IMAGE: Roman Fedin - 123RFComo parte de su resolución para arreglar los problemas de Facebook, Mark Zuckerberg ha publicado una nueva entrada en su página en la que apunta algunas ideas sobre cómo pretende llevar a cabo la selección de noticias que los usuarios podrán ver en sus News Feeds.

Y si lprimera medida, modificar el News Feed para reducir el alcance de las noticias y los vídeos, y reforzar la presencia de los contenidos creados por tus amigos, abrió la polémica sobre la interacción entre la red social y los medios de comunicación, la segunda promete hacerlo mucho más aún: según Mark, la compañía debe crear un ranking con la fiabilidad de las fuentes de información, pero dado que no se sentía cómoda tomando la decisión sobre qué medios deben ser considerados fuentes confiables, y que tampoco veía con buenos ojos la posibilidad de crear un comité externo para ello, se ha decidido por la tercera posibilidad: la de preguntar a sus usuarios

Las preguntas son inmediatas: ¿podemos fiarnos de la opinión de los usuarios de una red a la hora de decidir qué fuentes son fiables y cuáles no? La pregunta es la misma que suele utilizarse a la hora de criticar la democracia como sistema: ¿por qué los votos de determinadas personas valen tanto como los de otras? ¿Qué ocurre en una red de más dos mil millones de usuarios cuando, por ejemplo, todos los lectores de una fuente abiertamente sensacionalista, ferozmente sesgada o fuertemente polémica es artificialmente considerada por todos sus lectores habituales como la más fiable? Después de todo, los diarios sensacionalistas están entre los más populares en muchos países, lo que indica que, obviamente, tienen un público, algo que seguramente forma parte de la condición humana.

Según la escasamente detallada entrada de Mark, la idea es preguntar a los usuarios su nivel de familiaridad con una fuente determinada, para posteriormente pedirles que se pronuncien sobre su fiabilidad. Lo que aparentemente se pretende es separar aquellas publicaciones que únicamente son consideradas fiables para sus lectores o observadores, frente a aquellas que aparecen como ampliamente fiables para toda la sociedad, incluso para aquellos que no las siguen directamente. Al eliminar de la muestra a aquellos que no están familiarizados con una fuente, el resultado pasa a ser una proporción entre aquellos que confían en una fuente y aquellos que están familiarizados con ella, lo que, de nuevo, vuelve a plantear todo tipo de preguntas: ¿qué ocurre a la hora de intentar preservar un equilibrio entre las fuentes grandes, evidentes y fuertemente consolidadas o establecidas, frente a publicaciones más pequeñas, especializadas, o de nueva creación? ¿Se convertirá Facebook en un “club de viejas glorias” en el que únicamente se acepta a “las fuentes de toda la vida”? ¿Cómo evitar que los usuarios mientan, y distorsionen esa  proporción afirmando tener familiaridad con una fuente aunque no la tengan, calificándola como no fiable aunque sepan que realmente lo es, o viceversa? ¿O incluso que las propias publicaciones llamen a sus lectores a tomar partido, editorialicen sobre las intenciones de Facebook, y pretendan crear estrategias para manipularlas? Después de todo, es más que posible que una gran proporción de los que comparten noticias falsas lo hagan sabiendo perfectamente que son falsas, pero pretendiendo extender su alcance porque, sencillamente, esas falsedades son mentiras que quieren creerse, que desearían que fueran ciertas, o que coinciden bien con su visión del mundo.

