Photos in media (Feb. 2018)

Esta semana he tenido una cierta presencia en medios por dos temas no relacionados entre sí y que, dado que esta página no solo la tengo para analizar la actualidad tecnológica, sino también un poco como “mi querido diario”, me gustaría comentar brevemente.

El primero de ellos fue la publicación de una lista en Business Insider, “Los 25 españoles del mundo de la tecnología que deberías seguir en Twitter“, amablemente convertida en lista de Twitter por Juan Andrés Muñoz para facilitar su seguimiento a quien lo desee. Un detalle de Business Insider que no esperaba, pero que no deja de tener su punto, porque mi uso de Twitter a lo largo de los años ha evolucionado sensiblemente, y desde hace bastante tiempo, lo utilizo únicamente para publicar mi entrada diaria en español y en inglés y para compartir alguna noticia publicada por terceros que considero interesante.

Si Business Insider considera que soy uno de los 25 españoles que deberías seguir, por mí encantado, porque el uso de Twitter que mantengo es precisamente eso, un intento de compartir información sobre lo que creo que es interesante en el mundo de la tecnología. Twitter supone para mí una fuente considerable de tráfico, en torno al 10% en mi página en español y bastante más en mi página en inglés, y que una publicación lo destaque, y mencione además que tengo “un tono muy didáctico y divulgativo”, considerando que me dedico a la enseñanza, quiere decir que no lo estoy haciendo del todo mal :-) Recuerdo a los posibles interesados que si alguien quiere una visión más completa de mi selección de noticias tecnológicas del día escogida con cierta regularidad, puede seguirme en este tablero de Pinterest o en mi revista de Flipboard, en las que no incluyo lo que escribo, sino únicamente lo que leo.

El segundo fue la noticia de la constitución del Consejo Asesor para la Innovación en la Justicia, una iniciativa del Ministerio de Justicia creado mediante orden ministerial como grupo de trabajo de los previstos en la ley 40.3 de la ley 6/1997. Sus funciones, según el documento oficial que detalla su creación, incluyen la identificación de necesidades, obstáculos, y oportunidades para la transformación de la Administración de Justicia, la generación de ideas para el desarrollo de políticas e iniciativas innovadoras en el sector legal, la promoción de la cultura de la innovación en el sector Justicia, la identificación de retos para las políticas de innovación en Justicia, la anticipación de tendencias emergentes y su uso en Justicia, la sugerencia de reformas legales necesarias para adaptar el ordenamiento jurídico a las nuevas exigencias planteadas por la sociedad, la propuesta de fórmulas de colaboración del sector público con el sector privado y la sociedad civil en el desarrollo de la digitalización de la Justicia, y la sugerencia de iniciativas que sirvan para impulsar la convivencia entre el Derecho y la tecnología. A petición del ministro, podría igualmente pronunciarse sobre medidas o planes que esté impulsando el Departamento, proyectos normativos, o directrices y decisiones relevantes.

La participación en el Consejo Asesor para la Innovación en la Justicia no conlleva ningún tipo de remuneración. Para mí, que el gobierno de mi país considere que puedo, a título estrictamente individual y no como representante de ninguna empresa, cargo o institución, tener algo que aportar supone toda una satisfacción: participaría en cualquier caso, independientemente del color político del gobierno que me lo pidiese. La primera reunión dejó discusiones interesantes y, sobre todo, un planteamiento operativo, abierto, poco burocrático, y con sensación de poder sacar cualquier tema o comentar cualquier idea con plena libertad. A medida que vaya avanzando la iniciativa, iré comentando mis impresiones al respecto.

 

IMAGE: Falara - 123RF

Mark Zuckerberg contesta al presidente Trump, que acusó a su compañía de haber sido siempre contraria a sus políticas, y afirma que algo debe estar haciendo bien cuando le critican tanto los que están a favor como los que están en contra. Una respuesta débil, considerando que la compañía consideró en su momento “una idea loca” que hubiese tenido algún tipo de influencia en el proceso electoral norteamericano, cuando ahora sabemos que, efectivamente, fue así. Como se comentó en su momento, no puedes pretender que has influido en el mundo porque has contribuido a alumbrar la primavera árabe, pero después negar tu influencia en otro evento que te pilla mucho más cerca. Ahora sabemos que existió toda una estrategia financiada y llevada a cabo por un gobierno extranjero para inundar las redes sociales con mensajes incendiarios para generar enfrentamiento, y que eso parece haber jugado un papel importante en el hecho de que las elecciones terminasen teniendo el resultado que tuvieron.

