IMAGE: Laurence Ledanois - Pixabay (CC0 Creative Commons)La progresiva colonización de la parte alta de la gama automovilística, durante algún tiempo monopolizada por Tesla, por parte de compañías como Jaguar o Porsche comienza a poner de manifiesto un fenómeno interesantísimo: los nuevos planteamientos que pueden hacerse los diseñadores una vez que las restricciones que provenían de la complejidad, el peso o los requerimientos de seguridad de los motores de gasolina dan paso a nuevas especificaciones como motores más sencillos, más pequeños y que liberan mucho más espacio para otros usos.

El caso de Tesla, que sorprende a todos los que tienen un primer contacto con sus vehículos al ver, por ejemplo, la amplitud de sus dos maleteros, sus impresionantes prestaciones o el silencio durante su conducción, eleva el listón para otros fabricantes de alta gama: sería absurdo que Jaguar o Porsche se planteasen lanzar al mercado vehículos con prestaciones sensiblemente inferiores en términos de aceleración o de autonomía, dos variables que Tesla ha conseguido situar en niveles que muchos nunca habían esperado ver. En efecto, tanto el Jaguar I-Pace como el Porsche Mission E, con sus 4.8 y 3.5 segundos de aceleración de cero a cien y sus 480 y 500 km de autonomía respectivamente, se plantean como rivales razonablemente dignos en sus categorías para los Tesla Model X (3.1 segundos y 565 km) o Model S (2.7 segundos y 594 km) – no tanto para el Tesla Roadster, aún no comercializado, con sus esperados 2.1 segundos y 1000 km de autonomía – y ponen de manifiesto que los míticos fabricantes del segmento alto del mercado se han tomado en serio el vehículo eléctrico.

Sin embargo, en ambos casos hablamos de vehículos fabricados con planteamientos que aún recuerdan muchas de las restricciones de diseño de los automóviles con motor de explosión: de hecho, están esencialmente diseñados o bien con chasis diseñados para un vehículo de ese tipo, como en el caso del Jaguar, o bien para “seguir pareciendo un Porsche” en el caso del fabricante alemán. Fabricar un vehículo eléctrico no es, como empezamos a ver, simplemente tomar el chasis de uno con motor de explosión y ponerle un enchufe: implica mucho más si se quiere ser razonablemente competitivo. Mientras tanto, Tesla, a pesar de que no se separa tampoco tanto de esos planteamientos de diseño y mantiene líneas razonablemente clásicas, sí incorpora algunas características diferenciales: sus vehículos, por ejemplo, pueden actualizarse mediante software enviado en una actualización nocturna hasta tal punto, que incluso llegan a despistar a sus propietarios. Recientemente, una actualización de software mejoró el rendimiento de los frenos del Model 3 hasta el punto de reducir su distancia de frenada en seis metros, un cambio que provocó que Consumer Reports cambiase su posición y pasase a recomendar un vehículo al que antes había acusado de decepcionante en ese parámetro. Un cambio de ese tipo es algo que los usuarios pueden sentir en el comportamiento del coche: te levantas por la mañana, y algunas de las características de conducción de tu coche, ese que llevas tiempo conduciendo y tendías a conocer su comportamiento, han cambiado.

¿Qué ocurre cuando incorporamos ese tipo de cuestiones en el diseño de los automóviles? Motores más pequeños y eficientes implican, por ejemplo, que pueden situarse mucho más próximos a las ruedas lo que evita la necesidad de reservar espacio para masivos túneles de transmisión, al tiempo que crear espacios para las baterías se mantiene como una necesidad razonablemente flexible, porque pueden ser utilizadas, dentro de unas ciertas consideraciones de seguridad, para equilibrar los balances de peso del vehículo. Los planteamientos de habitáculo o maletero cambian bruscamente: se dispone de más espacio, y eso puede implicar que numerosas restricciones en el diseño interior y exterior del vehículo pueden alterarse en consecuencia para aprovecharlo. Hasta las necesidades de refrigeración y circulación de aire cambian de propósito, pasan de enfriar el radiador o el motor a enfriar fundamentalmente las zonas en las que se ubican las baterías, y permiten plantearse diseños con distintas imposiciones a la estética. En el Jaguar I-Pace, por ejemplo, la parrilla delantera es únicamente una cuestión estética y de mantenimiento de la personalidad de la marca.

Por otro lado, la idea de un vehículo conectado, o incluso que incorpore elementos que no están activados y se ponen en funcionamiento más adelante mediante actualizaciones de software, convierten el vehículo en un producto diferente, que no “se cierra” en el momento de la adquisición, y obliga a las compañías a plantearse una relación con el cliente que puede ser diferente. El paso de plantear el vehículo como servicio en lugar de como producto, que determinará la venta no al cliente final sino a gestores de flota que lo operan, supone el último paso en este continuo, y obviamente, demandará otro tipo de cambios y planteamientos en la relación.

