Google: la voracidad de un gigante insaciable - ForbesLucía Caballero, de la edición española de Forbes, me llamó por teléfono para hablar de Google y de sus adquisiciones, de la idea de una compañía que supuestamente adquiere sin parar todo aquello que se le pone por delante, y me cita en su reciente artículo, titulado, “Google: la voracidad de un gigante insaciable” (pdf).

En mi conversación con Lucía comencé intentando poner las cosas en contexto: Google adquiere muchas compañías de muy diversos tipos, sí, pero sigue una pauta que no resulta especialmente llamativa con respecto a otras compañías de su entorno. Las estrategias basadas en la adquisición son muy habituales en escenarios de dinamismo elevado, y la tecnología, indudablemente, lo es. Desde su primera adquisición en febrero de 2001, Google, ahora Alphabet, ha adquirido un total de 207 compañías, y desde el año 2010 ha llegado a adquirir más de una compañía por semana. Pero sus magnitudes resultan razonablemente comparables con las de otras compañías de su ámbito: Facebook ha adquirido 62 compañías tan solo desde el año 2007, Microsoft ha adquirido 202 desde 1987, Amazon, 72 desde 1998, y Twitter, a pesar de no haber generado nunca beneficios, nada menos que 54 desde 2008.

En efecto, Alphabet adquiere más y más rápidamente, con una filosofía de hacerse con aquello que necesita y que o bien no encuentra en un desarrollo de código abierto, o le podría llevar un tiempo diferencialmente más largo desarrollar internamente. Alphabet es fundamentalmente una compañía de ingeniería, con un potencial de desarrollo brutal, y como tal, enormemente pragmática: si adquirir una funcionalidad o un know how determinado va a ser más rápido que desarrollarlo, saca la chequera y lleva a cabo la operación. Pero como tal, lo que posee es una clarísima orientación al resultado: necesito esto, lo adquiero, sin que parezca existir después una estrategia clara de integración de esas adquisiciones o, en muchos casos, siquiera una preocupación por lo que queda de la compañía adquirida o de sus integrantes. Así, es muy habitual escuchar casos de compañías adquiridas por Alphabet que, al cabo de poco tiempo, ven cómo sus fundadores simplemente “toman el dinero y corren”, y en general, las historias de fundadores de compañías adquiridas por Alphabet que hayan desarrollado una carrera directiva en la empresa de Mountain View son más bien escasas.

La estrategia de otras compañías, como Facebook o Twitter, es completamente diferente. Operaciones centradas en hacerse con lo que necesitan, sí, pero destinadas en muchísimos casos a la incorporación de talento, de equipos capaces de seguir con sus planes tras materializar sinergias dentro de la compañía, de dotar a esos fundadores de muchos más medios y potencia de desarrollo para que persigan sus fines, y sobre todo, de integrarlos muy cuidadosamente y motivarlos para evitar un drenaje de talento. Frente al pragmatismo de Google, por acción o por omisión, este tipo de compañías ofrecen una imagen muy diferente, y posiblemente más sostenible en el tiempo.

Sobre el tema, sobre lo que intentamos obtener en las adquisiciones corporativas, sobre las adquisiciones como ciencia o sobre la idea de saber comprar he escrito en numerosas ocasiones, generalmente al hilo de alguna operación de adquisición, y es un tema que considero fundamental en la estrategia corporativa. ¿Es Google, como afirma el artículo de Forbes, “voraz”? Sin duda lo es, y los datos lo avalan de forma concluyente. Pero ¿obtiene la compañía todo el jugo y el provecho que podría obtener de sus adquisiciones? Desde mi punto de vista no es así, y encuentro filosofías de adquisición en otras compañías de la industria que, por planteamiento, me resultan mucho más atractivas, y parecen generar entornos de trabajo y culturas más inclusivas, más enriquecedoras y con más posibilidades de cimentar una ventaja sostenible.

En una compañía como Alphabet, con reputación de cool e innovadora, y con un enfoque enorme a las personas, un planteamiento así de las operaciones de adquisición resulta llamativo, como una cierta mancha en el expediente. Pero también es cierto que a lo largo de los últimos años, hemos ido también pasando de ver a la compañía como un objeto de deseo para cualquiera y un lugar increíble para trabajar, a verla como un sitio que, aunque indudablemente mantenga su atractivo, sí pierde a trabajadores valiosos con cierta regularidad: una compañía que podría llegar a tener problemas, si no para atraer talento, sí para retenerlo. Pero como todos los elementos culturales, hablamos de cuestiones sutiles, subjetivas, difíciles de determinar de manera concluyente, de percepciones que muchas veces responden a situaciones de mercado o a la visibilidad de quienes son adquiridos por la compañía o la abandonan. Es difícil, incluso hablando con trabajadores o ex-trabajadores de la compañía, saber si esos elementos son un fruto del crecimiento y la evolución, si son algo que siempre ha estado ahí, o incluso si realmente existen como tales. Pero, en cualquier caso, pueden alimentar reflexiones muy interesantes sobre la evolución de las compañías en el tiempo.

 

La revista Forbes reveló que Taylor Swift es la celebridad mejor pagada, con 170 millones de dólares, desbancando a Floyd Mayweather, quien encabezó el podio el año pasado, con 300 mdd.

