Mary Meeker Internet Trends 2018 de Denken Über

Otro año y una nueva versión del informe más detallado sobre las tendencias de internet, KPCB Internet Trends 2018 (y PDF para descargar) y dedicarle tiempo porque creo que, cada uno de nosotros le vamos a encontrar valor a lo que más nos interese de estas 296 páginas de datos duros.

Highlights:
A) Las tasas de conectividad se están enfriando porque los paises desarrollados llegaron a un punto de saturación o renovación más que nuevas cuentas (esto se ve en móviles donde por primera vez los smartphones tienen crecimiento cero) aunque las conexiones fijas crezcan un 7% que es, realmente, marginal frente a las tasas de crecimiento que teníamos.

¿Es esto una oportunidad para regiones “periféricos” como Latam? creo que si pero o nos apuramos o estamos muertos

Porque las empresas centrales de internet están enfocandose en hacer crecer sus mercados internos (en USA la batalla es como logran más minutos conectados en propiedades propias y así aumentar el LTV del cliente) y China está enfocada en crecer y destronar a USA… la idea de que ya son el 50% de las empresas más grandes de Internet cuando hace menos de días años eran el 5% muestra su crecimiento ¿donde está la unica que no es de China o USA? en India.

Las empresas que dejen de lado sus esfuerzos en estos mercados están dandole espacio a su competencia global (eg: Didi Chuxing compró Ola en India y 99 en Brasil haciéndose un monstruop global en vez de ser solo un monstruo chino) y acá hablo de b2c hasta de plataformas de cloud.

b) La economía de plataformas es real y ya no hay chance de escapar de ella, miremos los crecimientos compuestos de empresas de Cloud, de Search, de Social Networks y hasta de Fintech; los efectos de red se ven explicitados en cada uno de los números de crecimiento de mercados pero con concentración en pocos jugadores.

Tencent en Gaming, Amazon en eCommerce, Google en search, FB en social, AWS/Azure en Cloud … ¿donde quedan espacios? en dos partes: la carrera de AI no tiene un ganador definido y los nichos de mercado son espacios donde los grandes no saben que hacer o no quieren desenfocarse. Hay espacio para crecer y romper mercados pero hay menos campo abierto.

c) CAPEX vuelve a ser una palabra de moda, los gastos de capital para agrandar infraestructuras tecnológicas y departamentos de investigación y desarrollo están un pico histórico ¿quienes lideran? las 5 grandes y las chinas. Comparen el CAPEX de Cloud de Oracle y el de Microsoft o el de IBM y el de AWS ¿siguen pensando que se puede competir de igual a igual?

Capex and R&D
Detalle, comparen quien gasta más en CAPEX y quienes en R&D. Los que invierten en R&D están invirtiendo en el futuro y los que invierten en CAPEX parecen invertir en la infraestructura… ups

d) Es interesante el comercio electrónico sigue creciendo a doble dígito y se incrementa (de 14% a 16% de crecimiento interanual) ¿que pasa? finalmente los retailers están peleando a Amazon en su terreno y por lo tanto expandiendo ofertas, mejorando servicios e invirtiendo en infraestructura ¿Walmart comprando Jet y luego Flipkart mientras Amazon compra WholeFoods les parece grande? analicemos tendencias de ecommerce/e-payments en China y vamos a tener un ataque de vertigo.

e) La dualidad del uso de los datos de los usuarios no va a frenarse por la GDPR vuelvo a lo de siempre ¿como hace Facebook para convencer a los senadores de USA o la UE que no pueden influir en una campaña politica y al mismo tiempo convencer a los anunciantes que pueden influir en una campaña publicitaria? Esta dualidad va a definir muchas de nuestras relaciones con internet y con los dispositivos… ¿piensen en Alexa grabando sin que te des cuenta y compartiendo tus conversaciones? No es facebook el problema es el interés que la gente tenga por su privacidad y lo que estén dispuestos a pagar.

Porque lamento decirles… muchos de nuestros servicios amados son inútiles sin la data colanorativa de terceros (Waze, Yelp, Google solo por mencionar algunos) y para eso vamos a tener que ver una regulación.

