Henry Ford is killing jobsEl Fraunhofer Institute of Industrial Engineering publica un estudio auspiciado por los sindicatos y la industria del automóvil alemana en el que afirma que la transición a los vehículos eléctricos dará lugar a la pérdida de unos 75,000 puestos de trabajo, asumiendo un escenario en el que, en 2030, el parque automovilístico sea aún un 60% de combustibles fósiles, un 15% de híbridos y un 25% de eléctricos. Además, afirma que en caso de acelerarse esta transición, los puestos de trabajo eliminados podrían alcanzar los cien mil.

La industria automovilística alemana supone unos 840,000 puestos de trabajo en el país, de los cuales, 210,000 están vinculados a la producción de motores: una fábrica de baterías requiere únicamente una quinta parte de los trabajadores que necesita una fábrica de motores, y el ensamblaje de un vehículos eléctrico requiere un 30% de tiempo que los complejos vehículos convencionales de combustibles fósiles.

De los 97 millones de vehículos vendidos durante 2017, únicamente un 2% fueron eléctricos. Sin embargo, el número de vehículos eléctricos en las carreteras se triplicó entre los años 2013 y 2015, y se duplicó de nuevo entre 2015 y 2017. Tanto la autonomía de los automóviles como el número de puntos de recarga han crecido notablemente, lo que permite albergar esperanzas sobre la adopción progresiva de la tecnología. En 2018, las ventas de vehículos eléctricos está previsto que alcancen los 1.6 millones, y a medida que los costes de fabricación caen por debajo de los vehículos convencionales de gasolina y gasoil, un hito previsto para el año 2030, cada año debería suponer un nuevo récord en las ventas, según datos de Bloomberg New Energy Finance (BNEF). Un gigante como China se dispone a vender más de la mitad de los vehículos eléctricos del mundo adoptando políticas de incentivos gubernamentales y políticas que imitan las implantadas en California, dando lugar a un incremento aún mayor del parque instalado y de las economías en producción. A medida que los automóviles avanzan en el camino de la electrificación, la industria va a ver cambios que no había visto en décadas

Indudablemente, la combinación de la llegada de tecnologías que permitan una progresiva automatización y la de productos mucho más eficientes va a generar la pérdida de muchos puestos de trabajo. ¿Qué pretende la industria alemana del automóvil, los sindicatos y muchos otros actores, como gobiernos de todo el mundo? ¿Evitarlo? ¿De verdad? ¿Cuál es la alternativa? ¿Deberíamos, para evitar esos puestos de trabajo, mantener todas las prácticas industriales que los generan y congelar el avance y la adopción de toda innovación que los pueda poner en peligro? Llegar a una conclusión así, me temo, solo reflejaría algún tipo de mentalidad disfuncional, y resulta completamente absurdo si lo sometemos a un mínimo análisis.

Solo la búsqueda de una mayor eficiencia es susceptible de salvar el planeta, evitar el calentamiento global y elevar los estándares de vida. Escuchar a industrias o sindicatos anclados en el inmovilismo, que únicamente pretenden mantener una situación a todas luces insostenible es la mejor manera de destrozar nuestro futuro. Durante toda la historia económica de la humanidad, hemos vivido la desaparición de puestos de trabajo y las subsiguientes protestas, la aparición de otros puestos de trabajo nuevos y a menudo inimaginables, y eso solo ha significado la transición hacia una economía cada vez más eficiente, un crecimiento sostenido de la generación de riqueza y un incremento progresivo del bienestar. Son muchas las industrias que, ante un proceso disruptivo, intentan recurrir al lobbying para prolongar los contextos en los que podían maximizar sus beneficios, y es más importante que nunca ignorar esos esfuerzos y demostrarles que el progreso va a continuar, con ellos o sin ellos.

