IMAGE: Anton Sokolov - 123RFUna regulación estatal convierte el estado norteamericano de Idaho, famoso por sus patatas pero no especialmente por su nivel de innovación, en el sitio donde resulta más difícil para un trabajador abandonar su compañía cuando recibe una oferta mejor. La ley invierte la carga de la prueba en las cláusulas de no-competencia, convirtiéndolas en un sinsentido en el que, supuestamente, es el propio empleado que deja la compañía el que tiene que demostrar que carece de “habilidades que puedan afectar adversamente los legítimos intereses empresariales del empleador”, algo muy difícil o prácticamente imposible de hacer si la compañía decide que no es así.

El cambio legislativo marca el extremo de un continuo que tiene en el lado contrario a California, un estado en el que las cláusulas de no-competencia no solo son ilegales, sino que además, ni siquiera reconoce su existencia ni permite su aplicación cuando el trabajador las firmó en otro lugar. Algunos estudios consideran que este factor es precisamente el que subyace detrás de la gran ventaja de Silicon Valley a la hora de atraer talento: la región se considera un imán capaz de atraer a personas brillantes de otros sitios, hasta el punto de que hay en ella más trabajadores tecnológicos procedentes de fuera de los Estados Unidos que nacidos en el país. Ante una oferta para trabajar en California, una persona siente que el riesgo de cambiar de vida y de trabajo compensa porque, incluso en caso de que su nuevo trabajo no respondiese a sus expectativas, podría simplemente cruzar la calle y buscar trabajo en otra compañía en la región al no existir contratos con cláusula de no-competencia.

En el caso de otros estados, el efecto también parece claro: en 1985, Michigan, tras un fuerte proceso de lobbying de varias compañías locales, cambió sus leyes referentes a la invalidez de las cláusulas de no-competencia. El resultado fue una creciente emigración de personas consideradas con talento para la invención (que hubiesen registrado al menos dos patentes entre 1975 y 2005) hacia otros estados en los que estas cláusulas seguían siendo ilegales, con el interesante detalle de que fueron precisamente las personas consideradas más brillantes las que tuvieron más facilidades para irse, al haber más compañías de fuera del estado dispuestas a compensar más generosamente sus gastos de relocalización.

En el caso del estado de Massachusetts aparece un factor adicional: las cláusulas de no-competencia son consideradas válidas, pero se ha discutido en varias ocasiones la posibilidad de que la compañía que elija hacerlas efectivas deba compensar a la persona a la que impide trabajar en un competidor con al menos la mitad del sueldo que percibía anteriormente. El llamado garden leave pretende encarecer ese tipo de cláusulas para tratar de impedir que las compañías hagan un uso abusivo de ellas, y ha estado sujeto a fuertes discusiones durante años porque las compañías tienden a oponerse a pagar a alguien a cambio de que no trabaje. En una encuesta reciente, se reveló que uno de cada cinco trabajadores norteamericanos estaban sujetos a algún tipo de cláusula de no-competencia, y que en muchos casos, estas cláusulas no se empleaban para restringir la movilidad de empleados realmente claves o decisivos en procesos de innovación o considerados estratégicos, sino a trabajadores de toda condición, incluyendo casos como, por ejemplo, peluqueros. Ese tipo de cláusulas, además, no solían ser negociadas ni ser objeto de atención en la firma de los contratos, y se convertían en una forma de retención que trataba de desincentivar la salida de trabajadores, y que terminaba por resultar en menores oportunidades de mejora profesional.

La conclusión parece clara: como ya escribí en alguna otra ocasión, al talento le gusta la libertad, tratar de retenerlo contractualmente no supone una ventaja a largo plazo, sino todo lo contrario. En muchas ocasiones, ese tipo de cláusulas de no competencia no son, en realidad, una forma de proteger a la compañía, sino una herramienta que le permite llevar a cabo una especie de “venganza” sobre un trabajador, tratando de restringir sus movimientos o condenándolo a costosos procesos judiciales para poder dejar la compañía o empezar a trabajar en otra. En último término, ese tipo de circunstancias pueden terminar por convertirse en un problema para todo un país o región a la hora de atraer talento.

