Souq.com logoLa noticia surgió el pasado día 23: algunas fuentes lanzaban la noticia de la adquisición de Souq.com, la página de comercio electrónico líder en los países árabes, por parte de Amazon, que a principio de este año había rechazado adquirirla. En esta ocasión, el precio, 650 millones de dólares por una compañía que algunos valoran en torno a los mil millones, parecía satisfacer a ambas partes, y la transacción se daba por prácticamente hecha.

Hoy, sin embargo, surge la sorpresa: Emaar Malls, la propietaria de algunos de los centros comerciales más grandes de Dubai, anuncia su interés por adquirir Souq.com y eleva la oferta a 800 millones de dólares. Souq.com, co-fundada y dirigida por Ronaldo Mouchawar, había encomendado la búsqueda de un comprador para una participación significativa en la compañía a Goldman Sachs el pasado año.

¿Qué refleja este súbito interés en hacerse con un competidor significativo en el comercio electrónico? Para Amazon, básicamente, un “más de lo mismo”: las operaciones de la compañía en la región han estado creciendo significativamente en los últimos tiempos, pero la adquisición de Souq.com, un competidor local exitoso, representarían un atajo para lograr el dominio de una manera mucho mas rápida, con todo lo que ello conlleva, en una zona en la que no faltan contendientes con capacidad de expansión, desde la india Flipkart hasta Noon.com, lanzada por el fondo soberano saudí y por Emaar Malls.

Para Emaar Malls, la adquisición supondría una entrada fuerte en el comercio electrónico que se uniría al lanzamiento de Noon.com, y que le permitiría pasar a ser un competidor relevante en un ámbito que podría complementar su posición en comercio tradicional, o incluso intentar la búsqueda de sinergias entre compra online y la red de tiendas físicas. El caso de Souq.com, que además de ser una plataforma de comercio electrónico, cuenta con iniciativas importantes en el ámbito de la logística y de los medios de pago, representa una oportunidad muy importante para una compañía que hasta ahora no contaba prácticamente con experiencia en ese ámbito.

Por otro lado, todo indica que Amazon trabaja cada día más en la combinación de su plataforma online con localizaciones físicas destinadas a una amplia variedad de temas, desde la exploración de los supermercados sin cajeros mediante Amazon Go, hasta patentes registradas para sistemas de logística futuristas que podrían tener muy buen encaje para su puesta en marcha en el entorno de los países árabes (donde los shopping malls representan ya una parte muy implantada de la vida social y cultural, y donde la posibilidad del uso de drones cuenta claramente con más adeptos y menos restricciones), además de conceptos para la fusión de tiendas físicas con puntos de recogida o la apertura de tiendas físicas para determinadas categorías de producto.

Todo indica que no estamos viviendo la lucha entre el comercio tradicional y el electrónico, sino más bien una evolución hacia una progresiva fusión de los mismos en un todo, en un conglomerado de opciones que incluyen caminos mixtos de diversos tipos. Cada vez más competidores exploran posibilidades como la adquisición en la red unida a la posibilidad de recogida o devolución en tiendas físicas, una tendencia que cada vez más se extiende a más categorías. Visto así, Souq.com podría representar ese paso para un retailer tradicional interesado en hacerse con una posición sólida en el entorno online, o una expansión de capacidad para un competidor online interesado en ir avanzando y explorando cada vez más el entorno físico. En cualquier caso, convergencia. Veremos cómo termina la jugada.

 

Amazon GoEl lanzamiento en beta de Amazon Go, una tienda física en Seattle abierta por el momento únicamente a empleados de la compañía en la que basta con llegar, identificarse en la entrada escaneando un código generado por una app en el smartphone, tomar lo que se desee de las estanterías, y simplemente salir, sin detenerse en ningún sitio ni tratar con ninguna persona, vuelve a desatar la discusión sobre el papel de las personas en el futuro, la naturaleza de los trabajos y la sustitución hombre-máquina.