Las noticias falsas no responden a una dinámica única, no son sencillamente usuarios engañados por un titular o por un contenido. En realidad, el problema es mucho más complejo, y esconde desde intereses definidos, hasta, en ocasiones, simple curiosidad, morbo o interés por ver argumentos contrarios. Después de todo, el comodín del público, el simplemente lanzar una pregunta a la audiencia considerándola a toda ella apta para contestarla, genera en muchas ocasiones respuestas ampliamente desinformadas, en función de la creencia más popular, de las mentiras mejor vendidas o más atractivas, o simplemente de lo que cree alguien que no tiene preparación para dar una respuesta. La pregunta directa de cómo de fiable es una fuente es más que probable que no responda a las características de la fuente, sino a la distancia ideológica entre su línea editorial y las opiniones de la persona que opina sobre ella. ¿Es posible evitar, detectar o tener en consideración estos factores a la hora de tomar decisiones sobre qué fuentes de información son consideradas fiables y cuáles no? ¿Que puede hacerse algorítmicamente a la hora de detectar esos patrones de posible fraude, sea intencionado o construido artificialmente como parte del funcionamiento del sistema? ¿Puede llegarse a una única clasificación universal sobre fiabilidad? ¿Cuál puede ser el resultado de tal intento?

 

IMAGE: Zerbor - 123RFInteresantísimo articulo que merece una reflexión en The Wall Street Journal, The antitrust case against Facebook, Google and Amazon, sobre los posibles argumentos para aplicar la legislación antimonopolio a compañías tecnológicas que poseen participaciones de mercado desmesuradamente altas, perfectamente comparables a los casos clásicos y paradigmáticos de la historia del management como Standard Oil Co. o American Telephone and Telegraph Co., y lo que esto podría implicar de cara al futuro. 

A nivel mundial, en diciembre de 2017, más del 91% de las búsquedas se hacían en Google, un porcentaje que en muchos países supera el 95% ó 96%. El 87.7% de los smartphones utilizan Android como sistema operativo. En el mundo de las redes sociales, Facebook tiene más de 2,000 millones de usuarios en todo el mundo, además de los 800 millones de Instagram, los 1,200 millones de Facebook Messenger o los más de 1,300 millones de WhatsApp. En comercio electrónico, Amazon es un monstruo con actividad en todo tipo de productos, que domina no solo su actividad original, los libros, sino industrias tan variadas como el cloud computing o los smart speakers.

¿Cuáles son los efectos de una industria tecnológica tan intensamente polarizada? Dejando al margen la discusión sobre si esas posiciones se obtienen por méritos propios o mediante el recurso a estrategias anti-competitivas, las cuotas de mercado tan elevadas nunca han sido una buena noticia para nadie más que para el que las posee (o posiblemente, si lo pensamos en términos de largo plazo y sostenibilidad, ni eso) y, como ocurre en Biología con los monocultivos, son una de las formas más claras de incrementar la vulnerabilidad a determinados problemas. Que Android, por ejemplo, se convierta prácticamente en el sinónimo de smartphone puede parecer una gran victoria del código abierto, pero en realidad, es el requisito necesario para que atraiga problemas de seguridad importantes, como el recientemente identificado Skygofree, con capacidades de espionaje nunca vistas anteriormente, o como desde hace muchos años ocurre con Windows en el ámbito de los ordenadores personales. Que Facebook se convierta en el sitio donde más norteamericanos consumen sus noticias es lo que lleva a países como Rusia a plantearse utilizarlo como herramienta para influenciar el resultado de sus elecciones presidenciales.

¿Es de alguna manera beneficioso para los usuarios que las empresas sobrepasen determinados niveles de cuota de mercado? En el mundo de la tecnología, todo indica que no: las compañías que alcanzan un dominio del mercado incontestable pasan a disfrutar de una situación en la que la práctica totalidad de los avances de su industria provienen de ellas mismas, lo que suele implicar una ralentización de la innovación, que pasa a estar supeditada a la agenda corporativa o a afrontar cualquier amenaza externa con una simple adquisición, como es el caso de Facebook. ¿Que alguna compañía consigue innovar y destacarse en mi ámbito? O le hago “una oferta que no pueda rechazar”, o, si está tan loco como para rechazarla, copio su producto y prestaciones y simplemente espero.