Its crucial to manage for unintended consequences, but is irresponsible to stop progress…

Hay más datos para analizar, el PDF completo y el Slideshare completo valen la pena… pero estos son los datos que más me resultaron interesantes luego de analizarlos por horas :)

IMAGE: Rebcenter Moscow - Pixabay (CC0 Creative Commons)Jaime Vicente Echagüe, de La Razón, me llamó para hablar sobre la adicción a las series de televisión, y a mí ya me pareció el exceso de los excesos: llamar adicción al hecho de que a alguien le guste ver muchos capítulos de series seguidos y que sienta una cierta sensación de vacío cuando la serie termina es, sencillamente, no tener ni maldita idea de lo que es una adicción, y banalizar el término hasta el límite. Ayer, Jaime citó mi opinión en su artículo titulado “La ciencia ya estudia la adicción a las series” (pdf).

La tontería de llamar adicción a lo que no lo es está llegando ya a límites completamente absurdos. Para la sociedad, parece que el hecho de calificar como adicción el que una persona vea muchas series, utilice su smartphone muy a menudo o lleve a cabo cualquier acción de manera repetitiva es algo que alivia la conciencia, una especie de “querríamos hacer algo, pero no podemos porque es un adicto”. No, no es así. Lo siento por aquellos que se sienten más a gusto utilizando el término, pero es sencillamente una soberana estupidez para la que no existen evidencias científicas de ningún tipo. Un niño que utiliza su smartphone a todas horas, que no lo suelta ni en la mesa, que no deja de utilizarlo ni un minuto cuando va de visita a casa de sus abuelos, y que reacciona violentamente cuando se lo intentamos arrebatar NO ES UN ADICTO, ES UN MALEDUCADO. Y la culpa, nos pongamos como nos pongamos, no es de la tecnología, es probablemente de sus padres, que no lo han sabido educar.

Pretender que los fabricantes de tecnología nos ayuden haciendo sus productos menos adictivos es algo tan soberanamente absurdo, que sobrepasa todos los límites del sentido común. Pedir a una marca que estropee sus productos, que los haga menos atractivos o que los llene de advertencias es una manera de intentar evadir la responsabilidad de educar: “yo los educaría, pero claro, es que la tecnología es tan adictiva y tan peligrosa, que no puedo hacer nada”. MENTIRA. Sí puedes hacer cosas: se llama educar, y si no sabes, tienes un problema, tanto tú, como tus hijos. La tecnología no es adictiva ni peligrosa: simplemente, hace cosas que nos gusta que haga, y como todo lo que nos gusta, si no nos enseñan a restringir su uso, la utilizamos todo el tiempo. Pero eso no es ser adicto, eso es, simplemente, que no te hayan enseñado a restringirte y a no hacer todo el rato lo que te gusta, o lo que te venga en gana. Aprender a vivir en sociedad implica ese tipo de cosas: no hacer siempre lo que te dé la gana. Si tus padres no te enseñan, es más difícil aprender. Pero no eres un adicto por ello: eres otra cosa.

