Network NeutralityMi columna de hoy en El Español se titula “Las operadoras y su peaje“, y es una reflexión más sobre el que es para mí el tema de la semana, la decisión del parlamento europeo de poner la red en bandeja de plata a las operadoras para que la gestionen como buenamente quieran, comentada al hilo de la que es precisamente una de las 30 obsesiones de El Español.

Como tal, y a pesar de su enorme importancia y evidente consecuencias de cara al futuro, es un tema que está pasando relativamente de puntillas por los medios, que tienden a verlo como algo relativamente “técnico” o “complejo” cuando realmente no lo es en absoluto.

Además, dediqué también a ese mismo tema la barra tecnológica de La Noche en 24 horas. El vídeo está disponible en la página del programa, la barra tecnológica empieza a partir del minuto 1:32:48.

 

Controlling the internetVamos a intentar clarificar desde un punto de vista más factual y menos interpretativo la propuesta que el parlamento europeo tomó ayer, y que previsiblemente ya no va a recibir más enmiendas ni revisiones. Fundamentalmente, me interesa resaltar la parte de la propuesta aprobada ayer que se refiere específicamente a la neutralidad de la red, los elementos fundamentales que realmente se pedían al parlamento europeo que garantizase.

De manera general, lo que se pedía era que la red pudiese seguir siendo un lugar en el que cualquiera que ofrezca una propuesta de valor interesante, pueda obtener la visibilidad y el alcance que merezca sin depender de ningún tipo de circunstancia externa. Básicamente, que la red sea simplemente un canal neutro, en el que los bits se mueven libremente sin depender de otros condicionantes como licencias de emisión, contratos privilegiados, acuerdos comerciales o intereses de terceros.

Pero partamos, antes de nada, de la definición de neutralidad de la red:

Los ciudadanos y las empresas tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiado, trazado, archivado o analizado en su contenido, como correspondencia privada que es en realidad.

Eso, ni más ni menos, era lo que se pedía al parlamento europeo que preservase. Ahora vamos con las decisiones que el parlamento europeo tomó ayer en este sentido, recordando que cuando se legisla, todo lo que no está prohibido está permitido:

  • Las operadoras podrán crear y comercializar vías rápidas para cualquier cosa que quieran definir como “servicios especiales”. Esta es la vía para que cualquiera que llegue a un acuerdo con una operadora pueda ofrecer sus contenidos a mayor velocidad que a través de la internet convencional, lo que de facto supone que las operadoras tienen la llave de la concesión de “licencias”. Olvídate de internet como plataforma ecualizadora en la que todos podemos emitir… si no tienes dinero para negociar con la operadora de turno, tus contenidos solo serán vistos por quienes tengan la santa paciencia de encontrarlos a través no de las autopistas de la información, sino de sus caminos de cabras. Permitir que las operadoras definan como “servicios especiales” con total libertad todo aquello que les dé la gana es, de facto, la muerte de la internet que conocemos.
  • Las operadoras podrán considerar distintas clases de servicios, y podrán acelerar o ralentizar el acceso en cada uno de ellos, incluso en casos en los que no haya problemas de tráfico. De nuevo, una barbaridad que permite a las operadoras erigirse en “aduaneros” del trafico. Ningún servicio innovador podrá triunfar sin que las operadoras lo permitan, e incluso servicios exitosos podrán dejar de funcionar si a la operadora de turno le interesa que así sea.
  • Las operadoras podrán negociar tarifas de zero-rating, servicios que no cuentan de cara al consumo de datos. Es decir, que si un servicio es muy bueno, pero a la operadora le interesa que uses otro, te lo ofrecerá con ventaja, compitiendo en condiciones completamente desleales con el que no puede acceder a ese zero-rating. De nuevo, la operadora como decisora de quien triunfa y quién no. Ya no es la innovación ni la calidad de la idea, es que la operadora tenga a a bien permitirse que circules por sus cables en condiciones adecuadas.
  • Las operadoras podrán gestionar el tráfico como ellas quieran en caso de congestión “inminente”, pero sin definir ni lo que es “congestión”, ni lo que es “inminente”, ni absolutamente nada. ¿Traducción? Con la excusa de una supuesta congestión, podrán perjudicar a los servicios que les dé la gana, por los motivos que buenamente quieran, y sin que esos servicios puedan hacer más que acudir a los tribunales… para que, en el mejor de los casos, les den la razón varios años después. 