La legislación y las autoridades anti-monopolio se crearon como respuesta a un problema intrínseco del capitalismo. La evolución de la economía ha ido demostrando que gracias a la tecnología, los monopolios se alcanzan cada vez de manera más rápida e indiscutible, dando lugar a estructuras que no redundan en beneficios para prácticamente nadie más que aquel que es capaz de explotar su ventaja para distorsionar el mercado. Si combinamos esto con el crecimiento de las actividades de lobbying, nos encontramos ante una situación que tiende a aceptar correcciones del regulador de una manera cada vez más excepcional: las autoridades anti-monopolio, en realidad, llevan a cabo su papel corrector en cada vez menos ocasiones.

¿Han hecho las compañías tecnológicas algo que deba merecer una respuesta decidida de las autoridades anti-monopolio? Es posible que no, o no de manera generalizada. Todos recordamos momentos en los que sí se han identificado actitudes anti-competitivas en determinadas compañías, pero… ¿serían realmente merecedoras de una decisión tan drástica como obligar a una compañía a escindirse en distintas áreas de actividad? ¿Pero qué sentido tiene disponer de una herramienta para sanear el panorama competitivo y mejorar la situación de los usuarios, si esta herramienta se convierte en algo que prácticamente nunca llega a ser utilizado, y si podríamos pensar que su uso sí podría influir positivamente de cara a generar una situación competitivamente mejorada? ¿Ha llevado la tecnología a la necesidad de repensar las reglas del capitalismo tal y como las conocemos? En un capitalismo exclusivamente orientado al resultado financiero, en el que lo que cuenta es estrictamente el beneficio, la responsabilidad social corporativa que debería incentivar una creación de valor con una base más amplia y sostenible se convierte en un elemento folclórico, en una frase vacía para ponerla en la memoria corporativa, en un “compromiso de que lo reciclamos todo” cuando en realidad, lo enviamos a vete tú a saber dónde para que otro haga vete tú a saber qué. ¿Deberíamos reconsiderar el concepto de creación de valor, para darle un significado completamente distinto, incluyendo conceptos más allá del lucro del emprendedor o innovador, que de verdad permitan optimizar los frutos de la innovación de una manera más adecuada?

 

IMAGE: Ioulia Bolchakova - 123RF

El término growth hacker se atribuye a Sean Ellis, emprendedor y directivo de compañías como LogMeIn o Dropbox entre otras, en un artículo de 2010 titulado Find a growth hacker for your startup. Según su definición, un growth hacker debía ser “una persona cuyo auténtico norte es el crecimiento, y que todo lo que hace es escudriñado por su impacto potencial en el crecimiento escalable”.

Desde entonces, se ha dado en llamar growth hacking a toda una panoplia de técnicas que van desde el email marketing hasta los algoritmos de recomendación o la viralidad, se ha creado toda una supuesta categoría profesional, y hasta servicios de consultoría en torno al tema, como si se tratase de algún tipo de nueva religión o fervor que todas las compañías tienen que abrazar y practicar, como si todo lo que rodea al growth hacking estuviese automáticamente justificado o santificado de alguna manera.

La gran verdad es que el growth hacking oculta un problema evidente: que en la inmensa mayoría de los casos, el poner el crecimiento como único objetivo incondicional es una enorme falacia. Sí, a todas las compañías les gusta crecer. Pero cuando ese crecimiento se convierte en objetivo fundamental y se trata de conseguir por todos los medios posibles, a modo de mantra obsesivo, se cometen errores importantes o se incurren en absurdos conceptuales, que en ocasiones pueden incluso llegar a ir en contra del calificativo que inicialmente acompañaba a la definición de growth hacking: sostenibilidad.