Trabajar por una distribución más adecuada de la riqueza o por la provisión de alternativas para aquellos que pierden sus puestos de trabajo puede tener sentido, pero siempre teniendo en cuenta que cualquier freno en la adopción de tecnologías que generen una mayor eficiencia es algo que va completamente contra la lógica y el sentido común. Habrá que pedir esfuerzos en formación, en cualificación de trabajadores, en la búsqueda de otras posibilidades o incluso en el desarrollo de sistemas de renta básica incondicional, pero la pérdida de puestos de trabajo nunca puede ser un freno para la adopción de tecnologías que generen mayores eficiencias.

 

IMAGE: Alexlmx - 123RFEl precio de la electricidad en Alemania durante el fin de semana de las navidades se mantuvo en negativo, lo que supuso un ahorro a los consumidores en su factura. La situación es ya relativamente habitual: solo a lo largo de 2017, los precios han caído por debajo de cero en más de cien ocasiones, como resultado de una inversión de más de doscientos mil millones de dólares realizada a lo largo de las últimas dos décadas con el fin de promover fuentes de energía renovables. Otros países, como Bélgica, Francia, Holanda, Suiza y el Reino Unido han experimentado en otras ocasiones precios de la electricidad negativos, pero en el caso de Alemania es donde ese tipo de situaciones están convirtiéndose en más habituales, una circunstancia que en ocasiones incluso permite que el país exporte energía a sus vecinos para equilibrar el mercado.

Que la electricidad en el mercado mayorista alcance un precio negativo no quiere decir que los usuarios perciban dinero por consumir electricidad: el precio de la energía en el mercado mayorista supone únicamente en torno a una quinta parte de la factura pagada por los hogares en Alemania. El resto son impuestos y compensaciones de diversos tipos, entre los que, lógicamente, se encuentran los cargos destinados a financiar la importante inversión en energías renovables. Cuando el precio de la energía en el mercado mayorista cae por debajo de cero, el impacto en los hogares es un ahorro en el importe total de la factura, pero no supone que las compañías ingresen dinero en las cuentas de los usuarios, sino que estos reduzcan el importe pagado. El precio que los hogares alemanes pagan por la electricidad está, junto con los daneses, entre los más altos de Europa, pero esa situación es mayoritariamente bien aceptada por los consumidores, sobre todo debido a la fuerte concienciación y al apoyo a la política destinada a reducir la huella de carbono, y también a que el gasto de electricidad como parte del ingreso disponible de las familias se ha mantenido estable durante los últimos años.

La idea de financiar las infraestructuras destinadas a la generación de energías renovables mediante cánones impuestos a los consumidores en la factura que pagan todos los meses es posible gracias al amplio apoyo a partidos ecologistas y por la fuerte concienciación de los ciudadanos, dispuestos a poner su dinero donde están sus creencias, y debe entenderse fundamentalmente como una apuesta a largo plazo: en la situación actual, en efecto, las situaciones en las que el precio mayorista de la electricidad cae por debajo de cero empiezan a resultar ya relativamente habituales: en cuanto la temperie se mantiene razonablemente ventosa, el sol brilla o existen circunstancias que determinen un menor gasto – como la concentración de personas en menos hogares derivada del componente familiar de las fiestas navideñas – la mayor generación de energías renovables, unida a la dificultad de reducir a corto plazo la generación procedente de centrales nucleares o térmicas convencionales, da lugar a situaciones de superávit.