Eso es lo que nuestro maravilloso parlamento europeo ha aprobado. Unos eurodiputados que supuestamente deben defender el interés general, han votado mayoritariamente convertir a las operadoras en amos de la fiesta, concederles absolutamente todo lo que ni en sus mejores sueños podrían desear – realmente, si el documento lo hubiese redactado una operadora, no podría haberlo hecho más favorable a sus intereses – y ceder únicamente el roaming, que ya era evidente que lo tenían que ceder porque no era más que una estafa. La comunicación de Günther Oettinger en este sentido simplemente añade el último insulto, dando a los ciudadanos “la enhorabuena” por el resultado y mintiendo abiertamente en cada uno de sus puntos: nada de lo que dice haber protegido está en realidad protegido, sino todo lo contrario. No es una cuestión de matices, es que es directamente lo contrario. Las operadoras pueden hacer todo aquello que el comisario afirma que teóricamente no pueden. Genial. Es el mayor ejercicio de hipocresía política que he visto en muchos años.

¿Qué lleva a Pilar del Castillo, eurodiputada española, a presentar semejante documento, en el que no se tiene en cuenta ninguno de los aspectos que había que defender relacionados con la neutralidad de la red? Soy absolutamente incapaz de plantearme como alguien puede decir de manera grandilocuente “Internet es una joya que debe mimarse” justo al final de la votación en la que acaba de matar la principal característica de internet, su neutralidad. Debo estar hecho de una pasta diferente, porque me resulta imposible entender semejante nivel de hipocresía. ¿Qué intereses o qué puertas giratorias ha podido pactar y con quién para darle a las operadoras absolutamente todo lo que pedían, y dejar a los usuarios y a la red en semejante nivel de indefensión, completamente a expensas de lo que las operadoras decidan hacer? ¿Con qué premisas hipoteca el futuro de la innovación en todo el continente y convierte a las operadoras en amos y señores de todo lo que circula por sus cables? ¿Por qué se tumbaron todas las enmiendas con la excusa de hacer una tramitación más rápida, y se vinculó todo a la eliminación del roaming como si fuera un auténtico caramelo envenenado? ¿Para qué sirve tener un parlamento europeo pagado por los ciudadanos pero convertido en el paraíso por el cual los lobbies campan a sus anchas, y que no defiende en modo alguno los intereses de los ciudadanos?

Muchas gracias, Pilar del Castillo por esa “impresionante” propuesta. Muchas gracias, Günther Oettinger, por llamarnos a todos imbéciles. Muchas gracias, eurodiputados que aprobasteis esta propuesta y rechazasteis todas las enmiendas relacionadas. Ni interpretaciones, ni mentiras, ni matices de ningún tipo: eso es lo que se os pedía, y esto otro lo que nos habéis dado, lo que habéis votado. Habéis preferido proteger los intereses de las empresas de telecomunicaciones a los de los ciudadanos. Así de sencillo. Con representantes como vosotros, decididamente, no necesitamos enemigos.