 

IMAGE: Christophe Boisson - 123RF

Un interesante artículo en TechCrunch, Kickstarter is breaking down assumptions about where innovation can occur, intenta, a partir de un informe de Polygraph, despejar algunas incógnitas de la relación entre el crowdfunding y los ecosistemas innovadores.

Llevo varios años hablando acerca del crowdfunding en mis cursos de innovación, y siempre he hecho énfasis en la misma cuestión: por mucho que los ojos se nos vayan a los grandes proyectos que baten récords y consiguen cambiar su dimensión económica inicial gracias a una campaña exitosa, lo importante del crowdfunding no es el dinero. Si alguien se plantea el crowdfunding como una manera de sustituir formas de financiación de un proyecto como la búsqueda de inversores o el crecimiento mediante ingresos autogenerados, lo normal es que fracase.

Las fórmulas de crowdfunding basadas en la presentación de un producto para que, mediante su pre-compra o esquemas de premio similares, los usuarios ayuden a su puesta en el mercado (reward crowdfunding) no deben ser vistas como una fórmula de financiación, sino como otra cosa. Lo importante de ese tipo de procesos no es el hecho de que proporcionen dinero sin tener que comprometer participación y que lo hagan justo en el momento en que los emprendedores podrían necesitarlo, sino otro tipo de recompensas. Un proyecto de crowdfunding bien planificado puede ofrecerte un auténtico tesoro de datos sobre cómo el mercado ve tu producto, puede ayudarte a refinar sus prestaciones y funcionalidad, a replantear cómo lo presentas, e incluso a darte un plus de visibilidad adicional. De hecho, en los casos en los casos de los proyectos que baten records de financiación, el mérito no hay que buscarlo en el crowdfunding como tal, sino precisamente en esos fenómenos de viralización que tienen lugar cuando algunas páginas con visibilidad difunden el proyecto.

El crowdfunding puede aportar muchísimo valor a un proyecto, pero ese valor no es adecuado expresarlo en términos económicos, como lo demuestra su uso corporativo, compañías que recurren a ese canal no porque necesiten dinero, sino porque quieren hacer un estudio de mercado real, con clientes reales que aportan la prueba más veraz que pueden aportar: poner el dinero por adelantado para obtener un producto que les interesa lo suficiente para ello. Y en ocasiones, una búsqueda de visibilidad gracias al patrullaje constante que algunos medios llevan a cabo sobre las páginas de los sitios populares de crowdfunding, en busca de proyectos interesantes o con éxito temprano. Y no es poco: en términos de innovación, la sensibilidad del mercado y la visibilidad pueden ser aportes valiosísimos.

He visto numerosos proyectos y emprendedores deslumbrados por el dinero que podían obtener en un hipotético crowdfunding, y en todos los casos, estaban confundiendo el objetivo. Aunque quede frívolo decirlo cuando en ocasiones hablamos de cantidades millonarias, lo importante en un proyecto de crowdfunding no es el dinero. Lo que obtengas en el proceso tendrás que dedicarlo fundamentalmente en la fabricación del producto que te han pre-comprado, y cuando termines de enviar los productos, si lo consigues – generalmente las fechas de entrega se prolongan más de lo esperado – te encontrarás, en muchos casos, agotado. Y si bien el hecho de haber sido capaz de sacar adelante un proyecto de crowdfunding de manera exitosa puede servirte como carta de presentación con algunos inversores, tendrás que plantearte la negociación con ellos como una fase completamente diferente en el desarrollo de tu compañía. El crowdfunding no habrá actuado como un sustitutivo para la financiación del proyecto, y lo más valioso que podrás haber extraído de él, si lo hiciste bien, será una buena sensibilidad del mercado, posiblemente una comunidad de usuarios interesante, algo de visibilidad fugaz y la experiencia implicada en la puesta en marcha. No el dinero. El dinero que obtengas en crowdfunding nunca será determinante para el futuro de tu compañía, lo será lo que puedas hacer para obtener financiación mediante otras vías.