Un ejemplo: llevo en LinkedIn desde el año 2003. Es un servicio que aprecio, que utilizo y que además, supone una buena parte de la difusión de los contenidos que creo. La compañía debería conocer perfectamente mis hábitos, mi forma de utilizar el producto y mis prácticas a la hora de gestionar mis contactos profesionales. Y sin embargo, las técnicas de growth hacking llevan a LinkedIn a, cada vez que acepto a una persona en mi red, automáticamente hacer aparecer los conocidos de esa persona en el mismo punto en que he hecho clic para aceptarla, tanto en la pantalla del ordenador como en la app en el smartphone, en un absurdo intento de que haga un clic más e invite a alguno de los conocidos de esa persona a formar parte de mi red. La cuestión es tan absurda y patética, que incluso si estoy aceptando a varias personas y hago caso omiso de esas recomendaciones, LinkedIn las desplaza para hacerlas aparecer en la parte de la pantalla en la que estoy haciendo clic, de nuevo intentando “cazar” ese posible clic accidental. Vamos a ver, estimado growth hacker que ideó semejante estupidez: ya sé que para LinkedIn, cuantos más contactos tengamos en nuestra red profesional, mejor. ¿Pero de verdad crees que mi red profesional va a ser mejor por el hecho de que solicite más contactos por error, de manera no intencionada, simplemente porque me has colocado un botón donde no debía estar? ¿De verdad alguien te ha convencido de que eso tiene sentido, te digan lo que te digan las métricas? ¿Va a incrementar eso mi satisfacción con el producto, el aprovechamiento de mi red o algún factor que de verdad sirva para algo? ¿Podemos, por favor, abandonar una práctica tan absurda y cansina, que da la impresión de que lo que LinkedIn pretende es simplemente que “todos nos hagamos amigos de todos”, detrayendo el verdadero valor y sentido que tiene una red de contactos? No, LinkedIn no debería ser, por mucho que sus growth hackers crean, una red en la que “se triunfa” cuando se tienen muchos contactos. El verdadero triunfo debería ser una red bien configurada para lo que el usuario pretende hacer con ella, y eso, en la mayoría de los casos, implica ser relativamente selectivo, no disparar invitaciones a tontas y a locas.

Relacionado: ¿por qué enviar a un usuario constantes invitaciones para que aproveche una promoción y se haga premium gratis durante un tiempo? ¿No cabe pensar, en un usuario que lleva casi tantos años en LinkedIn como años tiene la red, que habrá barajado dicha posibilidad y que, por la razón que sea, la ha descartado? ¿Vale de verdad la pena enviarle correos incesantes que llegan a alcanzar, por pura reiteración, la consideración de spam, solo porque un growth hacker ha decidido fijar unos determinados objetivos de conversión que supuestamente debe conseguir a toda costa, caiga quien caiga, aunque ello llegue a suponer molestias para el usuario?

Facebook advertisingQuerida Facebook: ¿de verdad crees que tiene sentido recomendarme todos y cada uno de los malditos días desde hace ya bastante tiempo que “mi publicación tiene mejor rendimiento que el 90% de las publicaciones de esa página, promociónala para alcanzar…”, o “Cuando acabes de promocionar tu publicación, un máximo de tantasmil personas…”, o “toma, aquí tienes treinta euros para que lo pruebes”… ¿De verdad a alguien le parece que esa estrategia tiene algún sentido? ¿Me estoy perdiendo algo? ¿Cuánto tiempo llevo en Facebook? Muchos años. ¿Alguna vez he tomado la decisión de promocionar una publicación? No, ¿verdad? De haberlo hecho, lo sabrías, ¿no te parece? ¿No cabe pensar que, por mucho que el objetivo de negocio de Facebook sea que los creadores de contenidos nos anunciemos y gastemos dinero en publicidad, mi estrategia personal no es esa, y para mí, simplemente, no tiene sentido? ¿No deberían los algoritmos de Facebook entender una cuestión tan básica, analizar mínimamente a ese usuario del que saben tanto, y abandonar el objetivo de venderle a toda costa una publicidad que resulta patente y evidente que no va a comprar, o al menos hacerlo tras un cierto número de intentos fracasados? Pero no, no lo hacen, porque el growth hacker de turno ha decidido que, pase lo que pase, ese es el objetivo, opine lo que opine yo al respecto, y por tanto, me martiriza todos los días con sus consejos, sus simulaciones y sus promociones.