El desarrollo tecnológico de Amazon para poner en marcha Amazon Go utiliza visión artificial, fusión de datos y aprendizaje profundo, una combinación de tecnologías cuyo avance no solo no se detiene, sino que progresa con un patrón cada vez más exponencial a medida que los resultados van realimentando el sistema. El desarrollo de Amazon es capaz de utilizar cámaras en toda la tienda para captar cuando una persona identificada por su cara toma o devuelve un artículo de una estantería, y factura a esa persona a través de su cuenta de Amazon según sale por la puerta. En realidad, nada que no haya utilizado anteriormente en mis clases hace más de una década hablando de pilotos de IBM o de Metro, pero que en aquellas ocasiones, no pasaron de la conceptualización.

En esta ocasión, el resultado es una tienda de productos frescos, snacks, bocadillos, etc., en la que siguen siendo necesarias personas para reponer las estanterías o para preparar los productos, pero desaparece completamente la necesidad de cajeros y de líneas de checkout, un trabajo que según los últimos datos disponibles (2014), proporcionaba empleo a unos tres millones y medio de personas en los Estados Unidos, con un salario de unos $19,310 anuales ($9.28 por hora), y con un crecimiento anual estimado en la generación de empleo de un 2% anual, por debajo de la media global. 

La tienda de Amazon, por mucho que por el momento sepamos que es una prueba limitada, nos enfrenta una vez más a esos temores en los que vemos a la tecnología como el destructor de nuestros empleos y de nuestro modo de vida. De nuevo, un debate para el que pocos se encuentran preparados, porque socava lo más hondo de las creencias que hemos mantenido desde hace muchas generaciones: el trabajo visto como elemento fundamental en la identidad de la persona, como privilegio, como necesidad no solo para la consecución de unos ingresos, sino prácticamente de cara a la realización personal… todo ello olvidando que, nos pongamos como nos pongamos, existen un elevado número de trabajos, entre los que sin duda se cuentan los de cajeros, en los que la posibilidad de que alguien se sienta realizado o motivado resulta prácticamente imposible.

¿Qué hace un cajero de supermercado? Un trabajo completamente mecánico y repetitivo, incómodo para ambos lados: para la persona que ha hecho su compra, el cajero supone la incomodidad de detenerse en una cola, depositar todos los productos en una cinta transportadora, y volverlos a recoger al otro lado. Para el cajero, el proceso supone tomar cada producto y escanearlo, hacer frente a posibles errores, y cobrar. Todo ello es un proceso profundamente mecánico, repetitivo, alienante y sin ningún valor añadido o propio de la condición de ser humano de quien lo lleva a cabo. La única razón por la que la desaparición de este tipo de trabajos no se ha producido antes era la dificultad de la tecnología existente para corregir los posibles errores de lectura, que aunque pudiesen resultar esporádicos, generaban interrupciones en el proceso. Cada vez más, un ordenador es caz de identificar perfectamente a una persona y un producto, entender si lo toma o lo deja en una estantería, apuntarlo en su cuenta y cobrarlo. La línea de cajeros, sencillamente, pierde su sentido.

Para el común de los mortales, imaginar a una legión enorme de cajeros de supermercados y tiendas uniéndose a la larga fila en la que ya estaban conductores de taxi, camioneros, mineros, empleados de sucursales bancarias, planificadores publicitarios, administrativos y una larga lista de empleos resulta, como mínimo, desasosegante. Aceptar una realidad en la que todo aquel trabajo que no conlleve un valor añadido determinado completamente redefinido con respecto al pasado se dispone a desaparecer resulta duro, particularmente si entendemos el trabajo como un privilegio, como aquello que nos permite integrarnos en la sociedad. Sin embargo, esto no ha sido siempre así, ni lo será en el futuro.