 

Alarm bell

Desde hace muchos años, una de mis actividades habituales es el estudio y evaluación de proyectos emprendedores en el ámbito tecnológico. Empezó con mis alumnos y ex-alumnos: si eres el que discute con ellos en clase el impacto de la innovación tecnológica, la generación de oportunidades que plantea o sus mecanismos de difusión y adopción, parecía razonablemente normal que pensasen en ti y te consultasen a la hora de pensar en sus propios proyectos relacionados con la tecnología. Después, a medida que la visibilidad de algunas de mis actividades relacionadas con los medios fue creciendo, se extendió a otras personas: lees un artículo o ves una entrevista en el que se habla de temas relacionados, te encuentras con que su autor es fácil de contactar, le escribes para preguntarle si le puedes contar tu proyecto.

Dado que hoy, casi todo proyecto tiene una parte tecnológica razonablemente importante, la verdad es que no me falta actividad, y considero, por otro lado, que es una buena manera de mantenerme al día. No siempre digo que sí. claro: el día tiene las horas que tiene, y uno no abarca todo lo que le gustaría, pero sí es una de las temáticas habituales de muchas de mis reuniones.

Son, por tanto, muchos proyectos y muchos emprendedores a lo largo de ya bastantes años. Proyectos en diferentes fases, desde simples “ideas felices” hasta equipos bien organizados y con proyecciones en negro sobre blanco. Conversaciones casuales, o interminables presentaciones con cien diapositivas. Personas que me mandan algo para que lo lea y lo discutamos posteriormente, frente a otros que prefieren sorprenderme y ver mi reacción espontánea. He tenido hasta “performances”. He visto mucho, y espero que me quede mucho por ver.

Y a lo largo del tiempo, he ido encontrándome con algunos elementos en los proyectos que me presentan que, de manera invariable, hacen saltar mis alarmas, y que creo que puede ser interesante enumerar y comentar:

 

