Facebook like and unlikeAdemás de mi artículo de hace un par de días sobre Facebook y las líneas editoriales, que seguía a uno anterior sobre el mismo tema y trataba de poner en contexto las recientes revelaciones lanzadas por Gizmodo sobre la implicación y el sesgo generado por los editores de los trending topics de Facebook, decidí dedicar a la misma temática tanto mi participación en la barra tecnológica de La Noche en 24 horas (en la página del programa, a partir del minuto 1:38:15), como mi columna en El Español, titulada “Facebook y la política“.

Muy poco tiempo después de haber entregado mi columna, The Guardian publicó una noticia basada en una filtración de documentos internos de la compañía en la que demostraban cómo los trending topics de Facebook eran, en realidad, producto de una editorialización humana, no de algoritmos, lo que, según el diario, situaba a la compañía al mismo nivel que cualquier medio tradicional en lo tocante al desarrollo de su línea editorial. La respuesta de Facebook ha sido, en primer lugar, negar la mayor y afirmar que los documentos en posesión de The Guardian responden a una operativa antigua de determinación de los trending topics que ya no se desarrolla así, así como una nota de Mark Zuckerberg negando la editorialización, afirmando la neutralidad y la voluntad de corregir cualquier posible sesgo que se haya generado por intervención de los editores, una entrada detallada de Justin Osofsky sobre cómo se generan los trending topics, y una invitación abierta a políticos conservadores  – supuestamente los afectados por el presunto sesgo editorial de la plataforma – para hablar del tema.

La secuencia de acontecimientos deja clara la gravedad del caso: en cuatro días, tres notas oficiales aclaratorias de la compañía incluyendo una de su fundador, infinidad de artículos sobre el tema, y hasta un requerimiento para comparecer ante el Senado de los Estados Unidos, o la inmediata reacción de la subsidiaria española enviándome información sobre el tema en cuanto me vieron en televisión comentándolo (gracias, Lola :-) La editorialización de Facebook es indudablemente un tema relevante: que la red en la que 1,600 millones de personas en todo el mundo se informan y leen noticias – porque el componente más “frívolo” de qué han hecho mis amigos, si han subido fotos o si hay que felicitar a alguien ha pasado claramente a segundo plano – decida tratar de influenciar cómo votamos o cómo nos sentimos es algo potencialmente muy grave, aunque la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos defienda teóricamente su derecho a hacerlo si lo estima oportuno. Todo indica que lo que en un periódico, en una emisora de radio o en un canal de televisión nos parece perfectamente aceptable – o que incluso se convierte en la razón para escoger informarnos ahí – en una red social nos sobra. Por lo que parece desprenderse de las reacciones al respecto de este tema, queremos que en una red social, el sesgo venga de nosotros mismos, de lo que compartimos allí y de lo que comparten aquellos a los que decidimos seguir, pero preferimos que la herramienta no nos filtre nada en función del suyo.

Pero además, de la discusión surge una disyuntiva interesante, y es el concepto de línea editorial y de neutralidad explicado en función de quién la determina, si editores humanos o procesos algorítmicos. Generar unos trending topic que proporcionen a los usuarios información sobre el contenido más relevante o más comentado en una red social es relativamente sencillo (en concepto, no en su desarrollo): en teoría, o bien creas unos algoritmos que, con la potencia semántica adecuada, extraen esos temas y los publican en una lista, o dejas esa labor a editores humanos, o bien optas por un sistema mixto en el que los algoritmos extraen y los humanos hacen un filtrado más detallado que evite errores, duplicidades o manipulaciones. Las cosas, obviamente, no son tan sencillas en la práctica: para Twitter, por ejemplo, que opta por la vía más algorítmica, resulta un problema importante luchar contra las alegaciones de manipulación que suelen provenir del hecho de que la permanencia en los trending topics no depende de las menciones de un tema, sino del valor del incremento de las mismas. Eso genera una aparente disonancia: si se está hablando muchísimo de un tema, pero se habla más o menos lo mismo o menos que en las horas anteriores, ese tema tiende a desaparecer de los trending topics, a pesar de que los usuarios aún pueden estar viéndolo como objeto de una presencia muy prominente. Por otro lado, la no presencia de una editorialización humana tiene sus límites, y Twitter sí se ha visto obligada a eliminar trending topics de la lista cuando, por ejemplo, contienen términos que puedan interpretarse como incitación al odio, a la violencia, al racismo, etc.