En el pasado, los privilegiados no eran los que tenían trabajo, sino precisamente los que no tenían que trabajar. Los nobles que vivían en sus palacios se alimentaban gracias al trabajo de una serie de personas en virtud de un supuesto derecho divino, de unos privilegios que marcaban quiénes tenían que trabajar, y quienes podían simplemente cobrar impuestos para vivir del trabajo de otros. La situación era patentemente injusta, pero marcaba el tejido social de una época en la que para determinadas clases sociales, tener que trabajar era un castigo… aunque peor aún era pertenecer a esas clases sociales y no tener trabajo, lo que los situaba en la categoría de vagos y maleantes.

En la sociedad actual, un número creciente de personas trabajamos de una manera que, contemplada desde la óptica de hace tan solo algunas décadas, resultaría incomprensible. Que yo pueda levantarme por la mañana y simplemente dedicarme a leer noticias, a pensar y a escribir para, finalmente, ponerme delante de una determinada audiencia y contarles una serie de cosas intentando que las entiendan y les hagan pensar, me situaría, imagino, en una categoría próxima a la de los privilegiados que podían vivir de intangibles, que no tenían que trabajar con sus manos o que no necesitaban sudar. De hecho, que yo salga a quemar calorías de una manera tan aparentemente inútil como recorrerme diez kilómetros en círculo para así mantener mi cuerpo en forma debería hacernos reflexionar mucho sobre los cambios de la sociedad en la que vivimos.

Lo que diferencia mi trabajo de otros es, entre otras, cosas, la dificultad de sustituirlo – por el momento – por una máquina. Al paso que se desarrolla la tecnología, nada impide que esa dificultad no pueda ser vencida, lo que me situaría en la tesitura de reimaginar mi trabajo. O, posiblemente, de no trabajar salvo que me apeteciese hacerlo. La transición desde una sociedad plenamente basada en el trabajo a una en la que el trabajo es simplemente una posibilidad para quien quiere tenerlo es imposible si no aceptamos como premisa fundamental el desarrollo de sistemas de renta básica universal o incondicional que protejan a aquellos cuyo trabajo, sencillamente, desaparece a manos de una tecnología que no simplemente se lo quita, sino que mejora sensiblemente su productividad y su desempeño. Una vez desarrollada, la tecnología deja de ser una opción, y se convierte en obligatoria para todo aquel que quiere ofrecer ese producto o servicio en condiciones de mercado. No es cruel, no es desalmado, no es injusto: es simplemente lógico.

Que los trabajos de las llamadas “tres D”, Dull (aburridos), Dirty (sucios) y Dangerous (peligrosos) se vean progresivamente sustituidos por máquinas puede parecer una maldición, pero no lo es: simplemente, hablamos de trabajos que las personas no deberían hacer, que resultan una ofensa para la naturaleza humana. Que esa sustitución se extienda a otro tipo de trabajos, de nuevo, nos puede preocupar porque imaginamos la alternativa de quedarnos sin trabajo como un desastre y una exclusión, pero ello se debe únicamente a la escasa madurez de los planteamientos sociales en torno a esa necesidad de la renta básica universal. A medida que esa dialéctica avance, nos encontraremos no solo aliviados cuando nuestros trabajos puedan ser llevados a cabo por una máquina, sino que además, dejaremos de verlo como una amenaza y estaremos dispuestos a colaborar aportando nuestra experiencia con quienes pretendan hacerlo, si ello nos ayuda a estar en el lado adecuado de la disrupción. Pero imaginar algo así sin imaginar nada detrás que aporte lo que necesitamos para obtener ingresos resulta sencillamente aterrador, y la inmensa mayoría de los políticos actuales están aún muy lejos de entender la necesidad de ese tipo de planteamientos o de no contaminarlos con principios ideológicos. 