  • El NDA: por alguna razón, personas que pretenden beneficiarse de una valoración razonablemente seria de su proyecto por parte de un profesional cuyo tiempo vale dinero, pretenden que ese profesional firme antes un documento en el que se compromete a no revelar absolutamente nada de lo que le cuenten. Pocas cosas me irritan más. A ver: si crees que tengo tan poca integridad profesional como para que, nada más contarme tu idea, salga corriendo a contársela a otro o a montar algo similar… ¿qué diablos haces hablando conmigo? Y si en efecto tuviese tan poca integridad profesional, ¿crees seriamente que el haber firmado ese papelito me detendría? Documento absurdo, habitualmente tan genérico que pretende impedir que hables de “nada que se parezca a lo que te han contado” (que no tiene por qué ser, y de hecho no suele ser, especialmente “original”), que en la mayoría de los casos está ahí para simplemente “parecer serios” o creerse ellos mismos más de lo que son, cuando no por algún trasnochado requerimiento de alguno de los socios o inversores. Lo siento, si no confías en mí como para contarme tu proyecto, no me lo cuentes. Paso. Ver tu proyecto no es un privilegio a cambio del cual esté dispuesto a firmar nada: el favor te lo hago yo a ti dedicándote mi tiempo, no tú a mí enseñándome tu proyecto. Que vengas con un NDA por delante implica que careces de sensibilidad para entender lo que estás pidiendo, que no confías en el sentido común o en la honestidad de tu interlocutor, y que no has entendido lo que es importante hoy en un proyecto. Si pretendes que te dé mi opinión, no me traigas un NDA, porque no lo voy a firmar, y seguramente me hará pensar que eres muy malo.
  • Que no resistas una búsqueda: veo tu proyecto, empiezo a intentar documentarme sobre el tema, y no apareces por ningún sitio. Nada. Ni una sola mención a tu proyecto, ni a ti, ni a nada que tenga que ver con ello. Si además, al buscar tu nombre, solo aparece alguna multa de tráfico impagada en el BOE, olvídate. No has hecho tus deberes. Hacer los deberes hoy como emprendedor implica buscar información hasta debajo de las alfombras, recopilarla, publicarla, compartir tu proyecto y tus intenciones, hacerte conocido por ser el que está detrás de esa idea, adquirir reputación vinculada a esa industria o campo… cuando te plantees salir al mercado, una buena cantidad de personas tienen que haber estado siguiendo el desarrollo de tu idea, leyendo tu “querido diario” como emprendedor, entendiendo perfectamente por qué estás haciendo lo que haces, quién eres, qué experiencia o preparación te avala, y por qué te vas a salir cuando lances tu producto o servicio. Si no estás dispuesto a invertir en eso, o si crees que si lo haces “te van a copiar la idea”, es o bien que tu idea y tu ejecución no valen nada (y por eso crees que la puede copiar cualquiera), o que no has entendido nada de como funciona todo esto.
  • No tenemos competencia: odio esa frase. Todo proyecto tiene competencia. Los competidores siempre existen, y si no existen, es porque la idea no valía la pena. Siempre hay alguien que tiene mejores cualificaciones, mejor infraestructura, mejor preparación, más experiencia, más marca o más recursos como para plantearse hacer lo que tú pretendes hacer. Si no has estudiado suficientemente la competencia actual o potencial y crees de verdad que tu proyecto es único y sin competencia, es que por un lado no has hecho los deberes, y por otro eres tan ingenuo como un niño pequeño. Y en un emprendedor no me gustan ninguna de esas dos cosas. Si tu proyecto es bueno y permite generar unos recursos, habrá otras personas, equipos o compañías que, si no lo estaban haciendo ya, se plantearán inmediatamente hacerlo en cuanto vean tu caso. Si no te has parado siquiera a pensar cómo vas a reaccionar ante esa competencia, es que falta seriedad en tus planteamientos.
  • No hemos hecho números: ¿qué quiere decir exactamente “no hemos hecho números”? ¿Estás de verdad planteándote dejarlo todo para dedicarte a un proyecto, y no has introducido todos los números en una hoja de cálculo y los has combinado entre sí de todas las maneras posibles como para tener en la cabeza todos los posibles escenarios económicos de viabilidad que puedan surgir en tu proyecto? No, no hablo de balances previsionales a cinco años, que yo también los sé hacer y es muy sencillo copiar y estirar con algunos porcentajes de incremento anual… hablo de análisis de sensibilidad, de supuestos en función de la variación de algunos de los costes clave, del impacto de una adopción más rápida o más lenta, de lo que supondría un retraso en los plazos de desarrollo, de un mínimo cálculo de burn rate, de cuánto necesitáis para simplemente pagar los sueldos y mantener la puerta abierta… algo! Si no has dedicado el tiempo necesario a ese análisis, ¿qué hago dedicándotelo yo?
  • Se vende solo: lo siento, pero se me ocurren poquísimas cosas que se vendan solas, y he visto fracasar demasiados proyectos porque nadie se planteaba la comercialización de una manera mínimamente seria. Puedes tener un buen proyecto, pero si no te planteas cómo vas a poner en marcha su comercialización, qué recursos va a precisar y cómo van a estar estructurados operativamente los acuerdos que firmes, no me vale. Si no eres capaz de imaginarte y visualizar cómo va a ser tu día a día en la función comercial y tus acuerdos con tus primeros clientes, o cómo vas a estructurar el modelo de ingresos con el primero que utilice tu producto o servicio, te falta madurez. Si eres un genio pero careces completamente de sensibilidad comercial, y no te planteas tener en el equipo a alguien que la tenga, tienes un problema, o lo vas a tener.
  • La tecnología se compra fuera: si tu empresa tiene una ventaja competitiva basada en la tecnología (y si no es así, seguramente ni te plantearás hablar conmigo), el desarrollo tecnológico tiene que ser tuyo. Que tengas un socio no me vale, y es algo sobre lo que he discutido un montón con gente muy bien informada. Y tras todas esas discusiones, sigo creyendo que ningún socio tecnológico te dará la flexibilidad que necesitas, te permitirá pivotar cuando haga falta, te ofrecerá hacer todas las modificaciones que la experiencia del lanzamiento te demuestre que son necesarias, o posibilitará que mejores con la progresión que sin duda vas a precisar para crecer. Si la tecnología no es tuya, si sois simplemente “gente de negocio” pero carecéis de talento desarrollador – y peor aún, si creéis que va a ser fácil conseguirlo o que va a trabajar por dos duros o por cuatro papelitos – lo siento, pero no me va a interesar. Las ideas con base tecnológica tienen que poner en valor la tecnología y otorgarle la importancia que realmente tiene.
  • Los “tres amigos con un 33% cada uno”: las estructuras accionariales son un tema complejo, que hay que planificar con muchísimo cuidado, y que tienen que ser fruto de una reflexión muy profunda, que provenga de conversaciones en las que no se deje nada en el tintero. Las ideas de “tres amiguetes que se reparten la propiedad a partes iguales” son una clara muestra de tema poco discutido o discutido de manera poco seria, y de problemas que sin duda aparecerán más adelante y en mal momento. Cuestiones como el origen de la idea, lo que aporta cada uno, la visión que tienen de la propiedad y los planes o ambiciones que tienen, lo que están dispuestos a sacrificar, etc. son muy importantes, y yo no soy un consultorio psicológico. Tiene que estar muy hablado, muy discutido… muy claro. Si no, se terminará convirtiendo en un problema… que no tengo especial interés en ver.
  • Gestión de influencia: será fruto de tener algo de visibilidad, pero es otra de mis señales de alarma. Si detecto que vienes a verme interesado no tanto en mi visión del tema o en mi opinión sincera, sino pretendiendo “salir en la foto”, que te dedique una entrada, un tweet o que hable de ti de alguna manera, lo interpreto muy mal. Llámalo como quieras, rareza o lo que sea, pero no me parece adecuado venir únicamente a buscar visibilidad y que el presentarme tu proyecto sea simplemente un pretexto para ello. Me siento utilizado, y no me gusta.

