WalmartLa noticia del lanzamiento de una nueva tarifa plana de logística en dos días por parte del gigante de la distribución norteamericana Walmart me inspiró para escribir mi columna de esta semana en El Español, titulada “El nuevo estándar“.

La nueva tarifa, en efecto, es una reacción desesperada de la compañía ante la popularidad de Amazon Prime, la tarifa plana de Amazon. Walmart posiciona la suya con un precio de $49 frente a los $99 de Amazon esperando que la reducción resulte disuasoria y haga que muchos hogares opten por la suya, cuando en realidad, la enorme popularidad de la de la compañía de Jeff Bezos se debe más a factores integrados en una estrategia envolvente de contenidos y en una mejor continua que simplemente a una cuestión de precio.

Amazon Prime ofrece logística gratuita en dos días, y esa es precisamente la oferta que Walmart ha pretendido atacar con una reducción del precio a la mitad. Sin embargo, los hogares que pagan por Amazon Prime obtienen también en el lote el acceso gratuito a música, películas, series de televisión y libros (de un catálogo de más de un millón de títulos), además de ofertas de diversos tipos, y sobre todo, son testigos de un esfuerzo constante de la compañía por mejorar: en un número progresivamente mayor de zonas, el reparto tiene lugar en el mismo día, y en algunas, incluso en un margen de una hora desde el momento en que el cliente hace clic en la página. Para cualquier padre o madre que puede hipotéticamente plantearse la decisión de dejar de pagar Amazon Prime para pasar a ahorrarse cincuenta dólares con Walmart, hacerlo es arriesgarse a un auténtico motín familiar, además de pasar a tener que preocuparse de un buen montón de temas vinculados con los contenidos que con Amazon ya venían incluidos.

El éxito de Amazon Prime está siendo enorme en hogares de alto poder adquisitivo: más del 70% de los que ingresan más de $112,000 optan por pagar los $99. Y una vez pagados, pasan invariablemente a comprar muchísimas más cosas en Amazon, casi el doble, lo que de facto supone que hay secciones enteras de sus supermercados de toda la vida por las que, sencillamente, dejan de pasar.

¿Cómo enfocar la competencia con una compañía que no siente la presión de los resultados – aunque los ingresos y beneficios defrauden a los analistas, la acción continúa subiendo, hasta el punto de haberse revalorizado más de un 40,000% desde su salida a bolsa – y que innova a tal velocidad que se plantea repartir en una hora, o hacerlo mediante drones? Los problemas recientemente planteados por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, como reacción a la llegada a la capital francesa de la logística en una hora de la compañía, tienen muy poco que ver con las preocupaciones por el medio ambiente, y mucho más con el proteccionismo, el intento de proteger al comercio local de un competidor que ha redefinido los estándares del comercio. Y las circunstancias que estamos viendo pasar a Walmart, un competidor desmesuradamente grande y potente, los vamos a ver pronto reeditados en España con competidores locales y multinacionales en cuanto Amazon decida lanzar su Amazon Fresh, y si no, al tiempo…

 

Amazon freshAmazon lanza su servicio Amazon Fresh en el Reino Unido, y la gran distribución de todos aquellos países en los que la compañía mantiene una presencia relevante ponen sus ojos en la experiencia para tratar de entender hasta qué punto el lanzamiento podría llegar a afectarles. Por el momento, se trata de una prueba limitada a 69 códigos postales londinenses desde un almacén alquilado que previamente era utilizado por Tesco y en asociación con la cuarta cadena de supermercados del país, Morrisons, pero lo normal sería pensar que la compañía seguirá una estrategia de expansión similar a la que ha mantenido en los Estados Unidos, con aperturas en nuevas ciudades a medida que estima que el mercado genera unas expectativas adecuadas.

