Cryptokitties

Si algo atrae atención en la red en los tiempos actuales es todo aquello basado en blockchain. Criptomonedas de todo tipo, smart contracts, registros de propiedad, transacciones de todo tipo… todo lo que contiene blockchain es bendecido automáticamente con un plus de atención. Así las cosas, solo era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriese unir blockchain con la pasión intemporal de la web: los gatitos.

Sí, ya sé que parece poco serio. Pero está ocurriendo: en este momento, el 4% de todas las transacciones realizadas en Ethereum, la cadena de bloques creada por Vitalik Buterin y considerada la más versátil, están dedicadas a la adquisición de gatitos virtuales en CryptoKitties. Mascotas virtuales con una serie de atributos (“cattributes”) que los jugadores pueden adquirir, coleccionar y cruzar entre sí en busca de determinados atributos en función de un algoritmo, tratando de obtener gatitos que, por la razón que sea, alcancen un valor más elevado. La idea de los bienes virtuales coleccionables evoca el éxito efímero de Pokémon Go, pero utiliza Ethereum para crear un registro permanente e intemporal, que permite que cada gatito tenga una trazabilidad completa y se convierta en un objeto virtual, “genéticamente” único. Además de los gatitos obtenidos por los usuarios, existen algunos otros, Fancy Cats, con características especiales, incluidos por los diseñadores del juego, con nombres especiales o atributos simpáticos (Feline Musk, Kitty Perry, etc.) El mecanismo de creación de los gatos establece un control similar al existente en las criptomonedas, con un límite determinado: en estos momentos, los gatitos son liberados aproximadamente cada 15 minutos, pero hay un límite controlado por el algoritmo para esas creaciones “de generación cero”. A partir de ahí, pueden obtenerse uniendo dos gatitos, con una serie de reglas determinadas que regulan, por ejemplo, la frecuencia o el tiempo que hay que esperar entre cada proceso. Con la excepción de los primeros jugadores, que obtuvieron un gatito gratis cada uno, todos los demás tienen que pagar por ellos.

Puro entretenimiento, sí… pero dentro de un orden: algunos de los gatitos ya han sido comprados y vendidos por cantidades que, en función de la cotización actual del ether, alcanzan valoraciones exorbitantes, como los casi $120,000 del primer gatito creado, o con múltiples transacciones establecidas en torno a los cinco mil dólares. El modelo de negocio de la plataforma es, además de vender los gatitos originales, tomar un porcentaje de un 3.75% de cada transacción. En realidad, CryptoKitties es un ICO, una oferta de tokens, en la que los tokens son los gatitos, y su valor se eleva en función de cuántas personas decidan jugar con ellos, criarlos, comprarlos o venderlos, y que, por otro lado, hace que muchos usuarios, que tienen que instalarse un digital wallet o monedero digital, MetaMask, para poder efectuar transacciones dentro del juego, se familiaricen con conceptos como las criptomonedas, Ethereum o los ICOs, con todo lo que ello puede aportar. Que alguno, de paso, pierda algo de dinero en el proceso ya dependerá del control que tengan a la hora de jugar con un juego en el que todo, absolutamente todo – menos el dinero – es completamente virtual.

 

IMAGE: Siberian Art - 123RFUna oportuna entrada de Fred Wilson, conocido inversor de capital riesgo y prolífico blogger (de los poquitos que escriben a diario, como alguno que yo me sé :-) llama a la precaución con respecto a la brutal proliferación de Initial Coin Offerings, o ICOs, y en particular contra los celebrity endorsements, los personajes famosos que utilizan su perfil en medios sociales para animar a posibles inversores en los mismos.

Una Initial Coin Offering o ICO es ni más ni menos que eso: una compañía que solicita una ronda de financiación lanzando una emisión de monedas registradas mediante blockchain, como quien acuña su propia criptomoneda dotándola de un mecanismo que valide las transacciones, y vinculándola con una inversión en la compañía. La idea, en principio, no es mala: permite establecer un mecanismo ágil de financiación en el que cualquiera puede entrar, no únicamente inversores especializados, y libre de muchas de las rigideces y controles de las rondas de financiación tradicionales.

Y el problema surge precisamente de esto: que ante el efecto llamada y el torrente de noticias en torno a las criptomonedas y su rápido incremento de valor, algunos inversores parecen pensar que todos los casos son iguales, que todo lo que tenga un blockchain detrás va necesariamente y por ello a subir como la espuma, y que todo ICO supone, por el simple hecho de serlo, una impresionante oportunidad de inversión, de esas que son demasiado bonitas para ser verdad.