Amazon Go nos muestra, por ahora por una mínima rendija, la realidad de la coevolución de los hombres y la tecnología. Y esa realidad no es aterradora, ni deshumanizada, ni negativa, ni excluyente, salvo para los que se empeñen en verlo así. De hecho, dejar de verlo como algo amenazador es el primer paso para ese necesario cambio. Entender que es, sencillamente, mejor en todos los sentidos, siempre que como sociedad seamos capaces de organizarnos para acoger ese cambio con las adecuadas garantías para todos los implicados. Y como todos los grandes cambios, no va a ser sencillo, pero no por ello deja de ser inevitable.

 

IMAGE: Kurhan - 123RF

La ronda de financiación de 189 millones de dólares de FreshDirect, líder en distribución online de productos frescos en Nueva York con reparto, además, en New Jersey, Pennsylvania, Connecticut, and Delaware, lleva a muchos a plantearse cómo funcionarán nuestros hábitos de compra en el futuro cercano.

La operación, destinada específicamente a expandir las operaciones de la compañía en otros mercados, se une a la reciente adquisición de Jet.com por parte de Walmart y al fortísimo empuje de Amazon Fresh, y se adecua como un guante a las preferencias de todo un segmento de la población que ya supera sin problemas la idea de que determinados productos es mejor escogerlos uno mismo: una generación de personas que no solo ya han tenido buenas experiencias, sino que otorgan su confianza al comercio electrónico porque han sido educados en una generación de compañías online que prefieren devolver el dinero en caso de insatisfacción con políticas de “no questions asked”. El nivel de conocimiento de determinados productos, además, lleva a una cesión de confianza o a una especialización: algunos de mis amigos no serían seguramente capaces de escoger con seguridad y confianza un determinado corte de carne o una pieza de fruta con unas características determinadas, lo que les lleva a confiar en la información que reciben de quien se la vende sea online o en persona, pero otros ya únicamente compran vinos en la red porque lo consideran una mejor experiencia, con mayor profundidad de gama, más información y mejores precios.

El cambio de hábitos responde claramente a un desplazamiento en nuestra manera de entender la vida. Las generaciones actuales, típicamente, adoran ir de compras por lo que tiene de experiencia, pero odian hacer la compra porque lo consideran aburrido, repetitivo y carente de todo atractivo. Comprar por el placer de ver cosas nuevas, probárselas o tenerlas en la mano, frente a comprar como medio para tener en casa aquello que necesitamos para la vida cotidiana.

La distribución no muere, pero se modifica radicalmente: de la funcionalidad y la búsqueda implacable del precio más barato, pasamos a una desintermediación radical salvo en los casos en los que se puede plantear la compra como una experiencia apetecible, como algo intrínsecamente deseable. La parte de la compra que abastece nuestra cocina, por ejemplo, desde la leche a los cereales pasando por todos los productos empaquetados, está mucho mejor llegando en una caja de cartón sin esfuerzo por nuestra parte que forzándonos a pasearnos y cargar el carrito por la sección correspondiente del supermercado. El baño, seguramente mucho más… pero esto no es incompatible con que, en determinados momentos, nos pueda apetecer ir a una tienda para oler productos, tocarlos, verlos y escoger el que queremos para esa comida, cena, receta o momento especial. El mismo consumidor que se deja cientos de euros comprando a golpe de clic todas las semanas en un supermercado online se puede plantear detenerse un rato en una tienda de especias o de productos para el baño para dejarse aconsejar por un dependiente experto y escoger una opción determinada, aunque obviamente, no es algo que se haga todos los días.