Las disculpas del fundador no ocultan la gran verdad: un enorme problema de ingenuidad y de exceso de confianza en la naturaleza humana que afecta no solo a Facebook, sino a la inmensa mayoría del mundo tecnológico. La investigación sobre el mayor robo de información personal de la historia, el acceso no autorizado a la base de datos de Equifax, que ha puesto a millones de norteamericanos en peligro de ser afectados por robos de identidad, parece conducir a conclusiones que apuntan, de nuevo, a una participación de algún gobierno extranjero en el incidente, que pasaría de ser un simple incidente de seguridad de enormes proporciones que se aprovechó de una desastrosa política de seguridad de la compañía, a encuadrarse dentro de una táctica de desestabilización.

Pero no hace falta irse a los grandes incidentes de seguridad o a los enfrentamientos entre países para encontrar ejemplos de esa ingenuidad y exceso de confianza: una de las tecnologías con mayor crecimiento en los últimos tiempos, los asistentes de voz domésticos, con un líder claro, Amazon, marcando la pauta con nuevos lanzamientos, es capaz de llevar a cabo todo tipo de acciones, incluyendo la interacción con dispositivos de todo tipo o la realización de transacciones comerciales, pero no es aún capaz de identificar a las personas por su voz de manera inequívoca y de admitir órdenes solo de su legítimo propietario. ¿De verdad a nadie se le ha ocurrido que esto podía ser una fuente de problemas? ¿Qué hace pensar a quien lanza y populariza una tecnología determinada que la naturaleza humana no llevará a que sea utilizada con malas intenciones, y que nos encontremos desde a publicistas imbéciles fastidiando a través del televisor, hasta a vecinos que pueden abrirnos la cerradura inteligente de nuestra casa simplemente gritando desde fuera un comando a nuestro asistente de voz?

No tenemos un problema de tecnología, tenemos un problema con la naturaleza humana. La tecnología, en realidad, tiene un importante problema de ingenuidad. Y solucionarlo sin dar lugar a un progreso más lento y costoso no va a ser una tarea fácil.

 

Twitter bird mugshotEl Partido Popular registra una proposición no de ley en el Congreso de los diputados con el fin de reformar la protección del derecho al honor, con la idea de aplicarla en las redes sociales. De nuevo, la estúpida idea de considerar eso que llaman “las nuevas tecnologías” siempre como una “terrible amenaza”, algo para lo que es “imprescindible” crear nueva legislación.

El derecho al honor está perfectamente legislado. Para mí, que incluso llegué al punto de ser llevado ante los tribunales por haber supuestamente “ofendido el honor” de una asociación de empresas (que lejos de tener ningún problema con “su honor”, me denunciaba simplemente para intimidarme y tratar de evitar que diese mi opinión sobre sus prácticas de negocio), está muy claro que el derecho al honor está incluso excesivamente legislado, llegando casi hasta la paranoia. Pensar en proteger aún más ese derecho al honor se me antoja una manera clarísima de crear instrumentos de censura, de dotarse de herramientas siguiendo el estilo del gobierno turco de Erdoğan, que permitan judicializar la conversación o pretendan convertir la falta de educación en delito. 

Francamente, una ley que haga más fácil denunciar a los ciudadanos cuando insultan a otros en las redes sociales es algo que me preocupa. No porque me gusten los insultos ni porque considere que deba protegerse de alguna manera al que insulta, sino porque estimo que el honor está ya suficientemente protegido, y que aquel que siente que la participación de un tercero en las redes sociales insulta su honor, tiene ya más que suficientes herramientas jurídicas como para reclamar protección. Si nos fijamos en la gran mayoría de las democracias modernas, lo normal no es dedicarse a endurecer la protección al honor ante la llegada de las redes sociales. Ese tipo de tendencias legislativas son, como todos los intentos por incrementar el control de la red, típicas de países como Turquía, Irán o China. Por algo será.