El problema de las energías renovables es que su producción depende de las circunstancias del clima, no de las características de la demanda. Para equilibrar esos desfases pueden utilizarse baterías, pero su coste es aún elevado para instalaciones masivas, o bien centrales hidroeléctricas reversibles, que bombean agua a una zona elevada utilizando la energía sobrante en momentos de exceso de generación, y la hacen bajar a través de turbinas que generan electricidad cuando esa energía es demandada. A medida que la eficiencia de la generación de energías renovables se incrementa gracias a ganancias en el proceso y al menor precio de sus instalaciones, lo previsible es que Alemania se mantenga en línea de cara a su compromiso de generar el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables en el año 2050. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se generan ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son unos cuantos los países o regiones (Alemania, sur de Austria, Costa Rica, Dinamarca, Noruega, Islandia y algunas islas) que de forma ocasional o sistemática han conseguido generar el 100% de su energía eléctrica sin necesidad de quemar combustibles fósiles, convirtiendo seguramente esta circunstancia en una de las variables que en el futuro separarán a los países avanzados de los que no lo son. Si todavía crees que las energías renovables son poco importantes, dependientes exclusivamente de subsidios o excesivamente caras, infórmate mejor leyendo más sobre el tema.

La energía solar es, gracias al avance de la ley de Swanson, ya más barata que quemar carbón. En un año, el coste de explotación de la energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe, y se preven nuevos descensos. La generación de energía solar vive una una revolución que comienza con aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Si la unimos a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

En el caso de Alemania, concienciar a la población de que pagar de su propio bolsillo las infraestructuras de generación de energías renovables ha posibilitado un futuro interesantísimo, limpio y sostenible. Un plan bien estructurado, con ventajas evidentes a largo plazo. ¿Alguien en España, un país privilegiado en términos de insolación, está pensando en esos temas… o nuestros políticos se dedican a otras cosas?

 

Facebook account disabledMi columna en El Español de esta semana se titula “Problemas sin precedentes” (pdf), e intenta hacer algo de didáctica acerca del impresionante reto tecnológico que supone para una compañía como Facebook gestionar una red con más de dos mil millones de personas, un tercio de la población mundial, que pasan en sus páginas una media de cincuenta minutos cada día consumiendo y creando todo tipo de contenido, y cuyas acciones es preciso controlar para evitar determinados comportamientos considerados nocivos.

Una entrevista con el director de seguridad de la compañía, Alex Stamos, revela que la red social elimina cada día una media de un millón de cuentas por infringir sus políticas de uso, por motivos con motivación económica como spam, fraudes o estafas, pero también por razones relacionadas con la exaltación del odio, la incitación a la violencia, las amenazas, el acoso, etc.

Eliminar un millón de cuentas al día implica, lógicamente, tener que revisar muchísimas cuentas más, con una combinación de herramientas algorítmicas y manuales que supone un reto tecnológico para el que no existen precedentes. Cuando leemos que Facebook se plantea fichar a miles de personas para supervisar contenido, podemos intentar hacernos una idea de la magnitud de la tarea y de lo que supone, teniendo en cuenta que la supervisión manual no es más que una parte de la solución. De hecho, el principal problema no es ya establecer una determinada política o criterio de seguridad, sino diseñar los retos técnicos que supone la supervisión de la misma. Imaginemos lo que supone patrullar una red en la que, cada día, un millón de cuentas son deshabilitadas por todo tipo de motivos: obviamente, se cometen errores tanto de tipo 1, o falsos positivos, como de tipo 2, o falsos negativos, que la compañía intenta lógicamente reducir en la medida de lo posible. Cada vez que la compañía identifica como violenta y elimina una cuenta que juraba venganza contra un mosquito, por ejemplo, se arriesga a situaciones que van desde la simple burla al escándalo o a las acusaciones de censura injustificada, y a tener que invertir valiosas horas en supervisión manual y revisión de casos individuales.

Mientras la compañía, como otras empresas con problemas similares como Google o Twitter, intenta avanzar en la resolución de este tipo de cuestiones, resulta que llegan una serie de políticos en Alemania que, en su supina ignorancia, no llegan ni remotamente a hacerse a la idea de lo que supone una tarea como esta, y deciden que como en las redes sociales hay en ocasiones mensajes de exaltación al odio, hay que hacer algo rápidamente. Y por supuesto, sus soluciones son, simplemente, “soluciones de político”: deciden convertir el hecho en delito penal e imponer una multa impresionante, 50,000 euros, a las redes sociales que no eliminen esos mensajes con la debida prontitud. La medida es una prueba clara de cuánto de profunda puede llegar a ser la ineptitud y la ignorancia de los políticos: como las redes sociales, debido a una escala y nivel de adopción sin precedentes en la historia, están teniendo algunos episodios aislados de divulgación del discurso del odio, vienen los políticos de turno y deciden que se les impongan multas. Y todavía creerán que han resuelto el problema.