En el caso de Facebook, el hecho de que originalmente se recurriese a editores humanos y se haya dado cada vez más un protagonismo mayor al algoritmo parece que se interpreta como una capacidad de sesgo menor. Tendemos a asumir que los editores humanos tienen un problema de sesgo imposible de eliminar: una línea editorial, en efecto, no tiene por qué estar definida como tal, como posición oficial sometida a unas directrices específicas. En ocasiones, la línea editorial y el sesgo provienen simplemente de un clima político determinado en la organización – que puede originarse en algunos grupos de personas con más ascendente, o en el propio líder o fundador – o en cuestiones como los matices que se apliquen, por ejemplo, en la incorporación de talento.

En efecto, los humanos tendemos a tener sesgos, y además, en ocasiones, ni siquiera somos completamente conscientes de ellos. Sin embargo, me parece muy peligroso asumir que unos trending topics queden automáticamente “libres de pecado” por proceder de un supuestamente inmaculado algoritmo. Un algoritmo no es algo mágico, sino u conjunto de normas marcadas por aquellos que lo programaron. Por tanto, afirmar que tal o cual compañía no editorializa “porque su selección de temas proviene directamente del algoritmo” no es algo como tal significativo, salvo que podamos ver perfectamente cómo funciona el algoritmo – algo que habitualmente no se puede hacer, porque ello facilitaría la tarea a aquellos que aspiran a manipularlo. Pero un algoritmo no es como tal un santo, no garantiza la inexistencia de sesgos, y no evita que alguien introduzca en él un componente de línea editorial si quiere hacerlo. A medida, además, que los algoritmos emerjan más de “cajas negras” determinadas por un análisis de casuísticas y resultados anteriores procesados mediante metodologías de machine learning, será preciso entender que su condición de máquina no implica necesariamente nada en términos de imparcialidad o ausencia de sesgo.

Una discusión que me resulta fascinante. Pero para Facebook, un problema serio, que podría llegar a determinar una crisis de reputación que llevase a que muchas personas se encontrasen incómodas utilizándola. De ahí la prontitud de las reacciones, y la disposición a aclarar todo lo que se pueda aclarar en ese sentido con quien haga falta. Si Facebook quiere, com la mujer del César, además de ser decente, parecerlo, va a tener que esforzarse mucho.

 

Sarai Gascón - (IMAGE: Susana Alosete)La tercera entrevista de mi serie dedicada al uso de la tecnología en el deporte paralímpico, dentro de la iniciativa “De un sueño, una realidad” de Seguros Santalucía, ha sido con Sarai Gascón, nadadora en la categoría S9. La entrevista, en realidad una conversación completamente fluida, la mantuvimos en un día soleado y agradabilísimo, bajo unos pinos al lado de la piscina exterior del CAR de Sant Cugat, pocos días antes de que Sarai saliese hacia los campeonatos europeos de natación adaptada de Funchal, en los que ganó la medalla de oro y batió el récord de Europa en los 50 m. libres.

A Sarai le falta el antebrazo izquierdo, que termina un poco más abajo de la articulación. Su pequeño muñón le permite sujetar el móvil, del que prácticamente se separa solo cuando está en la piscina: es una ávida usuaria de redes sociales como Twitter o Facebook (más en su perfil personal que en su página, que tiene más abandonada). Seguirla permite conectar bastante bien con la vida personal y profesional de una chica joven, espontánea y natural hasta el límite, que entrena y viaja constantemente, que está en un momento de forma fantástico y que aspira a todo en la próxima gran cita del deporte en Río.