La mala educación, el mal gusto, las injurias o las ofensas en las redes sociales son un problema, sí. Como ya he dicho en muchas ocasiones, los protocolos de uso tardan mucho más en desarrollarse que las propias herramientas que los soportan. Que por alguna razón, una parte de la sociedad haya decidido ignorar las normas de educación que acordamos como sociedad a lo largo del tiempo para regular nuestro comportamiento y evitar que acabemos a bofetadas es, como tal, un problema, pero no un problema que no tenga solución con las herramientas legislativas con las que ya contamos. Estamos de acuerdo: la sinceridad está sobrevalorada. Aunque pienses que alguien es un imbécil, nada te obliga a decírselo en público, y de hecho, lo normal, considerando unas normas de buena educación que no están ahí por casualidad, es que no debas decírselo, por mucho que creas que le haces un favor diciéndoselo. Lo más normal es que la persona, ademas, no quiera que se lo digas, y de hecho, le moleste, o incluso piense que ofendes a su honor. Pero un insulto es un insulto, sea en la red, en un periódico o en la calle, y pretender que “las nuevas tecnologías” (¿cuántos malditos años tiene que tener una tecnología para que el Partido Popular deje de considerarla “nueva”?) son de alguna manera “un entorno diferente” para el que es preciso crear legislación especial es un error. Y además, potencialmente muy peligroso.

El intento de endurecer la protección del derecho al honor es, simplemente, una forma de dotarse de herramientas para procesar a aquellos que digan algo que nos parece mal. Una manera mal entendida de intentar elevar las barreras de entrada, de pretender que la buena educación surja por el método del palo. No, la buena educación no se consigue con amenazas de “te meteré en la cárcel si te portas mal”. Es precisamente lo que hacía falta en España y lo que sin duda arregla nuestros problemas: una ley especial para meter en la cárcel a usuarios de redes sociales. Y más cuando ya existen suficientes leyes que permiten castigar ese tipo de delitos… cuando lo son.

Me preocupa seriamente que el partido en el gobierno en mi país muestre una actitud ante la tecnología que siempre comience con lo malo, con la preocupación, con los supuestos peligros. ¿No sería más lógico pensar en las redes sociales como una manera de captar opinión, o como una forma de comunicar con los ciudadanos, como hace el gobierno norteamericano? ¿Vemos acaso en los Estados Unidos leyes para proteger más aún el derecho al honor? ¿O más bien al revés, vemos como se obsesionan por proteger la libertad de opinión? ¿Tiene sentido que siempre que el partido en el gobierno mencione algo que tenga que ver con la tecnología lo haga para intentar “protegernos de sus supuestos peligros”? ¿No es esa una actitud cansina y profundamente reveladora? Por favor, la tecnología está cambiando el mundo tal y como lo conocemos en muchísimos sentidos, y todo lo que el Partido Popular piensa es en “cómo protegerse de todos esos cambios”!! ¿Qué diablos de actitud es esa?

Y por cierto, Partido Popular… la mejor forma de proteger el honor es comportándose sistemáticamente de manera honorable.

 

Agenda Digital: retos y desafíos para una España actual - ABC

Jose Manuel Sánchez, de ABC, me envió un par de preguntas por correo electrónico para documentar su artículo sobre los retos de España y de Álvaro Nadal al frente del ministerio en la Agenda Digital, a raíz de su inclusión en la nueva cartera del Gobierno. El artículo se titula “Agenda Digital: retos y desafíos para una España actual” (pdf).

La agenda digital viene dictada por Europa a modo de “santo grial” que hay que seguir para no quedarnos supuestamente descolgados, y se centra en varios aspectos como el desarrollo de la economía digital, el despliegue de redes o la mejora de la llamada e-Administración. En realidad la agenda digital europea – y por tanto, su trasposición a los distintos países – es un texto ramplón creado por personas con una visión terriblemente restrictiva y temerosa de la tecnología, carente de ambiciones, escasísimo en sus planteamientos, en donde se dejan completamente de lado los elementos más importantes del futuro y de la transformación digital, y que ignora además algunos de los elementos de control más importantes fundamentales para evitar que el futuro se vea condicionado por los intereses económicos de unos pocos, por lo que mucho me temo que salvo que exista una estrategia propia de los países para ir más allá, no vamos a poder esperar gran cosa de una iniciativa así. 