Otros elementos de la cadena de valor también cambian de manera evidente: la simplicidad del motor eléctrico implica unas necesidades de mantenimiento mucho menores, lo que lleva a que la necesidad de talleres y redes de concesionarios se reduzca. El usuario ya no tiene problemas, dentro de unos límites razonables, en irse a ver su vehículo a donde la marca le diga, en exposiciones que pueden situarse en cualquier sitio: centros comerciales, localizaciones céntricas o, como ocurre en Monterrey, en el hotel en el que estoy durmiendo esta noche, que cuenta con un espacio alquilado como oficina de ventas de Tesla y un sitio en el garaje donde ver sus vehículos. Si tu coche necesita mantenimiento, la marca quiere mantener una relación directa con sus usuarios, lo que implica que se niega frontalmente a introducir a un tercer – el concesionario – en ese interfaz, y prefiere enviarte un mecánico o incluso un taller rodante, o recoger tu vehículo y llevarlo a donde sea necesario. Para cuestiones como la carrocería, cualquier taller sirve, en el caso de Tesla, con la única restricción de que pueda trabajar con aluminio. Para Tesla, la red de distribución no es una limitación, y sí puede serlo, en cambio, la red de estaciones de carga, un planteamiento que las marcas de automóviles no estaban acostumbradas a hacerse.

En los próximos años, a medida que la industria vaya liberándose de las muchas restricciones que planteaban las características de los motores de explosión, veremos sin duda planteamientos sorprendentes. Esto implicará aquellos fabricantes que interpreten que el vehículo eléctrico no es simplemente un modelo más para completar su gama, sino todo un nuevo proyecto independiente, obtendrán una ventaja en el desarrollo de expertise y en aproximaciones más frescas que puede terminar resultando significativa cuando, finalmente, se produzca la discontinuidad que convertirá al motor de explosión en un producto en declive, sea por restricciones legales o por su imposibilidad para ser competitivo en el mercado, un cambio que algunos sitúan en menos de ocho o diez años.

La mayor parte de las personas con las que suelo hablar en la industria de la automoción, salvo escasas excepciones, tienden o bien a ignorar estos cambios y su velocidad, o directamente a negarlos y tildarlos de imposibles. Para muchos, el planteamiento es tan imposible metafísicamente como que el cambio que trae el motor eléctrico es meter en un vehículo dos motores, el de explosión co el que se sienten cómodos y uno eléctrico para “usos menores”, y pretender que ese vehículo así creado sea eficiente, competitivo o tenga algún tipo de sentido desde un punto de vista ecológico. Cuando tantos elementos familiares que siempre has considerado fundamentales en tu industria amenazan con cambiar a la vez, la única respuesta que se ve como plausible es negar la evidencia y afirmar que una serie de fuerzas invisibles contrarias a la lógica pero aún así indiscutibles normalizarán de alguna manera la situación. Y la respuesta es que no, que ninguna fuerza invisible va a detener estos cambios, y que solo aquellas marcas que sean capaces de entenderlos, interpretarlos e incorporarlos serán capaces de ser competitivas en el futuro.

 

iPhone X: the attack of the clones

En la ilustración, siete móviles presentados o anunciados durante el Mobile World Congress 2018, tan solo unos meses después de la salida al mercado del iPhone X: todos ellos con pantalla infinita, todos ellos con notch,  todos ellos aspirando sea como sea a parecerse al iPhone X. Posiblemente, algunos de ellos tengan características muy interesantes: en algunos casos será el precio, en otros será la duración de la batería, en otros serán otros factores… pero prácticamente todos, salvo rarísimas excepciones, van a intentar parecerse al iPhone X.

Conseguir que se produzca de manera sistemática un fenómeno como el que refleja esta imagen es algo que está al alcance de muy pocos: como compañía o como analista, tienes que ser consciente de lo que significa. Esto lo escribí hace unos pocos meses, el pasado noviembre, coincidiendo con la salida del iPhone X, cuando hablaba de sus características diferenciales y de mi decisión de comprármelo a pesar de que mi smartphone anterior aún funcionaba perfectamente:

“El iPhone X es como el resto de los smartphones querrán ser dentro de pocos meses, pero ninguno lo logrará. Con el iPhone X, Apple ha vuelto a demostrar su verdadera dimensión.”