 

Seguramente haya más, y aunque empecé numerándolas, he terminado quitando los números y dejándolas simplemente en menciones, porque realmente no sabría priorizarlas adecuadamente. En la lista hay cosas que directamente me enfrían y me hacen perder todo interés, cosas que me fastidian, y cosas que considero mala señal. Pero con el tiempo, se han convertido en eso, en señales de alarma. Si a alguien le resultan de utilidad para pensar en la forma en que presenta su proyecto o habla de él con terceros, me alegro un montón. Creo sinceramente que son cuestiones que reflejan más que simples gestos. Y por supuesto, podríamos pensar que un proyecto que no incurra en ninguno de estos puntos es sin duda un proyecto ganador, ha alcanzado el nirvana y no necesita asesoría de ningún tipo… pero me temo que no es así. En proyectos emprendedores, este tipo de cosas son solo lo que está en la línea de salida!

¿Falta alguna? ¿Sobra alguna? ¿Opiniones?

 

Netexplo logoEsta semana estuve en París asistiendo al Forum 2016 de Netexplo, la reunión en la que se presentan los proyectos elegidos por la Netexplo University Network como representativos de las tendencias de innovación digital. El pasado octubre fui invitado a formar parte de la Netexplo University Network, y era mi primera asistencia a este foro, creado en 2009 por Martine Bidegain y Thierry Happe, que cuenta con el apoyo de Senado y del Ministerio para la Economía Digital franceses, y que organiza una red de profesores de innovación que trabajan con sus alumnos para la detección de tendencias y usos interesantes de la tecnología en el mundo. He dedicado al tema tanto mi columna en El Español, titulada “Cazando tendencias“, como mi participación en la barra tecnológica de La Noche en 24 horas de RTVE (a partir del minuto 1:37:19).