Vamos a dejarnos de tonterías, por favor. Las adicciones son algo muy serio. Muy, muy serio. Son enfermedades, problemas que destruyen la vida de las personas, trastornos que modifican nuestro comportamiento de manera incontrolada e incontrolable, que requieren tratamiento. Cuando era poco más que un niño, viví la peor época de la adicción a las drogas en Galicia: algún compañero de colegio murió, algún otro sufrió muchísimo por ese tema. Lo pude ver directamente, los vi degradarse como personas, destruirse, destrozar sus vidas, recurrir a todo lo imaginable para satisfacer su necesidad. Pocos de los que se metían en eso salieron de aquel infierno. Comparar eso con el hecho de que un niño carente de educación no suelte su móvil ni a sol ni a sombra, o con que alguien se vea una temporada de una serie de un tirón es algo tan profundamente absurdo, irresponsable e insultante, que no merecería ningún tipo de consideración seria. Pero ahora resulta que, para demostrar la basura de sociedad que estamos construyendo, que los que piden a las marcas tecnológicas que rebajen el atractivo de sus productos son nada menos que asociaciones de inversores puritanos, que como son inversores, prácticamente obligan a algún tipo de respuesta absurda a las compañías, y que el país en el que vivo ha nombrado nada menos que a un delegado del Gobierno para la Estrategia Nacional de Adicciones que se dedica a hablar sin medida ni templanza de algo que define como “adicciones sin sustancia”, dándoles carta de realidad como si realmente existiesen. No, no existen, por mucho que a algunos parezca que les alivia pensarlo, que les guste tener algo a lo que echar la culpa de sus problemas. Pero no, no van a existir por el hecho de que las llamemos así: las cosas no se convierten en verdad por decirlas muchas veces. Las asociaciones de psicólogos de todo el mundo rechazan esa denominación, y el hecho de que un niño use mucho su smartphone no merece una cura de desintoxicación: merece, sencillamente, que lo eduquemos y nos dejemos de echar la culpa a supuestas “adicciones”.

No, no podemos dedicarnos a llamar “adicción” a cosas que se curarían simplemente con un poco de disciplina y educación. Cuanto antes paremos esta estupidez colectiva, mejor. Un poco de sentido común, por favor. 

 

IMAGE: Maxim Kazmin - 123RFLectura obligada de hoy es la carta que el creador de la web, Tim Berners-Lee, escribe con motivo del vigésimo noveno aniversario de su creación, titulada The web is under threat. Join us and fight for it, publicada simultáneamente en inglés, español, francés y portugués: un alegato que denuncia el asfixiante control de la web por parte de unas pocas compañías y que condiciona, tristemente, el que los próximos veinte años vayan a ser mucho menos innovadores que los veinte anteriores.

En este momento, innovar en la web se ha vuelto enormemente difícil: si no tienes sobre ti el paraguas de unas pocas compañías, tus posibilidades se limitan prácticamente a que te compre alguna de ellas: esas compañías controlan no solo los recursos disponibles y adquieren cualquier proyecto mínimamente innovador que consideren que pueden aprovechar, sino que, además, controlan la difusión de las ideas en la web, con consecuencias por todos conocidas.

Los problemas actuales de la web, el haber contribuido a la expansión de ideas radicales o haber manipulado la democracia condicionando el voto de muchas personas en función de falsos escenarios de confrontación, tienen que ver, además de con una ausencia de educación y de preparación para este tipo de situaciones en los usuarios, con los intereses económicos de estas compañías.

En este sentido, resulta interesantísimo leer, también hoy, a Zeynep Tufekci, profesora en la University of North Carolina y en Harvard, en su artículo en The New York Times titulado YouTube, the great radicalizer, en el que detalla un fenómeno que seguramente muchos hemos podido comprobar cuando entramos en el gran repositorio de vídeos y, tras terminar de ver aquello que acudimos a ver, nos encontramos con esas recomendaciones algorítmicas que pretenden que nos pasemos el resto del día en la plataforma, con recomendaciones que, aparentemente, no podemos dejar de ver. Según experimentos de la autora, esas recomendaciones, destinadas por supuesto a incrementar nuestro tiempo de consumo, tienden a ofrecernos contenido cada vez más radicalizado con respecto al que vimos anteriormente, lo que puede hacer que, durante las pasadas elecciones, si comenzabas viendo un vídeo de un discurso de Trump, terminases recibiendo recomendaciones de supremacistas blancos, de negacionistas del holocausto o de racismo exacerbado. Si por el contrario, comenzando desde una cuenta recién creada, entrabas para ver vídeos de Hillary Clinton o de Bernie Sanders, las recomendaciones de la plataforma te llevaban a ver vídeos conspiranoicos de agencias secretas del gobierno o de supuestas tramas gubernamentales tras el 11S. El fenómeno no se limitaba a la política: si entrabas a ver un vídeo sobre fitness, terminabas viendo contenido sobre ultramaratones. Si consumías vídeos sobre vegetarianismo, rápidamente pasabas al veganismo.