 

Keep calm and kiss Net Neutrality good byeLa propuesta sobre redes de comunicaciones electrónicas aprobada ayer por el Parlamento Europeo es una de las peores noticia que los ciudadanos europeos podríamos tener. Significa, en primer lugar, que nuestro parlamento no legisla a favor de los ciudadanos que lo eligen y de sus intereses, sino en función de lo que le dice o escribe directamente un lobby empresarial, el de las telecomunicaciones, dispuesto a maximizar sus beneficios por encima de todas las cosas. Significa que Europa va a experimentar un enorme retraso en todo lo referente a innovación y desarrollo en el futuro, porque jamás va a tener sentido para ningún emprendedor tecnológico lanzarse a desarrollar una idea en un entorno en el que todas sus posibilidades están lastradas por un campo de juego completamente inclinado a favor de las operadoras, que podrán tranquilamente ralentizar el tráfico que genere, privilegiar alternativas competidoras, crear sus propios servicios con extra de velocidad o incluso ofrecer servicios como el suyo pero cuya conectividad no cueste nada. Un entorno competitivo absurdo, que coarta las posibilidades de desarrollo de toda aquella iniciativa que dependa de las comunicaciones – lo que significa, en la práctica, toda iniciativa.

En una auténtica maniobra de partida de ajedrez, el lobby de las telecomunicaciones sacrificó el ya defenestrado y amortizado roaming para colar en la misma propuesta que le pone fin (en el 2017, no creas que va a ocurrir mañana), un texto que les permitirá en el futuro hacer lo que buenamente les venga en gana con internet: priorizar tráfico en función de su origen o de sus características, establecer servicios prioritarios, facilitar servicios con conectividad gratuita en función de acuerdos comerciales, o perjudicar intencionadamente las transmisiones de determinados servicios en función de la posibilidad de una congestión. Todo ello, sin mecanismos de control que definan o establezcan nada, dejándolo simplemente a la voluntad del regulador local o de las propias compañías. Queridos lobos, aquí tenéis el gallinero para que lo cuidéis.

La escena es de película cómica: diputados congratulándose “por haber protegido la neutralidad de la red” cuando han tumbado una por una todas las enmiendas que podían realmente haberla protegido, y lo que han hecho es condenarla, ajusticiarla en el patíbulo, y entregar a las empresas de telecomunicaciones su cabeza. Dentro de algunos años, nos sorprenderemos de que toda la innovación y todas las nuevas empresas tecnológicas nazcan al otro lado del Atlántico, y algunos aún se preguntarán el porqué… la culpa será, de manera prácticamente exclusiva, de los eurodiputados que ayer votaron esa propuesta. Mientras el gobierno norteamericano protege la neutralidad de la red con una legislación fuerte e inequívoca, en Europa preferimos favorecer al lobby de las telecomunicaciones para que puedan tener más beneficios a costa de la innovación y de hipotecar nuestro futuro. Como legislación, es de lo más irresponsable que he visto en mucho tiempo.

Ayer me pidieron desde El Español que escribiese algunos párrafos como primera reacción a la medida, que Pablo Romero ha incluido en su artículo titulado “La Eurocámara esquiva garantizar la neutralidad de la red“.

La propuesta votada hoy en el Parlamento Europeo supone una prueba palmaria de hasta qué punto Bruselas se ha convertido en una auténtica marioneta en manos del lobby de las telecomunicaciones, y en una evidencia que va a perjudicar enormemente el desarrollo de internet en el continente. Mientras los Estados Unidos deciden proteger la neutralidad de la red de manera clara y explícita, Europa prefiere “decidir no decidir”, deja todas las decisiones en manos de las empresas de telecomunicaciones, y genera un escenario completamente incierto que abre las puertas a todo tipo de abusos, a una internet a varias velocidades y a modelos basados en la escasez y la discriminación del tráfico. 

Con la anuencia del Parlamento europeo, las empresas de telecomunicaciones han maniobrado para situarse como los auténticos árbitros de la innovación, con derecho a hacer prácticamente lo que quieran sin restricción alguna. Podrán establecer “vías rápidas” privilegiadas para sus servicios, con lo que de manera efectiva podrán decidir qué servicios funcionan y cuáles no, podrán “gestionar el tráfico” a su antojo, podrán ofrecer servicios gratuitos fuera de tarificación, y podrán incluso gestionar el tráfico en función de su tipo. La auténtica “carta a los reyes” del lobby de las telecomunicaciones, graciosamente concedida por una Corte de Bruselas cada día más inútil e incompetente.