La gran distribución en el Reino Unido no estaba ya de por sí en su mejor momento. Las cuatro grandes cadenas de supermercadosTesco, Asda, Sainsbury’s y Morrisons, que concentran un 73.2% de cuota de mercado, llevan algún tiempo viendo como esta participación se erosiona progresivamente con el crecimiento de los líderes del hard discount Aldi y Lidl,y se disponen ahora a evaluar los resultados del experimento del gigante norteamericano del comercio electrónico

¿Cuánto afecta la apertura de un servicio como Amazon Fresh a la gran distribución? De entrada, en ninguno de los mercados en los que la compañía ya opera ( Seattle, Los Angeles, San Francisco, California, San Diego, Brooklyn, Nueva York y Filadelfia) hemos visto cadenas de distribución cerrando sus puertas, pero seguramente, sí se habrán visto afectadas en su volumen de facturación a medida que algunos segmentos de clientes encuentran interesante la propuesta de la compañía. Un servicio basado en el ya conocido Amazon Prime, la tarifa plana de logística de la compañía, que resulta enormemente exitosa en hogares de elevado poder adquisitivo, y que da lugar a incrementos de fidelidad y del gasto medio verdaderamente brillantes. En el caso del Reino Unido, en donde la suscripción a Amazon Prime cuesta 79 libras, el extra que conlleva extenderlo para Amazon Fresh supone 6.99 libras al mes, un gasto que no parece excesivo en cuanto lo diluimos entre unos cuantos envíos. La logística es, sin duda, uno de los puntos fuertes de la compañía: envíos en ventanas realmente cortas de una o dos horas según la zona, y planes para expandirla con todo tipo de posibilidades que, aunque aún sigan siendo vistas como relativamente futuristas, terminarán sin duda convirtiéndose en realidad en no mucho tiempo. Si unimos este tipo de cuestiones a detalles como los Amazon Dash Buttons, que se expanden con gran velocidad entre los distintos fabricantes y suponen una manera de incrementar la comodidad y la lealtad de los usuarios por sus productos favoritos, tenemos una propuesta que nos acerca a la idea de lo que debería tener la distribución del futuro, un conjunto de características y prestaciones que los competidores actuales aún no parecen tener.

¿Cómo evolucionará la industria de la gran distribución ante un competidor como Amazon Fresh? ¿Qué tipo de movimientos veremos en España y cuándo? Por el momento, solo una cosa está clara: los competidores españoles deberían estar muy atentos a la evolución del mercado británico tras la entrada de Amazon Fresh…

 

Samsung printerEn la foto, una impresora. Un objeto que no me llama la atención lo más mínimo, pero que, en este caso, me obliga a hacer una excepción: la gracia que tiene esa impresora es, sencillamente, que monitoriza el nivel de tinta disponible, y cuando está próximo a agotarse, pide directamente los recambios a través de Amazon Dash.

¿Sorprendente? Lo justo: ya todos conocemos Amazon Dash, los botoncitos con logotipo que puedes poner en el punto de la casa donde más utilizas un producto determinado (el de las cápsulas de café al lado de la cafetera, el del detergente pegado a la lavadora, etc.) y que te permiten hacer un pedido cuando se acaba algo. Nada que no pueda hacerse con la app adecuada, pero que simplemente permite convertir una tarea consciente (sacar la app o entrar en la página correspondiente) en algo más directo, cómodo, rápido e intuitivo. La idea, a pesar de su simplicidad, es buena, se corresponde mucho con la tendencia a dotar de cierta inteligencia a objetos comunes, lleva funcionando ya algún tiempo, y hasta hemos visto como se hackeaba para las cosas más variadas.