¿Qué efecto genera una ley tan estúpida como esa, promulgada por absolutos ignorantes tecnológicos incapaces de imaginar lo que implica la tarea que tan alegremente demandan? Que Facebook ahora pasa de tener un problema que conllevaba el ridículo público, a tener otro que conlleva responsabilidades penales y enormes multas. En consecuencia, la compañía se ve obligada a escalar rápidamente sus esfuerzos en la supervisión de cuentas, a cerrar más cuentas, y a que los errores, lógicamente, se incrementen en consecuencia. Para arreglar un problema que se solucionaba simplemente dando tiempo a las compañías a que desarrollasen mejores sistemas y a que ideasen otros protocolos, se genera otro problema mayor: que ahora haya más cuentas que son cerradas incorrectamente por cuestiones como sátira, humor, ironía o simplemente exposición lícita de posturas políticas en las que se mencionan determinadas palabras.

En realidad, los mensajes de odio en las redes sociales son cada vez más un problema menos importante, porque la mejora progresiva de los sistemas de denuncia colectiva tienden a hacer que esas cuentas sean eliminadas de manera razonablemente rápida. El exceso de celo de los políticos de turno, en realidad, no era necesario. Pero ahora, a cambio, tendremos redes que censuran más, de manera más habitual y con más errores. Todo un gran logro: gracias por protegernos tanto.

Líbrenos dios de políticos ignorantes con buenas intenciones, que de los que las tienen malas ya procuraré librarme yo…

 

Solar panels GermanyMi columna de esta semana en El Español se titula “Cuestión de enchufes“, y trata de poner en perspectiva lo que ha sido el desastre de la política energética española, posiblemente uno de los mayores nidos de corrupción y clientelismo político del mundo y que ha conseguido llevar a un país con unos niveles de insolación privilegiados a mantener una enorme dependencia de combustibles fósiles importados.

Alemania, un país con muchísimas menos horas de sol, puede llegar a producir en determinados momentos del año más de la mitad de su energía a partir de paneles fotovoltaicos. El gobierno alemán, que entendió perfectamente la aplicación de la ley de Swanson y apostó a que la progresiva mejora de la tecnología iría dando lugar a eficiencias cada vez más elevadas en la generación distribuida, ha sido capaz de poner en práctica la política energética más puntera en todo el mundo en este sentido: el coste de los paneles solares ha disminuido drásticamente a lo largo de los últimos cuarenta años, y especialmente en los últimos diez, una caída del 60% tan solo desde 2011 y de un 99% desde 1977. Hoy, una instalación completa de paneles solares y acumuladores puede costar entre los quince mil y los cuarenta mil euros antes de aplicar posibles incentivos o ventajas fiscales, y pueden ser, si se establecen los marcos oportunos, una inversión mucho mejor y más segura que la mayoría de las inversiones financieras habituales.