Son simplemente dos ejemplos ilustrativos rápidos. Hay muchos, muchísimos más, una especie de obsesión universal por el growth hacking, y no pretendo en absoluto ejemplificar con Facebook o LinkedIn, no es ese el objeto de esta entrada. Estos son simplemente dos servicios que todo el mundo conoce y que utilizo con profusión, que me resultan importantes, que suponen una parte importante de la difusión de mis contenidos todos los días, y con los que, en general, tengo un nivel de satisfacción adecuado. Pero ese nivel de satisfacción, seguramente, sería mayor si además, no me diesen sistemáticamente la paliza con este tipo de técnicas absurdas.

En general, la incondicionalidad es una mala idea. Las estrategias, prácticamente todas, suelen estar condicionadas a muchas circunstancias, circunstancias que en muchas ocasiones tienen sentido. Plantearse un objetivo “sí o sí”, “caiga quien caiga” o “por encima de todo” puede ocasionar molestias a los usuarios, o incluso incoherencias con respecto a la misión de la compañía o al supuesto uso adecuado de sus productos. ¿No deberíamos replantear la figura del growth hacker para, como mínimo, pasarla por el tamiz del sentido común?

 

IMAGE: Scyther5 - 123RFMuchos pensarán que todo empezó con esta entrada de Mark Zuckerberg en su página personal, definiendo su desafío personal para el año 2018 como “arreglar los problemas de Facebook“, definidos por él mismo como “defender a la comunidad contra el abuso y el odio”, “defendernos contra la interferencia de naciones y estados”, o “asegurarnos que el tiempo que pasamos en Facebook es tiempo bien invertido”.

Esta entrada desencadenó rápidamente todo tipo de reacciones: desde John Battelle sentenciando sencillamente que “Facebook no tiene arreglo“, hasta Roger McNamee, que apunta “medidas para arreglar Facebook antes de que sea Facebook quien nos arregle a nosotros“, pero la gran realidad es que la cuestión no empezó con la resolución de año nuevo de Mark, sino mucho, mucho antes.

A lo largo de los últimos tiempos, Facebook no solo se ha demostrado como una compañía enormemente rentable, con una capitalización bursátil por encima de los quinientos mil millones de dólares y con una acción en continuo crecimiento, sino también como una herramienta para influenciar procesos electorales y atacar la misma esencia de la democracia, para promover el genocidio hasta el punto de que algunos se planteen juzgar a la compañía por crímenes de guerra, para promover la exclusión en función de criterios de todo tipo, o para promover el discurso del odio, el acoso y la exclusión, sin que las medidas tomadas por la compañía para evitarlo hayan servido para evitarlo.

A lo largo de su fastuoso crecimiento hasta superar los dos mil millones de personas en todo el mundo, Facebook se ha construido sobre un mecanismo fundamental: un algoritmo que muchos aceptan como completamente normal, pero que desde mi punto de vista debería ser considerado completamente inaceptable. La cuestión es tan sencilla y fácil de entender como efectivamente lo parece: cuando creas contenido en una página de Facebook, ese contenido tiene un alcance orgánico determinado. Alcanza la atención de que manera natural debe alcanzar, en función de sus características y de las personas que deciden compartirlo. Desde ese punto de vista, la red social se convierte en una plataforma, en un entorno en el que la información circula libremente, y cada uno encuentra los contenidos que aquello que ha definido como su entorno de interés, sus amigos, las páginas que decide seguir, etc. le aportan. Sin embargo, a partir de un momento dado, el algoritmo empieza a actuar, restringiendo de manera artificial el alcance orgánico de los contenidos creados, pretendiendo que el creador del contenido, para obtener una audiencia similar a la que tenía antes, se vea obligado a adquirir publicidad. La gran mayoría del negocio de Facebook proviene ni más ni menos que de ahí, de forzar a los creadores de contenidos a pagar por un alcance que podrían estar obteniendo de manera natural, pero del que el algoritmo de Facebook les priva artificialmente. En ese sentido, Facebook es como un vendedor de droga: si quieres mantener tu relevancia, tendrás que pagarme cada vez más.