A eso precisamente me refería. Apple solo hay una, y cuando saca un nuevo modelo de lo que sea, el resto del mundo mira, observa, aprende… e intenta copiarlo. Intenta parecerse a todo lo que Apple ha dicho que va a convertirse en tendencia. Da lo mismo que la tendencia tenga sentido o que sea una simple manera de copiar un diseño que en poquísimo tiempo se ha convertido ya en icónico: lo importante es parecerse lo más posible al iPhone X, copiando si hace falta hasta el diseño del fondo de pantalla. Todo vale. Lo importante es demostrar que tu marca no ha perdido el tren. Y la salida de ese tren la marca quien la marca: Apple. Cuando ves un modelo de iPhone con elementos diferenciales, sea la pantalla infinita, la ausencia de botón o de jack de audio, las esquinas redondeadas, el desbloqueo facial o el notch, debes plantearte que estás viendo lo que en poco tiempo copiarán la gran mayoría del resto de marcas. Da igual que esas características sean una invención de Apple o no: quien las convierte en tendencia es quien es, y son muy pocas las marcas que se resisten a seguir la tendencia.

Como profesor de innovación, resulta fundamental entender y analizar este fenómeno: nada que ver con el hecho de ser o no un fanboy. Después, podremos plantearnos por qué Apple es la compañía más valiosa del mercado, o qué hace que sea capaz de ganar más de 1,400 dólares por segundo: son precisamente  estas cosas. Ni más ni menos que esto, la capacidad de definir cómo van a ser los smartphones a partir de que muestras el tuyo al mercado, la autoridad para definir las tendencias de diseño, de funcionalidad o las apuestas tecnológicas. La marca que consigue que todos los que fabrican un smartphone aspiren a parecerse al suyo cuando sean mayores. Lo demás… es anécdota.

 

Apple Campus (IMAGE: Foster + Partners, ARUP, Kier + Wright, OLIN, Apple)El nuevo campus de Apple, Apple Park, diseñado por Norman Foster y actualmente en fase final de construcción, está resultando más polémico de lo que se esperaba para una sede corporativa construida, prácticamente, con todo lo que el dinero puede comprar y todo lo que la empresa con más reputación para el diseño de todo el mundo puede idear.

Un artículo de Anil Dash en Medium, Apple is about to do something their programmers definitely don’t want, refleja lo que parece ser un creciente descontento entre los desarrolladores de Apple, supuestamente irritados por el hecho de que los espacios que van a ocupar en el nuevo edificio están organizados en formato open plan, amplios espacios sin tabiques muy habituales ya en el diseño de espacios de trabajo, pero que habitualmente son odiados precisamente por los desarrolladores, que afirman que ese tipo de espacios son ruidoso, les distraen, e impiden que alcancen el estado de concentración que requieren para su trabajo.

En su artículo, Dash cita estudios que afirman que este tipo de espacios generan distracción, frustración e infelicidad entre los trabajadores, ignorando un hecho fundamental: ese tipo de estudios, en su inmensa mayoría, están desarrollados sobre compañías que no aplicaban bien el modelo open plan, y que se limitaban, por lo general, a eliminar los tabiques y sentar a más gente en menos espacio manteniendo uniformes las condiciones de trabajo.

La correcta aplicación del modelo open plan no supone simplemente un cambio en la arquitectura de los espacios de trabajo, sino también, y mucho más importante, un cambio en las condiciones de trabajo. Para que el modelo open plan funcione, el trabajador debe sentir que la oficina es un lugar al que puede ir a hacer determinadas cosas y que, de hecho, le incentiva para ir con una serie de ofertas atractivas – en el caso de Google, cuyos trabajadores saben perfectamente que la tecnología les permite trabajar desde donde les venga en gana, esa oferta incluye desde muy buena comida y snacks, hasta servicios como lavandería, masajes, zonas de juegos para distraerse un rato, etc. – pero que, en realidad, puede tranquilamente trabajar desde donde prefiera cuando su trabajo requiera una gran concentración. De hecho, lo correcto es diseñar los espacios en un modelo open plan con una serie de infraestructuras de uso común, mezclando algunas bajo reserva y otras de uso abierto, y que permitan llevar a cabo reuniones, ratos de trabajo que requieran concentración, conversaciones telefónicas o en persona con cierta privacidad, etc.