Sobre ese contexto, Alemania desarrolló un marco legislativo que la ha llevado a generar un 6,000% más energía solar que los Estados Unidos, a pesar que este país recibe un 3,900% más de radiación solar en su superficie. El gobierno alemán creó una política de incentivos para la instalación de paneles solares que ofrecía adquirir todo el excedente energético generado por las instalaciones descentralizadas a un precio de 0.4o € por kilovatio hora durante los siguientes veinte años (el precio medio del kilovatio hora estaba habitualmente entre los 0.07 € y los 0.09 €). Con un contrato con garantía gubernamental de este tipo, cualquiera podía acudir a un banco y solicitar un préstamo con un interés muy razonable, dado el escaso riesgo de la operación, para financiar su instalación solar, de manera que el beneficio obtenido mensualmente puede cubrir el coste de principal e intereses. Aproximadamente a los diez años, el préstamo que se solicitó para la instalación está completamente pagado, y los titulares de la instalación aún pueden disfrutar de los beneficios durante diez años más. Una política de subsidio de las instalaciones solares descentralizadas de este tipo, que con el paso de los años fue reduciendo sus precios para finalmente, en agosto de 2014, dejar de ser determinado por el Estado y pasar a fijarse mediante subasta – ha dado lugar a tal proliferación de paneles solares en las casas, que el país puede ahora presumir de ser una auténtica potencia en generación de energía solar, a pesar de que la gran mayoría de los alemanes tienden a irse a otros países mucho más soleados a pasar sus vacaciones. La comparación con la situación en España, donde nos hemos perdido en discusiones completamente estúpidas sobre lo que pasaba cuando no hacía sol o sobre si las infraestructuras soportaban o no un uso bidireccional, debería hacer que metiésemos directamente en la más negra de las cárceles a unos cuántos sinvergüenzas carentes de todo sentido de la responsabilidad.

De cara al futuro tras estas elecciones, convendría entender a qué situación nos enfrentamos. Si aplican sus programas y negocian de la manera adecuada, lo normal será que nos encaminemos a un escenario en el que el absurdo y surrealista “impuesto al sol” que se planteó como desincentivo para las instalaciones de generación descentralizada sea rápidamente derogado, y se pueda plantear la creación de un marco legal que de verdad incentive políticas que reduzcan nuestra a todas luces exagerada dependencia energética. Un país con una dotación creciente de parques eólicos y con los incentivos adecuados a la generación solar distribuida podría dar lugar a un cambio tan drástico en la balanza de pagos y a una reducción tan importante en la factura de importación de combustibles fósiles, que no tenerlo en cuenta supone una enorme irresponsabilidad. Y en ese escenario de generación distribuida pueden caber numerosos actores, desde las actuales empresas eléctricas con modelos razonablemente atractivos, a otros nuevos entrantes si estas compañías no son capaces de reaccionar suficientemente rápido. Todo es cuestión de entender el escenario y propiciar las condiciones oportunas.

España, a pesar de ser un país proverbialmente soleado, ha sido un ejemplo de patético retraso en la explotación de la energía solar. ¿Vamos finalmente a ponernos las pilas, o seguirá siendo todo cuestión de enchufes?

 

IMAGE: Rudall30 - 123RFWeChat, una de las aplicaciones de mensajería instantánea más populares en China, decide eliminar las cuentas de Uber en su servicio, debido sencillamente a que Tencent, la empresa propietaria de WeChat, es uno de los principales inversores en Didi Kuaidi, empresa que surge de la fusión de otras dos, que ofrece en China un servicio idéntico al de Uber, y que afirma tener una cuota de mercado del 83%.

La medida, que había tenido un precedente con un bloqueo temporal el pasado marzo que Uber definió como un intento de distorsionar el panorama competitivo, supone el bloqueo arbitrario de las cuentas de un competidor en una guerra comercial, y tiene otros precedentes en el país: el mayor sitio de comercio electrónico, Taobao, propiedad de Alibaba, bloqueó las visitas procedentes de WeChat en el año 2013, para encontrarse posteriormente con un bloqueo de Tencent a Xiami Music, un servicio de streaming adquirido por la Alibaba hacía poco tiempo, o con su ubicuo servicio de pago Alipay también bloqueado por JD.com, una de las páginas más importantes de comercio electrónico, e igualmente propiedad de Tencent.

