Amazon no es el ogro - Actualidad EconómicaMiguel Ors Villarejo, de Actualidad económica, me llamó para hablar sobre Amazon, y este mes ha publicado un artículo en la revista titulado “Por qué Amazon no es el ogro” (pdf) en el que comenta algunos de los temas de los que hablamos, en lo que fue una conversación telefónica larga y la mar de agradable.

Fundamentalmente, hablamos sobre las características que hacen a Amazon enormemente exitosa, hasta el punto de convertirse en una de las compañías que más rentabilidad ofrecerían a un hipotético accionista que hubiese adquirido sus acciones cuando salió a bolsa en mayo de 1997, que a día de hoy obtendría un apabullante 67288% – por poner contexto, la revalorización del índice NASDAQ en ese mismo período ha sido de un 412%. Esa rentabilidad, además, la ofrece a pesar de ser una compañía que durante la gran mayoría de los trimestres en los que ha operado ha ofrecido resultados negativos, jamás ha dado dividendos, y sistemáticamente ha estado por debajo de las previsiones de los analistas, dejando claro que lo que realmente valoran sus accionistas es su capacidad para crecer y para reinvertir los beneficios en la mejora continua de la actividad.

¿Qué características son esas? Por un lado, una auténtica obsesión por el análisis cuantitativo: todo en Amazon responde a ello. Si en una supuesta entrevista de trabajo con ellos hablas de tu intuición, de tus corazonadas, de tus presentimientos o de tu clarividencia como directivo, date por no contratado: las corazonadas son como las opiniones y como los culos, todos tenemos uno… si quieres tomar decisiones, trae datos, como en la frase de W. Edwards Deming. Todo lo que se hace en Amazon forma parte de una estrategia dedicada a someter a pruebas estadísticas toda decisión, sea un precio, el posicionamiento de un botón, o la anchura de una caja de texto. Todo. Es el reino del A/B test, el mundo del contraste de hipótesis y la territorio de la estadística avanzada, una auténtica obsesión por el dato. Si quieres trabajar ahí, ponte las pilas, porque se evaluará eso por encima de muchas otras características.

Además, es una compañía obsesionada con la idea de la plataforma: cualquier cosa que desarrollen, sea un almacén, un procedimiento logístico o una herramienta de cloud computing, es inmediatamente ofrecida a terceros para diluir su coste y convertirla en rentable. Desde la primera idea de vender libros, todo se ha dirigido a extender el ámbito de actividad: si hay que desarrollar almacenes propios porque los procedimientos logísticos de la industria editorial eran espantosamente ineficientes y generaban quejas constantemente en los clientes, lo siguiente es ofrecer a otras compañías que usen esos almacenes para distribuir a través de Amazon, poniendo a la compañía en situación de convertirse en una plataforma sobre la que otros desarrollan su rentabilidad. De hecho, en España llevamos tiempo viendo la explosión de una “nueva” categoría de actividad:  la de profesionales y compañías que se dirigen a terceros con la idea de optimizar su presencia en Amazon, con técnicas similares al SEO y al SEM, pero en el contexto del gigante del comercio electrónico.

¿Da miedo Amazon? Por supuesto, como comentábamos no hace mucho, se ha convertido en la compañía que más miedo da a las empresas tradicionales norteamericanas, más aún que aquella Google de la que el gran Jeff Jarvis decía que “no importaba a qué te dedicases, Google acabaría haciéndolo mejor que tú… y además, gratis”. De hecho, Amazon se ha hecho tan grande, que para muchos, la posibilidad de quedarse fuera de esa plataforma ya se asemeja más a una condena que a una estrategia empresarial plausible o recomendable. Y estar dentro, por otro lado, implica todo un conjunto de nuevas reglas, que ponen a Amazon de nuevo en situación de dominar completamente el panorama: si eres distribuidor de un tercero y vendes mucho, el ojo que todo lo ve de Amazon se enterará, se dirigirá a tu fabricante, y te desintermediará sin piedad privilegiando además su opción en su algoritmo de recomendación, ese que es responsable de en torno a un tercio de sus ventas. Ni contigo, ni sin ti: opción compleja donde las haya.