La enmienda a la totalidad a las oficinas abiertas que desarrolla Anil Dash en su artículo está completamente pasada de moda, es un arquetipo, un cliché que perdió su sentido cuando aprendimos a optimizar este tipo de espacios, y sobre todo, cuando decidimos acompañarlos con la necesaria dosis de libertad, flexibilidad y versatilidad que obviamente requieren. Cuando Dash dice inflexiblemente “the science is settled. The answer is clear. The door is closed on the subject”, eso corresponde simplemente a la mitad de la verdad, porque hay numerosos diseños de open plan con los que los trabajadores están encantados y que, además, se han convertido en auténticos dinamizadores clave en procesos de transformación digital y cultural. Decir que “los desarrolladores son infelices en esos espacios” es sencillamente eso, un cliché. Dicho esto, es cierto que los clichés llegan a tener en muchos casos un gran poder e influencia, y que resulta perfectamente posible que haya desarrolladores de Apple expresando su descontento en los diversos foros de los que Dash extrae su información.

Pero vamos ahora con otra cuestión: ¿debe una compañía como Apple escuchar a esos desarrolladores y darles exactamente lo que piden, espacios cerrados que supongan una excepción a las condiciones que han diseñado para su campus corporativo? No olvidemos que hablamos de la compañía cuyo líder afirmaba cosas como

“It is not the customers’ job to know what they want”

“It’s really hard to design products by focus groups. A lot of the times, people don’t know what they want until you show it to them”

“You can’t just ask customers what they want and then try to give that to them. By the time you get it built, they’ll want something new”

siguiendo el famoso principio de Henry Ford que decía

“If I had asked people what they wanted, they would have said faster horses”

Claramente, ni Henry Ford ni Steve Jobs se quedaban simplemente en preguntar al usuario qué quería, sino que trataban de diseñarlo cuando ese usuario aún no lo sabía, en función de otros criterios. Pero ¿puede aplicarse ese principio no al usuario que adquiere tus productos, sino al trabajador que los diseña?

¿Sabe el desarrollador de Apple lo que quiere? La respuesta a esa pregunta podría ser menos obvia de lo que parece. Si bien la inmensa mayoría de los desarrolladores responderían que están hartos de saber en qué condiciones y espacios rinden más, y seguramente ese tipo de convicciones son más arraigadas y radicales cuanto mayor es el nivel de experiencia, también es verdad que pueden existir diseños que, combinados con las condiciones adecuadas de flexibilidad y autonomía, permitan que ese trabajo se desarrolle en condiciones que esos desarrolladores simplemente no han experimentado aún. Si el propósito de Apple es el de promover un tipo de desarrollo más cooperativo, más abierto, en el que la oficina sea un lugar en el que intercambiar ideas pero que permita además que cada uno se concentre donde buenamente quiera, sea en su mesa con unos auriculares de cancelación de sonido, en su casa, en la terraza de un bar o viajando por el mundo? Después de todo, hay ya no pocos casos de compañías muy exitosas en las que sus trabajadores trabajan en esas condiciones, o que incluso deciden que el trabajo remoto es la única manera de dar satisfacción a determinado tipo de trabajadores y cierran sus oficinas para promover aún más este tipo de regímenes.

Existen casos para todos los gustos. Google, efectivamente, prefiere otorgar a sus trabajadores un sitio fijo que pueden adaptar a su gusto, y opina que si un ingeniero quiere tener tres monitores, un teclado de un tipo determinado y posters en su cubículo, debe permitirle esa flexibilidad, con lo que lo que obtiene es un modelo open plan incompleto, abierto pero con sitios rígidamente asignados, y con sus infraestructuras compartidas para otros usos. Es posible que cuando los desarrolladores de Google o de otras compañías hablen con los de Apple, estos últimos les comuniquen su frustración por el diseño de oficina abierta que van a tener en su nuevo campus. Pero ¿quiere eso decir que la compañía debe renunciar a una visión que tiene clara en su cabeza sobre cómo deben trabajar sus desarrolladores? ¿A la visión que tiene clara Jony Ive, convertido en profeta de Jobs en la tierra? De nuevo, ¿saben realmente los usuarios lo que quieren, o simplemente se aferran a lo que han conocido anteriormente, influenciado por posibles malas experiencias coyunturales suyas o de terceros?

¿Puede ese tipo de circunstancias convertirse en una preocupación para una compañía a la hora de plantearse la atracción o retención de talento? ¿Habría llegado Apple a donde ha llegado si hubiese hecho siempre caso a lo que los usuarios decían preferir?

 

Internacional.- Si se analiza cómo le fue a Kodak entre 1996 y 2016, años en los que abandonó la “K” y el amarillo en su logo, parece ser una buena idea volver a las raíces, sólo con la idea de que, quizás, pueda evitar su complicado destino.

Luego de 10 años de usar la misma imagen, y tras dos décadas de haber abandonado la letra “K” como ícono más representativo, Kodak encaró un rebranding.

Ese tiempo, entre 1996 y 2016, coincide con los peores años de una marca que llegó a ser una de las más importantes del mundo.