Y es que a pesar de que Selena Gómez destronó a Taylor Swift como la reina en Instagram, la cantante se ha valido de marcas como Apple para lograrlo. Recordemos que Swift rechazó que sus canciones fueran usadas por Spotify, aunque posteriormente llevó su biblioteca a Apple Music y apareció como la imagen de uno de sus comerciales, que impactó porque se ve a la celebridad caer en una caminadora.

Incluso se unió a Coca-Cola para impulsar su línea light. Esto le ha servido para duplicar sus ingresos en un solo año.

Aunado a esto, la cantante se ha hecho más popular gracias a influencers como Kim Kardashian y su esposo Kanye West, que incluso viralizaron una imagen en la que la colocan desnuda al lado de otras celebridades, incluida en su nuevo video. Todo esto la ha catapultado a la cima del valor como personaje y marca en la revista.

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Internacional.- Un 2 de diciembre de 1993, Pablo Emilio Escobar Gaviria moría en un techo de una casa en Medellín, cuando escapaba de la policía colombiana. Sus prácticas mafiosas lo llevaron a ganar una fortuna casi incalculable.

A partir de la TV y los servicios de streaming como Netflix, el narco colombiano Pablo Escobar volvió a aparecer en las noticias, esta vez del show y el espectáculo. Tanto El Patrón del Mal como Narcos tuvieron alto rating y colocaron una vez más a Escobar en el centro de la escena.

Sin embargo, este hombre, que murió un 2 de diciembre de 1993 y llego a ser responsable de más de 4.000 asesinatos en Colombia, también estuvo presente (y muchas veces) en las revistas de negocios. De hecho, figuró siete años consecutivos en el ranking de Forbes, como una de las personalidades con mayor fortuna del mundo.

Según un artículo de la revista actual, “en octubre de 1987 se publicó el primer ranking de 100 multimillonarios internacionales y allí se incluyó al rey de la cocaína de Colombia, Pablo Escobar”. Para entonces, el infame cartel de Medellín estaba haciendo enormes cantidades de dinero en efectivo a través de una integración vertical del negocio de la cocaína. Se calcula que logró al menos 7 mil millones de dólares de ganancias (obviamente libre de impuestos) sólo entre 1981 y 1986. Escobar se mantuvo en el top 100 hasta 1993, cuando se calculaba un patrimonio neto de 1.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el gobierno colombiano pedía 11 millones de dólares por su cabeza.

Pablo escobar en forbes
Una de las pocas fotos de Escobar con traje y corbata. Solía usar playeras, pantalones de algodón y tenis blancos.

Esta es la reseña que se publicó en una de las ediciones de Forbes (la de 1987) en las que Pablo Escobar apareció en el ranking. La hizo el periodista David Henry.

“Escobar llegó a ser el rey de la cocaína por reinvertir astutamente sus ganancias iniciales y convertirse en un maestro de las relaciones públicas en Colombia. La primera vez que atrajo la atención de la policía de drogas fue en 1975, cuando trabajaba como contrabandista, sicario y guardaespaldas. En los siguientes dos años, sumó suficiente dinero como para iniciar su propia empresa en el tráfico de cocaína. En 1978, traficaba cerca de 35 kilos de cocaína al mes fuera de Medellín.

Escobar es un hombre fornido, de 5 pies y 6 pulgadas de alto que normalmente utiliza camisetas de rugby, pantalones de tela de algodón y zapatillas de deporte. Es un típico ejemplo de un ‘paisa de Colombia’, además de agresivo y nada sentimental, un buscavidas.

Con su creciente riqueza, Escobar se hizo cargo de un periódico de Medellín, adquirió influencia en la política colombiana y hasta logró acceder a un cargo público, convirtiéndose en una alternativa para el Congreso nacional. Construyó una buena reputación como Robin Hood, al edificar viviendas para los pobres, construir 70 campos de fútbol y abrir un zoológico al público. Un miembro de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) se quejó de que la importación de animales exóticos para el zoo parecía haber traído a Escobar más problemas por parte del gobierno que su negocio con la droga.

Actualmente, Escobar es buscado en los EE.UU. por cargos en tres acusaciones federales por la comercialización de cocaína, lavado de dinero y asesinato por encargo. Escobar negó todos los cargos a través de un abogado. Pero admite que había hecho una propuesta de amnistía a favor de los miembros del cartel en 1984, cuando el cartel insolentemente se ofreció a pagar la deuda nacional de Colombia y retirarse a cambio de inmunidad. Los fiscales no están seguros de dónde está y no son optimistas de que será arrestado y extraditado. Las autoridades creen que Escobar sigue en el negocio como siempre, pero dicen que los márgenes de beneficios están disminuyendo con el aumento de la oferta y la demanda en disminución.

Escobar tiene la mayor proporción del cartel de Medellín (alrededor del 40%) lo que le aseguraría un flujo de caja de al menos 3.000 millones de dólares en los últimos años. Los fiscales federales que lo había acusado ​​en Miami no saben dónde esconde su fortuna, creen que la guarda porque no tienen pruebas que demuestren que la haya dilapidado”.


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