Ese, y no otro, es el responsable de la inmensa mayoría de los problemas de Facebook. No se puede establecer un imperio que alcanza e implica a más de dos mil millones de personas sobre un algoritmo así, más calificable como de sucio truco que como un verdadero modelo de negocio, por mucho que le haya ido bien con él. A partir del momento en que, de manera artificial, restringes el alcance que un contenido debería haber tenido para pasar a vender ese alcance a su creador, sabes perfectamente que no estás inventándote hábilmente un modelo de negocio, sino cometiendo un fraude. Estás creando un engaño, un sistema perverso que puede ser explotado para lo que se quiera. El problema de Facebook es haberse desarrollado con un enorme éxito gracias a ese algoritmo, haber creado un sistema que permite comercializar la atención sin ningún tipo de límite – ni siquiera los que legalmente debería tener, como filtrar por determinados criterios – y sin prácticamente ningún tipo de control, salvo los que se han intentado ir creando a golpe de crisis. El problema es que lo que le ocurre a Facebook es lo que pasa cuando superpones la naturaleza humana a un algoritmo absurdo, que debería ser completamente inaceptable, pero que por alguna razón, hemos convenido en calificar como normal. No, no lo es. Nadie debería ganar dinero haciendo algo así, manipulando los procesos de atención de esa manera. El problema de Facebook es un problema de mentalidad, y se ha hecho más evidente a medida que ha ido creciendo. Ahora, en plena madurez, la magnitud del cambio que Facebook necesita es prácticamente fundacional.

A partir de aquí, veremos. La primera medida, modificar el News Feed para reducir el alcance de las noticias y los vídeos, y reforzar la presencia de los contenidos creados por tus amigos, es una solución temporal: si te conviertes en el mayor medio de comunicación del mundo, en el sitio donde más personas leen la prensa, te aseguras convertirte también en el objetivo de todos los que han generado los grandes problemas a los que Mark se refiere: de estados que intentan manipular procesos electorales, de quienes intentan distribuir el discurso del odio, de quienes pretenden manipular todo lo manipulable. Pero solucionar tus problemas a base de reducir tu relevancia no es una solución: es una retirada. Lo normal, lo esperable, es que una red social como Facebook termine siendo un lugar donde acceder a noticias, donde verlas tamizadas por los intereses de tus amigos, donde comentarlas, como en la barra de un bar.

Este primer cambio de Facebook es eso, solo el primero de muchos que están por venir. Mark Zuckerberg es una persona con una brillantez excepcional, y aunque sea una tarea difícil y compleja, sabe que tiene que llevarla a cabo. A corto plazo, veremos muchos sustos: todos aquellos medios que hayan confiado su audiencia a la compra de tráfico en Facebook se verán afectados, se encontrarán con caídas, y se resentirán en su alcance, con todo lo que ello conlleva. Pero por otro lado, veremos un panorama más lógico, más razonable y, a medio plazo, más real, menos distorsionado. Porque lo que hacía Facebook no era ni más ni menos que eso: distorsionar la relevancia y el alcance de las cosas. Y sobre algo así, no puede construirse nada bueno.

 

Facebook vuelve a cambiar el newsfeed y los medios siguen sin entender nada… de Denken Über

Facebook anuncio el fin del News Feed tal como lo conocemos y aunque sinceramente no me sorprendió, el anuncio oficial y el post de Mark son más una forma de justificación de una decisión de negocio que otra cosa aunque la clave es simple:

Because space in News Feed is limited, showing more posts from friends and family and updates that spark conversation means we’ll show less public content, including videos and other posts from publishers or businesses. // Debido a que el espacio en la Sección de Noticias es limitado, mostrar más publicaciones de amigos y familiares y actualizaciones que despiertan la conversación quiere decir que mostraremos menos contenido público, incluidos vídeos y otras publicaciones de medios o empresas.