¿Es Amazon una historia de éxito? Indudablemente. ¿Es perfecta? En absoluto. Por el momento, ha sido una de las primeras de las compañías de su tamaño en tomar decisiones como la de declarar los beneficios de su actividad en el país en donde los produce, poniendo fin a lo que fue durante años una práctica empresarial habitual, legal, pero con consecuencias escasamente sostenibles en el tiempo. Por otro lado, hablamos de una compañía que analiza todo en términos de eficiencia, aunque ello pueda llegar a conllevar situaciones tan espantosas en pleno siglo XXI como el que una persona termine trabajando once horas seguidas y haciendo pis en un bote en lugar de yendo al baño en condiciones porque necesita hacerlo para cumplir su cuota de reparto. ¿Se prolongan esas situaciones en el futuro? ¿Son esclavos los trabajadores de Amazon? No de manera sistemática porque no sería sostenible, pero sí puede ocurrir a determinado niveles, como aquellos trabajadores de almacén – ahora progresivamente sustituidos por robots achaparrados de color naranja – que corrían por el almacén con un auricular en la oreja y que terminaban no solo exhaustos, sino además escuchando voces en su cabeza cuando descansaban.

Sin duda, una historia que privilegia la eficiencia al máximo, conlleve lo que conlleve, con un liderazgo profundamente carismático, y que no duda en sacrificar determinados estándares en pro de una velocidad de crucero mayor. Fascinante, aunque como toda historia fascinante en el mundo en que vivimos, no deje de tener sus aristas y sus claroscuros. Una empresa con un sitio reservado en el imaginario colectivo para cuando alguien, en el futuro, intente hacer una lista con las compañías que más contribuyeron a cambiar el mundo. Ahí lo dejo.

 

Apple TV, Amazon Prime Video, Google Chromecast y las peleas de las plataformas de Denken Über

Ayer Google y Amazon hicieron pública una pelea que muchos conocíamos y donde el Video es rey.

Google retira YouTube como app del hardware de Amazon porque Amazon dejó de vender hardware de Google.

Menos de 12 horas después aparece Amazon celebrando que Amazon Prime Video tiene app en Apple TV y Apple los recomienda en el App Store.

¿El contenido es rey? ¿Build it and they will come? ¿En internet todos podemos competir contra todos?

Cuando ves un gigante como Google tomando represalias comerciales contra Amazon ves claro que l peso de las plataformas de distribución lidera hoy cualquier discusión… y al mismo tiempo entendés que casi ningún startup tiene chance de competir si entra en la mira de GAFA.

Tal vez por eso, pese a sus errores, cada día admiro más la determinación de Spotify, Snapchat y algún otro.

Apple eats ShazamShazam es una de esas compañías que parece que lleva ahí toda la vida, y que, al menos cuando comenzamos a usarla, nos parecía indistinguible de la magia. En realidad, no es magia: funciona mediante huellas digitales acústicas, y lleva funcionando desde 1999, primero como un servicio que se activaba a través de una llamada de teléfono a un número corto que escuchaba durante un máximo de treinta segundos y devolvía el nombre de la canción mediante SMS, y ya después de la llegada de las tiendas de aplicaciones, como una app que se ha mantenido consistentemente en los niveles altos de los rankings de descargas.

Ahora, TechCrunch anuncia que Apple está en conversaciones para adquirirla por un precio estimado de unos 400 millones de dólares, muy por debajo de su valoración extraoficial en función de sus rondas de inversión, que se estimaba en torno a billón de dólares. La compañía había captado anteriormente 143.5 millones de dólares a lo largo de hasta doce rondas de inversión en las que participaron fondos como Kleiner Perkins, DN Capital o IVP, y empresas como  Sony Music, Universal Music o Access Industries (dueños de Warner Music). La adquisición, por tanto, otorgaría a los fondos una rentabilidad muy inferior a la esperada, pero situaría a los inversores estratégicos, fundamentalmente empresas discográficas, en una posición de práctica apuesta por Apple Music. Lo más posible, por tanto, sería que tras la adquisición, Shazam, que obtenía sun ingresos en su práctica totalidad de las comisiones de tiendas de música como Spotify, Play Music o la propia Apple Music, suspendiese sus acuerdos con las competidoras y se convirtiese en un servicio específico de localización de música para Apple, que pasaría a ahorrarse además esas comisiones. 