Si escucha a un político hablar de “la protección que han llevado a cabo de la neutralidad de la red en Bruselas”, no se crea absolutamente nada, y tache a ese político de la cada vez más corta lista de políticos honestos, porque solo es un hipócrita interesado y mentiroso. Dentro de algunos años, algunos se preguntarán por qué todas las empresas innovadoras están en los Estados Unidos y no en Europa: la culpa será de la decisión que el Parlamento europeo ha tomado hoy.

 

Lateral thinking (E. Dans)Me gustó este artículo en Wall Street Journal, How non-technology firms are trying to mimic startups, sobre la reciente tendencia de las compañías de montar laboratorios de innovación con estructuras y políticas diferentes a las que rigen en la empresa tradicional, con el fin de explorar posibles tendencias y desarrollos que, eventualmente, puedan desencadenar algún tipo de disrupción.

La idea tiene mucho que ver con mis nociones sobre el pensamiento lateral o sobre el isomorfismo, la tendencia de las compañías a parecerse a su entorno normativo, y cómo actúa sobre las empresas para convertirlas en entornos en los que la innovación se ve progresivamente más y más dificultada. Por supuesto, una parte del isomorfismo corresponde pura y simplemente a la búsqueda de la eficiencia: todo banco termina por parecerse a un banco del mismo modo que toda universidad termina por parecerse al resto de las universidades, simplemente porque los procedimientos, flujos de trabajo y habilidades que emplea son los más lógicos para esa tarea. Pero otras fuentes importantes del isomorfismo, como las normativas, la estandarización o la incorporación de personas de otras compañías de la misma industria terminan por hacer que las empresas se parezcan todas entre sí, y diluyan toda esperanza de innovación bajo un manto de “así se hacen las cosas porque es como se han hecho siempre”. En ese momento, algún innovador rompe alguna de las reglas establecidas, hace las cosas de otra manera despreciando algunos de los elementos tomados como indispensables, y genera una disrupción.

Para una compañía consolidada y que funciona adecuadamente la idea de crear un laboratorio de innovación donde se cuestionen los elementos fundamentales del negocio, se esté completamente al cabo de la calle de todas las tendencias con posibilidad de convertirse en disruptivas, y se opere al margen de la operativa tradicional puede parecer un importante drenaje de recursos y un gasto difícil de justificar. Sin embargo, cada día nos encontramos con más casos en los que las empresas no descubren procesos disruptivos hasta que resulta demasiado tarde, y terminan por intentar oponerse a los mismos con actitudes prácticamente infantiles y desesperadas, que en muchos casos no hacen más que empeorar las cosas.

Por alguna razón, todos los bancos saben que block chain es una tecnología que tiene la capacidad de generarles un importante nivel de disrupción, pero toda la innovación que se ve en torno a esta tecnología se ubica en startups y en compañías que nada tienen que ver con la banca tradicional, y siempre que la banca tradicional intenta innovar en este sentido, se ve constreñida en sus posibilidades por elementos que lo impiden, por una aceptación tácita de muchas de las cuestiones que esas startups deciden ignorar y convierten precisamente en el motor de la diferenciación de su propuesta de valor. No, las empresas consolidadas no tienen que incorporar en su operativa todos los elementos de las startups, entre otras cosas porque los ratios de mortalidad de las startups son dramáticamente superiores a los de estas compañías, pero sí tienen que aprender a incorporar determinados elementos que caracterizan sus procesos de generación de innovación. Que se lo digan a Google y a su nueva estructura organizativa.

Si alguna empresa quiere pensar sobre estos elementos y de qué manera no perderlos de vista construyendo estructuras como las que menciona el artículo, es una gran parte de lo que estoy intentando enseñar en mi programa actual de innovación en IE Business School. Y los casos prácticos de discusión siempre vienen de maravilla.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Innovation and lateral thinking in business