La nueva versión del logo de Kodak retoma los mismos elementos que comenzaron a utilizarse en el rediseño de 1971: un cuadrado amarillo, otro rojo más pequeño y una letra “K” calada. La mayor diferencia del nuevo es que la palabra Kodak aparece en forma vertical.

logo-kodak
ANTES / AHORA

“Volver al icono clásico tiene sentido, ya que no se ve como una vergüenza (al deshacer lo hecho estos años), sino más bien un reconocimiento a un logo que tiene un lugar en la mente de las personas y que quizás tenga la fuerza para restablecer una rica historia de confianza en la marca”, reflexionan en Under Consideration.

Para Danielle Atkins, vicepresidenta global y de creatividad de Kodak, la inspiración del rediseño proviene de la herencia de la marca y de la historia de su fundador, George Eastman.

En Kodak dicen que querían que el logotipo sea nuevo otra vez. Y parece que lo han logrado. Hablan del “legado de la marca, en honor a la ciencia y la visión creativa de la marca”.

logo-evolucion-kodak
Evolución del logo de Kodak desde 1907.

Presentación

Junto con la nueva imagen, la marca presentó un producto que fusiona el smartphone con una cámara. Es una estrategia para tratar de conectar con una nueva generación (de la que se distanció hace muchos años).

Se trata del Kodak Ektra, un smartphone Android que cuenta con las características de una cámara fotográfica y también graba video en resolución 4K.

ganancias-de-kodak
Las ganancias de Kodak, en un tobogán sin freno. En millones de dólares. Statista.

Este nuevo híbrido busca conectar con el segmento amante de la fotografía semiprofesional. Tendrá un costo de 550 dólares y estará disponible en varios países dentro de unos meses.

Otro gran cambio

Este rebranding de Kodak recuerda al de Mastercard, en julio pasado, cuando presentó oficialmente el nuevo logo de la marca de tecnología enfocada a los pagos electrónicos. Fue el primer cambio realmente grande en la imagen desde su fundación. En la década de 1960.

mastercard


The post Rebranding: Kodak vuelve al logo que nunca debió haber cambiado appeared first on Revista Merca2.0.

Internacional.- La comunicación de la información de lo que sucedía en los Juegos de Río 2016 tuvo un gran protagonista: el infográfico. Aquí destacamos algunos de los más interesantes.

Tanto los grandes medios internacionales, como el New York Times, y pequeños estudios de diseño y agencias independientes, apelaron a los infográficos como modo de comunicación de lo que estaba sucediendo en Río de Janeiro 2016.

La razón del éxito de este tipo de trabajos de diseño se basa en la necesidad de la gente de recibir la información simplificada y, para eso, el inforgráfico es perfecto. La carrera de Usain Bolt, el diseño de las medallas, el impacto en social media, todos esos hechos son más fáciles de analizar si los datos están previamente “digeridos” y “traducidos” en un info. Ver 5 datos publicitarios que debes conocer sobre los Juegos Olímpicos de Río

Uno de los más interesantes que se pudo ver es éste que realizó el NYT con la carrera de 100 metros de Bolt. Utilizó un sistema de scroll horizontal muy original. ▼

usain bolt NYT

La Nación, de Argentina, generó una serie de infográficos durante los días previos a Río de Janeiro en los que utilizó recursos gráfico-digitales más que atractivos y que merecen ser analizados para tus futuras creaciones. ▼

lanacion

Como resumen de lo que pasó en los Juegos Olímpicos y las medallas obtenidas por cada país, nada mejor que este trabajo de AFP. Muy completo y muy gráfico. ▼

afp

A la hora de analizar las interacciones en Facebook y los deportistas, AdWeek hizo este trabajo. ▼

adweek

Interesante forma del National Post de Canadá (obra de Mike Faille) para mostrar comparativamente cuán elevado es el récord mundial de “Salto en Alto”. ▼

national post

Social Samosa hizo un info muy interesante sobre los países y las redes sociales durante los Juegos de Río 2016. ▼

Social Samosa 1

Este infográfico es una muestra de cómo se puede explicar todo lo relacionado con un deporte (en este caso, el bádminton). Simple, claro y al mismo tiempo muy completo el trabajo de GraphicsNews. ▼

deportes

De qué están hechas las medallas de los juegos, en este infográfico de Visual Capital

visual capitalist

The Times of India hizo este fin de semana este simple infográfico para mostrar quién es la atleta que ganó la medalla de plata en bádminton para ese país asiático.

Times of India

The post 10 infográficos sobre Río 2016 que deberías ver appeared first on Revista Merca2.0.