Con esta sola frase Facebook acaba de destruir el ecosistema que los medios estuvieron construyendo para “alcanzar las audiencias y generar conversaciones donde estas suceden” ¿está bien? ¿está mal? sinceramente es ridículo pensarlo en estos términos… Facebook puede hacer con su plataforma lo que quiera, lo acaba de demostrar y se condice con una frase que muestra el alma de Mark Zuckerberg:

“Si estás tratando de convencer a alguien que quiera unirse a tu equipo, ayudarlos a entender el dolor que tendrían que atravesar para competir es una táctica válida” Ayudarte a entender el dolor de competir” como estrategia de Facebook

Hay dos cosas que cambian con esta medida de Facebook; el alcance que los medios pueden tener sobre la audiencia y los dólares de publicidad que se compartían o que se ahorraban los medios al participar en entienden ahora que no necesitan ser compartidos fuera del jardín vallado de Facebook. En definitiva esto es una simple forma de demostrar como es la competencia por la atención pero lo que los medios no terminan de entender es que la economía es de atención.

Lo resume bien Mark en su post oficial, cuando dice “the time you do spend on Facebook will be more valuable” porque luego de ofrecerle a los medios una forma de ampliar la audiencia dentro de su jardín vallado, luego de decirle a los nuevos medios que inviertan en video para que puedan sumarse a la audiencia de facebook, luego de pedirle a todos los medios (tradicionales, modernos, millenials y de extrema derecha) que hagan un contenido fácil de compartir y “likear”… lo que lograron fue hacer que todos los medios se dediquen a hacer un contenido de mierda pero viral pero que, increíblemente, le mostró a la gente que no necesitan salir de Facebook para leer todo lo que quieren.

¿Para que salir de Facebook si veo todo lo que quiero? Y es “lo que quiero” porque los algoritmos te van mostrando cosas que te gustan para que no salgas de Facebook, porque los medios invierten en video y virales para que compartas y así ganar peso en el newsfeed de tu grafo social… y esto genera un circulo virtuoso para Facebook que te mantiene dentro y vicioso para los medios que cada vez tienen que genera mas contenido viral para no perder reach.

¿Y ahora? ahora jodanse estimados medios de comunicación que no entienden el valor de una plataforma abierta y libre como la Web y siguen al duopolio que les sacó todos los ingresos publicitarios posibles. Jódanse estimados medios que no entienden que lo único de lo que son dueños es de sus propias plataformas y no de las de terceros. Jódanse porque cuando el ecosistema de internet les decía “si invierten en Instant Articles, Video, SEO, AMP, etc sólo están potenciando el poder de Google y Facebook” ustedes decían “nosotros seguimos a las audiencias”

¿Como sigue esto? Con un feed específico para medios, sea en forma de pestaña, sea en forma de botón inferior, sea en forma de espacio lateral… donde el alcance se va a lograr invirtiendo en pauta para aumentar el posicionamiento, si el SEO+SEM les parecía un juego perverso esperen entender que su contenido es cada día más irrelevante como fast-food y que así como tuvieron que salir a comprar blogs en su momento van a tener que invertir en nuevas formas de no perder audiencia.

¿Están todos condenados? No. ¿Alquien se acuerda de ViralNova y su venta por 100 millones para ahora ni existir? nacieron y murieron con el newsfeed y sus algoritmos, un dia tenían 90 millones de seguidores y 30 millones de lectores y en 15 dias desaparecieron literalmente…

Pero no, los medios no van a cambiar porque es tarde para ellos y así como están volviendo a optimizar para SEO+SEM van a volver a aprender el libreto que les pase Facebook y optimizar para esta maravillosa plataforma que ya no compite contra ellos sino contra la web abierta que todos conocemos y pocos defendemos.