Las compañías que no sean capaces de entender esto, que no faciliten lo más posible aquellos elementos de fricción que no aportan ningún valor añadido, irán viendo como su cuota de mercado se reduce como parte de un fenómeno generacional. No hablamos de una moda, sino de un cambio de hábitos con toda la lógica del mundo. En aquello que no nos aporta ningún placer especial y nos vemos obligados a actuar como parte de una cadena logística sin valor, terminamos prefiriendo la funcionalidad. El papel de un cliente en la distribución tradicional se reduce, en el escenario tecnológico actual, a conducir o caminar hasta el supermercado, pasear miserablemente por sus pasillos arrastrando un carrito, vaciarlo en la cinta transportadora para embolsarlo y volverlo a llenar dos metros más allá, cargarlo en el maletero del coche, y volverlo a descargar al llegar a casa. Tareas, nos pongamos como nos pongamos, totalmente carentes de atractivo. Las razones por las que algunos se mantienen alejados de la compra online no son el atractivo de la oferta offline, sino cuestiones como la falta de confianza, la creencia de que el precio será más caro, u otros tópicos similares. Visto así, el desplazamiento de esas compras a un canal de distribución que llegue directamente al domicilio es únicamente una cuestión de tiempo.

Si no has vivido en la costa este de los Estados Unidos, es posible que FreshDirect te resulte un completo desconocido. Pero cuando ves pasar una ronda de financiación de 189 millones de dólares y, previamente, operaciones de adquisición, crecimiento y desarrollo cada vez más consolidadas en esa misma área de actividad, deberías plantearte que, muy posiblemente, algo esté cambiando.

 

IMAGE: Lightwise - 123RFEl gigante de la distribución norteamericana Walmart anuncia un recorte de siete mil empleos, derivado de un incremento de la automatización de tareas de back-office mediante contadores automáticos de dinero y centralización de tareas que antes se desarrollaban en cada uno de sus hipermercados. Los empleos recortados no son de puestos de planta en contacto directo con el público, sino de trabajos administrativos de oficina, entre los que habitualmente se encuentran algunos de los empleados de la compañía que cuentan con más antigüedad y, consecuentemente, mejores pagados.

Los recortes en Walmart se identifican con lo que muchos presagian con respecto a los efectos de la automatización en puestos administrativos, muy susceptibles de ser sustituidos mediante la automatización y centralización de tareas. La compañía no recorta su actividad, no pretende que haya menos personas reponiendo artículos en las estanterías o interactuando con sus clientes, sino que pone a máquinas a desarrollar tareas que eran “invisibles” para los usuarios y que, sin embargo, se consideraban en muchos casos los empleos más privilegiados en la compañía. Los que se consideraban afortunados por no tener que patear los miles de metros cuadrados del supermercado, caen bruscamente en la cuenta de que, en realidad, estaban desarrollando trabajos completamente inútiles, muy fáciles de automatizar, agrupar y sustituir. ¿Tú qué hacías? Movía papeles en la trastienda de un hipermercado. Buena suerte…

¿Cuántos trabajos que conoces se parecen al de oficinista en un hipermercado? ¿Cuántas compañías van a seguir el ejemplo de Walmart y a empezar a pensar en las economías que pueden lograrse enviando a su casa a personas que desempeñan esos trabajos? ¿Qué plazo le queda a trabajos así? ¿Conoces a muchas personas que simplemente esperan que la velocidad de sustitución de su trabajo actual en su industria les dé como para llegar a salvo a la edad de jubilación? Estas noticias como la de Walmart van a ser cada vez más habituales, y a crear desequilibrios y retos cada vez más complicados de gestionar como sociedad. Una empresa tradicional que en su momento se planteó como una revolución de una industria aún más tradicional, recortando puestos en ámbitos que habitualmente no se consideraban especialmente vulnerables. Ya no hablamos de trabajos de fábrica, sino de trabajos administrativos, o de otros tipos, o incluso de los que se encargan de los trabajos que hacen otros.

La cada vez más rápida transición hacia una economía en la que todo lo que pueda ser automatizado será automatizado y todo lo que un robot pueda hacer dejará de hacerlo un humano, dando lugar a la mayor redefinición del concepto de trabajo que hemos vivido desde la revolución industrial. Si crees que tu trabajo, o el trabajo que te estás preparando para hacer, está a salvo, piénsalo de nuevo y empieza a aceptar la realidad.