¿Por qué vender una compañía que se ha mantenido siempre en niveles elevados de popularidad por una cantidad sensiblemente inferior a la valoración que estimaban de ella sus inversores? Simplemente, porque las comisiones no dan para sostener esas estimaciones, y tras varios años comprobándolo de manera fehaciente, era preciso corregirlas. Sí, somos muchos echamos mano de nuestro smartphone o de nuestro smartwatch  para lanzar Shazam cuando queremos saber qué está sonando, pero muy pocos los que, como consecuencia de ello, llevamos a cabo los pasos subsiguientes que llevan a su adquisición. De hecho, Shazam había obtenido en 2016, tras diecinueve años de existencia independiente, tan solo 54 millones de dólares en facturación y 5.3 millones en pérdidas, lo que permite entender el por qué del severo ajuste en su valoración y el que se situase a sí misma como posible objetivo de adquisiciónSi adquiriendo Shazam por una cantidad importante pero sensiblemente descontada a la que hay que sustraer además lo que pagaba en comisiones, Apple consigue terminar con el millón de clics al día que la app enviaba a Spotify y Play Music y redirigir una parte de ellos a Apple Music, estará dando un paso más para establecer su servicio, que actualmente cuenta con unos treinta millones de suscriptores frente a los sesenta millones de usuarios de pago sobre un total de 140 millones que tiene Spotify, como jugador importante en el mundo de la distribución de música comercial.

Por otro lado, integrando Shazam en su ecosistema, Apple obtiene un servicio que le permite entender mucho de las tendencias musicales y del interés que generan las creaciones. En 2016, la compañía anunció que su app había superado ya los mil millones de descargas, y que había sido utilizada para identificar más de treinta mil millones de canciones, unos datos que sin duda, interesan a las discográficas y a la propia Apple. Además, la integración de Shazam como una funcionalidad del sistema permitirá a Apple ofrecer una muy necesaria mejora a su Siri, que ahora podrá servir para identificar lo que está sonando a su alrededor, y se integrará presumiblemente en el HomePod, el altavoz inteligente que la compañía, tras su inicial retraso, tiene previsto sacar al mercado a principios de 2018.

La compra será, si se confirman las cifras, la más importante que la compañía haya realizado en este ámbito desde la adquisición de Beats por tres mil millones de dólares en mayo de 2014, y apunta a una posible escalada en la estrategia de Apple en el mundo de la música, que debería preocupar, entre otras a Spotify. Y muy posiblemente, a las discográficas… aunque todavía no se hayan dado cuenta.

 

IMAGE: lkeskinen - 123RFGoogle, acosada por las marcas que planteaban retirar su publicidad de YouTube debido a los escándalos que rodeaban los vídeos de contenido supuestamente infantil, anuncia que se dispone a llevar a cabo un nivel de moderación mucho más agresivo para evitar que malos actores se aprovechen de la apertura de su plataforma, y que contratará hasta diez mil personas durante 2018 para llevar a cabo procesos de inspección manual de contenidos.

En las pasadas semanas, YouTube ha suspendido 270 cuentas y ha eliminado unos 150,000 vídeos considerados ofensivos o desaconsejables para niños, en un esfuerzo por normalizar y reconducir la situación. Además, la compañía planea seguir utilizando machine learning para ayudar a esos supervisores a eliminar casi cinco veces más videos de los que serían capaces de revisar de manera puramente manual. Según los datos manejados por YouTube, los contenidos revisados e identificados de manera algorítmica habrían requerido la supervisión de 180,000 personas trabajando 40 horas a la semana. Además de llevar a cabo la citada supervisión, la compañía difundirá un reporte regular sobre los avances en la ejecución de este plan, y adoptará un nuevo enfoque en publicidad con criterios más estrictos y más procesos de curación manual. 

Los esfuerzos de YouTube evocan los de otra compañía de su misma industria, Facebook, que el pasado mayo anunció la contratación de tres mil personas más para unirlas a las 4,500 que ya tiene en todo el mundo trabajando en supervisión de contenidos, y que en octubre, coincidiendo con la revelación de las inversiones de capital ruso en campañas publicitarias destinadas a sesgar la campaña electoral de las pasadas elecciones presidenciales, anunció la contratación de mil personas más para la supervisión de esos anuncios.