En lo deportivo, la tecnología tiene un papel relativamente importante en sus entrenamientos. “Utilizamos mucho el aspecto biomecánico, tanto técnica de natación, como salida o virajes. Hacemos una salida, la vemos con una cámara subacuática y otra en superficie, te graban, y en una pantalla grande la visualizas con un especialista biomecánico que te aconseja en aspectos concretos”. También analizan la velocidad puntual en el agua, “nos ponen un cinturón con una cuerda pequeña, no molesta nada, y mide la velocidad que haces en cada momento, para analizarla en la carrera. Aquí tenemos bastantes recursos, la verdad”.

Como otro ejemplo de tecnología dentro del mundo de la natación, Sarai vivió también la época de los bañadores de fibra de carbono: “veías a tus referentes, a Michael Phelps y otros, y te fijas en ellos, ves qué bañador lleva el mejor y te lo quieres poner. Yo los llevé también, iban genial, pero los prohibieron por su elevada flotabilidad, porque el rendimiento ya no dependía tanto de lo deportivo, del entrenamiento… pero entonces nos preguntábamos por qué en natación se prohibían esos bañadores si en atletismo no se prohiben las zapatillas a medida que mejoran tecnológicamente”. Le atrae también el mundo de los wearables, pero no se los plantea dentro del agua, sino simplemente para controlar entrenamiento, donde sí hace algunas sesiones con pulsómetro, u otros aspectos de su vida.

En lo referente al uso de la tecnología como ayuda a su discapacidad, Sarai se comporta de manera muy similar a lo que comentaba Jairo Ruiz, cuya discapacidad también es congénita: no se siente especialmente discapacitada, en su vida cotidiana se considera más hábil con su muñoncito, como ella lo describe, que con las diversas prótesis que ha ido probando desde muy pequeña. “Desde los tres meses utilicé una prótesis fija, puramente estética. Después las he probado biomecánicas, con electrodos que me permitían accionar una mano muy bonita que se abría y se cerraba, lenta o rápida, con presión graduable y con giro. Pero con quince años decidí no ponérmela más, simplemente porque me arreglaba muy bien sin ella”.

Sarai Gascón (IMAGE: Susana Alosete)En su relación con las redes sociales, Sarai se plantea un objetivo múltiple. Por un lado, motivación personal: simplemente, personas que no necesariamente conoce, pero que le transmiten sensaciones positivas. Por otro, buscar visibilidad: en Twitter se abrió la cuenta en 2012 a sugerencia del Comité Olímpico Español, por una campaña en la que trataban de dar más notoriedad a deportistas que empezaban a destacar por sus marcas, y lo sigue utilizando como una forma de hacer tangibles con sus casi tres mil seguidores cosas como sus rutinas de entrenamiento o sus progresos. A Facebook le da un uso algo más personal, aunque acepta a personas que no conoce. Y por otro, puro interés por compartir aficiones como la fotografía, que le viene de su padre, y que le permite además tener algunos detalles con algunas tiendas que le regalan bikinis o ropa deportiva.

Los bañadores de competición, sin embargo, son otra cosa: cada uno cuesta casi cuatrocientos euros, dura en buen estado únicamente tres o cuatro carreras como máximo, y aparte de su beca, conseguir patrocinadores directos resulta muy complicado, con lo que termina invirtiendo una parte significativa de sus ingresos en pagarse cosas como viajes a competiciones, o equipamiento adecuado para mantener su nivel. Cuando le comento que me resulta extraño que una persona con una historia tan motivadora como la suya, un ejemplo claro de superación y además, con un palmarés importante y perspectivas de éxitos en los próximos juegos tenga dificultades para conseguir patrocinadores, me contesta que “la natación tiene muy poca visibilidad, yo siempre he tenido muy buenos resultados, he quedado tres veces campeona del mundo, he ganado dos platas y un bronce en juegos paralímpicos, y… ¡aquí estoy a dos velas!” 