Medidas de este tipo, bloqueos artificiales y arbitrarios de servicios en función de posiciones o guerras comerciales, son lo más opuesto a la idea de una internet abierta que existe. Internet triunfó precisamente por su neutralidad, por su capacidad de llevar bits de un sitio a otro independientemente de su naturaleza, procedencia o significado. Obviamente, hablar de una internet abierta y libre en China, país que gestiona el mayor y más restrictivo firewall del mundo para bloquear el acceso a determinada información, resulta completamente absurdo, por mucho que a la inmensa mayoría de los ciudadanos chinos parezca no preocuparles.

Pero el problema no es el Great Firewall of China o las desmesuradas prácticas comerciales de los gigantes de la internet de ese país. El verdadero problema es la tendencia que vivimos, en la que China no se convierte en un país reaccionario, sino en uno visionario. El verdadero problema es que China está funcionando como una verdadera bola de cristal en la que aparece premonitoriamente nuestro futuro. Que evolucionamos hacia una internet cada vez menos abierta y menos libre, en la que nuestra capacidad de acceder a determinados servicios dependerá de qué empresa nos proporciona el acceso y qué acuerdos comerciales tiene.

No lo olvidemos: hace años, hablar de grandes sistemas de bloqueo de contenidos a nivel nacional era sinónimo de una barbaridad liberticida y algo que solo ocurría en países de baja o nula calidad democrática, como es el caso de China. Ahora, pocos años después, tenemos sistemas de bloqueo de contenidos de ese tipo en cada vez más países, con el fin de evitar el acceso de sus ciudadanos a determinados contenidos por cuestiones que van desde la supuesta protección de los niños hasta cuestiones comerciales relacionadas con el copyright y las restricciones territoriales. Si estás en Alemania, te encontrarás con que hay infinidad de vídeos que no podrás ver en YouTube. Si intentas entrar en determinadas páginas para adultos en el Reino Unido, o en The Pirate Bay en una amplia variedad de países, no podrás hacerlo, porque el proveedor de turno ha sido obligado por medidas gubernamentales para participar en un esquema que recuerda sospechosamente al que antes tanto criticábamos en China. Oficialmente, internet está sometida a censura en el Reino Unido. Que Turquía bloquee YouTube, Twitter u otros servicios ya es considerado algo habitual, sea porque aparecen algunos vídeos en los que supuestamente se insulta a Atatürk o porque se comentan las acusaciones al primer ministro de corrupción, y que el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos declare varios años después que esos bloqueos fueron ilegales no parece que vaya a tener absolutamente ningún efecto. Igualmente, la reciente aprobación de un paquete legislativo en el Parlamento Europeo que hace que desaparezca de facto la neutralidad de la red posibilita que, en breve, empecemos a encontrarnos cómo la empresa que nos proporciona el acceso pueda decidir que determinados servicios que compiten con los suyos se vean mal o no se vean, o que no tenemos derecho a entrar en según qué páginas.

Sea por cuestiones comerciales, por restricciones gubernamentales o por intereses de otro tipo, lo cierto es que cada vez nos alejamos más de lo que internet un día fue: una red abierta, en la que los bits circulaban libres y podíamos acceder a toda la información del mundo. Ahora, que idiotas como Donald Trump quieran “llamar a Bill Gates para que cierre internet” nos hace gracia. Pero dentro de no mucho tiempo, escenarios como el descrito en China, con bloqueos de determinadas páginas y servicios por parte de proveedores de acceso o de otros medios de comunicación entre usuarios serán normales, y empezaremos a ver cómo aquellos hogares que tienen contratado el acceso con una compañía no pueden acceder a páginas de otras. Y lo peor es que lo veremos como algo normal.

Cada día, sencillamente, nos parecemos más a China, convertida ya en un auténtico entorno visionario, en la bola de cristal en la que parece que tenemos que mirar nuestro futuro. ¿Pesimista? Sí, pero me temo que muy real. Qué triste es todo. Qué jodidamente triste.