Por si no lo conocías. El Shiny Object Syndrome (síndrome de objetos brillantes) es un fenómeno que se asocia con el mundo emprendedor. Puede que en cualquier momento haya ideas que capten de tal manera nuestra atención que nos hace perder el foco. Yo debo admitir que lo sufro a diario.

brillanteDerechos de foto de Fotolia

El otro día estuve reunido con un cliente potencial de Beguerrilla que me comentó una estrategia de lanzamiento muy curiosa. Su idea era sacar dos versiones de un producto de uso cotidiano. Uno era la versión “normal” (siendo una alternativa muy competitiva a nivel relación precio-calidad) digamos y la otra era la versión “tecnológica” muy llamativa que a día no existía todavía. La razón para ello es muy sencilla. Tampoco saben realmente si alguien lo necesita pero eso no aportaba tanto.

Simplemente buscaban llamar la atención y posicionarse como una alternativa muy atractiva en este sector. No buscaban realmente vender la versión friki sino simplemente captar tráfico para vender la “normalita”. Es como promocionar una Lopifit para vender bicicletas normales.

No tengo 100% claro si va a salir redonda la jugada pero dentro de los próximos días sabré si puedo observarlo desde dentro. Ya os iré contando.

Stay tuned.

En términos generales, el consumo es un impulso de la actividad económica en México. La preferencia de los consumidores mexicanos por los productos que se elaboran en nuestro país fortalece la economía a nivel interno, y además tiene eco a nivel internacional, pues la mantiene en constante crecimiento. Pero, ¿esto peligra ante la volatilidad financiera que se prevé, que será provocada por las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos?

Si este fuera el caso, las afectaciones comerciales serían para ambas partes. A México porque Estados Unidos es su mayor socio en este ámbito. Y para el vecino del norte porque casi 5 millones de empleos estadounidenses dependen del comercio con nuestro país, de acuerdo con la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (FUMEC). Por sólo mencionar dos puntos críticos.

Para mitigar este impacto, la convocatoria actual tanto por parte de la ciudadanía como de los empresarios y gobierno -basta con adentrarse a las redes sociales para dar fe de esto-, ha sido la de retomar la premisa de consumir productos hechos en México como una solución.

Los beneficios de este modelo los señala el sitio de la empresa Sablón, entre los que destacan:

Se apoya a trabajadores mexicanos y al comercio formal.
Ayuda a que la economía mexicana se mantenga en constante crecimiento.
Se contribuye al pago de mejores salarios para trabajadores mexicanos.
Al evitar comprar productos importados se ayuda a que las fábricas se queden en México y con ellas el dinero, la infraestructura y los empleos.

Esta última línea la siguen algunas multinacionales: Grupo Modelo generó cerca de 30,969 empleos durante 2014; en equipos eléctricos, Siemens de Mesoamérica 5,550; en el sector farmacéutico Sanofi México, 1,883, conforme a datos de la revista Forbes, son algunos ejemplos.

Un ejemplo destacado es la marca japonesa Nissin Foods, creadora de la primera sopa instantánea en vaso, Cup Noodles, que además es la más consumida a nivel mundial. Esta empresa está presente en nuestro país desde 2005, año en el que estableció una fábrica en el Estado de México, y que contribuye al desarrollo de la economía mexicana, a partir de tres estrategias que impactan positivamente en el mercado doméstico.

La primera estrategia se enfoca a la generación de empleo, ya que actualmente proyecta ampliar su participación de mercado en un 20 por ciento más para 2020, lo que se traduce como más empleos para mexicanos. La segunda, se trata de la elaboración de productos afines a la cultura de nuestro país, con los pilares de innovación y sabor, es el caso de la Sopa Nissin Habanero que fue creada al gusto del consumidor nacional y que incluye una mini bolsita de salsa del mismo chile, con la que impulsan el apoyo a productores mexicanos, puesto que fue elaborada en Yucatán; además de otros productos que forman parte de su familia y también están hechos en México, como la Sopa Nissin Hot Sauce, MaxiSopa Nissin y Rapifideo. Y, finalmente, la tercera, una estrategia de precios que permite que al tener productos de producción local en su portafolio se beneficie la economía de sus consumidores.

Al respecto, Manuel Herrera, dirigente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), hace poco declaró al diario La Jornada que “Quien compra un producto hecho en México beneficia a muchas familias del país, el desarrollo de la economía nacional y contribuye a fortalecer el mercado interno. Consumir lo nuestro nos favorece a todos”.

De esta manera, invertir en México también es ayudar a que la economía del país sea más estable. A pesar del caso Trump, comprar lo hecho en México es un catalizador del desarrollo, puesto que incide positivamente en el ambiente productivo y competitivo del país.

Y esta debería convertirse una prioridad hoy y siempre, sin importar las condiciones del contexto. Tener un espacio prioritario a lo producido en nuestro país es procurar por el futuro del bienestar social.

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