Una deportista de élite con un perfil de joven de 23 años, completamente de su tiempo, aficionada a las redes sociales, a subir fotografías a Instagram, o a la moda, usuaria de apps como 21Buttons. Además, se considera completamente dependiente del móvil, “tal vez incluso demasiado”. Para mensajería, WhatsApp, “mis padres me preguntan todo el tiempo como estoy, y eso que están aquí al lado y que tengo 23 años!”, y Snapchat, que utiliza mucho más cuando está con sus amigos. También me comenta que saca mucho partido a aplicaciones como el traductor (“sé inglés, pero con esto de la natación, acabas hablando con gente de todo el mundo, mira, ahora lo tengo para húngaro, de hace unos días”), la banca online (“entro con la huella, y para hacer cuentas cuando paga uno en las concentraciones, me va genial!”) o compras, como la app de Bershka, o Groupon (“hay ofertas buenas, el otro día nos comimos una mariscada para dos por doce euros cada uno!”). Además, utiliza constantemente Moodle tanto desde el móvil como desde el ordenador, para mantenerse al día con sus estudios: aunque no hace planes a largo plazo, cree que le gustaría acabar o bien vinculada al deporte, o posiblemente al magisterio.

Sarai es, en este momento, una de las deportistas paralímpicas españolas en mejor momento de forma, con grandes posibilidades de subir al podio en Río. Puedes verla con más detalle en el vídeo que ha hecho con Marca dentro de esta misma iniciativa de Santalucía de apoyo al deporte paralímpico, pero a poco que sigas el panorama deportivo, estoy seguro de que sabrás bastante más de ella próximamente. 

 

IMAGE: Jason Winter - 123RFEl pasado domingo, algunos países vivieron una circunstancia relativamente excepcional, de esas que solo puedes disfrutar si te has preparado adecuadamente para ello: en el contexto de unos días inusualmente ventosos y soleados en el centro de Europa, Alemania generó tal cantidad de electricidad a partir de fuentes renovables, que el precio de la energía en el país – cuyo mercado eléctrico se ajusta de manera automática en función de la oferta y la demanda – se convirtió en negativo durante varias horas. De manera efectiva, los usuarios recibieron abonos en sus facturas por consumir electricidad.

El caso de Alemania, país que se ha comprometido a generar sistemáticamente el 100% de su energía eléctrica de fuentes renovables para el año 2050, se une al de Dinamarca, que en los días finales de esa misma semana pasada fue capaz de generar el 140% de su energía mediante sus turbinas eólicas, lo que le permitió exportar electricidad a las vecinas Alemania, Noruega y Suecia. En media, tres cuartos de la energía eléctrica del país se genera ya a partir del viento, fruto de un fuerte plan de apoyo gubernamental. Ya son varios los países (Costa Rica, Dinamarca, el sur de Austria, Noruega, Islandia, Alemania y algunas islas pequeñas) que bien de manera sistemática u ocasional han conseguido alcanzar el sueño de generar el 100% de su energía eléctrica sin quemar combustibles fósiles. Todo indica que una de las variables que en el futuro separará a los países avanzados de los que no lo son será su autosuficiencia a la hora de generar energías limpias. Si sigues creyendo que las energías renovables son insignificantes, irregulares o demasiado caras, es posible que debas volver a leer en fuentes serias sobre esos mitos: no, las energías renovables no van a eliminar completamente la necesidad de quemar combustibles fósiles de la noche a la mañana, para ellos es preciso acometer inversiones importantes en las infraestructuras, y posiblemente no vayan a convertirse en el gran generador de empleo que algunos esperaban… pero decididamente, tienen mucho más alcance que esas historias de miedo sobre fraudes y plantas que generaban energía solar por la noche a las que recurren algunos. Que algunos políticos diseñen políticas de subvenciones inadecuadas no implica que debamos renunciar al desarrollo de lo que son sin duda las tecnologías energéticas del futuro.