 

AMZN (Aug 2016)Desde su fundación en julio de 1994, Amazon nos ha acostumbrado a una estrategia muy característica: la de invertir continuamente en el crecimiento y el desarrollo de su negocio, no solo no repartiendo dividendos – práctica muy común en compañías de su industria – sino incluso no dando resultados positivos y defraudando sistemáticamente las expectativas de los analistas, algo que suele castigarse con valoraciones bajas de la acción.

A pesar de ello, la evolución de la compañía en el mercado bursátil es a todas luces espectacular: una revalorización de casi un 44,000% desde su salida al parquet, lo que lleva a que si alguien alguna vez descubre los viajes en el tiempo, deba ponerse ineludiblemente en su agenda de consejos a su yo de 1997 que no olvide adquirir acciones de la compañía. Sin duda, los accionistas de Amazon han sido pacientes y han tenido una enorme confianza en la potente estrategia de reinversión de la compañía a lo largo de más de veinte años.

Todo indica, sin embargo, que las cosas han cambiado. En los resultados del segundo trimestre de 2016 cerrados hace unos días, la compañía ha encadenado un beneficio récord por tercer trimestre consecutivo, lo que hace que sean ya cinco trimestres seguidos entregando beneficios y superando claramente las previsiones del mercado. Según la compañía, sus brillantes resultados consisten en una obsesión por la eficiencia y en los beneficios de su escala, pero no cabe duda que el patrón habitual desde su fundación se ha modificado: la compañía a la que no le preocupaba en absoluto reportar pérdidas porque estaba trabajando en planes que excedían con mucho la visión de la mayoría de analistas, parece haber replanteado su estrategia y está recogiendo los frutos de muchos años de siembra.

Los cinco trimestres seguidos con beneficios en positivo se acompañan de otra métrica igualmente positiva: la compañía ha incrementado su plantilla en un 10% mensual a lo largo de los últimos tres meses, y un 47% desde hace un año. Los 183,100 empleados que tenía hace ahora un año han pasado a ser ya 268,900; un total de 85,800 nuevas incorporaciones, sin incluir los empleados con contrato estacional que se incorporan para los clásicos picos de demanda en momentos como las navidades.

En la base de este crecimiento, el buen comportamiento de una división, Amazon Web Services, fruto precisamente de la estrategia de diversificación de una compañía que, tras buscar soluciones para sus propios problemas, procura poner en valor el know-how desarrollado ofreciendo esas soluciones a terceros, como hizo previamente con su logística. Hoy, miles de empresas en todo el mundo almacenan sus productos en los almacenes de la compañía y distribuyen sus productos a través de su logística, del mismo modo que miles de desarrolladores y compañías en todo el mundo utilizan sus servicios de computación, almacenamiento en la nube y ancho de banda hasta totalizar 2,880 millones en facturación, con un crecimiento del 58% sobre las cifras del pasado año.

Que la persona que hace 22 años abandonó su trabajo como VP en una compañía de Wall Street para desplazarse a Seattle y constituir Amazon sea hoy la tercera persona más rica del mundo, únicamente detrás de Bill Gates y Amancio Ortega, es simplemente una consecuencia de todo esto: posee un 18% de esas acciones de Amazon que han elevado su cotización en un 50% desde el pasado febrero, lo que sitúa su fortuna en 65,300 millones de dólares. 

¿Qué puede plantearse una Amazon con esos niveles de beneficio y que, contrariamente a lo que muchos creen, lleva ya tiempo pagando religiosamente en cada país los impuestos que genera su actividad? Básicamente, lo que estamos empezando a ver. Un empuje fuerte en la distribución, en la logística rápida y, en general, en cambiar la manera en la que nos planteamos adquirir muchos productos. Una empresa a la que, como dijo hace muchos años Eddie Cantor, le ha llevado más de veinte años tener éxito de la noche a la mañana. Si creías tener una opinión formada sobre Amazon, es posible que debas comenzar a revisarla.