through the Snapchat corporate blog. He is clearly trying to redefine the way young people communicate, he doesn’t allow any deviations from that path, and so far, he has been pretty successful in doing so: 160 million users every day relentlessly sending each other messages… when they have nothing to look at, they just point their camera to an empty wall and send it along with some recording of themselves speaking, just to stay in touch. Even Spiegel is an incredibly ambitious person following a very well defined vision.

Q. What are the Snap’s perspectives, to your opinion?

A. Snap’s IPO was cleverly designed as a way to capitalize on the company’s ability to attract legions of fans believing in a success story, even though financially, the company is still far from being a success story. The plan was to squeeze as much money as possible, releasing the minimum amount of control. In fact, the original idea was probably to let Snap’s market cap to be pushed so high that major indices, including the S&P 500 index and the MSCI USA Index, would have to include the stock, so index and pension funds that track these indices would all have to buy the shares, driving up the share price even further. However, there’s a limit for ambition: a group representing large institutional investors approached index providers S&P Dow Jones Indices and MSCI Inc., and tried to bar Snap Inc. and any other company that sells investors non-voting shares from their stock benchmarks. Apparently, the company went too far in trying to preserve their control, so some wise observers decided this was against the interest of the common investor. Financial markets are tough to deal with, and even worse when they grow suspicious. Right now, there’s no way to know whether Snap’s IPO will follow the successful path previously walked by Facebook (regardless of its initial problems) or the not so successful road followed by Twitter… but Snap financials and user base now definitely resemble more Twitter’s than Facebook’s. Only time will tell.