Generar energía eléctrica mediante placas solares es, gracias al inexorable avance de la ley de Swanson, ya más barato que hacerlo quemando carbón. En un año, el coste de explotación de las plantas de energía solar se ha rebajado a la mitad, un hito histórico que no habíamos vivido en toda la historia de la generación energética. El sol es ya la fuente de energía más barata que existe en el planeta, y se preven nuevos descensos. Vivimos una revolución de la generación de energía solar que está comenzando por aquellos países con irradiación elevada, pero que pronto alcanzará a todo el planeta. Unido a la democratización del acceso a la información sobre los patrones de consumo, se esperan fuertes patrones de disrupción en el mercado energético a corto y medio plazo.

A estas variables debemos añadir otra, para mí fundamental: la generación distribuida. Tesla, mediante Solar City, instalará en 2016 más capacidad de almacenamiento en hogares norteamericanos que la que todos los Estados Unidos en su conjunto instalaron durante el año 2015. Los vehículos eléctricos deben, además, añadirse a esa capacidad de almacenamiento: aunque aún testimoniales en sus niveles de adopción, Tesla, tras el éxito de la oferta inicial de su Model 3,  espera producir más de medio millón de unidades anuales en 2018. Países como Holanda meditan, de hecho, prohibir totalmente la venta de vehículos de gasolina y diesel en el año 2015. Hemos llegado al punto en el que lo que claramente necesitamos es, como el porpio Elon Musk afirma, una revolución contra la industria de los combustibles fósiles, que todavía impacta de manera radical muchas de las decisiones políticas en un número aún muy elevado de países.

Es el momento de pasar de la conversación de barra de bar, de las anécdotas de tiempos pasados y de las afirmaciones radicales basadas en el desconocimiento, a planteamientos reales en función de la evolución tecnológica y de las posibilidades probadas que las energías renovables tienen de cara al futuro. En el panorama energético, los elementos que conforman la disrupción, desde un punto de vista puramente tecnológico, ya están aquí, y ya se han acabado las excusas. Solo hace falta decisión y voluntad para ponerlos en marcha.

 

IMAGE: Mipan - 123RFSiguiendo al debate sobre la pregunta que algunos trabajadores de Facebook dirigieron a Mark Zuckerberg sobre la responsabilidad que tenían como compañía a la hora de evitar una presidencia de Donald Trump, un artículo en Gizmodo, Former Facebook workers: we routinely suppressed conservative news, da voz a algunos ex-trabajadores freelance de la compañía dedicados a la función de editorialización de noticias (news curation), que afirman que del mismo modo en que se les instruía para que noticias referidas a la propia Facebook no apareciesen en los trending topics, también se dedicaban a eliminar de los mismos noticias con marcado tinte conservador.

La reacción de Facebook ha sido inmediata: además de afirmar que la compañía no permite la supresión de ninguna perspectiva política, asegura que se toma las alegaciones de sesgo de manera muy seria, y publica una entrada de Tom Stocky, responsable de los trending topics, en la que intenta dejar claro que las alegaciones anónimas son falsas y que nadie en su equipo se ha dedicado nunca a nada que no sea auditar los temas que emergen del algoritmo para incluir en la lista aquellos que reflejen eventos reales, eliminando simplemente “basura, temas duplicados, hoaxes, or subjects with insufficient sources”, que su herramienta no permite la discriminación de noticias por su color ideológico, que todas sus acciones son sistemáticamente registradas y revisadas, y que cualquier violación de estas normas constituiría una falta castigada con el despido. 

Las alegaciones de sesgo en la selección de los trending topics han sido una cuestión habitual en todas las redes sociales. El desarrollo de los algoritmos implicados en la detección y selección de esas temáticas es bastante mas compleja de lo que parece, y por lo general, suele responder no solo al número de menciones sin más, sino a factores como el crecimiento de las mismas en el tiempo o a su dispersión geográfica, entre otros. En los medios tradicionales, el concepto de línea editorial está perfectamente aceptado, es parte de la identidad de la cabecera, se consolida a lo largo del tiempo, y es una de las razones por las que los lectores tienden a preferir informarse en un medio u otro.