Cuando las cosas son demasiado bonitas para ser verdad, suele ser porque, sencillamente, no son verdad. Entre los ICOs hay, como en todas partes, de todo: habrá compañías muy interesantes utilizando legítimamente ese mecanismo no regulado como oportunidad para levantar capital y dispuestas a utilizar ese capital obtenido de manera adecuada para generar valor, y habrá también estafadores que levanten dinero en forma de monedas acuñadas por sí mismos, que en el futuro, y dados sus planes, no van a tener ningún valor. Además, habrá otros fraudes de diversos tipos que aprovechan la popularidad del tema y la inexperiencia de muchos participantes con trucos burdos como cambiar una letra en el nombre de la compañía, ofrecer una URL incorrecta, etc. Dado que, en este momento, cualquiera puede crear una ICO sin limitación alguna, lo normal es ya que cada día se registren varias decenas de ICOs hasta suponer, tan solo en la primera mitad de 2017, un total de 1,270 millones de dólares recaudados. Si a esta nueva fiebre del oro añadimos además una serie de famosos diciendo a sus descerebrados fans que inviertan en las mismas ICOs que ellos supuestamente han invertido, deberemos pensar dos cosas: que muy posiblemente esos famosos hagan esas recomendaciones a cambio de dinero e incurran además en algún delito tipificado, y que incluso en caso de ser juzgados y encontrados culpables, su sensibilidad ante la eventualidad de una posible multa será muy inferior a la que puedan tener los idiotas que pusieron sus ahorros en una ICO porque su boxeador, su futbolista, su actor o su loquesea favoritos se lo dijeron a través de una red social. 

A la hora de evaluar una posible inversión, hay que tener en cuenta exactamente las mismas cosas que siempre se han tenido en cuenta para evaluar una inversión: la naturaleza del proyecto y sus expectativas de obtener rentabilidad, su equipo directivo y sus fortalezas a la hora de plantear el proyecto que pretenden llevar a cabo, el dinero que pretenden levantar y lo que dicen que quieren hacer con él, las razones por las que recurren a un determinado mecanismo de financiación, y sobre todo, lo que han demostrado hasta el momento, incluyendo, en el caso de proyectos con base tecnológica, los prototipos o desarrollos tecnológicos llevados a cabo. Los ICOs pueden representar, para muchos proyectos, una forma muy interesante de levantar capital ofreciendo directamente participación a posibles inversores, pero también pueden ser una oportunidad para aprovecharse de incautos sin experiencia a los que “todo eso de las criptomonedas” les suena a “oportunidad que no se puede dejar pasar”. Si el equipo que lanza el ICO no han hecho nada aún, si solo tienen planes pero nada sólido o real demostrable, si no tienen nada especial o diferencial que aportar, si pretenden subcontratar todo el desarrollo a terceros o si pretenden recaudar mucho dinero sin decir claramente para qué lo quieren, lo normal es que eso no sea un ICO, sino simplemente una estafa, una serie de aprovechados en busca de dinero fácil que emiten unas monedas con enormes expectativas sin nada que las refrenden, y que, muy probablemente, nunca llegarán a tener ningún valor.

A estas alturas, tanto China como Corea del Sur han declarado ilegales los ICOs, precisamente por su opacidad y por las posibilidades de estafa que poseen, y todo apunta a que Rusia, que por el momento solo ha advertido de sus potenciales problemas, podría estar planteándoselo. Otros países, como los Estados Unidos, anuncian su pronta regulación, aunque quieren evitar un exceso de celo controlador que pueda acabar con el potencial que tienen para financiar ágilmente determinadas ideas y proyectos. En el futuro, estoy seguro de que los ICOs jugarán un papel muy importante como mecanismo de financiación. Pero por ahora, es bueno tener en cuenta que ningún proyecto es mejor ni peor por el hecho de financiarse de esta manera, que muchos simplemente se dedican a aprovechar el ruido y la popularidad que el mecanismo trae consigo, y que bajo la novedad del esquema, hay muchos aprovechados y estafadores a los que dejarles utilizar nada menos que una máquina de acuñar moneda – del tipo que sea – supone, simplemente, una tremenda irresponsabilidad.

 

IMAGE: Denys Rudyi - 123RFLas Initial Coin Offerings, o ICOs, son un mecanismo de financiación basado en solicitar públicamente inversión en una empresa o proyecto, a modo de crowdfunding, pero utilizando blockchain como mecanismo de control transaccional, el mismo mecanismo utilizado para dar soporte a criptomonedas como Bitcoin o Ethereum (y cada vez más, a esquemas transaccionales de todo tipo).