Un foro que se plasma en forma de evento importante, con salón completamente lleno en la Université Paris-Dauphine, y en el que pude ver presentaciones de proyectos de muy diversos tipos y en muy distintas fases, desde tesis doctorales hasta desarrollos ya en fase de startup incipiente. Mucho interés por blockchain, la tecnología de base de datos distribuida que conocimos a través de Bitcoin, y que ahora vive una segunda oleada de popularidad a medida que se aplica a cada vez más cuestiones, con los protagonistas de las startups que hacían uso de ella definidos como los cool kids del evento. Las presentaciones estuvieron estructuradas en tres hilos conductores, relacionados con la biotecnología y los materiales, con las máquinas y robots, y con los nuevos modelos de interacción.

En la primera parte vimos al ganador de este año, IKO Creative Prosthetic Systems, una startup colombiana que desarrolla prótesis para niños con un enfoque basado en el co-diseño con impresión 3D y piezas de Lego, que facilita la integración de los niños, que participen creando las piezas que les permiten jugar o asumir nuevas funcionalidades, para que desdramaticen su condición y la vean como una circunstancia menos limitante. También Amino, un maletín-laboratorio que acerca la ingeniería genética a nivel casero y que permite iniciarse en el bio-hacking, con posibilidades como desarrollar y mantener cultivos celulares con posibilidades de todo tipo, que me sugirió los juegos de iniciación que teníamos de pequeños para química o electrónica, aplicado a la biotecnología. La idea, procedente del MIT, ya había pasado con éxito por Indiegogo.

En el hilo dedicado a las máquinas, vimos un poco de todo, y sumamente futurista: drones capaces de volar solos adquiriendo información del entorno que les rodea para evitar colisiones con obstáculos, nanorobots nadadores con capacidad para ser dirigidos a través de vasos sanguíneos casi como en la película, robots que evolucionan y se rediseñan en función de su experiencia, o una inteligencia artificial, Todai,  capaz de superar las pruebas de acceso a la Tokyo University con mejores notas que bastantes alumnos humanos.

En los nuevos modelos de interacción vimos aplicaciones de blockchain al registro de propiedades inmobiliarias en un país como Ghana, carente de infraestructuras y registros públicos como tales; o Colu, a cuyo creador, David Ring, me tocó entrevistar en el escenario, una plataforma que trata de disminuir las barreras de entrada al uso de blockchain para cualquier aplicación, sea compra, venta, autenticación, trazabilidad o lo que sea, mediante el desarrollo de una API y un SDK que permiten su uso sencillo. Colu está en una fase más avanzada, ya ha conseguido levantar una ronda de $2.5 millones, y plantea la idea de plataforma como ecosistema que a mí tiende a parecerme muy interesante. Además, tuvimos también la ocasión de ver un proyecto de traducción colaborativa, Aweza, destinado a tratar de ofrecer soluciones para un complejo mercado sudafricano con once lenguas oficiales, y Wonolo, una plataforma de trabajo freelance que incorpora mecanismos de evaluación inspirados en Uber o Airbnb como forma de determinar la idoneidad de los participantes. Todos eran proyectos que los miembros de la Netexplo University Network habíamos tenido anteriormente ocasión de estudiar y evaluar, pero la oportunidad de conocer a sus creadores y ver la idea presentada siempre abre más áreas de interés. No puedes, lógicamente, esperar una discusión en profundidad de cada una – cada ámbito de actividad requeriría un curso en sí mismo para poder hablar dignamente de su área de conocimiento – pero sí es una muy buena manera de entrar en contacto con las ideas y valorar su capacidad disruptiva. Y por supuesto, para quien quiere ver aún más proyectos, está la lista de los Netexplo 100 2016, la compilación original de la que se extraen los diez premiados…

Como experiencia, Netexplo me ha parecido enormemente interesante. Primero, por ver el nivel de apoyo privado y público que una plataforma de este tipo, destinada a la “caza de ideas”, puede obtener en un país como Francia. Segundo, por la comunidad de discusión e intercambio de ideas que genera. Y tercero, porque vuelves con el cerebro oxigenado y con ideas para mini-casos y discusiones en clase interesantísimas. Decididamente, toda una experiencia.