Las redes sociales, sin embargo, han intentado desde un principio responder a los gustos e intereses de la totalidad de la base de usuarios, sin reconocer en ningún momento sesgos que pudiesen hacer que aquellos más próximos a uno u otro lado del espectro político pudiesen llegar a sentirse incómodos. El color de las noticias que vemos en nuestros timelines está algorítmicamente condicionado, se supone, por las acciones de aquellos a los que seguimos, como lo está también la selección de los trending topics. Pero es en este desarrollo algorítmico precisamente donde surge el problema: dado que los algoritmos no pueden ser completamente transparentes supuestamente para evitar una explotación interesada, toda diferencia entre lo que una persona ve y lo que querría realmente ver en ellos en función de su sesgo personal es fácilmente etiquetada como manipulación.

¿Existe manipulación en los trending topics de Facebook? Parece difícil llegar a saberlo, y en caso de existir, podría provenir de líneas marcadas institucionalmente, o de procesos no oficiales llevados a cabo por trabajadores individuales afectados por el desarrollo de un clima determinado, algo que sucede de manera natural en algunas organizaciones. Parece claro que aunque las compañías de Silicon Valley no discriminen de facto a sus trabajadores en función de su pensamiento político, pueden tender a atraer de una manera más acusada a personas con inclinaciones más progresistas, menos conservadoras o con una afinidad mayor por los cambios sociales, un sesgo que podría terminar reflejándose en procesos como la selección de noticias si se permite que esta se desarrolle de manera claramente manual. De hecho, en la mayoría de los entornos de noticias con un mínimo de calidad que conozco, la línea editorial no se expresa de manera directa, sino que responde más bien a procesos sociales que determinan un cierto “clima general” que termina condicionándola.

Para Facebook, empeñada desde hace algún tiempo en sacudirse el componente más “frívolo” de lo que consideramos una red social para pasar a ser ese lugar en el que nos informamos, en el que leemos las noticias que comparte nuestro entorno o en el que vemos vídeos generados y compartidos por aquellos que conforman nuestro panorama informativo, las acusaciones de sesgo son enormemente graves. A partir del momento en que te sientas encima de una pirámide que puede ver los intereses de mil seiscientos millones de personas en todo el mundo, la tentación de tratar de influir sobre su pensamiento puede llegar a ser enorme, y de hecho, se ha expresado anteriormente en experimentos A/B que fueron considerados manipulaciones psicológicas de sus usuarios, y que generaron un cierto rechazo. Como suele decirse, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y Facebook tendrá ahora que esforzarse por demostrar de manera fehaciente que no está utilizando su posición para editorializar las noticias que los usuarios ven en sus timelines o en sus trending topics, so pena de generar dudas sobre el nivel de manipulación que pretende ejercer sobre ellos.

Quien controla la red, puede controlar el mundo, sí. Pero antes de imaginarnos a Mark Zuckerberg acariciando su gato mientras quita y pone gobiernos, habrá que tratar de averiguar si las fuentes anónimas consultadas para el artículo Gizmodo responden en base a procesos establecidos de manera intencional para generar una línea editorial, o simplemente a sesgos personales o, incluso, a un malestar con una compañía para la que, presuntamente, ya no trabajan. Habrá que estimar si la parte manual de esos procesos permite, en efecto, que se lleven a cabo procesos de manipulación en función de un clima de opinión o unas tendencias mayoritarias determinadas en la compañía. Y habrá que auditar cuidadosamente los archivos de noticias descartadas para detectar si realmente se produjo, por la razón que sea, algún tipo de ocultación.

Facebook se encuentra ahora en una posición de crisis comunicativa complicada: como la mujer del César, no solo tiene que ser honesta, sino además, parecerlo. No parece una discusión que se pueda o se deba dejar pasar, o que llegue a generar un cierto poso de duda. Veremos la reacción.