¿Cuántas personas en el mundo trabajarán en un futuro en la supervisión de contenidos? ¿Estamos hablando de una de esas “nuevas profesiones” que podrían definir las sociedades del futuro, o de un trabajo de los de la llamada gig economy, desempeñado a tiempo parcial y que termina por generar empleo de baja calidad que lleva a los que lo desempeñan a no sentirse humanos? Según algunos estudios, la carga psicológica que supone pasarse horas inspeccionando contenidos entre los que aparecen todo lo peor del ser humano puede generar problemas psicológicos de diversos tipos y síndrome de estrés post-traumático, lo que lleva a que la necesidad de adiestrar algoritmos para una supervisión precisa y adecuada que libre a los trabajadores humanos de los contenidos de naturaleza más gruesa sea todavía más acuciante.

¿De qué estamos hablando? Las compañías que ahora anuncian importantes contrataciones de miles de personas para esta función parecen asumir que, en el futuro, esos trabajos serán desempeñados por algoritmos, no por personas, y que esas contrataciones, por tanto, tendrán únicamente una naturaleza temporal. Esas personas están siendo contratadas porque las máquinas no llevan aún a cabo ese trabajo con el nivel adecuado, pero a su vez, sus acciones están siendo empleadas para adiestrarlas y que lo hagan mejor en el futuro, eliminando la necesidad de esos empleos humanos. La paradoja persiste: por mucho que Amazon contrate a muchísimas personas, se convierta en uno de los generadores de empleo más importantes de los Estados Unidos, y sus trabajadores se reciclen en otras funciones a medida que su trabajo es llevado a cabo por robots, la realidad es que a medida que el ejército de robots crece, el empleo total generado por la industria disminuye, y que en el futuro, hay muchos trabajos que nos resultará raro imaginar desempeñados por personas.

¿Se limita la sustitución a los trabajos de las denominadas 4D, Dull (aburridos), Demeaning (degradantes), Dirty (sucios) o Dangerous (peligrosos), o hablamos de un proceso sensiblemente más complicado y con más matices? ¿Veremos en el futuro a miles de personas contratadas como “content inspectors”, supervisores de contenido y sometidos a enfermedades laborales derivadas de ello, o hablamos de empleos temporales hasta que un algoritmo sea capaz de llevar a cabo esa tarea al nivel adecuado? ¿Tiene sentido tener a un ser humano corriendo en un almacén mientras recibe órdenes por un pinganillo, sentado en una línea de cajas moviendo y escaneando artículos, conduciendo en medio del infernal tráfico de una gran ciudad o enfrentándose a horas de contenidos que reflejan lo peor del ser humano? Y tenga o no sentido, ¿qué pasa con las personas que hoy viven de llevar a cabo esos trabajos?

Cada día que pasa, surgen nuevos trabajos temporales de escasa calidad en logística, conduciendo, en tareas repetitivas o en otras que escasamente podrían considerarse enriquecedoras o esencialmente adecuadas para las habilidades de un ser humano… ¿hablamos de un fenómeno de ajuste, o de una perversión de un capitalismo que va eliminando los controles y los logros que llevó muchos años conseguir? ¿Cuál es el futuro de la relación del reparto de tareas entre máquinas y hombres?

 

La ultima frontera de las redes sociales - Cambio16Gonzalo Toca, de Cambio16, me llamó para hablar sobre el fenómeno de las fake news y la necesidad de las redes sociales de controlar la información que difunden, incluso derivada de requerimientos legales para ello, y hoy publica “La última frontera de las redes sociales“, en donde cita algunos de mis comentarios al respecto.

Mi posición en este tema intenta dejar claro que hablamos de un problema enormemente complejo: no se trata simplemente de pasar de manera ingenua una ley con importantes sanciones económicas que conmina a las redes sociales a eliminar actualizaciones utilizadas para diseminar el discurso del odio en cuanto lo vean, porque en modo alguno resulta así de sencillo. Los gobiernos que aspiran a solucionar el problema con semejantes medidas pecan ya no de ingenuidad, sino de auténtica estupidez.

Estamos ante situaciones completamente nuevas, sin precedentes, ante las que las propias redes sociales no saben qué hacer: por un lado, no pueden – ni mucho menos deberían – arrogarse un supuesto “monopolio de la verdad” y dedicarse a censurar información en función de sus propios criterios, porque eso, sin duda, terminaría por generar problemas mayores aún. Tampoco pueden plegarse a los deseos de un gobierno en concreto o de una legislación que prohiba determinadas cosas, porque hablamos de herramientas de difusión universal sujetas no solo a fueros jurídicos muy variados, sino incluso a problemáticas muy locales: lo que es delito flagrante y muy castigado en Alemania, no lo es en otros países, del mismo modo que informaciones consideradas perfectamente dentro de la libertad de expresión en ese país son causa inmediata de cárcel en Thailandia o en Turquía. El entorno es complejo, porque superponemos a la clásica división de fronteras una serie de herramientas que, de manera natural, no las tienen.