Presumiblemente, no se trata de intereses de Google o de YouTube, más allá del propio interés por que pases más tiempo con los ojos pegados a su plataforma. Si diseñas un algoritmo para incrementar a toda costa el tiempo que una persona pasa en YouTube, ¿cuál es el camino fácil para ese algoritmo? Escoger, de entre todo el contenido disponible, aquel que le ofrece contenidos similares a aquellos por los que demostró interés, pero cada vez más radicales, más exagerados, más extremos. El caso ilustra perfectamente el tema sobre el que Berners-Lee alerta en su carta: los intereses comerciales de unas pocas compañías están jugando un papel tan importante en la evolución y destino de la web, que se han convertido en un serio problema, dado que en muchas ocasiones, esas mismas compañías no entienden lo que tienen entre manos y sus posibles efectos secundarios. Con la excusa de hacer crecer los beneficios de unas pocas compañías, estamos llevando a cabo la radicalización de toda la sociedad, y generando problemas que la propia sociedad va a tener que solucionar.

Según Berners-Lee, la solución está en la regulación. Sinceramente, no lo tengo claro. La regulación, en este mundo compartimentado en el que cada país defiende sus propios intereses, se somete a la soberanía de cada territorio, y resulta completamente inútil en la mayoría de los casos, cuando no abiertamente perversa. La regulación de internet en determinados países persigue criterios abiertamente políticos como privar a sus ciudadanos de determinados contenidos o de la exposición a ciertas fuentes y perspectivas. Buena suerte intentando influir en la regulación de países como Irán, Turquía… o por supuesto China: que el papel de las Google, Apple, Facebook y Amazon en China lo jueguen Baidu, Alibaba y Tencent no es fruto de la mayor brillantez de estas compañías ni de su mejor conocimiento del entorno, sino de una regulación que sistemáticamente ha excluido a otras compañías extranjeras, del mismo modo que los Estados Unidos pretenden ahora hacer con compañías chinas como Huawei o con ZTE. La regulación, en un mundo en el que hemos superpuesto una red global a una regulación parcelada, tiene ahora pocas posibilidades de enderezar las cosas, me temo.

La web es un proyecto en construcción, y nadie dijo que fuese a ser sencillo. Es, seguramente, uno de los proyectos más ambiciosos que hemos visto en la historia, y como tal, está sometido a enormes intereses de cara a su control. En cualquier caso, lecturas muy interesantes, fundamentales, y de fuentes más que autorizadas para decir las cosas que dicen. Si nos lleva a pensar un poco sobre estos temas y a ser un poco más conscientes de determinados fenómenos, ya habremos conseguido un buen objetivo.

 

Without net neutrality (IMAGE: ?)Así de simple: pon a un corrupto ex-lobbista de las compañías de telecomunicaciones a cargo de la FCC, propón eliminar las protecciones a la neutralidad de la red, sáltate el proceso de revisión de comentarios enviados por los ciudadanos, crea una maquinaria para enviar comentarios falsos de supuestos ciudadanos todos a favor de tus ideas… y se acabó. Te has cargado la verdadera esencia, lo fundamental que convirtió internet en lo que es.

Es un mal día para los que creemos en valores importantes: la administración más corrupta de los últimos tiempos en los Estados Unidos ha dado un puñetazo encima de la mesa, ha desoído las voces del 83% de norteamericanos y de todos los que son alguien en la red, incluido su creador, y ha decidido que los beneficios a corto plazo de las compañías de telecomunicaciones eran más importantes. No está todo perdido aún: existe la posibilidad de que el activismo ciudadano, muy activo, sea capaz de torcer la disciplina parlamentaria y que el trámite no pase la aprobación de la cámara. Después de todo, Pai ha hecho caso omiso a varios de los parlamentarios que reclamaban una investigación en el turbio asunto de los comentarios remitidos por personas inexistentes o incluso muertas a favor de acabar con la neutralidad de la red, presumiblemente enviados por compañías operando al dictado de las empresas de telecomunicaciones, y algunos de esos parlamentarios podrían decidir votar en contra si se desencadena una Congressional Review Act (CRA), en la que el escaso margen de mayoría que los republicanos tienen en la cámara podría llevar a que la reforma fuese rechazada.