 

Pathankot air base (IMAGE: Google Maps)India da un nuevo significado al concepto de “legislar en caliente” al proponer una ley que pretende exigir una licencia a todo aquel que comparta datos de geolocalización, so pena de ser sancionado con el equivalente a unos $150,000.

La proposición de ley viene como reacción a un reciente ataque terrorista: el pasado 2 de enero, un grupo fuertemente armado atacó la estación de la fuerza aérea india de Pathankot. En el ataque, que se atribuyó a un grupo islámico que supuestamente trataba de dificultar el proceso de estabilización de las complicadas relaciones entre India y Pakistán, murieron siete militares y un civil además de los cinco terroristas, y el gobierno responsabilizó a Google de haber prácticamente “facilitado” el ataque por no haber ocultado de manera adecuada en Google Maps la localización de sus instalaciones militares. En efecto, todo indica que, como puede observarse en la ilustración, Google Maps permite ver la zona con una resolución de hasta 20 metros que podría permitir su hipotético uso para planear un ataque, pero dadas las facilidades ofrecidas por Google para eliminar detalles de otras zonas del mundo cuyos gobiernos lo solicitan, parece más fácil pensar en un error del propio gobierno del país que en una hipotética negativa de la compañía norteamericana.

Según la nueva legislación, en caso de resultar aprobada en su redacción actual, toda aplicación que utilice datos de geolocalización en sus procesos – un número cada vez mayor de apps sociales de todo tipo – necesitaría obtener una licencia específica y someterse a un control gubernamental estricto, pero también la precisarían supuestamente aquellos usuarios finales que pretendiesen utilizar prestaciones como enviar o compartir su localización, lo cual raya directamente el absurdo.

India acaba de ultimar el desarrollo y puesta en marcha de su propio sistema de geolocalización con una constelación de siete satélites que cubre el país y una franja de 1500 Km. a su alrededor, lo que convierte una ley de este tipo en un importante obstáculo a la innovación y el desarrollo de los posibles servicios basados en el geoposicionamiento que podrían surgir de esa oportunidad. Únicamente siete países tienen desarrollados sistemas de geoposicionamiento: los Estados Unidos (GPS) y Rusia (GLONASS) como sistemas globales; China (BeiDou-2) y Europa (Galileo) como sistemas en desarrollo con ámbito igualmente global, y sistemas regionales como el de Japón (QZSS) o el citado de la India (NAVIC). Pero peor aún, la cuestión es que además de dificultar la innovación en torno a estos sistemas, lo haría a cambio de no servir a ningún propósito concreto o definido: aquellos que realmente intentasen obtener y utilizar datos de geoposicionamiento con fines terroristas o militares podrían simplemente saltarse los controles establecidos por el gobierno indio y obtener esos datos fácilmente de otras fuentes, dado que la legislación únicamente sería válida y aplicable al país.

El problema del proyecto legislativo indio es que es claramente uno de esos casos en los que la legislación no tiene en cuenta la caída de las barreras de entrada generada por la tecnología. Los datos de geoposicionamiento han pasado, en un plazo relativamente breve de tiempo, de tener prácticamente el estatus exclusivo de tecnología de uso militar, a ser algo que podemos obtener en cualquier momento con un terminal que llevamos en el bolsillo. En esas condiciones, pretender convertirse de alguna manera en “la policía del geoposicionamiento” y exigir controles a todo aquel que pretenda utilizar esos datos es no solo absurdo y poco operativo, sino completamente irracional, porque obvia el hecho de que no existe control real posible que pueda desarrollarse con un mínimo de eficiencia.

Tratar de “poner la tecnología bajo control” no suele ser una buena idea, fundamentalmente porque en prácticamente ningún caso se consigue. La tecnología es enormemente escurridiza, y una vez desarrollada, suele estar sujeta a procesos de abaratamiento y popularización difíciles de controlar. A partir de un momento determinado en la curva de difusión, el control suele convertirse en imposible. A ver si el caso de la India, que posiblemente y si alguien tiene dos dedos de frente no llegará a convertirse en ley, sirve como ejemplo para otros gobiernos con ideas similares…