El coin o “moneda” en un ICO es un símbolo de interés en la propiedad, un certificado de acciones digitales en una empresa. En un IPO u oferta pública inicial de acciones, los inversores obtienen participación en la propiedad de una empresa: en un ICO, los inversores compran “monedas” de la empresa y registran su propiedad mediante blockchain, y esas “monedas” pueden apreciarse en valor si el negocio resulta ser exitoso.

Con el auge de las criptomonedas y las expectativas de altas rentabilidades que muchos asocian con ellas, las ICOs se han convertido en una forma sencilla de obtener financiación para compañías o proyectos. Con respecto a las tradicionales rondas de financiación o a las complejas y caras salidas a bolsa, las ICOs se consideran una alternativa más abierta, que permite introducir a más participantes, escapar de los círculos restringidos a los grandes inversores, y dar oportunidad a posibles interesados en invertir pequeñas cantidades con expectativa de rentabilidades elevadas.

Pero lógicamente, estas supuestas ventajas para quien lanza una ICO tienen algunas contrapartidas para quienes invierten en ellas, fundamentalmente derivadas de su menor control. Dado que prácticamente cualquiera puede crear una ICO, actualmente se registran varias decenas de ICOs cada mes hasta suponer, tan solo en la primera mitad de 2017, un total de 1,270 millones de dólares recaudados, y también muchas operaciones simplemente fraudulentas. Es habitual, por ejemplo, que ICOs con cierta popularidad estén acompañados de esquemas de phishing a través de todo tipo de canales en los que los delincuentes ofrecen una supuesta participación en la oferta, pero redirigen los pagos hacia cuentas diferentes aprovechando la escasa familiaridad de muchos participantes con el uso de criptomonedas.

La gran cuestión tras los ICOs es precisamente esa: su nivel de control. Se miren como se miren, las ICOs deberían ser objeto de la misma regulación y controles que cualquier otra inversión de características similares, porque son exactamente lo mismo: una inversión de dinero fundamentada en
una expectativa de beneficios, derivados de los rendimientos de una empresa que dependen únicamente de los esfuerzos de un promotor o de un tercero. De hecho, ese párrafo anterior es precisamente el denominado Howey Test, derivado de la sentencia del caso SEC v. W. J. Howey Co., que se utiliza en los Estados Unidos para determinar si un instrumento califica como un “contrato de inversión” a los efectos de la Ley de Valores.

La noticia de hoy en este ámbito es la decisión del gobierno chino de prohibir las ICOs por considerarlas un medio ilegal de financiación, al tiempo que lanza una investigación sobre sesenta plataformas chinas dedicadas a la gestión de este tipo de ofertas. ¿Se trata, como en el caso de la prohibición de las VPN o la restricción de la participación anónima, de un paso más en el desarrollo de un sistema de control omnímodo sobre las actividades en la red por parte del gobierno del país? Lógicamente, que a un gobierno que busca tener lo todo bajo su control le surjan iniciativas capaces de capitalizarse de manera significativa sin excesivos obstáculos es algo que le puede  generar cierto nivel de preocupación, pero en este caso, todo indica que se trata, simplemente, de un intento de poner coto a una posible bolsa de fraude que, en el enormemente dinámico mercado de capitales chino, podría convertirse en una importante fuente de inestabilidad o en una salida fácil para el dinero negro. El gobierno chino, en cuyo territorio han tenido lugar por el momento un total de sesenta y cinco ICOs por un importe de 2,620 millones de yuanes (unos $400 millones) procedentes de unos 105,000 inversores, se adelanta así a otros países con una aproximación de “primero prohibo, después ya regularé”, frente a las advertencias lanzadas por otros países, como la SEC estadounidense, que tratan de encontrar un equilibrio que permita preservar la posible innovación en este área mientras intentan proteger a los inversores.

De una u otra manera, es más que posible que, según los ambientes en los que te muevas, recibas noticias u ofertas referentes a ICOs de diversas compañías. El consejo es evidente: elimina el factor en la ecuación que te deslumbra o te genera incertidumbre, y trata esas posibles inversiones exactamente igual que como las evaluarías si fuesen inversiones normales en tu moneda habitual, juzgando las posibilidades de la compañía ofertante de la manera más objetiva posible y con la mayor cantidad de información que puedas obtener. Evita el “efecto deslumbramiento” que puede surgir de la asociación con las noticias sobre la evolución de las criptomonedas y del hecho de que, antes de la llegada de los ICOs, las oportunidades de inversión de ese tipo solo llegaba a quienes se movían en ciertos ambientes, y simplemente evalúa a la compañía, a su equipo y sus posibilidades de éxito como lo harías en cualquier otro tipo de inversión.