Pero además, luchamos contra otro problema de índole superior: la naturaleza humana. El sensacionalismo y el amarillismo siempre han tenido numerosos adeptos, hasta el punto que en países como el Reino Unido o la propia Alemania, algunas de las publicaciones más vendidas, como The Sun o Bild son probablemente los más claros exponentes de ese tipo de “periodismo” (y sí, las comillas están ahí para remarcar que respeto el periodismo y desprecio ese tipo de publicaciones). La naturaleza humana es la que lleva a una persona a difundir noticias que favorecen su punto de vista, aunque este sea sectario, histriónico o exagerado hasta lo grotesco. O que, ante la llamada de atención de una red social que advierte que esa noticia podría ser falsa en función de su contraste con otras o con la opinión de fact-checkers considerados fiables, reacciona con redoblados esfuerzos para difundirla y lo hace, además, con un texto en mayúsculas y con signos de admiración que dice “comparte esta noticia que la red social quiere censurar”.

El problema no solo no es sencillo, sino que requiere de soluciones my complejas. Algunos creen de manera ingenua que “los algoritmos” pueden diferenciar una noticia verdadera de una falsa, como si las inteligencias artificiales fuesen capaces, de la noche a la mañana, de superar a las naturales empleadas en tal propósito. No es así. Los algoritmos pueden llegar a reconocer determinados patrones de difusión, probablemente a crear señales y etiquetas de alarma si detectan una difusión exageradamente rápida o entre personas con perfiles muy afines. Pueden posiblemente pero no de manera sencilla, reconocer cuentas falsas o con una actividad sospechosa, o comparar versiones de una misma noticia y relacionarlas, como hace Google en Google News constantemente. Pero de ahí a etiquetar con decisión lo que es verdad y lo que no lo es, va un tramo, y dado que no todas las verdades son hechos comprobables y en estos temas hablamos muy a menudo de opinión, la frontera se muestra enormemente escurridiza. ¿De verdad querríamos redes sociales que de manera algorítmica censurasen determinadas opiniones? ¿Qué diría la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, por poner solo un fuero en el que este tipo de actitudes tendrían problemas?

Las redes sociales deberán, por tanto, comenzar a estudiar un problema de naturaleza compleja, en el que tendrán que emplear no simplemente algoritmos que cuesta mucho desarrollar y entrenar (y un campo en el que veremos infinitos errores y falsos positivos), sino también con editores humanos, con sistemas de alerta y etiquetado por pares, con fact-checkers, con recurso al periodismo considerado fiable o de fuentes comprobables, y con mucha, mucha paciencia. No es tan sencillo como decir “múltese a quien contribuya a difundir noticias falsas”, porque lo mismo estaremos hablando de usuarios desinformados o muy polarizados, que de enormes estrategias puestas en marcha con recursos cuasi-ilimitados de agencias gubernamentales dispuestas a desestabilizar o a sesgar situaciones en función de sus intereses. No, la injerencia rusa sobre las elecciones norteamericanas que está investigando el fiscal especial Mueller no es cosa de fantasía, como no lo son situaciones similares en muchos otros entornos que Rusia también ha llevado a cabo. Vivimos épocas en las que este tipo de actitudes han pasado a considerarse nuevas y muy potentes fuerzas en el contexto geopolítico internacional, con todo lo que ello conlleva.

Antes de compartir sin leer, de hacer algo tan humano como intentar reforzar tus puntos de vista con otros presuntamente afines, o de perder la razón exagerando o polarizando sin límites, deberíamos pensar eso, que estamos ante situaciones sin precedentes, que las redes sociales han rebajado muchísimo las barreras de entrada a la manipulación, y que se trata de un problema complejo que requiere soluciones que, sencillamente, no tenemos, que hay que trabajar con colaboración de todas las partes implicadas. No se trata de amenazar con multas, ni de sancionar sin más, sino de ser creativos y tratar de investigar con todos los medios disponibles. No es un problema irresoluble. Pero sin duda, no va a ser nada fácil dar con él.