En cualquier caso, eso es agarrarse a clavos ardiendo: nos pongamos como nos pongamos, estamos mucho peor que ayer. Desde fuera de los Estados Unidos, la sensación es la de ser testigos mudos de una batalla en la que no podemos intervenir, en la que sabemos que se juegan cosas importantes para nosotros, y en la que hemos sido durante demasiados años demasiado imbéciles y limitados como para intervenir.

¿Qué va a ocurrir si la reforma triunfa y es finalmente aprobada por congreso y senado? En principio, poca cosa. Las empresas de telecomunicaciones saben que no les interesa ningún escándalo más de los que ya han protagonizado. Durante un tiempo, simplemente se dejará de hablar del tema. Después, cuando el escándalo politico se dé por amortizado, empezaremos a ver ofertas, cada vez más agresivas, que incluirán aquellos servicios que los usuarios utilizan de manera más habitual. Una parte de esto ya lo estamos viendo, porque de hecho, era legal incluso en Europa: ofertas que excluyen el tráfico de WhatsApp, o el de Facebook, o el de otros servicios de la cuenta de ancho de banda disponible. Cada vez más, veremos tarifas “para la gente normal” que incluyen servicios populares, consecuencias de acuerdos de esas compañías con unas compañías de telecomunicaciones que ahora pueden “escoger ganadores” y marginar a los que no lo sean. Pocos se darán cuenta, pero la innovación en la red habrá oficialmente desaparecido como tal, porque las posibilidades de crear algo de manera independiente y de que crezca por su valía habrán desaparecido: sin un acuerdo con una operadora, no se podrá llegar a los usuarios, y se convertirá en normal que esas operadoras, si no quieren llegar a ningún acuerdo, se dediquen a crear sus propios servicios y a ofrecerlos gratuitamente para ahogar las posibilidades de las compañías que no estén bajo su control o incluidas en sus acuerdos.

Los grandes perjudicados no serán Netflix, ni Google, ni Facebook, ni Amazon… esos gigantes pueden, a día de hoy, pagar cualquier impuesto revolucionario que las operadoras les demanden. ¿Decidirá Verizon permitir a sus usuarios utilizar únicamente Yahoo!, cuyos restos mortales son ahora parte de su imperio? Parece poco probable, y sería bastante absurdo y contraproducente para sus propios intereses. Los verdaderos perjudicados seremos los usuarios y todo aquel que, por su tamaño o por principios, no pueda plantearse pagar porque su tráfico sea priorizado o incluido en las ofertas de las operadoras. Con el tiempo, veremos paquetes cada vez más específicos, más segmentados, pero en los que faltarán cosas. Cosas que cada vez serán más difíciles de encontrar, porque sencillamente, o no se podrá acceder, o tendrán una prioridad tan baja, que simplemente nos olvidaremos de que existían. Un futuro triste para lo que fue internet. Posiblemente encontraremos iniciativas interesantes para “reinventar” internet, pero serán eso, intentos de volver a lo que internet un día fue. Intentos de deshacer un error tremendo que nunca debió de producirse, que se produjo por culpa de la corrupción, de la incapacidad de la democracia para ser de verdad democracia.

Es aún demasiado pronto para saber si las cosas quedarán así, o si podrán arreglarse a corto o medio plazo. Pero una cosa es segura: con la caída de la neutralidad de la red se constata que la corrupción lo puede todo, que nunca podemos garantizar nada, que nada está a salvo de la voracidad de un político corrupto. Se constata que todo es mucho más triste de lo que podían pensar incluso los más pesimistas. Internet era un sueño de libertad, y los sueños de libertad duran lo que la triste y asquerosa condición humana se lo permite. Fue bonito mientras duró.