Ahora, pasamos un nivel más: es la propia máquina la que, cuando detecta niveles bajos de suministros, aprieta el botón y pide a Amazon lo que le falta. Mientras no combinemos esta funcionalidad con otra que se descubrió hace ya mucho tiempo, tan sencilla como hacer que la máquina mienta y diga que se le ha acabado un cartucho al que, en realidad, le queda tinta para rato – sí, de esa tinta que se vende aproximadamente al mismo precio que la sangre de unicornio – todo va bien. Pero lo interesante, más allá de una impresora que no es siquiera la primera automatización de este tipo, es pensar en las posibilidades de ese Dash Replenishment Service (DRS) en el que por el momento encontramos, además de impresoras, cosas como lavadoras-secadoras, jarras purificadoras de agua, medidores de glucosa en sangre para diabéticos, dispensadores de jabón, de comida para mascotas, de productos de limpieza de piscinas, o de baterías para cerraduras inteligentes. Abriendo la imaginación, podemos imaginar un buen número de artículos de los que denominamos habitualmente suministros, de compra recurrente y que simplemente volvemos a pedir cuando se acaban, que retiramos de nuestra cesta de la compra como tal, porque, básicamente, se cuidan de sí mismos. Podemos imaginar igualmente algoritmos de optimización en los que se incluyen el número de días de suministro restantes en función del ritmo de consumo, con el fin de consolidar pedidos y optimizar la logística de envío. O combinarlo con ofertas de productos de la competencia que desean llegar al usuario precisamente en el momento en que toca rellenar esos suministros.

La idea es, como mínimo, provocativa: compras que llegan a casa sin que sepamos siquiera que las habíamos adquirido, simplemente porque el aparato que hace uso de ellas detecta que se van a terminar. Muchas posibilidades, y seguramente, algunos hábitos afectados.

 

Samsung printerEn la foto, una impresora. Un objeto que no me llama la atención lo más mínimo, pero que, en este caso, me obliga a hacer una excepción: la gracia que tiene esa impresora es, sencillamente, que monitoriza el nivel de tinta disponible, y cuando está próximo a agotarse, pide directamente los recambios a través de Amazon Dash.

¿Sorprendente? Lo justo: ya todos conocemos Amazon Dash, los botoncitos con logotipo que puedes poner en el punto de la casa donde más utilizas un producto determinado (el de las cápsulas de café al lado de la cafetera, el del detergente pegado a la lavadora, etc.) y que te permiten hacer un pedido cuando se acaba algo. Nada que no pueda hacerse con la app adecuada, pero que simplemente permite convertir una tarea consciente (sacar la app o entrar en la página correspondiente) en algo más directo, cómodo, rápido e intuitivo. La idea, a pesar de su simplicidad, es buena, se corresponde mucho con la tendencia a dotar de cierta inteligencia a objetos comunes, lleva funcionando ya algún tiempo, y hasta hemos visto como se hackeaba para las cosas más variadas.

Ahora, pasamos un nivel más: es la propia máquina la que, cuando detecta niveles bajos de suministros, aprieta el botón y pide a Amazon lo que le falta. Mientras no combinemos esta funcionalidad con otra que se descubrió hace ya mucho tiempo, tan sencilla como hacer que la máquina mienta y diga que se le ha acabado un cartucho al que, en realidad, le queda tinta para rato – sí, de esa tinta que se vende aproximadamente al mismo precio que la sangre de unicornio – todo va bien. Pero lo interesante, más allá de una impresora que no es siquiera la primera automatización de este tipo, es pensar en las posibilidades de ese Dash Replenishment Service (DRS) en el que por el momento encontramos, además de impresoras, cosas como lavadoras-secadoras, jarras purificadoras de agua, medidores de glucosa en sangre para diabéticos, dispensadores de jabón, de comida para mascotas, de productos de limpieza de piscinas, o de baterías para cerraduras inteligentes. Abriendo la imaginación, podemos imaginar un buen número de artículos de los que denominamos habitualmente suministros, de compra recurrente y que simplemente volvemos a pedir cuando se acaban, que retiramos de nuestra cesta de la compra como tal, porque, básicamente, se cuidan de sí mismos. Podemos imaginar igualmente algoritmos de optimización en los que se incluyen el número de días de suministro restantes en función del ritmo de consumo, con el fin de consolidar pedidos y optimizar la logística de envío. O combinarlo con ofertas de productos de la competencia que desean llegar al usuario precisamente en el momento en que toca rellenar esos suministros.

La idea es, como mínimo, provocativa: compras que llegan a casa sin que sepamos siquiera que las habíamos adquirido, simplemente porque el aparato que hace uso de ellas detecta que se van a terminar. Muchas posibilidades, y seguramente, algunos hábitos afectados.

 

This article is also available in English in my Medium page, “The machines that do their own shopping