A continuación, el texto completo que envié a Jose Manuel sobre el tema:

La agenda digital europea no es especialmente ambiciosa ni acertada, y parte de muchos errores fundamentales. Considera la transformación digital como “una lista de deberes”, una serie de recuadros en los que poner una X, y eso no es en absoluto así. La transformación digital de un país, y más en el entorno de una unión supranacional como la Unión Europea, tiene que comenzar por un cambio de actitudes, por una transmisión de valores que dejen inequívocamente claro que la transformación digital no es en modo alguno “una opción” o “un deseo”, sino una obligación absolutamente prioritaria. Consiste en cambiar la mentalidad de cada político, cada secretario de Estado y cada funcionario para que entiendan que es imprescindible no solo trabajar de otra manera, sino posibilitar que otros lo hagan sin interferencias. La e-Administración no se intenta: la e-Administración se impone por la fuerza. Se elimina el papel de un día para otro, se quitan las máquinas fotocopiadoras, se fuerza a trabajar sobre medios electrónicos y se dotan los medios de comunicación con el ciudadano a través de canales electrónicos que sean necesarios. Pensar que eso es “imposible”, que “es necesaria mucha formación” (cuando hoy la tecnología es más sencilla que nunca) o que “habrá mucha oposición” es posponer el problema con falsas excusas. 

En lo tocante al desarrollo de la economía digital, lo que hay que pedir a la clase política es, básicamente, que se quite del medio y no moleste. Es fundamental que tome una actitud constructiva, que abandone actitudes derrotistas centradas en “los terribles peligros” de la tecnología, y sobre todo, que nunca, en ningún caso y bajo ningún concepto intente proteger a la industria tradicional ni al incumbente. Quienes estaban antes en una industria o quienes la lideraban anteriormente nunca necesitan protección: si no son capaces de protegerse por si mismo, deben adaptarse para hacerlo. Protegerlos artificialmente desde la política implica en realidad condenarlos a una muerte lenta y dolorosa por inadaptación, además de generar un retraso tecnológico para todos. La idea de “proteger puestos de trabajo” choca con la realidad de que esos puestos, si no se les fuerza a adaptarse, desaparecerán de todas maneras cuando otros, desde otros países, generen esas alternativas imposibilitadas o dificultadas aquí.

Favorecer la economía digital no es destinar dinero a subvenciones: los países más destacados en ese sentido no siguen esa estrategia, que genera emprendedores y compañías especializados en “la caza del dinero fácil” y que lo priorizan sobre el desarrollo y la estrategia de sus compañías. La burocracia es el peor enemigo del desarrollo.

De cara al imprescindible despliegue de redes, hay que tener clarísima la importancia de que las redes sigan manteniendo su característica fundamental, que es el hecho de ser neutrales y abiertas. Si hipotecamos el desarrollo de las redes a los deseos de las empresas de telecomunicaciones, nos encontraremos con un despliegue de redes que responde a sus intereses y no al bien común, redes sobre las que se desplegarán servicios según las prioridades de las empresas de telecomunicaciones, no según esquemas de competitividad. Ceder a los deseos de las empresas de telecomunicaciones en ese sentido es un tremendo error, por muy privilegiado que sea su acceso al poder político.

 

Gobierno de EspañaMi columna en El Español de hoy, titulada “Un gobierno contra internet“, es un resumen de la enorme indignación que me provoca ver cómo un gobierno integrado por incompetentes y desfasados tecnológicos ha sido capaz, a lo largo de cuatro años, de destrozar la imagen de España a nivel internacional, de convertirla en un país rancio y del que solo se pueden esperar actitudes en contra de la tecnología y la innovación.

Un país en principio atractivo por condiciones de vida, por clima y por nivel de desarrollo, convertido en un sitio que cualquier emprendedor intentaría evitar por todos los medios posibles. Un auténtico desastre fraguado a lo largo de cuatro años de no entender nada: la tragedia de un gobierno desactualizado. No sé si más desactualizado que el gobierno anterior, el anterior o el anterior, pero decididamente, uno con el que el desfase se ha hecho tan grande, que nos ha llevado a un máximo de percepciones negativas. Algunos todavía creen que esto de la actitud de un gobierno ante internet, la tecnología o el emprendimiento es una cuestión meramente anecdótica, que debe quedar relegada ante “los grandes temas”, la economía, etc. No, no es así. Curiosea un poco los enlaces de la columna, y lo verás. La actitud ante estas cuestiones representa una prueba de otras muchas cosas, una actitud ante la vida, una forma de demostrar lo poco que entienden el mundo actual.

Esperemos que sea el último gabinete que tengamos que ver con semejante tipo de actitudes. Fuera con ellos. Que pase el siguiente, por favor…