 

MagPi coverSí, el titular dice lo que dice: compra esta revista, y te regalamos con ella un ordenador. Un ordenador que viene pegado en la portada, que despegas, conectas a los periféricos correspondientes, y funciona perfectamente. Y que, si lo quieres adquirir por separado, te costará cinco dólares. Es el PiZero, el nuevo modelo que la Raspberry Pi Foundation ha lanzado hoy, más potente que su primer modelo. No está fabricado en China, sino en Gales, con el propósito de llevar a lo mínimo posible el precio de un ordenador.

Sí, el PiZero es un ordenador, aunque su aspecto difiera bastante de lo que habitualmente conocemos por ordenador. Es una placa de nueve gramos de peso en la que todos los componentes están a la vista, al aire, que se recomienda meter en algún tipo de caja (la base de su miniaturización está en parte en el uso de capas de circuitería, lo que hace que si se apoya directamente en una superficie conductora de electricidad, pueda sufrir cortocircuitos), y que hay que conectar como mínimo a una alimentación de corriente (un simple cargador de teléfono móvil), a un multiplicador de puertos USB en el que enchufar un teclado, un ratón, o un adaptador de red inalámbrica, a una pantalla (que puede ser la televisión o un monitor cualquiera con conexión HDMI), e introducir una tarjeta SD que lleva el sistema operativo y sirve además para el almacenamiento. Pensémoslo un momento: definitivamente, algo cambia cuando el precio de un ordenador llega a ser menor que el del adaptador de red inalámbrica que necesitamos para conectarlo a la red, el de la mayoría de los teclados y ratones que hay en el mercado, el de la tarjeta SD que usamos para su sistema operativo, o por supuesto, el monitor al que lo enchufamos. Pero no, no es un truco ni una promoción comercial agresiva: es lo que hay.

Usar un PiZero puede parecer complicado, pero no lo es: se conecta en un momento, no tiene pérdida posible, y funciona de maravilla. Y sí, es un ordenador, capaz de correr un navegador o incluso de reproducir vídeo en alta definición.

No es el primer proyecto de este tipo: el CHIP es otro intento similar, en este caso con un precio de nueve dólares, lanzado con éxito a través de Kickstarter, y he visto algunos más. En realidad, hablamos de un cambio de época: el ordenador cambia de fisonomía, y llega a un punto en el que simplemente los conectores que tengo que enchufar en él pasan a tener mayor tamaño que la placa en sí. Pura ley de Moore en su máxima expresión.

En este contexto, muchas cosas necesitan ser repensadas. La idea del ordenador como barrera de entrada pasa a necesitar una reconsideración. La de utilizar el ordenador en la educación, cuestión primigenia que propulsó la creación de la Raspberry Pi Foundation, sin ánimo de lucro, definitivamente también. Si ahora quiero montar un aula destinada a enseñar ciencias de la computación – o cualquier otra cosa – en el medio del África profunda, por poner un ejemplo, podría llegar a ser más limitante para mí la obtención de componentes como los monitores, los teclados o los ratones – o por supuesto, el ancho de banda, o incluso, en un momento dado, la energía eléctrica – que los ordenadores en sí. Pero no limitemos la imaginación a los proyectos benéficos o educativos, aunque de por sí puedan ofrecer importantes posibilidades de hacer eso que habitualmente llamamos “marcar la diferencia”: ¿qué ocurre cuando los emprendedores tienen acceso a un ordenador de cinco dólares? ¿Qué pasa cuando, tanto por coste como por tamaño, podemos plantearnos poner un ordenador en casi cualquier sitio?

Cuando un ordenador cuesta cinco dólares y viene como regalo cuando compras una revista, es que hemos alcanzado un momento capaz de dar origen a muchas catarsis en un número insospechado de cuestiones. Cuando además ese ordenador puede ser producido en Gales, con trabajadores europeos, se demuestran muchas cosas más. Como prueba de concepto, el PiZero es verdaderamente revolucionario. Pero lo que puede generar a partir de esa prueba de concepto creo que va a ir mucho más allá.